viernes, 11 de mayo de 2018

La corrupción como estructura mental


Alcaldes y ex alcaldes han quedado enfrascados en el torneo más competitivo de la viveza criolla de los que tengamos memoria en esta democracia victoriosa ante conspiraciones cívico-militares en treinta y seis años contínuos: Edgar Bazán de Oruro, José María Leyes y Edwin Castellanos de Cochabamba,  Edgar Patana de El Alto, y Carlos Bru de Yacuiba, para no referirnos a varios otros pertenecientes a municipios rurales más pequeños,  confrontan problemas de transparencia, sea por falta de ejecución presupuestaria o por esas perversas tentaciones caracterizadas por presuntos y comprobados sobreprecios y coimas.
En el fuego cruzado político, el acento ha sido puesto en la lógica de “trata a mis corruptos por igual que a tus corruptos” como si el problema se circunscribiera a un asunto de equidad y severidad judicial y no a uno más profundo que se inscribe en cómo funcionan las cabezas de los servidores públicos que alcanzan los máximos poderes regionales a través de la confianza expresada por la ciudadanía en las urnas, y que encuentran en su paso raudo y fugaz por el acceso a a los recursos económicos procedentes de diversas fuentes estatales, la manera de asegurar su estabilidad y buen pasar,  disponiendo de dineros que franquean la otorgación de contratos de distintos tamaños y diferente incidencia en la vida de cada comunidad.
Un extraviado escribidor, de esos que abundan gracias a la generosidad del escenario plural y democrático del que gozamos hace casi cuatro décadas, afirmó hace un par de semanas, muy suelto de cuerpo, que el asunto de las mochilas chinas era un mareo de perdiz, insinuando que la gravedad de la corrupción puede medirse a través de una escala de montos, como si el crápula de turno pudiera tipificarse por el tamaño del robo o del monto de comisión, y no por el sentido medular de sus actos.
El que utiliza los bienes públicos para beneficio personal, o lo que estos facilitan en el ejercicio de funciones, es igualmente torcido, independientemente de si trafica con computadoras, mochilas, cemento asfáltico, galletitas para el desayuno escolar o recibe sobornos para la adjudicación de megaobras de infraestructura carretera, porque sencillamente la corrupción es un sistema enquistado en las seseras de los grandes tomadores de decisiones, merced a la maquinaria de la que disponen a gusto y sabor, y no un asunto a encontrarse en manuales de urbanidad, buenas costumbres o en guías de la moral pública y privada, y eso significa que medir este asunto por el tamaño del negocio está bien para la hora de las sentencias ejecutoriadas y no para la comprensión esencial de la problemática.
La corrupción se torna aún más inquietante, cuando los casos se multiplican como hongos que por su extendida práctica se instrumentalizan como arma de desestabilización política y se constituyen en amenaza para la preservación del mismísimo sistema democrático. Le está sucediendo al Perú con sus cinco últimos expresidentes --Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, y el último, Pedro Pablo Kuczinsky, por supuesto enriquecimiento ilícito, Modo Odebrecht, y por haber ofrecido indulgencias y retribuciones a parlamentarios que evitaran su caída. Sucede también a Brasil con un juez como Sergio Moro que ha logrado mandar a la cárcel a Luiz Inacio Lula Da Silva, por el supuesto “regalo” recibido de la empresa constructora OAS –un apartamento de tres plantas—a cambio del presunto favorecimiento de contratos por parte del gobierno brasileño cuando el líder del Partido de los Trabajadores (PT), era presidente: En este caso, el aparato judicial convertido en un arma de neutralización y control político, que bien podría ser leído como otra variante de corrupción, si se tiene en cuenta que parece haberse vulnerado el debido proceso.
Durante la etapa neoliberal boliviana (1985 – 2005) se han acumulado dos décadas de tramas de corrupción de las más variadas dimensiones y durante el proceso nacional popular (2006-2018), vigente hace doce años, de la misma manera se van registrando progresivamente hechos tan escandalosos y aún más reprochables desde la perspectiva diferenciadora entre democracia representativa y democracia participativa, porque si algo no encaja en el contexto de los procesos emancipadores del continente es tener a un Santos Ramírez traicionando una trayectoria de lucha por una “comisión” que acabó con su prometedora carrera pública o a un Guillermo Achá, acusado de sobreprecios en la compra de unos taladros para explotar hidrocarburos, comprometido a trabajar con eficiencia y eficacia técnicas en la Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) que reclama socios y no patrones.
¿Y qué decir del caso del Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas (FONDIOC), mecanismo institucional orientado a dotar de recursos económicos a emprendimientos rurales que certificaran efectivamente que Bolivia había conseguido el gran salto de la democracia del voto, a la democracia deliberativa y de participación ciudadana, progreso político-institucional que facilitó que los dineros del Estado se hicieran accesibles a los más pobres o carenciados en su base material? Simple y llanamente subrayar que deben resignarse al rigor de la ley y sus consecuencias por haber ingresado en el territorio de quienes hicieron del poder político y el ejercicio gubernamental, instrumentos de inaceptable autosatisfacción, tirando al canasto los preceptos de un proceso popular y liberador.
Corruptos de derecha son los que dominan el planeta y hay que perseguirlos cuando se llega a la fase de demostración probatoria de sus tropelías, pero hay que ser aún más disciplinados judicialmente con los corruptos camuflados en la izquierda, porque esos bicharracos terminan convirtiéndose en los potenciales viabilizadores del retorno a prácticas políticas y económicas que quisiéramos definitivamente superadas para nuestras democracias que no deben perder su esencia participativa si lo que se quiere evitar es el retorno de la dictadura del mercado, esa que garantiza la desigualdad y la injusticia social.


 Originalmente publicado el 08 de mayo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 23 de abril de 2018

La herencia de Banzer


“La Banzer” es la principal avenida de Santa Cruz de la Sierra que nace en el Cristo Redentor y la Monseñor Rivero hasta Viru Viru y prolongándose como carretera hacia el norte integrado (Warnes, Montero). El ex ministro de Defensa y ex rector de la Universidad Gabriel René Moreno, Reymi Ferreyra, me aclaró hace un par de años que “la Banzer” ya no lleva oficialmente ese nombre, que se había cambiado, aunque por la fuerza de la costumbre –y la estatura del personaje— los cruceños y cruceñas, mas los estantes y habitantes de la ciudad procedentes de otros distritos del país,  conocen tan importante ruta de conexión con ese nombre y no con otro, por lo que todo indica que ”la Banzer” nunca dejará de ser “la Banzer”.
En la mágica Concepción, provincia Ñuflo de Chávez, corazón de la Chiquitania, de macizas y formidables maderas talladas con talento y sacrificio, y orquídeas cultivadas con paciencia como si el tiempo no transcurriera, una de las avenidas principales comienza o termina, depende por qué lado de la ruta se transita, con un monumento del General Banzer de cuerpo entero. Es más, el hospital del pueblo lleva el nombre de César (Banzer), hermano del ex dictador laboriosamente reciclado a la democracia reinaugurada en nuestro país en 1982.
Es tan fuerte la impronta banzerista por esas tierras de Dios y sus misioneros franciscanos y jesuitas, que el principal museo chiquitano situado en la plaza principal de
Concepción, fue la casa de su familia de ascendencia alemana, en la que transcurrió su infancia,  y que con generosidad a la tierra que lo vió nacer, la donó para que hoy día, la memoria e identidad de la zona fuera debidamente preservada a través de documentos originales, muestras arquitectónicas hechas de cuchi, artesanías con imágenes de ángeles musicales y fotografías de la restauración de la maravillosa catedral a cargo del suizo Hans Roth (1975, en pleno desarrollo del septenio dictatorial), construída bajo la dirección del sacerdote Martin Schmidt (1753 – 1756).
Hugo Banzer Suárez (1926 – 2002) nació en Concepción, pero hizo de la vecina San Javier su centro de operaciones ganaderas y ya es leyenda que el cadáver del asesinado Marcelo Quiroga Santa Cruz estaría enterrado en algún lugar de su propiedad. Han transcurrido treinta y ocho años del golpe de García Meza que en principio fue bendecido por el General concepcioneño y no se han podido encontrar hasta ahora los restos del líder del Partido Socialista – 1 y ex ministro nacionalizador de la Gulf Oil durante el gobierno de Alfredo Ovando Candia. 
En 1995, el para entonces jefe de Acción Democrática Nacionalista (ADN), me recibió en su oficina de FUNDEMOS, el brazo oenegero de su partido. En aquella oportunidad lo entrevisté para el suplemento Ventana del diario La Razón, me habló de sus “profundas convicciones democráticas” y me confesó -fuera de grabación- que había encañonado a pistola limpia al industrial cervecero Max Fernández, jefe de la Unidad Cívica Solidaridad (UCS) exigiéndole que se retractara de acusaciones que “mellaban su honor y su prestigio”. “Le pedí –me dijo Banzer—que hiciera la aclaración en un lugar de tamaño y lugar similares en el diario en el que había levantado mi nombre”.
Durante cuatro décadas, hasta el día de su deceso por cáncer terminal, Banzer dominó en el escenario principal de la política boliviana. Hizo sociedad con Victor Paz Estenssoro, líder histórico del MNR, en dictadura y en democracia a través del Frente Popular Nacionalista (FPN) y el “Pacto por la Democracia”, y se hizo enemigo de Gonzalo Sánchez de Lozada desde el día en que –me lo contó también fuera de grabación—le ofreció dinero para que resignara sus intenciones de conformar gobierno con el MIR de Paz Zamora-Oscar Eid (1989).
Varios de quienes formaron parte de los entornos cercanos que Banzer supo organizar ya no están en este mundo, entre los que destacan Guillermo Fortún, Fernando Kieffer y Tito Hoz de Vila. Otros han dejado el país y la actividad política hace como quince años (Mauro Bertero, Ronald MacLean), “Manfredito” (Kempff Suárez), como lo llamaba tiernamente el General, es novelista y columnista de opinión que escribe frecuentemente contra “la dictadura”de Evo Morales. Algún otro –Walter Guiteras-- ha retornado a sus calurosos cuarteles ganaderos en San Borja y a continuación tenemos a los herederos vigentes y activos que en alguna medida, aunque ya no citen al General como mentor y guía político, se encuentran en plena actividad: Su sucesor en la presidencia,  Tuto Quiroga, embajador de oficio contra la “dictadura venezolana”; Ernesto Suárez, hijo del Prefecto de García Meza en el Beni, Senador de la República por ADN, también Prefecto y luego gobernador del departamento oriental; Manfred Reyes Villa, edecan de García Meza e hijo del ministro de Defensa de ese gobierno, Armando Reyes Villa, que huyó a los Estados Unidos y tiene sentencia ejecutoriada por actos de corrupción perpetrados como Gobernador del departamento de Cochabamba; Leopoldo Fernández, el “Cacique” de Pando, ex prefecto y ex gobernador, condenado a quince años de cárcel por responsabilidades en la Masacre de El Porvenir (2008); Carlos Valverde Bravo, --hijo del falangista Carlos Valverde Barbery, ministro de Salud de la dictadura banzerista por Falange Socialista Boliviana (FSB)--, y hoy inquieto operador mediático contra el “régimen” de Evo Morales, gestor informativo del llamado “Caso Zapata”, Zvonko Matkovic hijo y Zvonko Matkovic padre, ex Prefecto de Santa Cruz durante el gobierno del Banzer “democratizado”.
Como se puede comprobar, con estas referencias de hechos y nombres, Hugo Banzer Suárez, desesperado por pasar a la historia como legítimo estadista y no como dictador que ordenó las masacres de Tolata y Epizana, y fue parte  fundamental del plan Cóndor, ha dejado huella con herederos que continúan haciendo política y que en la actualidad hacen flamear las banderas de la democracia. Es bueno recordar para la historia, que todos estos furibundos combatientes del 21F16, crecieron en sus acomodadas y amplias casonas, con los privilegios que otorgaban el autoritarismo, la persecución política, el apresamiento indebido, la desaparición forzada y el asesinato político. Así caminaron hacia la democracia de la que gozamos hoy y de la que han conseguido amplias ventajas cuando hicieron ejercicio del poder.



Originalmente publicado el 18 de abril en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 16 de abril de 2018

Goni: El fin de la impunidad

El martes 14 de octubre de 2003 ya se habían registrado sesenta y dos muertos en la ciudad de El Alto, producto de la bala militar y asesina con la que Gonzalo Sánchez de Lozada pretendía resistir en la silla presidencial,  dicen que con la idea de trasladarla a Santa Cruz de la Sierra. Ese día, atravesé durante cinco horas a pie, la ciudad casi desierta que se encontraba en estado de emergencia, desde la calle 12 de Calacoto (Zona Sur) hasta los estudios televisivos de P.A.T., situados en Miraflores, para grabar “El Pentágono” que debía emitirse a las 22:00, con Mario Espinoza como conductor, Alvaro García Linera, Freddy Morales y éste periodista, como panelistas habituales del programa.
“El Pentágono” de esa fecha, puede encontrarse en youtube –“El Pentágono, programa de análisis político, partes 1, 2, 3 y 4, (Octubre, 2003)”—en el que Freddy Morales, puso en evidencia que el gobierno manejaba la mentirosa versión en sentido de que estaba en marcha una conspiración internacional orquestada por Evo Morales, los cocaleros y el narcotráfico; Alvaro García Linera trazó una prognosis sobre lo que podría ser la futura presidencia de Carlos Mesa, y yo denuncié persecución política y miedo a la aparición de francotiradores pertenecientes a las fuerzas represivas del Estado y pedí la renuncia del Ministro de Defensa, Carlos Sanchez Berzaín y por supuesto que la del Presidente Sanchez de Lozada.
Nuestra compañera Verónica Larrieu, no había podido llegar desde Santa Cruz de la Sierra, así que El Pentágono fue en esa ocasión cuarteto y guardo un especial recuerdo por esa emisión, por la manera en que tuve que empeñarme para llegar a la grabación en horas de la tarde, debido a que por razones de seguridad y por el estado de convulsión en el que se encontraba el país, nos veíamos impedidos de hacerlo en directo como sucedía habitualmente.
Goni fue víctima de los delirios exterminadores y fascistoides de su ministro de Guerra, Carlos Sánchez Berzaín –“Chulupi” para unos, “Zorro” para otros—que como bien se recordó hace unos días, estaba convencido que la crisis podía ser superada con un par de centenas de muertos.
Terco como millonario que era, sabedor de su olfato para los negocios, Goni hizo caso omiso de los consejos que le dieran en distintas oportunidades algunos de sus familiares y amigos políticos: “Sánchez Berzaín te llevará a la tumba política” era la advertencia, y eso quedó fehacientemente registrado en una entrevista que me concedió el periodista y ex ministro Irvin Alcaraz, cuando escribía para “El juguete rabioso” y que titulamos “Sanchez de Lozada fue prisionero del Palacio de Sánchez Berzaín”.
Huídos a los Estados Unidos, y transcurridos quince años de los trágicos sucesos que fueron la antesala del desmoronamiento del ciclo neoliberal (1985-2005), Goni se dedicó a proseguir amasando fortuna, esta vez, como empresario petrolero. De manera muy esporádica se conocían noticias acerca de su octogenaria existencia, mientras Sanchez Berzaín, el que fuera su ministro en tres carteras (Presidencia, Gobierno, Defensa), en dos períodos presidenciales discontínuos (1993 – 1997 y 2002 -2003), decidió convertirse en operador anticomunista con base en Miami, de los de añeja estirpe, a través de una fundación, autotitulándose “analista político”, profiriendo continuamente, en tono desafiante y altanero, una serie de declaraciones trasnochadas acerca de lo que sucede hoy con Bolivia, y con “regímenes castro chavistas” como los de Cuba y Venezuela.
Conociendo su perfil psicológico que tiene como rasgo sobresaliente el haber roto con la realidad, no dudo que Carlos Sanchez Berzaín, continuará convencido de haberse reciclado como gran articulador de la oposición al gobierno de Evo y probablemente insistirá en aconsejar rutas de confrontación con ese aire de estratega que le vendió a Goni y por el que en los pasillos del poder de entonces podían escucharse exclamaciones de admiración.
El masacrador de Octubre Negro, tal como lo  ha dictaminado el Jurado de la Corte de Fort Lauderdale del Estado de Florida en su veredicto del 3 de abril, se ha dado licencia para hablar de dictadores y narcotraficantes a cargo del gobierno de Bolivia desde 2006. Hoy éste individuo ha dejado de ser impune, lo mismo que su admirado jefe. Sanchez Berzaín debe ponerse de acuerdo con Gonzalo Sánchez de Lozada para erogar aproximadamente diez millones de dólares y así materializar el resarcimiento económico a esas ocho valientes familias que decidieron demandarlos por la vía civil y consiguieron la histórica decisión de que pudiera juzgarse a un ex mandatario fuera de su país, por violaciones a los derechos humanos, decisión que potencia la posibilidad de volver a la carga con el pedido de extradición que permitiría procesarlos penalmente, tal como lo reclama la memoria colectiva de Bolivia y los familiares de todas las víctimas de la ciudad de El Alto que ofrendaron sus vidas por la defensa de la integridad nacional y sus recursos naturales.

Originalmente publicado el 05 de abril en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF).

sábado, 31 de marzo de 2018

Ex-Presidentes en La Haya: Atrapados por la historia

Los años me enseñaron que el coyunturalismo periodístico es un gran enemigo de los procesos estructurales y trascendentes, porque pone el acento en la anécdota irrelevante y no en la proyección que los hechos producirán en nuestra memoria larga. En ese marco, algunos que hasta hace una década supieron ejercer el oficio lejos de perniciosas subjetividades, hoy entusiastas tuiteros que escriben contra Evo con razones y sinrazones, podrían hacer una breve pausa en su activisimo antiprorroguista y pensar, ahora que tenemos puesta la mira en La Haya, qué sucede con los expresidentes bolivianos, dentro y fuera de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para escuchar los alegatos, última fase de la demanda marítima instaurada contra el Estado chileno al que se busca sentenciar a sentarse formal e ineludiblemente en una mesa de negociaciones con Bolivia.
Los expresidentes han caído en un redil que resulta paradójico y hasta gracioso: Los que cruzarán el charco, aparecen funcionalizados por el gobierno de Evo Morales, autor de la instalación del juicio, a nombre de la unidad nacional. Los que decidieron no estar como Jaime Paz Zamora, terminarán estigmatizados por el patrioterismo de plazuela, como traidores a la única proclama (pluri)nacional que en Bolivia acerca a creyentes y ateos, a progresistas y reaccionarios, considerando que los resortes del nacionalismo se  encuentran enquistados en las vísceras de todos los ciudadanos y ciudadanas de cualquier terruño por ese elemental sentido de pertenencia que exhibe la condición humana. 
Jaime Paz Zamora se ha quitado de la comitiva boliviana aduciendo maltrato con insultos por twitter de parte del presidente del Estado Plurinacional. Para completar la visión del otrora clandestino luchador de izquierda, hay que responderle que a propósito de su anuncio de no viaje, agredió la memoria colectiva del país afirmando que “los gringos nos habían impuesto un presidente gringo”, en alusión a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando la segunda presidencia de Goni fue facilitada por él mismo como su socio principal, no sabemos si por instrucciones de la embajada americana. En otras palabras, ni el masacrador de Octubre Negro (2003) ni su principal aliado en el marco de la democracia de pactos, habrán formado parte de las jornadas en Holanda, antesala del fallo que en el último tramo de este 2018 dictará la CIJ. Mejor así. Goni enjuiciado en Fort Lauderdale, estado de Florida, por familiares de las víctimas que murieron en El Alto y Paz Zamora en El Picacho madrugando frente al televisor, grafican el presente de estos personajes que explicará  por qué la historia y el destino no contará con ellos para la gran foto de este medular capítulo de la causa marítima.

Goni es un muerto civil, Jaime un político retirado al que no le ha funcionado la apuesta por reciclarse como gran mediador de la democracia de este tiempo, mientras Tuto Quiroga se ha reinventado como gran operador anticomunista de los de viejo cuño, profiriendo incendios contra Cuba y Venezuela, empeñándose en demostrar que la Bolivia de Evo está aislada y se ofrece como embajador itinerante para generar adhesión solidaria internacional, porque “el MAS ya no estará en 2020”. El hijo del embajador de Bolivia en Malasia durante la dictadura de Banzer, el sucesor de “Mi General”, el heredero de los autores del Plan Cóndor y de la Doctrina de la Seguridad Nacional de los años 70, ofrece con desparpajo y basquetbolística prepotencia, lecciones de democracia bajo los auspicios de la OEA de Almagro que hoy se asemeja más a una agencia estadounidense de injerencia y desestabilización política de nuestros países que al principal organismo del llamado sistema interamericano. Ese mismo, Jorge Quiroga Ramírez, estará en La Haya, con margen para agitar la bandera del 21F, porque al final de cuentas fue presidente por un año, relevando a Banzer, al que hace mucho ya no menciona, y que se fue de este perro mundo con cáncer de pulmón con metástasis en el hígado. A pesar de sus inequívocas actuaciones autoritarias --expulsión de Evo del Parlamento entre otras--, Tuto fue Presidente en democracia durante un año. Que le vamos a hacer.

Goni procesado civilmente en una corte estadounidense, Jaime en la pasividad de los atardeceres en Tarija, Tuto jugando a portavoz imperial contra el gobierno de Venezuela y Carlos Mesa, Vicepresidente y sucesor de Sanchez de Lozada, impugnado por propios y extraños ante su negativa a comparecer como testigo en el juicio civil instaurado en Gringolandia  por nueve familias víctimas en El Alto de la represión que cobró la vida de sesenta y ocho personas, conforman la galería de los ex primeros mandatarios bolivianos a la que se debe sumar al último presidente militar de los gobiernos de facto, Gral. Guido Vildoso, que también estará en La Haya y que ya nadie recuerda como Ministro de Previsión Social y Salud Pública de la dictadura banzerista.

Por su rol como Agente acreditado ante la CIJ en La Haya con rango de Embajador, el último expresidente, a quien le correspondió la transferencia de mando a Evo Morales en enero de 2006, Eduardo Rodríguez Veltzé, es la voz oficial de los alegatos, quien encabeza la exposición de motivos y el responsable oficial del Estado boliviano de fundamentar la estrategia boliviana para ganar este juicio y de esta forma dejar establecido ante la comunidad internacional que Chile queda al descubierto ante el mundo por una cuenta pendiente con Bolivia, cosa que nunca antes se había logrado, como ha venido sucediendo desde 2013, año en que se presentó formalmente la demanda.

Estos son los expresidentes contemporáneos de Bolivia que podrán escapar en helicóptero, refugiarse hasta sus últimos días en alguna casa de campo, pero que jamás podrán esconderse del implacable registro de la historia, aquella que pone las cosas en su justa dimensión en el imaginario colectivo de una sociedad y de una nación.




Originalmente publicado el 20 de marzo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)




miércoles, 14 de marzo de 2018

Hollywood se disfraza de feminismo y desagravia a México


A diferencia de muchísimas versiones anteriores, ninguna película iba predestinada con superar récords que aseguraran éxitos de taquilla. Las preseleccionadas, y los protagonistas de las mismas en sus distintas especialidades, preanunciaban una repartición equitativa y necesaria para dejar sentado porque en la nonagegisma gala de la entrega del premio mayor de la industria cinematográfica más influyente --para que el planeta se convirtiera en una aldea global-- fueron tan o más significativas ciertas ausencias comenzando por ese monstruo depredador llamado Harvey Weinstein, uno de esos fabricantes compulsivos de un star system en el que el primer requisito era someterse a su incontrolable falocracia a cambio de un ok. en el casting para una próxima producción candidata a generar nuevas consagraciones: Les metió mano a las que quiso, lo mismo que las humilló y las presionó a ceder ante sus caprichos sexuales, para que  transcurridas varias décadas terminará siendo descubierto y expulsado de la maquinaria de la que él mismo fue entusiasta e implacable engrasador.
Muchas actrices (y actores) de variadas trayectorias, y distintos grados de impacto masivo, comenzaron a perder el miedo, a contar sus angustias y a continuación empezaron a quedar en evidencia más y más nombres: Kevin Spacey, Woody Allen, Dustin Hoffman… que por supuesto no habrían sido bien recibidos en la fiesta de premiación del domingo 4 de marzo, más todavía, cuando la ganadora del premio a mejor actriz protagónica, --soberbia Frances McDormand en “Tres anuncios por un crimen”--, apenas recibió la estatuilla invitó a sus compañeras de oficio –y de lucha—a ponerse de pie, comenzando por Meryl Streep, para reclamar respeto e inclusión, en tanto las mujeres del cine no son figuras ornamentales, sino parte constitutiva fundamental del imaginario que ha sabido construír Hollywood a fuerza de millones de dólares, imagineria, talento, oficio y por supuesto que de vícitmas de impunidad acosadora.
La protesta femenina y feminista en la fiesta del Oscar número noventa, generó una infrecuente atmosfera política premiando a una actriz que protagoniza una historia en la que la democracia rojo-blanco-azul de barras y estrellas, de supuesta perfección del sistema, queda en entredicho en un pueblito sureño atiborrado de policías corruptos atormentados por su mala conciencia, racistas antiafro perfectamente entrenados para no descubrir al autor de una violación y un crimen por temor a que se trate de algún amigote que se toma cervezas en el bar con ellos mismos en sus horas de asueto.
Pero si el machismo sustentado en el poder, el peor, el más execrable de todos, quedaba triturado con estilo y entre líneas por las grandes figuras femeninas que tuvieron a su cargo la distinción de cada una de las categorías, desde Jane Fonda, pasando por Jodie Foster y terminando en Salma Hayek, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas empleó a fondo su astucia para introducir un poderoso mensaje político contra la administración Trump, premiando a Guillermo del Toro, mexicano inmigrante, perfectamente incorporado en la industria cinematográfica norteamericana, ya hace un par de décadas, que fue reconocido como mejor director de “La forma del agua” y que también se llevó el premio a mejor película, a diseño de producción y mejor banda sonora. A México no lo amenazamos con un muro, le entregamos dos Oscar, era el primer envío dirigido a uno de sus realizadores más connotados del último tiempo, pero no sólo eso porque “Coco” (Disney/Pixar) un colorido trabajo de animación, se llevó los galardones a mejor largometraje en su categoría y a mejor canción original, en la que se homenajea la riquísima visión cultural mexicana indígena y mestiza acerca de la vida y la muerte, incursionando por primera vez en la exploración de una identidad y una memoria, ajenas a la ombligomanía sajona que ha tendido siempre a mirarnos a latinos y demás yerbas prescindibles –asiáticos, árabes, africanos—con esa visión neocolonial despreciativa en la que no tenemos otra historia, otros transcursos, que los marcados por estereotipos humanos vinculados a la marginalidad del crimen, la delincuencia común, el narcotráfico y por supuesto que el terrorismo.
Se trató de una premiación distinta en la que las burbujas de champan y la glamorosa alfombra roja donde se producen comparaciones de diseño para establecer cuál fue el escote -anterior y posterior- más arriesgado de la noche, pasaron a un segundo plano. Los Estados Unidos de Trump no son los que concibe Hollywood que para criticar al patán que tienen por presidente, se ha esmerado en un acto de contrición reconociendo la vergüenza y el daño inflingidos por especímenes atrapados en abyectas pasiones encabezados por productores como el ya citado Weinstein.
Si esta es la democracia modélica del mundo, venga el diablo y escoja para dejar debidamente inscritos pecados propios (los de la industria cinematográfica) y pecados ajenos como los cometidos por el mísmisimo sistema democrático embadurnado hoy por ese hipernacionalismo que avergüenza a las grandes corporaciones, y que hoy día vuelve a sentar sus reales en el modelo excluyente del WASP: White, Anglo-Saxon, Protestant. O dicho en términos más brutales, supremacista y potencial militante del Ku Klux Klan que persigue y trata de eliminar al diferente en nombre de Dios.

 Originalmente publicado el 06 de marzo en la sección de Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

martes, 20 de febrero de 2018

La impecable demanda boliviana ante la CIJ

Llega la hora de los alegatos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya (segunda quincena de marzo), y con ellos, la antesala al fallo que deberá dictar luego de cinco años en los que Bolivia y Chile sostuvieron como nunca antes en sus historias nacionales, bilaterales y multilaterales, sesudas e intensas tareas de fundamentación y retruque acerca de una causa que es un derecho y que como victoria inicial para nuestro país, se declaró competente el 24 de septiembre de 2015, cuando el gobierno de Michelle Bachelet pretendió dejar las cosas como siempre habían estado –en nada-- eludiendo el juicio, y por lo tanto, buscando neutralizar la capacidad escrutadora de la comunidad internacional que ahora sí sabe que Chile, luego de la llamada Guerra del Pacïfico, se apropió de territorio ajeno y que luego de la firma del Tratado de 1904, hizo de los acercamientos con nuestro país, una cadena de ofrecimientos que terminaron siempre diluyéndose, incluída la denominada agenda de los trece puntos establecida por los presidentes Morales y Bachelet, que tenía anotado en el número seis el problema marítimo.
La más trascendente iniciativa en la historia de nuestro país relacionada con el derecho internacional y los mecanismos con los que se busca superar diferendos por territorios usurpados “por la razón o por la fuerza”, como reza el escudo chileno, cuenta con un equipo que se ha mantenido invariable desde que se iniciara la demanda (24 de abril de 2013), con el presidente Evo Morales como su principal propiciador, el expresidente de la República y de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé en su calidad de embajador ante el Reino de los Países Bajos, como Agente acreditado ante la CIJ con residencia en La Haya, Holanda;  Héctor Arce Zaconeta como Procurador General primero y ahora como Ministro de Justicia, abogado de confianza personal del Presidente del Estado; el ex canciller David Choquehuanca, y los denominados profesores internacionales, abogados de larga trayectoria en las arenas de las controversias territoriales entre países, los franceses Mathias Forteau y Monique Chemillier-Gendreau, el español Antonio Remiro Brotóns y el iraní con nacionalidad canadiense Payam Akhavan.
Por primera vez en la historia republicana, e inaugurada la condición plurinacional de nuestro Estado, Bolivia fue capaz de sostener argumentos históricos, dejando atrás diferencias de politiquería doméstica, mientras los demandados a la cabeza de su canciller Heraldo Muñoz, hicieron gala de un malestar e indigestión permanentes, que convirtieron al hombre de las relaciones exteriores del gobierno chileno en un activo y excesivo tuitero, en tanto decidió, a través de su cuenta personal en dicha red social, poner en práctica una “diplomacia directa” salpicada de incidentes, respuestas, adjetivos y todo lo que fuera necesario para dejar bien fijada la posición chilena, secundado por el Senador Jorge Tarud, quien gusta de pelear también por twitter con el propio presidente de nuestro país, y con quien se le ponga al frente, dejando sentado ese hipernacionalismo entercado en que con Bolivia se puede hablar de todo menos de mar con soberanía.
Chile quiso sostener y demostrar durante gran parte del proceso que Bolivia andaba en el plan de embestir contra el Tratado de 1904, argumento de una y mil batallas con el que siempre se intentó demostrar que todo estaba dicho y sellado a perpetuidad, cuando lo que nuestro país hizo fue sustentar su estrategia en la acumulación de los llamados derechos expectaticios a partir de una serie de acercamientos formales en los que al admitir el reclamo boliviano en mesas de negociación, estaban aceptando de facto que el problema marítimo, considerado un derecho irrenunciable ahora inscrito en la Constitución Política del Estado, es una realidad conocida por las distintas administraciones gubernamentales de La Moneda y varias veces discutida con sus eventuales interlocutores bolivianos, aunque estos, finalmente, hayan fracasado, incluída la negociación entre los dictadores Banzer y Pinochet (1975), cuando el embajador boliviano de entonces, Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, fue objeto de ironías debido a que “traía el mar para Bolivia en baldes”.
La muy alta probabilidad de que la estrategia boliviana triunfe en la CIJ, terminará conviertiéndose para la historia en un modelo de política de Estado con las características de relatividad que contienen fallos de características cargadas de matices, correrspondientes a una controversia de alta complejidad como lo es la mediterraneidad boliviana.
El sólo hecho de que la sentencia conduzca a Chile a la obligatoriedad de negociar una salida al Pacífico que nos lleve a romper con el enclaustramiento, se constituirá en una victoria que en el escenario internacional deberá tener una altísima repercusión. Mar con soberanía es otro capítulo, el de las negociaciones en si mismas, asunto que seguramente formará parte del nuevo capítulo que se pueda abrir a partir de lo que vaya a dictaminarse en La Haya hacia el último trimestre de 2018.

Originalmente publicado el 15 de febrero en la sección opinión de la Agencia de Noticias Fides ANF

sábado, 3 de febrero de 2018

Evo más allá de la presidencia

En la estrategia de manejar los hechos a partir de fragmentos útiles a cualquier bando, figura esa que ya es consigna proclamada por comparsas carnavaleras, promociones colegiales y operadores político-mediáticos: “Bolivia dijo no” el 21 de febrero de 2016. Falso, porque fue la mitad más uno de Bolivia la que emitió su voto expresando  la negativa a una nueva repostulación de Evo Morales a la presidencia, y la mitad menos uno dijo sí en el convencimiento de que el año 2025 se completaría un ciclo estatal con transformaciones significativas que redundan en cambios trascendentales para la sociedad boliviana con Evo reelegido en 2020.
El periodismo reducido a titulares y la acción de formaciones políticas inorgánicas circunscrita a eslogans-muletillas que responden a intereses concretos que Montenegro consideraría pertenecientes a la antinación,  pierden intencionalmente de vista datos como el del departamento de La Paz donde el sí se impuso con un 55 por ciento de los votos, asunto que a la hora del resultado final, frío y seco, deja de ser significativo, aunque ciertos espasmos oficialistas pasen por impugnar el contenido ético de esa derrota sufrida por el MAS y su líder, relacionada con la incidencia del llamado Caso Zapata basado en un interminable juego de impresiones sin jamás demostrar su hipótesis de base, pues nunca se llegó a establecer que gracias a un supuesto hijo –que nunca nació--, Gabriela y Evo tejieran una red para traficar influencias y amasar fortuna. Fue la primera vez que la mentira acerca de relaciones personales era empleada como arma político electoral, a estas alturas, de comprobada utilidad y éxito.
Pero la realidad de los números, cuando estos forman parte de una lógica con reglas de juego previamente establecidas y aceptadas por todos los jugadores, dice con lógica futbolística que ganando 1 – 0 o por goleada, el triunfador se lleva invariablemente tres puntos y quien no lo asuma en estos términos, debe ir  a llorar al río, independientemente de que la guerra para conseguir tal objetivo electoral haya pasado de sucia a mugrienta. Esto es lo que ha sucedido y lo que conduce a manifestar indignación a quienes ven su voto escamoteado por una decisión del tribunal constitucional que habilita a Evo Morales, fundamentado en el derecho humano a ser candidato según lo estatuye el Pacto de San José, así que el presidente como otras autoridades tienen vía libre según esa decisión para terciar en elecciones programadas para fines de 2019 y se instala en el debate la diferencia cualitativa y medular de legalidad versus legitimidad.
Los preceptos de la alternancia en democracia, el combate al prorroguismo como fórmula para garantizar el pluralismo son para el caso, nada más que ardides principistas frente a una realidad de la que la oposición en su conjunto no quiere escuchar, esto es, Evo en el campo de juego de las urnas, ese en el que a sus ocasionales adversarios les ha inflingido históricas palizas, de las que no quieren volver a saber porque están concientes de que con un 30 por ciento de voto duro en el arranque de campaña, “el indio” podría volver a triunfar aunque muy probablemente sin diferencias tan escandalosas como la de 2005 en que se impuso al segundo, Tuto Quiroga, 54 por ciento contra 28.
Los enardecimientos coyunturales, las mezquinas opiniones sobre los méritos y los logros de Evo y su gobierno, cargados de insidia política y distorsiones para todos los apetitos,  serán superados por una mirada histórica que sólo conceden distancia y tiempo, ya que por ahora estamos en guerra, unos para bajar la candidatura y otros para llevarla a buen puerto contra todos los vientos y mareas que no son pocos y se presentan dificultosos de superar.
Hay quienes no salen del asombro cuando se preguntan como un hombre surgido de las entrañas de la pobreza rural que recogía cáscaras de naranja arrojadas desde los buses que pasaban por la carretera cercana a su pueblo para mitigar el hambre cotidiana, pudo sortear escollos de tamaños diversos para llegar a convertirse en el presidente con más permanencia consecutiva en el ejercicio del cargo, sin otra formación y experiencia que el ejercicio sindical y la lucha cocalera, y quien ha concebido y concretado bien arropado por sus rotundos triunfos electorales,  transformaciones en las bases económica y social de Bolivia, ahora Estado Plurinacional.
Nos esperan veinte meses de lucha, incertidumbre, y turbulencia callejera, y si hay algo que nos debe quedar claro es que la influencia de Evo Morales en la vida política del país irá más allá de su presidencia, culmine esta a principios de 2020 o 2025, si los achachilas continúan protegiendo su granítica fortaleza para el trabajo y su proyecto y visión de país logra reinventarse con nombres, hombres y mujeres capaces de imprimirle una multiplicación de voces regionales que logren derribar el sino trágico del caudillo que cuando deja de ser, puede terminar reducido a memoria estática y nostalgia sin consuelo. Hay Evo para rato sin lugar a dudas. Lo que está por verse es si para completar o no, dos décadas contínuas de cambios estructurales que podrán comenzar a leerse con serenidad y discernimiento aproximadamente a mediados de esta primera centuria del tercer milenio.

Originalmente publicado el 30 de enero en la sección Opiniónde la Agencia de Noticias Fides (ANF)