martes, 20 de febrero de 2018

La impecable demanda boliviana ante la CIJ

Llega la hora de los alegatos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya (segunda quincena de marzo), y con ellos, la antesala al fallo que deberá dictar luego de cinco años en los que Bolivia y Chile sostuvieron como nunca antes en sus historias nacionales, bilaterales y multilaterales, sesudas e intensas tareas de fundamentación y retruque acerca de una causa que es un derecho y que como victoria inicial para nuestro país, se declaró competente el 24 de septiembre de 2015, cuando el gobierno de Michelle Bachelet pretendió dejar las cosas como siempre habían estado –en nada-- eludiendo el juicio, y por lo tanto, buscando neutralizar la capacidad escrutadora de la comunidad internacional que ahora sí sabe que Chile, luego de la llamada Guerra del Pacïfico, se apropió de territorio ajeno y que luego de la firma del Tratado de 1904, hizo de los acercamientos con nuestro país, una cadena de ofrecimientos que terminaron siempre diluyéndose, incluída la denominada agenda de los trece puntos establecida por los presidentes Morales y Bachelet, que tenía anotado en el número seis el problema marítimo.
La más trascendente iniciativa en la historia de nuestro país relacionada con el derecho internacional y los mecanismos con los que se busca superar diferendos por territorios usurpados “por la razón o por la fuerza”, como reza el escudo chileno, cuenta con un equipo que se ha mantenido invariable desde que se iniciara la demanda (24 de abril de 2013), con el presidente Evo Morales como su principal propiciador, el expresidente de la República y de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé en su calidad de embajador ante el Reino de los Países Bajos, como Agente acreditado ante la CIJ con residencia en La Haya, Holanda;  Héctor Arce Zaconeta como Procurador General primero y ahora como Ministro de Justicia, abogado de confianza personal del Presidente del Estado; el ex canciller David Choquehuanca, y los denominados profesores internacionales, abogados de larga trayectoria en las arenas de las controversias territoriales entre países, los franceses Mathias Forteau y Monique Chemillier-Gendreau, el español Antonio Remiro Brotóns y el iraní con nacionalidad canadiense Payam Akhavan.
Por primera vez en la historia republicana, e inaugurada la condición plurinacional de nuestro Estado, Bolivia fue capaz de sostener argumentos históricos, dejando atrás diferencias de politiquería doméstica, mientras los demandados a la cabeza de su canciller Heraldo Muñoz, hicieron gala de un malestar e indigestión permanentes, que convirtieron al hombre de las relaciones exteriores del gobierno chileno en un activo y excesivo tuitero, en tanto decidió, a través de su cuenta personal en dicha red social, poner en práctica una “diplomacia directa” salpicada de incidentes, respuestas, adjetivos y todo lo que fuera necesario para dejar bien fijada la posición chilena, secundado por el Senador Jorge Tarud, quien gusta de pelear también por twitter con el propio presidente de nuestro país, y con quien se le ponga al frente, dejando sentado ese hipernacionalismo entercado en que con Bolivia se puede hablar de todo menos de mar con soberanía.
Chile quiso sostener y demostrar durante gran parte del proceso que Bolivia andaba en el plan de embestir contra el Tratado de 1904, argumento de una y mil batallas con el que siempre se intentó demostrar que todo estaba dicho y sellado a perpetuidad, cuando lo que nuestro país hizo fue sustentar su estrategia en la acumulación de los llamados derechos expectaticios a partir de una serie de acercamientos formales en los que al admitir el reclamo boliviano en mesas de negociación, estaban aceptando de facto que el problema marítimo, considerado un derecho irrenunciable ahora inscrito en la Constitución Política del Estado, es una realidad conocida por las distintas administraciones gubernamentales de La Moneda y varias veces discutida con sus eventuales interlocutores bolivianos, aunque estos, finalmente, hayan fracasado, incluída la negociación entre los dictadores Banzer y Pinochet (1975), cuando el embajador boliviano de entonces, Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, fue objeto de ironías debido a que “traía el mar para Bolivia en baldes”.
La muy alta probabilidad de que la estrategia boliviana triunfe en la CIJ, terminará conviertiéndose para la historia en un modelo de política de Estado con las características de relatividad que contienen fallos de características cargadas de matices, correrspondientes a una controversia de alta complejidad como lo es la mediterraneidad boliviana.
El sólo hecho de que la sentencia conduzca a Chile a la obligatoriedad de negociar una salida al Pacífico que nos lleve a romper con el enclaustramiento, se constituirá en una victoria que en el escenario internacional deberá tener una altísima repercusión. Mar con soberanía es otro capítulo, el de las negociaciones en si mismas, asunto que seguramente formará parte del nuevo capítulo que se pueda abrir a partir de lo que vaya a dictaminarse en La Haya hacia el último trimestre de 2018.

Originalmente publicado el 15 de febrero en la sección opinión de la Agencia de Noticias Fides ANF

sábado, 3 de febrero de 2018

Evo más allá de la presidencia

En la estrategia de manejar los hechos a partir de fragmentos útiles a cualquier bando, figura esa que ya es consigna proclamada por comparsas carnavaleras, promociones colegiales y operadores político-mediáticos: “Bolivia dijo no” el 21 de febrero de 2016. Falso, porque fue la mitad más uno de Bolivia la que emitió su voto expresando  la negativa a una nueva repostulación de Evo Morales a la presidencia, y la mitad menos uno dijo sí en el convencimiento de que el año 2025 se completaría un ciclo estatal con transformaciones significativas que redundan en cambios trascendentales para la sociedad boliviana con Evo reelegido en 2020.
El periodismo reducido a titulares y la acción de formaciones políticas inorgánicas circunscrita a eslogans-muletillas que responden a intereses concretos que Montenegro consideraría pertenecientes a la antinación,  pierden intencionalmente de vista datos como el del departamento de La Paz donde el sí se impuso con un 55 por ciento de los votos, asunto que a la hora del resultado final, frío y seco, deja de ser significativo, aunque ciertos espasmos oficialistas pasen por impugnar el contenido ético de esa derrota sufrida por el MAS y su líder, relacionada con la incidencia del llamado Caso Zapata basado en un interminable juego de impresiones sin jamás demostrar su hipótesis de base, pues nunca se llegó a establecer que gracias a un supuesto hijo –que nunca nació--, Gabriela y Evo tejieran una red para traficar influencias y amasar fortuna. Fue la primera vez que la mentira acerca de relaciones personales era empleada como arma político electoral, a estas alturas, de comprobada utilidad y éxito.
Pero la realidad de los números, cuando estos forman parte de una lógica con reglas de juego previamente establecidas y aceptadas por todos los jugadores, dice con lógica futbolística que ganando 1 – 0 o por goleada, el triunfador se lleva invariablemente tres puntos y quien no lo asuma en estos términos, debe ir  a llorar al río, independientemente de que la guerra para conseguir tal objetivo electoral haya pasado de sucia a mugrienta. Esto es lo que ha sucedido y lo que conduce a manifestar indignación a quienes ven su voto escamoteado por una decisión del tribunal constitucional que habilita a Evo Morales, fundamentado en el derecho humano a ser candidato según lo estatuye el Pacto de San José, así que el presidente como otras autoridades tienen vía libre según esa decisión para terciar en elecciones programadas para fines de 2019 y se instala en el debate la diferencia cualitativa y medular de legalidad versus legitimidad.
Los preceptos de la alternancia en democracia, el combate al prorroguismo como fórmula para garantizar el pluralismo son para el caso, nada más que ardides principistas frente a una realidad de la que la oposición en su conjunto no quiere escuchar, esto es, Evo en el campo de juego de las urnas, ese en el que a sus ocasionales adversarios les ha inflingido históricas palizas, de las que no quieren volver a saber porque están concientes de que con un 30 por ciento de voto duro en el arranque de campaña, “el indio” podría volver a triunfar aunque muy probablemente sin diferencias tan escandalosas como la de 2005 en que se impuso al segundo, Tuto Quiroga, 54 por ciento contra 28.
Los enardecimientos coyunturales, las mezquinas opiniones sobre los méritos y los logros de Evo y su gobierno, cargados de insidia política y distorsiones para todos los apetitos,  serán superados por una mirada histórica que sólo conceden distancia y tiempo, ya que por ahora estamos en guerra, unos para bajar la candidatura y otros para llevarla a buen puerto contra todos los vientos y mareas que no son pocos y se presentan dificultosos de superar.
Hay quienes no salen del asombro cuando se preguntan como un hombre surgido de las entrañas de la pobreza rural que recogía cáscaras de naranja arrojadas desde los buses que pasaban por la carretera cercana a su pueblo para mitigar el hambre cotidiana, pudo sortear escollos de tamaños diversos para llegar a convertirse en el presidente con más permanencia consecutiva en el ejercicio del cargo, sin otra formación y experiencia que el ejercicio sindical y la lucha cocalera, y quien ha concebido y concretado bien arropado por sus rotundos triunfos electorales,  transformaciones en las bases económica y social de Bolivia, ahora Estado Plurinacional.
Nos esperan veinte meses de lucha, incertidumbre, y turbulencia callejera, y si hay algo que nos debe quedar claro es que la influencia de Evo Morales en la vida política del país irá más allá de su presidencia, culmine esta a principios de 2020 o 2025, si los achachilas continúan protegiendo su granítica fortaleza para el trabajo y su proyecto y visión de país logra reinventarse con nombres, hombres y mujeres capaces de imprimirle una multiplicación de voces regionales que logren derribar el sino trágico del caudillo que cuando deja de ser, puede terminar reducido a memoria estática y nostalgia sin consuelo. Hay Evo para rato sin lugar a dudas. Lo que está por verse es si para completar o no, dos décadas contínuas de cambios estructurales que podrán comenzar a leerse con serenidad y discernimiento aproximadamente a mediados de esta primera centuria del tercer milenio.

Originalmente publicado el 30 de enero en la sección Opiniónde la Agencia de Noticias Fides (ANF)

sábado, 20 de enero de 2018

Los operadores de la media verdad

Ese neologismo denominado posverdad, elevado a categoría de concepto fundamental, es una más de las estratagemas que le confiere un aire de sofisticación al uso de la media verdad que induce a la mentira y que se traduce en la utilización de la parte por el todo --el inciso en lugar del artículo completo para el caso del Código de Sistema Penal—, método con el que se van construyendo ideas-fuerza sustentadas en la desinformación y que promueven la exacerbación que hoy en Bolivia tiene un gran motor en el referéndum del 21 de febrero de 2016 en el que el No se impuso 51 contra 49 al Sí, cerrándole el paso a la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado que impide la reelección indefinida de un mismo mandatario-candidato. 
A partir de ese resultado, la Bolivia conservadora que no sabe bien qué país quiere, tiene fijado con obsesividad que el tiempo presidencial de Evo Morales debe concluir en 2019, y por lo tanto juega a combatir lo que no quiere en primer lugar, antes que a vislumbrar un destino comunitario y sostenible para esta nación de naciones con cualidades y derechos de igualación participativa y equidad en la distribución de los ingresos, que ya no podrá retornar al pasado inmediato a la irrupción del evismo y de los indígenas y originarios que ahora ingresan en las oficinas de la burocracia estatal y en los salones de los actos oficiales,  a poco más de una década en que eran expulsados a palos de las plazas principales de algunas de nuestras ciudades.
Planteado así el marco político actual, todo lo que la oposición pueda emplear para activar las minas antipersonales instaladas luego de producida la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) que contradice al resultado del 21F, está siendo utilizado a todo vapor con el propósito de menoscabar la figura y la incidencia de Evo Morales en la vida nacional, a sabiendas que un puñado de magistrados sostenidos en el Pacto de San José (1978) perforaron la validez y vigencia de una consulta electoral, ejercicio democrático ininterrumpido en Bolivia desde 1982.
Con la reafirmación de la candidatura de Evo Morales para las elecciones del próximo año, saltaron las alarmas por casi una década desactivadas y una estrategia bien pensada condujo a instruir a los principales referentes de la oposición tradicional a permanecer en sus escritorios tuiteando cuanto quisieran, mintiendo o distorsionando lo que se les ocurriera, pero con la expresa restricción de no encabezar marchas y actos públicos callejeros, que de eso ahora se encargan las clasemedieras organizadas en promociones colegiales y fraternidades carnavaleras porque la legitimidad del reclamo al respeto del referéndum del 21F es un asunto que ya no deberían encarnar, por lo menos no en esta fase táctica, los políticos de viejo cuño, aquellos que se repartieron el poder entre 1985 – 2005, quienes persisten en querer convencer a la gente que son la alternancia por excelencia, aunque la realidad diga que los tiempos de tales exgobernantes que gestaron la democracia pactada debieron someterse, hace más de una década, a fecha de caducidad.
La mentira organizada y perfectamente dosificada por las medias verdades que conducen a distorsiones absolutas,  funciona desde las redes sociales y utiliza la penetración del miedo en las creencias de la gente: Presidente único, partido único, pánico a convertir al país en Venezuela y Cuba, te van a quitar tu casa, o se van a meter en ella para llevarte preso cuando se les antoje, persecución a los que profesen cierto tipo de fe religiosa, y un largo etcétera que podría encontrarse en ejemplos ilustrativos como el expuesto por Carlos Hugo Molina, el responsable de la participación popular en tiempos de Sanchez de Lozada atribuyendolé al vicepresidente García Linera en su cuenta twitter: “que las clases medias están en decadencia es una burla a sus propias palabras que el proceso ha sacado a varios millones de la pobreza”, cuando en realidad el vicepresidente, en un artículo publicado en un diario nacional, hizo una diferenciación entre esa clase media conservadora calificada como decadente y una nueva clase media popular creciente que en términos numéricos sumaría dos millones doscientos mil ciudadanos y que le ha arrebatado una significativa parcela del campo político social que ocupaba a la histórica, privilegiada y conservadora hasta hace poco clase media “única”.


La media verdad que desinforma se alimenta, además, de figuras penales como la difamación, la calumnia y la injuria que esconde, por otra parte , lo que se comenta y dialoga en las horas de bloqueos y marchas protagonizados por nostálgicos del bachillerato o saltarines de comparsa, esto es, el retorno de las expresiones racistas y discriminatorias que permanecieron bien guardadas durante una década en los cisternas del rencor de ciertos actores que hasta 2005 se consideraban propietarios monopólicos de un país que por entonces se diferenciaba entre visibles e invisibles, entre los que tenían derecho a todo y los que casi no existían.

Originalmente publicado el 16 de enero en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

sábado, 30 de diciembre de 2017

El comunicador para el "desarrollo"

Insulta, calumnia, injuria, difama, increpa, adjetiva, expectora. Podría tratarse del conjunto de contenidos de cualquier cuenta twitter cuyo titular es algún político que ejecuta textos breves a la manera en que lo hace cualquier francotirador funcional a los intereses de la derecha criolla contra el gobierno boliviano que ha traducido su obsesión por extirpar al “indio” de la presidencia, en tema excluyente como si se tratara de un tumor maligno que ha generado un desmadre mental como nunca se había visto en el espectro de la opinología conservadora y mediática.
Se trata en este caso de un antiguo toca puertas de oeneges y organismos internacionales que luego de vivir durante casi cuatro décadas fuera del país traficando con el discutible concepto de “comunicación para el desarrollo”, instalado en confortables oficinas de consultorías bien pagadas en el tercer y cuarto mundo, y de las que casi nada sabemos en materia de resultados concretos que validan tales emprendimientos con los que se viaja, come, duerme, pasea y contempla el atardecer con auspicios de agencias y de fundaciones gringas como la Rockefeller.
Ese personaje ha retornado a la tierra en que nació para chapalear caracteres por twitter y ejecutar unas columnas periodísticas insufribles en las que no puede dejar de referirse a él mismo desnudando una debilidad autorreferencial notable si se considera que en todo lo que publica, Alfonso Gumucio Dragón, él se sitúa en primer lugar.
Los textos que Gumucio comete a diario pasan por acusaciones que caben en el nuevo código del sistema penal de cualquier indignado con sus viliosos ataques, y esto porque agravia, tantas veces calumniando, injuriando y difamando, contra la dignidad ajena sin pruebas a la mano (suficiente con revisar su cuenta twitter para verificar esta afirmación), sin argumentos fundamentados,  todo porque odia a Evo y a quienes supone que forman parte de su tropa de serviles y obsecuentes encaramados en alguna plataforma de poder.
Opaco pseudoizquierdista de los 70 de chalina y jean raído, hoy Gumucio es un engranaje del discurso “antipopulista” de la peor derecha latinoamericana y por eso no le hace ascos al retuiteo de publicaciones como las de Lilian Tintori, la venezolana esposa del fascinerorso Leopoldo López, encarcelado por delitos contra el Estado y la propiedad pública  producto de sus afanes conspirativos y golpistas y tampoco se complica para publicar con sabatina y quincenal puntualidad en el diario cuyos propietarios son directos herederos de la dictadura de Banzer, aquella a la que supuestamente este señorito combatía desde el semanario Aquí, fundado por Luis Espinal Camps, tenebrosamente asesinado por combatir ese que de verdad era totalitarismo y donde la corrupción no podía ser investigada porque quien osara intentarlo, quedaba expuesto a terminar sus días en un matadero a manos de los torturadores de turno.
Escribo esto porque Gumucio me ha calumniado en esa su cuenta twitter sin sospechar en lo más mínimo que el 12 de diciembre de 2006 escapé de un conato de linchamiento a cargo de la Unión Juvenil Cruceñista de la mismísima plaza 24 de septiembre de Santa Cruz de la Sierra y que el 17 de octubre de 2009 fui emboscado por un par de profesionales -esos sí que mercenarios- que me rompieron la clavícula y el pómulo izquierdo, dos días después de haber entrevistado a la abogada Mary Carrasco acerca de la masacre de El Porvenir, mientras en ese momento el individuo en cuestión es casi una fija que se tomaba una caipiriña en alguna playa africana.


martes, 24 de octubre de 2017

El conventillo plurinacional

Mi primera infancia la viví hasta mis doce años en una casona cercana a la plaza Alonso de Mendoza y la iglesia de San Sebastián al Norte de La Paz o mejor Chuquiago Marka, situada a dos cuadras del lugar fundacional de la capital política de Bolivia . No era un conventillo en estricto sentido ya que sólo habían tres viviendas, la mía, es decir, la del propietario de la casa, mi padre, mas dos pequeños apartamentos situados en un entrepiso entre la planta baja y el que venía a ser el tercero, el nuestro.
Hace muy poco tiempo, recapitulando recuerdos acerca de quienes fueron vecinos e inquilinos caí en cuenta que crecí en el microcosmos plurinacional que me estaba enseñando, sin que yo lo sospechara, de qué estaba hecha Bolivia y cómo era de colorido y contrastado su entramado socio cultural. 
Así comienza el proyecto que ya despliego para contar y recontar las más de tres décadas que desembocaron en febrero de 2009 cuando se fundaba el Estado Plurinacional de Bolivia, sin quitarle su cualidad de República, pero relegandola a un plan menor, considerando el concepto de nación de naciones para explicarnos, visibilizarnos y empezar a actuar. 
Dejo registrado el inicio de esta andadura por textos nuevos, reeditados y otros retazos que me permiten entender y explicar el mapa de mis movimientos y el de mis certezas, sueños, y también miedos e incertidumbres.
Ya contaré cómo avanzamos en esta aventura y exploración de territorios y entrañas.



lunes, 11 de septiembre de 2017

Todos estos años de gente (*)

El huracán facebook, el tornado twitter, el fisgón whatsapp, el sonido instantáneo y multiforme youtube, las ficciones a la carta Netflix, la música Spotyfy, el exhibicionsimo Instagram están aplastando a los mass media, a la tele abierta y privada-pagada, a la radio que pasa del sintonizador a la aplicación internet, al diario en el que el papel ya no aguanta todo porque su éxito se hace digital, suscinto, esquemático de noticias y cada vez más vaciado de historias, relatos, narraciones, crónicas, cuentos, ensayos y otras yerbas extensas que ahora se miden como inacabables dada la brevedad, la concisión y la muerte de la gramática y la ortografía.
Para mi satisfacción, celular en mano a diario por las calles, la gente debe seguir caminando en dos pies, subirse al transporte público y asistir a ciertos sitios a los que no puede llegar on-line. Así hemos podido asistir en esta última década a las apariciones de rostros que parecían irremediablemente condenados al guetto, apariciones que se han producido gracias a los descolgamientos que permiten los teleféricos, y a los escalamientos que posibilitan los mismos. O sea, nos cruzamos, nos miramos, conversamos en las cabinas cuando jugamos a comunicativos y aprendemos que habíamos sido más de los que nos pensábamos y bastante distintos en colores y olores de lo que nos había contado la historia oficial de los mesas, los magos manos de tijera, los siles, los crespos (hechos y desechos), los cajías, los urriolagoitias, los fernández de cordobas, los uriostes, los paz, los estenssoros, los albortas, los gutiérrez guerras y los gutiérrez paces, los echalares, los prudencios imprudentes e impostores, los montes desmontados, los moreno que de tales solo tienen a Gabriel René, pálidos de racismo desde el escritorio ilustrado mirando en lontananza.
Más. Habíamos sido más. Rodeados de indios, de indígenas, de originarios, de personas, mujeres y varones a los que la Revolución cincuentona del siglo XX había instrumentado como masas y a las que había inventado un destino forzado y manipulado con la rimbombante y mentirosa etiqueta de Alianza de Clases, para que las camionadas de aymaras y qechuas embutidos como sea llegaran a vivar al Movimiento, a Villarroel, a Paz Estenssoro, el más grande populista de la historia de Bolivia, al que los mesas, los magos, y todos sus amigos de las reuniones de Chocolate terminaron venerando como Doctor Paz, porque para qué acordarse de campos de concentración, de masacres, de persecución de falangistas, a cargo de fortunes, sanromanes y gayanes, si con el 21060 evitó que Bolivia se nos muriera. 
Y pensar que nos subimos al carro de esa democracia que era la única democracia posible entonces. Y pensar que a veinte años del decreto mágico llegó a la presidencia un cocalero sindicalista bloqueador y  poco letrado...y pensar que la democracia había tenidos sus variantes y como diría el gran Flaco aprendimos a que "en un tinglado inconcluso moran dos bolitas ilegales pero limpios."
"Todos estos años de gente" como dice el título de esa gran canción el maestro Luis Alberto Spinetta nos han servido para saber que habíamos sido tan endiabladamente diversos que todavía no nos cabe en la cabeza que este cambio de paradigma democrático nos tenga obligados a no retornar al pasado de historias, pero sobre todo de historietas oficiales, porque esa etapa debe quedar superada y sepultada por el imperativo histórico que nos obliga a vivir con el descomunal grado de dificultad al que nos obliga nuestra condición plurinacional, tan inesperada y despreciada por los bien pensantes e ilustrados de apellido compuesto que ya terminan de pasar de largo, transitando los últimos metros de lo que les queda de territorio, mascullando sus frustraciones, luego de que decadas atrás fueran izquierdistas de salón o de cafetín y hoy han quedado reducidos a tuiteros de trasnoche, funcionalizados por el sistema al que alguna vez condenaban boca para afuera con jeanes raídos y chalinas de alpaca, tejidas por esas mujeres y esos varones que deberán tener la lucidez para celebrar y cantar a los cuatro vientos que ya nadie les quita lo bailado. 

martes, 1 de marzo de 2016

Cerdo y mal nacido

He dicho en una comunicación privada, - a través de correo electrónico- que el redactor Wilson García es un cerdo y un mal nacido. He afirmado tal cosa porque ha llamado "operadora política de Juan Ramón Quintana" a la diputada Susana Rivero Guzmán, afirmación que no responde a la verdad, y el individuo ha salido a defenderse diciendo que no es pecado o delito ser operador político de alguien. En defensa propia, con las malas artes de quién pisotea los elementales códigos de ética periodística, ha hecho público mi mail para manosearlo y acomodarlo a la medida de su conveniencia e intereses.
En periodismo la peor falta es mentir y luego pretender con baratos juegos de palabras que no se mintió. Por todo eso le ofrecí llevarlo a un Tribunal de Imprenta y jamás incurrí en amenaza alguna como afirma en su letrina llamada Sol de Pando.
Me reafirmo: Wilson García es un cerdo y un mal nacido. Y un gigante de la mentira. Ha dicho barbaridades en contra de la honra de Susana. Las pruebas están debidamente guardadas en mis archivos.
Para justificar sus afiebradas afirmaciones revestidas de un falso periodismo de investigación, ha querido dorarnos la píldora, escribiendo tres párrafos laudatorios sobre la trayectoria de Susana y diciendo una sarta de sandeces y mentiras acerca de mí. 
Los mal nacidos no son ni hijos de puta ni mal paridos. Son simple y llanamente tipos a los que la vida ha ido frustrando sistematicamente y por eso actúan como el bicharraco en cuestión, con mala fe desde que aprendieron a caminar.
Ya veremos en quñe escenario institucional nos encontramos para que el repudiado García en cuestión se retracte de sus dichos o deba someterse a algún tipo de proceso legal a través del que acabaremos con su  impunidad verbal.