sábado, 23 de junio de 2018

El olor de la dictadura

El empeño de construír para el imaginario colectivo, el perfil de un Evo Morales/dictador de República bananera pasa por consejos del marketing político y estrategias desinformadoras  y simplificadoras de las transnacionales de la manipulación noticiosa, con el objetivo de evitar que las presidencias y los liderazgos que en América Latina lograron derrotar al neoliberalismo y a los cipayos de los intereses del capital imperial, superen las dos décadas de vigencia en las que se ha logrado reducir significativamente el tutelaje y la injerencia estadounidense en los asuntos políticos de muchas democracias de nuestro continente y por ello en México ya tiembla el establishment con el inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en elecciones presidenciales. 


En ese cuadrilátero de persuasión incesante que tiene su extensión en las redes sociales, con mucho de  escoria y poco de rigor, Evo es un delirante que ha construído un palacete repleto de lujos innecesarios, gracias a un subconciente compensatorio de las carencias materiales de su pobreza de origen y ha decidido viajar a Rusia a ver un partido de fútbol, por si fuera poco, desprovisto de atractivo para el exigente paladar de los que saben, en el que el anfitrión descorrerá los telones de la Copa del Mundo enfrentando a Arabia Saudí.

La guerra diaria es feroz y no tiene pausa. Sin que todavía Evo se haya reunido con Vladimir Putin, Samuel Doria Medina y Victor Hugo Cárdenas, creen haber demostrado que un acuerdo para invertir mil millones de dólares a través de Gazprom en materia hidrocarburífera es nada más un pretexto para asisitir a la inauguración mundialera que tendrá hipnotizado al planeta durante un mes. Es tan despiadada y oportunista esta confrontación que ahora Jaime Paz Zamora, a través de un tweet, atribuye el mérito de la clasificación de Bolivia a USA 94 a su gobierno, a todas luces, una mentira más grande que la nueva Casa Grande del Pueblo.

Mientras se consigue engatusar a nuevas generaciones clasemedieras y conservadoras de nuestro país, reviso la historia y observo a algunos personajes que llaman dictador a Evo Morales: Jorge Quiroga Ramírez, hijo del Embajador de Bolivia en Malasia durante la dictadura de Banzer y vicepresidente cuando el General se recicló a la democracia. Ernesto Suárez Sattori, hijo de “Mandy” Suárez, Prefecto del Beni durante la dictadura de Luis García Meza. Capitán Manfred Reyes Villa, hijo del Ministro de Defensa de la dictadura garcíamezista, Gral.  Armando Reyes Villa. Y no sé si el Cnl. Arturo Doria Medina, Comandante del regimiento Tarapacá en la Masacre de Todos Santos (1979), apodado “Mariscal de la muerte”, ¿tío de Samuel?…y si no es así,  por lo menos con el mismo apellido paterno.

La lista es larga, profusa y huele mal porque estos herederos del autoritarismo más violento que haya soportado nuestra historia y que conculcaron libertades políticas y derechos humanos, luego de haber crecido en las residencias del privilegio que el abuso gorila generaba, son en este siglo XXI, los más grandes demócratas que hayamos conocido en el país, y en esa lógica, Tuto es un embajador de buena voluntad contra las “dictaduras” de Venezuela y Cuba, Ernesto Suárez es el paladín beniano del Estado de Derecho, y Manfred Reyes Villa…dicta conferencias sobre la situación de Bolivia por Skype ofreciéndonos lecciones de civismo y ejemplar comportamiento ciudadano!

Como tengo una idea muy clara de cómo eran los militares de esos tiempos,  comprendo de qué manera, en los herederos de las dictaduras de ayer, quedarán eternamente impregnados los olores de las botas con los que juegan a ciudadanos demócratas de última generación, pero que quieren disimular con el uso de aguas de colonia de marca. Tratan de contar algunas historietas heroicas cuando en el Ejército se le sublevaron a García Meza, oficiales entre los cuales figuraba  alguno que había sido Edecán del banzerato. Eran los  tiempos en que el chiste de que los militares tenían el problema geométrico de intentar colocarse una gorra ovalada en una cabeza cuadrada, no se podían comentar en voz alta porque la persecución política  -- esa sí que era persecución política—se encontraban a la vuelta de la esquina.

Los hijitos de papá con grado militar no pueden recordar que mientras ellos jugaban al básquet en Santa Cruz de la Siera o manejaban triciclos y bicicletas en las cercanías de sus cómodas casas, sus progenitores gobernaban el país a punta de persecuciones, apresamientos, torturas, desapariciones y asesinatos que generaron el tenebroso terrorismo de Estado que supo inaugurar Victor Paz Estenssoro, principal socio político de Banzer en dictadura y en democracia,  con la puesta en vigencia del llamado “Control Político” en los años 50, del que alguna vez hablaron tantos militantes falangistas y lamentablemente, gran parte de ellos, han dejado nuestro mundo: El dictador Banzer generó en dos distintos momentos de la historia contemporáena, pactos políticos entre represores, paramilitares y víctimas: En 1971 la Falange Socialista Boliviana (FSB) se alió al partido que lo  había azotado en calles , plazas y calabozos, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y en 1993 se asoció con Jaime Paz Zamora y su Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para  formar gobierno, partido que había nacido en la clandestinidad contra la dictadura banzerista.

Los impostores –muchos de ellos sin conocer su verdadera condición-- hijos, sobrinos y nietos de los que fueron verdaderos dictadores en nuestro país, hablan de dictaduras, y llaman dictador a Evo Morales. Algunos, más pretenciosos, escriben panegíricos reivindicativos de su rol institucionalista en las Fuerzas Armadas, cuando en realidad todos los oficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Fuerza Naval asumieron, y muy en serio el siguente cuento:

- “¿Qué quieres ser cuando crezcas hijo?

- Militar papá… 

-Militar…y por qué?. 

-Porque cuando sea grande quiero ser Presidente”.














Originalmente publicado el 12 de junio en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

jueves, 7 de junio de 2018

El cerebro del Vicepresidente


El vicepresidente Alvaro García Linera ha hecho un conteo inexacto de sus neuronas: No tiene setenta millones, sino, por lo menos ochenta y seis millones, si nos atenemos a la media científica que informa de qué están hechos los cerebros de todos nosotros, mortales, normales, inteligentes por condición humana y no por determinación divina. Lo que seguramente quiso decir el segundo mandatario de nuestro Estado Plurinacional, no tiene que ver con la cantidad y las supuestas características enigmáticas de su complejo cerebral, sino con las ideas que ha ido conectando a partir de la utilización libresca, sistemática, disciplinada de los saberes a los que ha podido acceder, esto, acicateado por cinco años de reclusión en Chonchocoro, sitio en el que hay que rebuscárselas creativamente para construír una cotidianidad cargada de sentido, a fin de no caer en la desesperación a que puede conducir el encierro, y para mantener cierta coquetería intelectual, mejor si debidamente adornado con alguna pañoleta de seda que ayude a combatir la helada altiplánica de la ciudad de El Alto.
Las neuronas de García Linera tienen que ser iguales a las de Doria Medina, Tuto Quiroga o Rubén Costas, pero lo que sí puede diferenciarlas de las que poseen sus adversarios políticos a los que no ha dudado en tachar de mediocres, es que el estudiante de Matemáticas de la UNAM, lee y escribe, estudia y reinterpreta, vuelve a Marx y a Gramsci continuamente, e intenta ensamblar la teoría filosófica, política y sociológica que ha sabido asimilar con habilidad autodicacta, desempeño que le ha permitido posicionarse como el vicepresidente más influyente de la historia de Bolivia, porque además de ser un comunista leído y formado, es un disciplinado jefe de la gestión pública y un enemigo de las estructuras de pensamiento esquemáticas y reduccionistas de fuente neoliberal, contenidas de un profundo sentido de injusticia social donde los pobres agravan su condición a diario y cada vez con mayor desesperanza como lo está demostrando el gobierno de Mauricio Macri en Argentina, que le ha estirado la mano al Fondo Monetario Internacional (FMI), reviviendo los 90 del menemismo, aquella época en la que el modelo de ajuste estructural  asoló a nuestros países con sus oprobiosos niveles de injerencia política y económica.
No creo que sea necesario hacer aspavientos de las neuronas que poseemos y que podrían conducirnos a pretenciosas e innecesarias autovaloraciones. Eso de que cada panadero alaba su propio pan, sobra en el caso del Vicepresidente. En lo que sí podríamos coincidir es en la crítica que dice que Bolivia cuenta con un promedio abrumador de políticos que no ha leído la historia de su propia nación, que desconoce y niega su esencia identitaria, que no concibe al país como parte de la comunidad internacional en la que ahora juega un rol con características de visibilidad, y en algunas temáticas, de protagonismo. Ciertamente, García Linera ha desarrollado una sostenible lectura de la realidad, mientras varios de sus adversarios de la derecha han optado por el anquilosamiento de sus visiones, producto de condición de clase, prejuicios ideológicos, rechazo a las miradas progresistas e inclusivas en nuestras sociedades y menosprecio  por el debate y la renovación del pensamiento que conduzca, por los menos, a nociones elementales del destino que se pretende para Bolivia.
En el torneo de neuronas todos quedan más o menos empatados, pero es en el festival de las ideas en el que algunos han dado patéticas muestras de cómo la demagogia puede conducir a extravíos que provocan vergüenza ajena, que impulsarían a considerar que el razonamiento es un derecho humano que estamos obligados a respetar y digo esto porque la grosería ha sido rebasada en todos sus límites cuando se afirma que la nueva Casa de Gobierno debería ser convertida en un hospital oncológico para trescientas camas, en el entendido de que se trata de una ostentosa e innecesaria edificación destinada exclusivamente a cubrir las expectativas de autosatisfacción del circunstancial Presidente del Estado.
El antiguo Palacio Quemado es una vieja casona adaptada y readaptada de manera precaria e insuficiente, considerando las necesidades de infraestructura y operatividad que reclama un Estado moderno. Tiene el despacho del presidente, el del vicepresidente, dos salas de reuniones y un comedor en el tercer piso; los salones Rojo, de los Espejos, la sala de reuniones de gabinete mas tres oficinas destinadas al funcionamiento del Ministerio de la Presidencia en el segundo piso; la Jefatura de la Casa Militar, la sala de prensa y la Gaceta Oficial de Bolivia en la planta baja…esas son las instalaciones de la central gubernamental del trabajo, que cuenta, además, con varias oficinas desperdigadas por aquí y por allá a través de contratos de alquiler. Uno visita el Palacio de Pizarro en Lima, la Casa Rosada en Buenos Aires, Planalto en Brasilia, Carondelet en Quito o el Palacio de la Revolución en La Habana, y a simple comparación, lo que tiene La Paz es propio de un pequeño país anclado en el siglo XIX y por ello queda más que justificada una nueva infraestructura con suficientes espacios para oficinas y salas de reuniones , que permitan superar el inquilinato estatal, más allá de si en el nuevo recinto habrá jacuzzi, sauna o gimnasio, reductos que no necesariamente están vinculados al lujo y al derroche, sino a la necesidad indispensable de contar con ambientes que sirvan para el combate al estrés y a las jornadas laborales de veinte horas contínuas diarias.
Los promotores de esta grosería demagógica, son precisamente aquellos que conciben al Estado como residual a los intereses del capital financiero internacional, a la transnacionalización, el despojo y el saqueo de nuestro patrimonio de  riquezas naturales y recursos humanos. Por eso se empeñan en instalar en el imaginario esa peregrina caricaturización acerca de cómo es posible que un gobernante de izquierda pueda aspirar al confort capitalista, cuando ese  tipo de privilegios es zona exclusiva de los adoradores del mercado, esos que compran hoteles de cinco estrellas en los que muy probablemente no hay siquiera una pequeña enfermería para emergencias.
En un contexto de creatividad política tan  gracioso como vergonzante, el Vicepresidente García Linera debe tener la plena certeza de que no es necesario volver a retar a debate “de a cinco” a sus enemigos políticos. Que con ideas como la de la Casa de Gobierno a ser convertida en hospital, no  hay competencia neuronal posible, que la chacota es parte de la política de cualquier sociedad, y que mientras la oposición tradicional y conservadora continúe fragmentada y anecdótica, sus posibilidades de nuevos fracasos electorales seguirán a la orden del día.


Originalmente publicado el 29 de mayo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

viernes, 11 de mayo de 2018

La corrupción como estructura mental


Alcaldes y ex alcaldes han quedado enfrascados en el torneo más competitivo de la viveza criolla de los que tengamos memoria en esta democracia victoriosa ante conspiraciones cívico-militares en treinta y seis años contínuos: Edgar Bazán de Oruro, José María Leyes y Edwin Castellanos de Cochabamba,  Edgar Patana de El Alto, y Carlos Bru de Yacuiba, para no referirnos a varios otros pertenecientes a municipios rurales más pequeños,  confrontan problemas de transparencia, sea por falta de ejecución presupuestaria o por esas perversas tentaciones caracterizadas por presuntos y comprobados sobreprecios y coimas.
En el fuego cruzado político, el acento ha sido puesto en la lógica de “trata a mis corruptos por igual que a tus corruptos” como si el problema se circunscribiera a un asunto de equidad y severidad judicial y no a uno más profundo que se inscribe en cómo funcionan las cabezas de los servidores públicos que alcanzan los máximos poderes regionales a través de la confianza expresada por la ciudadanía en las urnas, y que encuentran en su paso raudo y fugaz por el acceso a a los recursos económicos procedentes de diversas fuentes estatales, la manera de asegurar su estabilidad y buen pasar,  disponiendo de dineros que franquean la otorgación de contratos de distintos tamaños y diferente incidencia en la vida de cada comunidad.
Un extraviado escribidor, de esos que abundan gracias a la generosidad del escenario plural y democrático del que gozamos hace casi cuatro décadas, afirmó hace un par de semanas, muy suelto de cuerpo, que el asunto de las mochilas chinas era un mareo de perdiz, insinuando que la gravedad de la corrupción puede medirse a través de una escala de montos, como si el crápula de turno pudiera tipificarse por el tamaño del robo o del monto de comisión, y no por el sentido medular de sus actos.
El que utiliza los bienes públicos para beneficio personal, o lo que estos facilitan en el ejercicio de funciones, es igualmente torcido, independientemente de si trafica con computadoras, mochilas, cemento asfáltico, galletitas para el desayuno escolar o recibe sobornos para la adjudicación de megaobras de infraestructura carretera, porque sencillamente la corrupción es un sistema enquistado en las seseras de los grandes tomadores de decisiones, merced a la maquinaria de la que disponen a gusto y sabor, y no un asunto a encontrarse en manuales de urbanidad, buenas costumbres o en guías de la moral pública y privada, y eso significa que medir este asunto por el tamaño del negocio está bien para la hora de las sentencias ejecutoriadas y no para la comprensión esencial de la problemática.
La corrupción se torna aún más inquietante, cuando los casos se multiplican como hongos que por su extendida práctica se instrumentalizan como arma de desestabilización política y se constituyen en amenaza para la preservación del mismísimo sistema democrático. Le está sucediendo al Perú con sus cinco últimos expresidentes --Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, y el último, Pedro Pablo Kuczinsky, por supuesto enriquecimiento ilícito, Modo Odebrecht, y por haber ofrecido indulgencias y retribuciones a parlamentarios que evitaran su caída. Sucede también a Brasil con un juez como Sergio Moro que ha logrado mandar a la cárcel a Luiz Inacio Lula Da Silva, por el supuesto “regalo” recibido de la empresa constructora OAS –un apartamento de tres plantas—a cambio del presunto favorecimiento de contratos por parte del gobierno brasileño cuando el líder del Partido de los Trabajadores (PT), era presidente: En este caso, el aparato judicial convertido en un arma de neutralización y control político, que bien podría ser leído como otra variante de corrupción, si se tiene en cuenta que parece haberse vulnerado el debido proceso.
Durante la etapa neoliberal boliviana (1985 – 2005) se han acumulado dos décadas de tramas de corrupción de las más variadas dimensiones y durante el proceso nacional popular (2006-2018), vigente hace doce años, de la misma manera se van registrando progresivamente hechos tan escandalosos y aún más reprochables desde la perspectiva diferenciadora entre democracia representativa y democracia participativa, porque si algo no encaja en el contexto de los procesos emancipadores del continente es tener a un Santos Ramírez traicionando una trayectoria de lucha por una “comisión” que acabó con su prometedora carrera pública o a un Guillermo Achá, acusado de sobreprecios en la compra de unos taladros para explotar hidrocarburos, comprometido a trabajar con eficiencia y eficacia técnicas en la Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) que reclama socios y no patrones.
¿Y qué decir del caso del Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas (FONDIOC), mecanismo institucional orientado a dotar de recursos económicos a emprendimientos rurales que certificaran efectivamente que Bolivia había conseguido el gran salto de la democracia del voto, a la democracia deliberativa y de participación ciudadana, progreso político-institucional que facilitó que los dineros del Estado se hicieran accesibles a los más pobres o carenciados en su base material? Simple y llanamente subrayar que deben resignarse al rigor de la ley y sus consecuencias por haber ingresado en el territorio de quienes hicieron del poder político y el ejercicio gubernamental, instrumentos de inaceptable autosatisfacción, tirando al canasto los preceptos de un proceso popular y liberador.
Corruptos de derecha son los que dominan el planeta y hay que perseguirlos cuando se llega a la fase de demostración probatoria de sus tropelías, pero hay que ser aún más disciplinados judicialmente con los corruptos camuflados en la izquierda, porque esos bicharracos terminan convirtiéndose en los potenciales viabilizadores del retorno a prácticas políticas y económicas que quisiéramos definitivamente superadas para nuestras democracias que no deben perder su esencia participativa si lo que se quiere evitar es el retorno de la dictadura del mercado, esa que garantiza la desigualdad y la injusticia social.


 Originalmente publicado el 08 de mayo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 23 de abril de 2018

La herencia de Banzer


“La Banzer” es la principal avenida de Santa Cruz de la Sierra que nace en el Cristo Redentor y la Monseñor Rivero hasta Viru Viru y prolongándose como carretera hacia el norte integrado (Warnes, Montero). El ex ministro de Defensa y ex rector de la Universidad Gabriel René Moreno, Reymi Ferreyra, me aclaró hace un par de años que “la Banzer” ya no lleva oficialmente ese nombre, que se había cambiado, aunque por la fuerza de la costumbre –y la estatura del personaje— los cruceños y cruceñas, mas los estantes y habitantes de la ciudad procedentes de otros distritos del país,  conocen tan importante ruta de conexión con ese nombre y no con otro, por lo que todo indica que ”la Banzer” nunca dejará de ser “la Banzer”.
En la mágica Concepción, provincia Ñuflo de Chávez, corazón de la Chiquitania, de macizas y formidables maderas talladas con talento y sacrificio, y orquídeas cultivadas con paciencia como si el tiempo no transcurriera, una de las avenidas principales comienza o termina, depende por qué lado de la ruta se transita, con un monumento del General Banzer de cuerpo entero. Es más, el hospital del pueblo lleva el nombre de César (Banzer), hermano del ex dictador laboriosamente reciclado a la democracia reinaugurada en nuestro país en 1982.
Es tan fuerte la impronta banzerista por esas tierras de Dios y sus misioneros franciscanos y jesuitas, que el principal museo chiquitano situado en la plaza principal de
Concepción, fue la casa de su familia de ascendencia alemana, en la que transcurrió su infancia,  y que con generosidad a la tierra que lo vió nacer, la donó para que hoy día, la memoria e identidad de la zona fuera debidamente preservada a través de documentos originales, muestras arquitectónicas hechas de cuchi, artesanías con imágenes de ángeles musicales y fotografías de la restauración de la maravillosa catedral a cargo del suizo Hans Roth (1975, en pleno desarrollo del septenio dictatorial), construída bajo la dirección del sacerdote Martin Schmidt (1753 – 1756).
Hugo Banzer Suárez (1926 – 2002) nació en Concepción, pero hizo de la vecina San Javier su centro de operaciones ganaderas y ya es leyenda que el cadáver del asesinado Marcelo Quiroga Santa Cruz estaría enterrado en algún lugar de su propiedad. Han transcurrido treinta y ocho años del golpe de García Meza que en principio fue bendecido por el General concepcioneño y no se han podido encontrar hasta ahora los restos del líder del Partido Socialista – 1 y ex ministro nacionalizador de la Gulf Oil durante el gobierno de Alfredo Ovando Candia. 
En 1995, el para entonces jefe de Acción Democrática Nacionalista (ADN), me recibió en su oficina de FUNDEMOS, el brazo oenegero de su partido. En aquella oportunidad lo entrevisté para el suplemento Ventana del diario La Razón, me habló de sus “profundas convicciones democráticas” y me confesó -fuera de grabación- que había encañonado a pistola limpia al industrial cervecero Max Fernández, jefe de la Unidad Cívica Solidaridad (UCS) exigiéndole que se retractara de acusaciones que “mellaban su honor y su prestigio”. “Le pedí –me dijo Banzer—que hiciera la aclaración en un lugar de tamaño y lugar similares en el diario en el que había levantado mi nombre”.
Durante cuatro décadas, hasta el día de su deceso por cáncer terminal, Banzer dominó en el escenario principal de la política boliviana. Hizo sociedad con Victor Paz Estenssoro, líder histórico del MNR, en dictadura y en democracia a través del Frente Popular Nacionalista (FPN) y el “Pacto por la Democracia”, y se hizo enemigo de Gonzalo Sánchez de Lozada desde el día en que –me lo contó también fuera de grabación—le ofreció dinero para que resignara sus intenciones de conformar gobierno con el MIR de Paz Zamora-Oscar Eid (1989).
Varios de quienes formaron parte de los entornos cercanos que Banzer supo organizar ya no están en este mundo, entre los que destacan Guillermo Fortún, Fernando Kieffer y Tito Hoz de Vila. Otros han dejado el país y la actividad política hace como quince años (Mauro Bertero, Ronald MacLean), “Manfredito” (Kempff Suárez), como lo llamaba tiernamente el General, es novelista y columnista de opinión que escribe frecuentemente contra “la dictadura”de Evo Morales. Algún otro –Walter Guiteras-- ha retornado a sus calurosos cuarteles ganaderos en San Borja y a continuación tenemos a los herederos vigentes y activos que en alguna medida, aunque ya no citen al General como mentor y guía político, se encuentran en plena actividad: Su sucesor en la presidencia,  Tuto Quiroga, embajador de oficio contra la “dictadura venezolana”; Ernesto Suárez, hijo del Prefecto de García Meza en el Beni, Senador de la República por ADN, también Prefecto y luego gobernador del departamento oriental; Manfred Reyes Villa, edecan de García Meza e hijo del ministro de Defensa de ese gobierno, Armando Reyes Villa, que huyó a los Estados Unidos y tiene sentencia ejecutoriada por actos de corrupción perpetrados como Gobernador del departamento de Cochabamba; Leopoldo Fernández, el “Cacique” de Pando, ex prefecto y ex gobernador, condenado a quince años de cárcel por responsabilidades en la Masacre de El Porvenir (2008); Carlos Valverde Bravo, --hijo del falangista Carlos Valverde Barbery, ministro de Salud de la dictadura banzerista por Falange Socialista Boliviana (FSB)--, y hoy inquieto operador mediático contra el “régimen” de Evo Morales, gestor informativo del llamado “Caso Zapata”, Zvonko Matkovic hijo y Zvonko Matkovic padre, ex Prefecto de Santa Cruz durante el gobierno del Banzer “democratizado”.
Como se puede comprobar, con estas referencias de hechos y nombres, Hugo Banzer Suárez, desesperado por pasar a la historia como legítimo estadista y no como dictador que ordenó las masacres de Tolata y Epizana, y fue parte  fundamental del plan Cóndor, ha dejado huella con herederos que continúan haciendo política y que en la actualidad hacen flamear las banderas de la democracia. Es bueno recordar para la historia, que todos estos furibundos combatientes del 21F16, crecieron en sus acomodadas y amplias casonas, con los privilegios que otorgaban el autoritarismo, la persecución política, el apresamiento indebido, la desaparición forzada y el asesinato político. Así caminaron hacia la democracia de la que gozamos hoy y de la que han conseguido amplias ventajas cuando hicieron ejercicio del poder.



Originalmente publicado el 18 de abril en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 16 de abril de 2018

Goni: El fin de la impunidad

El martes 14 de octubre de 2003 ya se habían registrado sesenta y dos muertos en la ciudad de El Alto, producto de la bala militar y asesina con la que Gonzalo Sánchez de Lozada pretendía resistir en la silla presidencial,  dicen que con la idea de trasladarla a Santa Cruz de la Sierra. Ese día, atravesé durante cinco horas a pie, la ciudad casi desierta que se encontraba en estado de emergencia, desde la calle 12 de Calacoto (Zona Sur) hasta los estudios televisivos de P.A.T., situados en Miraflores, para grabar “El Pentágono” que debía emitirse a las 22:00, con Mario Espinoza como conductor, Alvaro García Linera, Freddy Morales y éste periodista, como panelistas habituales del programa.
“El Pentágono” de esa fecha, puede encontrarse en youtube –“El Pentágono, programa de análisis político, partes 1, 2, 3 y 4, (Octubre, 2003)”—en el que Freddy Morales, puso en evidencia que el gobierno manejaba la mentirosa versión en sentido de que estaba en marcha una conspiración internacional orquestada por Evo Morales, los cocaleros y el narcotráfico; Alvaro García Linera trazó una prognosis sobre lo que podría ser la futura presidencia de Carlos Mesa, y yo denuncié persecución política y miedo a la aparición de francotiradores pertenecientes a las fuerzas represivas del Estado y pedí la renuncia del Ministro de Defensa, Carlos Sanchez Berzaín y por supuesto que la del Presidente Sanchez de Lozada.
Nuestra compañera Verónica Larrieu, no había podido llegar desde Santa Cruz de la Sierra, así que El Pentágono fue en esa ocasión cuarteto y guardo un especial recuerdo por esa emisión, por la manera en que tuve que empeñarme para llegar a la grabación en horas de la tarde, debido a que por razones de seguridad y por el estado de convulsión en el que se encontraba el país, nos veíamos impedidos de hacerlo en directo como sucedía habitualmente.
Goni fue víctima de los delirios exterminadores y fascistoides de su ministro de Guerra, Carlos Sánchez Berzaín –“Chulupi” para unos, “Zorro” para otros—que como bien se recordó hace unos días, estaba convencido que la crisis podía ser superada con un par de centenas de muertos.
Terco como millonario que era, sabedor de su olfato para los negocios, Goni hizo caso omiso de los consejos que le dieran en distintas oportunidades algunos de sus familiares y amigos políticos: “Sánchez Berzaín te llevará a la tumba política” era la advertencia, y eso quedó fehacientemente registrado en una entrevista que me concedió el periodista y ex ministro Irvin Alcaraz, cuando escribía para “El juguete rabioso” y que titulamos “Sanchez de Lozada fue prisionero del Palacio de Sánchez Berzaín”.
Huídos a los Estados Unidos, y transcurridos quince años de los trágicos sucesos que fueron la antesala del desmoronamiento del ciclo neoliberal (1985-2005), Goni se dedicó a proseguir amasando fortuna, esta vez, como empresario petrolero. De manera muy esporádica se conocían noticias acerca de su octogenaria existencia, mientras Sanchez Berzaín, el que fuera su ministro en tres carteras (Presidencia, Gobierno, Defensa), en dos períodos presidenciales discontínuos (1993 – 1997 y 2002 -2003), decidió convertirse en operador anticomunista con base en Miami, de los de añeja estirpe, a través de una fundación, autotitulándose “analista político”, profiriendo continuamente, en tono desafiante y altanero, una serie de declaraciones trasnochadas acerca de lo que sucede hoy con Bolivia, y con “regímenes castro chavistas” como los de Cuba y Venezuela.
Conociendo su perfil psicológico que tiene como rasgo sobresaliente el haber roto con la realidad, no dudo que Carlos Sanchez Berzaín, continuará convencido de haberse reciclado como gran articulador de la oposición al gobierno de Evo y probablemente insistirá en aconsejar rutas de confrontación con ese aire de estratega que le vendió a Goni y por el que en los pasillos del poder de entonces podían escucharse exclamaciones de admiración.
El masacrador de Octubre Negro, tal como lo  ha dictaminado el Jurado de la Corte de Fort Lauderdale del Estado de Florida en su veredicto del 3 de abril, se ha dado licencia para hablar de dictadores y narcotraficantes a cargo del gobierno de Bolivia desde 2006. Hoy éste individuo ha dejado de ser impune, lo mismo que su admirado jefe. Sanchez Berzaín debe ponerse de acuerdo con Gonzalo Sánchez de Lozada para erogar aproximadamente diez millones de dólares y así materializar el resarcimiento económico a esas ocho valientes familias que decidieron demandarlos por la vía civil y consiguieron la histórica decisión de que pudiera juzgarse a un ex mandatario fuera de su país, por violaciones a los derechos humanos, decisión que potencia la posibilidad de volver a la carga con el pedido de extradición que permitiría procesarlos penalmente, tal como lo reclama la memoria colectiva de Bolivia y los familiares de todas las víctimas de la ciudad de El Alto que ofrendaron sus vidas por la defensa de la integridad nacional y sus recursos naturales.

Originalmente publicado el 05 de abril en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF).

sábado, 31 de marzo de 2018

Ex-Presidentes en La Haya: Atrapados por la historia

Los años me enseñaron que el coyunturalismo periodístico es un gran enemigo de los procesos estructurales y trascendentes, porque pone el acento en la anécdota irrelevante y no en la proyección que los hechos producirán en nuestra memoria larga. En ese marco, algunos que hasta hace una década supieron ejercer el oficio lejos de perniciosas subjetividades, hoy entusiastas tuiteros que escriben contra Evo con razones y sinrazones, podrían hacer una breve pausa en su activisimo antiprorroguista y pensar, ahora que tenemos puesta la mira en La Haya, qué sucede con los expresidentes bolivianos, dentro y fuera de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para escuchar los alegatos, última fase de la demanda marítima instaurada contra el Estado chileno al que se busca sentenciar a sentarse formal e ineludiblemente en una mesa de negociaciones con Bolivia.
Los expresidentes han caído en un redil que resulta paradójico y hasta gracioso: Los que cruzarán el charco, aparecen funcionalizados por el gobierno de Evo Morales, autor de la instalación del juicio, a nombre de la unidad nacional. Los que decidieron no estar como Jaime Paz Zamora, terminarán estigmatizados por el patrioterismo de plazuela, como traidores a la única proclama (pluri)nacional que en Bolivia acerca a creyentes y ateos, a progresistas y reaccionarios, considerando que los resortes del nacionalismo se  encuentran enquistados en las vísceras de todos los ciudadanos y ciudadanas de cualquier terruño por ese elemental sentido de pertenencia que exhibe la condición humana. 
Jaime Paz Zamora se ha quitado de la comitiva boliviana aduciendo maltrato con insultos por twitter de parte del presidente del Estado Plurinacional. Para completar la visión del otrora clandestino luchador de izquierda, hay que responderle que a propósito de su anuncio de no viaje, agredió la memoria colectiva del país afirmando que “los gringos nos habían impuesto un presidente gringo”, en alusión a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando la segunda presidencia de Goni fue facilitada por él mismo como su socio principal, no sabemos si por instrucciones de la embajada americana. En otras palabras, ni el masacrador de Octubre Negro (2003) ni su principal aliado en el marco de la democracia de pactos, habrán formado parte de las jornadas en Holanda, antesala del fallo que en el último tramo de este 2018 dictará la CIJ. Mejor así. Goni enjuiciado en Fort Lauderdale, estado de Florida, por familiares de las víctimas que murieron en El Alto y Paz Zamora en El Picacho madrugando frente al televisor, grafican el presente de estos personajes que explicará  por qué la historia y el destino no contará con ellos para la gran foto de este medular capítulo de la causa marítima.

Goni es un muerto civil, Jaime un político retirado al que no le ha funcionado la apuesta por reciclarse como gran mediador de la democracia de este tiempo, mientras Tuto Quiroga se ha reinventado como gran operador anticomunista de los de viejo cuño, profiriendo incendios contra Cuba y Venezuela, empeñándose en demostrar que la Bolivia de Evo está aislada y se ofrece como embajador itinerante para generar adhesión solidaria internacional, porque “el MAS ya no estará en 2020”. El hijo del embajador de Bolivia en Malasia durante la dictadura de Banzer, el sucesor de “Mi General”, el heredero de los autores del Plan Cóndor y de la Doctrina de la Seguridad Nacional de los años 70, ofrece con desparpajo y basquetbolística prepotencia, lecciones de democracia bajo los auspicios de la OEA de Almagro que hoy se asemeja más a una agencia estadounidense de injerencia y desestabilización política de nuestros países que al principal organismo del llamado sistema interamericano. Ese mismo, Jorge Quiroga Ramírez, estará en La Haya, con margen para agitar la bandera del 21F, porque al final de cuentas fue presidente por un año, relevando a Banzer, al que hace mucho ya no menciona, y que se fue de este perro mundo con cáncer de pulmón con metástasis en el hígado. A pesar de sus inequívocas actuaciones autoritarias --expulsión de Evo del Parlamento entre otras--, Tuto fue Presidente en democracia durante un año. Que le vamos a hacer.

Goni procesado civilmente en una corte estadounidense, Jaime en la pasividad de los atardeceres en Tarija, Tuto jugando a portavoz imperial contra el gobierno de Venezuela y Carlos Mesa, Vicepresidente y sucesor de Sanchez de Lozada, impugnado por propios y extraños ante su negativa a comparecer como testigo en el juicio civil instaurado en Gringolandia  por nueve familias víctimas en El Alto de la represión que cobró la vida de sesenta y ocho personas, conforman la galería de los ex primeros mandatarios bolivianos a la que se debe sumar al último presidente militar de los gobiernos de facto, Gral. Guido Vildoso, que también estará en La Haya y que ya nadie recuerda como Ministro de Previsión Social y Salud Pública de la dictadura banzerista.

Por su rol como Agente acreditado ante la CIJ en La Haya con rango de Embajador, el último expresidente, a quien le correspondió la transferencia de mando a Evo Morales en enero de 2006, Eduardo Rodríguez Veltzé, es la voz oficial de los alegatos, quien encabeza la exposición de motivos y el responsable oficial del Estado boliviano de fundamentar la estrategia boliviana para ganar este juicio y de esta forma dejar establecido ante la comunidad internacional que Chile queda al descubierto ante el mundo por una cuenta pendiente con Bolivia, cosa que nunca antes se había logrado, como ha venido sucediendo desde 2013, año en que se presentó formalmente la demanda.

Estos son los expresidentes contemporáneos de Bolivia que podrán escapar en helicóptero, refugiarse hasta sus últimos días en alguna casa de campo, pero que jamás podrán esconderse del implacable registro de la historia, aquella que pone las cosas en su justa dimensión en el imaginario colectivo de una sociedad y de una nación.




Originalmente publicado el 20 de marzo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)




miércoles, 14 de marzo de 2018

Hollywood se disfraza de feminismo y desagravia a México


A diferencia de muchísimas versiones anteriores, ninguna película iba predestinada con superar récords que aseguraran éxitos de taquilla. Las preseleccionadas, y los protagonistas de las mismas en sus distintas especialidades, preanunciaban una repartición equitativa y necesaria para dejar sentado porque en la nonagegisma gala de la entrega del premio mayor de la industria cinematográfica más influyente --para que el planeta se convirtiera en una aldea global-- fueron tan o más significativas ciertas ausencias comenzando por ese monstruo depredador llamado Harvey Weinstein, uno de esos fabricantes compulsivos de un star system en el que el primer requisito era someterse a su incontrolable falocracia a cambio de un ok. en el casting para una próxima producción candidata a generar nuevas consagraciones: Les metió mano a las que quiso, lo mismo que las humilló y las presionó a ceder ante sus caprichos sexuales, para que  transcurridas varias décadas terminará siendo descubierto y expulsado de la maquinaria de la que él mismo fue entusiasta e implacable engrasador.
Muchas actrices (y actores) de variadas trayectorias, y distintos grados de impacto masivo, comenzaron a perder el miedo, a contar sus angustias y a continuación empezaron a quedar en evidencia más y más nombres: Kevin Spacey, Woody Allen, Dustin Hoffman… que por supuesto no habrían sido bien recibidos en la fiesta de premiación del domingo 4 de marzo, más todavía, cuando la ganadora del premio a mejor actriz protagónica, --soberbia Frances McDormand en “Tres anuncios por un crimen”--, apenas recibió la estatuilla invitó a sus compañeras de oficio –y de lucha—a ponerse de pie, comenzando por Meryl Streep, para reclamar respeto e inclusión, en tanto las mujeres del cine no son figuras ornamentales, sino parte constitutiva fundamental del imaginario que ha sabido construír Hollywood a fuerza de millones de dólares, imagineria, talento, oficio y por supuesto que de vícitmas de impunidad acosadora.
La protesta femenina y feminista en la fiesta del Oscar número noventa, generó una infrecuente atmosfera política premiando a una actriz que protagoniza una historia en la que la democracia rojo-blanco-azul de barras y estrellas, de supuesta perfección del sistema, queda en entredicho en un pueblito sureño atiborrado de policías corruptos atormentados por su mala conciencia, racistas antiafro perfectamente entrenados para no descubrir al autor de una violación y un crimen por temor a que se trate de algún amigote que se toma cervezas en el bar con ellos mismos en sus horas de asueto.
Pero si el machismo sustentado en el poder, el peor, el más execrable de todos, quedaba triturado con estilo y entre líneas por las grandes figuras femeninas que tuvieron a su cargo la distinción de cada una de las categorías, desde Jane Fonda, pasando por Jodie Foster y terminando en Salma Hayek, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas empleó a fondo su astucia para introducir un poderoso mensaje político contra la administración Trump, premiando a Guillermo del Toro, mexicano inmigrante, perfectamente incorporado en la industria cinematográfica norteamericana, ya hace un par de décadas, que fue reconocido como mejor director de “La forma del agua” y que también se llevó el premio a mejor película, a diseño de producción y mejor banda sonora. A México no lo amenazamos con un muro, le entregamos dos Oscar, era el primer envío dirigido a uno de sus realizadores más connotados del último tiempo, pero no sólo eso porque “Coco” (Disney/Pixar) un colorido trabajo de animación, se llevó los galardones a mejor largometraje en su categoría y a mejor canción original, en la que se homenajea la riquísima visión cultural mexicana indígena y mestiza acerca de la vida y la muerte, incursionando por primera vez en la exploración de una identidad y una memoria, ajenas a la ombligomanía sajona que ha tendido siempre a mirarnos a latinos y demás yerbas prescindibles –asiáticos, árabes, africanos—con esa visión neocolonial despreciativa en la que no tenemos otra historia, otros transcursos, que los marcados por estereotipos humanos vinculados a la marginalidad del crimen, la delincuencia común, el narcotráfico y por supuesto que el terrorismo.
Se trató de una premiación distinta en la que las burbujas de champan y la glamorosa alfombra roja donde se producen comparaciones de diseño para establecer cuál fue el escote -anterior y posterior- más arriesgado de la noche, pasaron a un segundo plano. Los Estados Unidos de Trump no son los que concibe Hollywood que para criticar al patán que tienen por presidente, se ha esmerado en un acto de contrición reconociendo la vergüenza y el daño inflingidos por especímenes atrapados en abyectas pasiones encabezados por productores como el ya citado Weinstein.
Si esta es la democracia modélica del mundo, venga el diablo y escoja para dejar debidamente inscritos pecados propios (los de la industria cinematográfica) y pecados ajenos como los cometidos por el mísmisimo sistema democrático embadurnado hoy por ese hipernacionalismo que avergüenza a las grandes corporaciones, y que hoy día vuelve a sentar sus reales en el modelo excluyente del WASP: White, Anglo-Saxon, Protestant. O dicho en términos más brutales, supremacista y potencial militante del Ku Klux Klan que persigue y trata de eliminar al diferente en nombre de Dios.

 Originalmente publicado el 06 de marzo en la sección de Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)