domingo, 20 de mayo de 2012

Las razones del 8 - 0

La Razón / La Paz
02:24 / 18 de mayo de 2012

Fue en un contexto superficial y reduccionista que las radios y las televisiones abordaron la derrota soportada por Bolívar contra el Santos, que a los tres días de conseguida la clasificación a la siguiente fase de la Copa Libertadores de América, se consagraba nuevamente campeón del torneo paulista, mientras la Academia de nuestro fútbol se presentaba en un Hernando Siles casi vacío para golear 4-0 a La Paz Fútbol Club y terminar la semana con ese consuelo en la que fue la más penosa de toda su historia.
Absorbidos en sus afectadas inflexiones de voz, en el uso de unos cuantos esquemas que no explican nada, gran parte de los narradores y comentadores de radio y los animadores deportivos de la Tv dijeron cosas parecidas a las siguientes: “Bolívar se equivocó al querer jugarle de igual a igual a un equipo como el Santos”. “Debió pisar tierra, reconociendo la enorme superioridad del rival”. Esos mismos decían horas previas al partido jugado en Vila Belmiro que los celestes habían clasificado con suficiencia a la segunda fase de la Copa, gracias a que su técnico supo inculcarles afrontar con el mismo temperamento los juegos como local y visitante. Pues bien, una cosa es encarar partidos con el mismo espíritu, es decir jugar “once contra once”, y otra muy diferente es saber plantear tácticamente un partido, con mínimo margen de error, sabiendo detectar a tiempo las limitaciones propias y teniendo un preciso conocimiento de las virtudes de enfrente, en este caso, ampliamente superiores en todos los sectores de la cancha.
Ángel Guillermo Hoyos no se equivocó en el trabajo de mentalización del equipo, sino con el autoengaño en el que incurrió creyendo que los desempeños frente a la U Católica, Unión Española y Junior de Barranquilla eran prenda de garantía para seguir avanzando con éxito.  Si miramos con detenimiento los rendimientos en esos seis partidos —tres victorias, dos derrotas y un empate— comprobaremos que el supuesto juego de conjunto con pretensiones de profundidad ofensiva nunca alcanzó niveles de regularidad y contundencia, en tanto los jugadores de los que disponía Bolívar no daban la talla para tales propósitos —un medio terreno poco creativo y mal abastecedor de sus delanteros—, peor si quedaban fuera por lesiones William Ferreira y luego Lucas Scaglia, que insinuaba convertirse en ordenador-bisagra en la mitad del campo.
Bolívar trastabillaba con una seguidilla de empates en el torneo doméstico y creía que preservaba un material humano de incalculable valor para la Libertadores y terminó como un equipo de actores secundarios sin nítidos referentes de calidad y de argumentos técnicos para hacer la diferencia, rasgo que ha distinguido históricamente al cuadro celeste con valores de fuerte personalidad y enormes virtudes en el manejo de la pelota.
Si un equipo visitante entra con un libreto y es sorprendido con un gol tempranero, producto de haberle dejado patear desde fuera del área a una figura como Elano que sorprendía a Argüello lo suficientemente adelantado como para que su estirada fuera infructuosa, debía entrar en aplicación inmediata un planteamiento reordenador con ajustes en la recuperación en el medio, pero si ese planteamiento no asoma y es el mismo portero el que comete una infracción con un ingenuo empujón a un delantero rival en el área chica, luego de las pifiadas de Wálter Flores y Edemir Rodríguez, la hecatombe será imposible de evitar y lo que vendrá a continuación será un deambular con desajustes en todas sus líneas, con un desparrame en la cancha, y un conjunto incapaz de cerrar espacios o de “esperar escalonadamente” (Frontini dixit) a Neymar y a sus amigos.
Bolívar tuvo siempre directores técnicos de convincente personalidad, a los mejores valores del medio local, y el plus de certeras contrataciones de valores extranjeros.  En esta ocasión, tuvo un buen organizador de lo no futbolístico (Hoyos debería ser el gerente) pero un estratega que no supo armar una plantilla con jugadores en los que la personalidad, el temperamento y la jerarquía producto de la experiencia fueran las características primordiales. ¿Lorgio Álvarez? ¿Juan Carlos Arce? ¿Jhasmany Campos? ¿Wálter Flores? ¿Rudy Cardozo? ¿Damián Lizio? Ni siquiera Ferreira con todas sus facultades pudo posicionarse como líder y aquí encajan odiosas pero necesarias comparaciones: Luis Gregorio Gallo,  Carlos Aragonés y Julio César Baldivieso, esos fueron en su tiempo mandamases en el campo.
Los nombrados, se supone, son lo mejor en la actualidad del fútbol boliviano, pero ninguno de ellos tiene el carisma y la fortaleza necesarios para hacer honor a la tradición y a la identidad bolivaristas y en la medida de esas insuficiencias, el picnic del Santos nos hizo sentir que el 8-0 pudo fácilmente haberse convertido en docena, si no sucedía que los brasileños quitaron el pie del acelerador a partir de los 70 minutos apiadándose de sus estropeados visitantes.
Así perdió Bolívar, magullando su clasificación a segunda fase con tan estruendosa goleada. Lo tenía todo muy organizado y bien planificado en el trabajo semanal, pero se equivocó desequilibrando la atención simultánea a las obligaciones domésticas y a las internacionales. Tiene un muy buen esqueleto de funcionamiento institucional, parece que el trabajo de Óscar Villegas en las divisiones juveniles va en serio, pero como nunca antes sucedió en su historia desde la década de los 70, careció de brújula para sintonizar hombres y nombres en la conformación del equipo.

 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Alma atigrada

La Razón
14 de mayo de 2012 

A los dioses andinos no les gusta que el fútbol se gobierne por Twitter. Les parece más auténtico y valorable que el presidente de un club se encuentre más preocupado por afanes religiosos y culturales, que rece y baile con devoción, que sea humilde en la victoria y prudente en la derrota. Con esos antecedentes, los dioses terminan congraciándose con los equipos que tienen mística, identidad y profunda adhesión de sus seguidores. Que acuden a la cancha cuando las papas queman.
Los dioses que protegen los ajayus de nosotros mortales, o que los desatienden por inequívocas sospechas de falta de fe, prefieren los caóticos hervideros humanos como las canchas de fútbol que los laboratorios donde se pueden incubar controlados y gélidos proyectos en ordenadores de última generación, pero que ciertamente no están programados para componer cánticos de aliento a un equipo o para gritar goles como se debe.
Los dioses que ahora danzan en la cumbre cordillerana son desde diciembre del pasado año atigrados. Como nunca había conocido en toda su historia de lucha y gestos lindantes con lo sobrehumano, The Strongest ha sido bendecido por la suerte, esa que como este mismo periodista afirmara hace un par de semanas, también juega, siempre y cuando sea invocada con transparencia y combatividad.
Suerte de campeón le llaman los amantes de los clichés. Suerte de buscadores que jamás se rinden habría que decir en este caso, porque la posta que Mauricio Soria le pasó a Eduardo Villegas para asumir la conducción atigrada estuvo desde un principio cargada de serenos ánimos de transición, luego de ese espantoso contraste frente a Aurora (1-2) en el Hernando Siles que presagiaba quedar en la tabla muy cerca a los candidatos al descenso indirecto.
Y ayer, la suerte stronguista fue la suma de sus propios méritos para ganarle a San José con ese rebote en los pies del portero Lampe de soberbia actuación hasta ese momento, que supo aprovechar Melgar para sellar el resultado, pero a esa suerte debían confluir otros resultados para obtener el título y eso en primer lugar pasaba por la derrota o empate de Oriente Petrolero frente a Nacional Potosí.
Desde el jueves he confirmado por qué en la numerología soy afecto primero al siete y después al ocho. Creo que a partir de ese día decidí invertir el orden de mis prioridades cabalísticas, pues gracias a los ocho goles atigrados anotados frente a Guabirá fue posible llegar con la ventaja del gol diferencia que se convirtió en el factor que definió la obtención del bicampeonato. Ni uno más, ni uno menos, ocho, considerando que los montereños supieron anotar el gol del honor, pues eso sería lo último que se pierde.
El gran jugador aurinegro de estos tiempos se llama Pablo Escobar. Por temperamento y oficio, por interpretar con extraordinaria sensibilidad en qué consiste eso de sacar la garra en el momento preciso. Potente, versátil, con el arco adversario metido entre ceja y ceja es el referente que anima a que en las gradas la pasión se encienda en cada jornada. Y a lado de él figura Alejandro Chumacero, el socio perfecto para armar todas las travesuras posibles que gracias a tener ojos en la nuca, con ese giro hacia la izquierda sobre su propio cuerpo ejecuta el pase perfecto para el 1-0. Escobar-Chumacero es el primer argumento que marca la diferencia, donde el temperamento y la calidad se conjugan, sabedores, ellos, que vestir la camiseta atigrada es vestir la camiseta más emblemática del fútbol boliviano.
Fue un domingo perfecto de fútbol. Hasta el mediodía quienes tuvimos el acceso a los partidos cruciales de la Premier League inglesa, pudimos asistir a un par de lecciones donde la ética deportiva es el primer valor a honrar si se quiere llegar lejos. El Queens, colero del torneo le ganaba 2-1 al Manchester City, y en el otro partido decisivo, el Manchester United se imponía 1-0 al Sunderland que aunque no tenía nada que hacer en términos de premios, le jugaba al equipo de Fergusson como si fuera el último partido de su existencia. Sucedió que entre los minutos 90 y 95, los celestes del City dieron vuelta el marcador. El Kun Agüero puso el 3-2 con la estampa de los definidores de raza y así se resolvió el título de la liga más extraordinaria del planeta.
Horas después llegaría una tarde colapsada por las emociones en las que por minutos fueron campeones The Strongest, San José y Oriente Petrolero. Los tres se lo jugaron todo, como también lo hicieron Nacional Potosí, Real Potosí y Blooming, mientras lamentablemente sucedía que en La Paz una gigantesca camiseta bolivarista había sido desplegada en la curva norte de un estadio más desierto que el del Sahara.
El peso de la casaca y la profunda fe en sí mismos, que no es otra cosa que un camino abierto por las almas, ha sido determinante para que ayer nuevamente The Strongest le haya cambiado el ánimo a nuestra alta La Paz, esta ciudad que dispara desde sus cuatro costados llamaradas de celebración contra ese límpido cielo invernal que la hace única.

viernes, 11 de mayo de 2012

El peor día en la historia bolivarista

La Razón / La Paz
03:46 / 11 de mayo de 2012
La Academia del fútbol boliviano fue masacrada en Santos y perdió por walk over técnico en Sucre. La pésima e irritante organización de la Liga del fútbol que de profesional sólo tiene el nombre, dio lugar a que los celestes se convirtieran como ningún otro que hayamos conocido, en el primer equipo omnipresente de nuestro país. La arrogancia empresarial de algún dirigente que cree saber de fútbol encontró anoche la peor pesadilla de toda su existencia desde que la institución celeste fuera fundada en la década de los 20.

Hay que dedicar esta estrepitosa derrota bolivarista al imbécil racista que le arrojó el plátano a Neymar en La Paz y encendió la ira santa que ayer puso en escena un festival de toques y goles —“la respuesta de Vila Belmiro está en el campo” pusieron sensata y respetuosamente en una pancarta registrada por la televisión los hinchas brasileños—. Hay que dedicarla también al patético hincha celeste que me amenazó e insultó en el Café La Terraza de El Prado justo cuando Santos convertía el cuarto gol, momento en el que me puse de pie para ir en busca de otro televisor. Estas dedicatorias absolutamente cargadas de pacífica ironía sirven para dejar constancia de que para mí como para la gran mayoría, el fútbol debe asumirse como un juego y no como un peligroso pasatiempo para los violentos, convencido, además, de que nunca deberemos confundir la pelota con la bandera, pues ayer solamente perdió un club de fútbol boliviano, aquel que se ufana de ser el mejor de nuestra gris historia según lo indican las estadísticas, de una historia reciente que se caracteriza por la mediocridad, la mala fe, el desconcierto y el patetismo.
En este mismo espacio periodístico sostuve que “Bolívar es el mejor de Bolivia”, que “Bolívar tiene proyecto”, que Ángel Guillermo Hoyos les inculcó a sus dirigidos jugar con la misma actitud como dueños de casa que como visitantes. Creí en la empecinada versión de que este director técnico estaba introduciendo una nueva cultura en un club profesional de nuestro país, y admití esa versión porque quien me la refirió estaba honestamente convencido de que se trataba de una realidad verificable de la que luego se podrían recoger frutos.
Dije también, cuando reinauguraba mi participación periodística en esta materia hace un par de meses, que Bolívar es un equipo desangelado, sin alma, y ahora se confirma, para peor, con el alma en pena.  Hoyos valía hasta anoche más por lo que parecía que por lo que en realidad es: Un muy limitado entrenador de fútbol con ciertas habilidades administrativas y marketeras que trajo a jugar a unos chicos con los que había trabajado en Chipre, de los que destaca por su monumental ineptitud, Pablo Frontini, en primer lugar, que se pasó la noche cometiendo infracciones y poniendo en rotunda evidencia que como zaguero central podría ser un excelente jugador de rugby. Del resto de sus compañeros no hay mucho más que decir, solamente que Neymar, Ganso, Elano y compañía, a cada paso que daban,  parecían querer enseñarles que al fútbol se juega primero dominando el balón y mucho más tarde habrá posibilidad de llenarse la boca de inéditas teorías tácticas distractivas que juegan con la ilusión de los buenos hinchas.
La organización del fútbol boliviano está plagada de mentiras, mezquindad y golpes bajos y fastidia machacar sobre esas falacias que venimos arrastrando por años con equipos como el mismísimo Bolívar que tuvo que perder por walk over técnico frente a Universitario de Sucre porque el presidente de la Liga, Mauricio Méndez —y sus secuaces—, programaron ese encuentro en el día en que los celestes debían jugarse la clasificación por la Copa Libertadores. Perder 0-8 un partido y por insuficiencia de número de jugadores para presentarse a otro, certifica que sólo en Bolivia es posible admitir que un equipo pueda estar en dos lugares al mismo tiempo. No he conocido en todo lo que he visto de fútbol durante más de tres décadas, estupidez más gigantesca que ésta.
Para más condimentos hay que registrar la tontería que profirió Sergio Apaza al mando de Universitario que no tuvo mejor idea que decir “Bolívar debió tomar sus previsiones, no es culpa de Universitario” y claro que también hay que impugnar los cálculos de Oscar Sanz, director técnico de La Paz F.C. que pierde 0-4 en La Paz con Blooming con el afán de evitar a algún rival para cuando se tenga que definir el descenso indirecto.
Éste y no otro es nuestro fútbol que en el concierto sudamericano pierde por doble partida para situarse en el fondo de la tabla: Por una parte por su incorregible estructura y organización y por otra por su escandalosa endeblez cuando se trata de medir fuerzas y posibilidades competitivas frente a nuestros vecinos. El autoengaño ha terminado, hay que levantarse a la madrugada otra vez.

lunes, 7 de mayo de 2012

¿Indígena-originarios versus campesinos?

Ser mestizo desde el conocimiento de lo indígena es inscribirse en la comprensión más cercana a la profunda identidad de Bolivia. No pertenecer a una nación originaria, pero asumir que antes de que Bolivia fuera Bolivia hubo pueblos-naciones y organizaciones sociales que luego se vieron sometidas a un brutal choque cultural en el que se manejaban con igualada prioridad la evangelización y el saqueo, es comprender como corresponde la génesis de por qué somos plurinacionales y encaramos el de-safío de combatir la autosuficiencia pseudointelectual de “mestizistas” a ultranza que pretenden reafirmar sus certezas con el fórcep de la pedagogía nacional de Franz Tamayo y profieren estupideces ciclópeas como ésa de que a partir de la nueva Constitución “los indígenas serán ciudadanos de primera y los demás seremos de segunda”.
Nada más dinámico y mutante que la identidad étnico-cultural de una sociedad, más todavía si ésta se presenta tan diversa y entrecruzada, como la boliviana. Y en este marco de comprensión se puede concluir que ha sido justamente la armonización de lo indígena de tierras altas y tierras bajas con lo nacionalista revolucionario campesino que se ha podido articular el llamado Pacto de Unidad, desde el que Evo Morales Ayma, con el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP), empezara      a caminar con rumbo inequívoco  hacia la toma legítima del poder para transformar al país, encarnando  las históricas aspiraciones, demandas y reclamos-reparaciones para acabar con el sojuzgamiento y la inequidad, cosa a la que se nombra como proceso de cambio.
Pasamos, entonces, de pluriculturales y multilingües, a gestionar el proceso de autoidentificación como nación de naciones y así, como Cecilio Guzmán de Rojas retrataba en el Cristo aymara al indígena como ser pétreo de facciones perfectas, pero inmóvil, brillantemente diseccionado por Javier Sanjinés, no resulta a estas alturas tan dificultoso desentrañar cómo la historia y las luchas de los pueblos bolivianos encuentran sustento simbólico y arrasadora acción política en un solo dirigente, a partir de la multiforme figura de Evo, como indígena, campesino, cocalero-colonizador —hoy conceptualizado como intercultural— que cambia de hábitat del gélido altiplano orureño al subtrópico cochabambino por un elemental instinto de sobrevivencia. Y si a esos componentes le agregamos el perfil sindical como pasaje previo al liderazgo político, será sencillo comprender cómo llegó a convertirse en el indiscutible ganador de la democracia liberal y representativa boliviana a partir de 2002.
Y es precisamente el neocolonialismo —liberal e individualista— el que produce a diario la colisión cultural contemporánea en la que un país, con formas de ser preexistentes a la creación de la República en 1825, se engarzó de mala manera con la uniformización mundial dada a partir del mercado, su evolución e instalación en las vidas cotidianas de todo el planeta como implacable ordenador, controlador y uniformizador de comportamientos, desde el narcotráfico y el contrabando, hasta prácticas cotidianas como acudir al supermercado y por la tarde a las salas multicine.
El capitalismo salvaje, tan despiadado como eficaz, está concebido para el ensanchamiento de la brecha de la desigualdad y la injusticia social, pero de eso está hecho el mundo del que formamos parte, y como el mercado político continúa funcionando con absoluto éxito también en Bolivia, tenemos que muchos principistas y revolucionarios lo son hasta el momento en que un instrumento político empieza a crecer desmesurada y caóticamente, más si pretende “volver y ser millones”, en tanto lo que   se reparte no alcanza para todos     en una cultura rentista y clientelista como la nuestra, producto de las prácticas vigentes hasta nuestros días originadas en el populismo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
Es así que la construcción de la  carretera San Ignacio de Moxos-Villa Tunari, ahora interrumpida, ha terminado por convertirse en el nuevo distribuidor de posiciones político prebendales gracias a la traición cometida por Adolfo Chávez, que instrumentalizó la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) para acceder a un puñado de ítems en la Gobernación de Santa Cruz, que esta vez, con cierta sagacidad, ha encontrado la inmejorable posibilidad de poner a “indios contra indios” o a “indios ambientalistas contra campesinos cocaleros depredadores” como punta de lanza, luego de fra- casados los anteriores intentos de  desestabilización que buscaban el derrocamiento de Morales y su gobierno.
Había que meterle un cimbronazo al Pacto de Unidad para erosionar la consistencia del proceso, a partir de pasos equivocados reconocidos por el propio Gobierno, y ahora intentar recomponer el tablero cuando varias de las fichas ya se mueven en otros escenarios resulta doblemente difícil: La Cidob está recientemente aliada con Rubén Costas, “mestizista” y negador de lo indígena hasta hace unos meses, enemigo y persecutor de ayer y aliado de hoy.
El macizo proceso de transformaciones encontró en este proyecto de vertebración caminera al contrainstrumento para generar un encarnizado debate y conatos de enfrentamientos (VIII marcha) entre indígenas, pretendidos defensores de la “inmaculada” área protegida del Isiboro Sécure versus campesinos “interculturales” etiquetados como desarrollistas y depredadores del medio ambiente. Los acontecimientos potenciados por los medios de comunicación de la derecha han permitido instalar el maniqueísmo reduccionista con “indígenas buenos” versus (campesinos) “cocaleros-narcotraficantes”.
La carretera se ha convertido en el elemento refuncionalizador del batallar opositor boliviano. A través de la furibunda objeción al tramo II de esa vía que conectaría Cochabamba con el Beni se ha logrado dividir a quienes hasta hace un año formaban parte de un mismo proyecto histórico. Recomponer el Pacto de Unidad se convierte, por tanto, en una tarea indispensable si no se quiere perder el horizonte de largo aliento, según todos quienes creemos, de construir una democracia transformadora y con auténtica capacidad autogestionaria de las mayorías, para la que hay que conseguir llevar el asunto de la carretera a un auténtico fojas cero, a fin de reiniciar el proyecto con orden e inclusión.

(PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO ANIMAL POLÍTICO DEL DIARIO LA RAZÓN DE LA PAZ 06 DE MAYO)

miércoles, 2 de mayo de 2012

Ese oscuro deseo del objeto


A treinta y cinco años del estreno de “Ese oscuro objeto del deseo” (1977), última película del maestro Luis Buñuel, demasiadas cosas han sucedido con las luchas por la igualdad en todos los órdenes y contra todas las formas de discriminación. A estas alturas, iniciada la segunda década del nuevo siglo, se hace inocultable que lo oscuro en realidad no es el objeto, sino el deseo, y por ello, invierto aquí el título buñueleano, al no haber lugar para el debate acerca de los móviles que guían las tenebrosas conductas extraviadas y devastadoras de los violadores de niñas y niños que producen a diario el recrudecimiento de la violencia intrafamiliar en los mundos laterales de la marginalidad que nos confirman que hay un culto por la importancia del Estado y poco esmero en la utilización de sus poderosos instrumentos para impactar positivamente en la convivencia social.  En teoría, el  Estado se debe a la sociedad, pero cuando funciona como fetiche o reinvención en sí mismo, las consecuencias pueden ser las del bloqueo de quienes viven extasiados con el poder, y se conducen posponiendo para las calendas griegas ciertas obligaciones relacionadas con la educación, la salud pública y la vida colectiva.

En el contexto descrito, el dominante deseo sexual masculino en órdenes socio culturales falocráticos como el nuestro, se caracteriza por lo oscuro, pérfido, malvado, enfermizo y tantas veces aniquilador: Luego del acto posesivo forzado que conlleva violencia, el desenlace puede ser el exterminio del otro, y con todo ese contexto decidido y supervisado por los designios patriarcales hay que abominar la utilización simbólico lasciva de la mujer que se manifiesta en distintos grados o intensidades de intimidación, en búsqueda de sujeción a la complacencia masculina, desde las aparentemente insignficantes “pasarelas” a las que en los programas televisivos se obliga sutilmente a las invitadas de turno  --modelos, candidatas a reinas de belleza, etc.—hasta la extorsión laboral que adolescentes, señoritas y señoras deben soportar con cierto tipo de pedidos-instrucciones a cambio de un salario, generalmente miserable.
Hay que interpelar sin concesiones la integridad de los varones que basan su relacionamiento social en el record de copulaciones obtenidas en la vitalidad que les facilitan sus facultades, o dicho de otro modo, en la supuesta cantidad de trofeos que estos especímenes ostentan en la imaginaria vitrina de sus heróicos pasatiempos. A esto hay que añadir la incontinencia verbal de quienes practican la tertulia de a cuantas y  a quienes fundieron estos esclavos de la supremacía basada en la supuesta preeminencia del sexo fuerte frente al otr@, al débil, utilizable, moldeable, cogible y finalmente desechable.
Hombre y macho son dos cosas distintas. El hombre piensa y el macho funciona, en tanto la guía de acciones de este último está gobernada por la obsesiva cacería de presas, muchas veces cometida con la permisiva complicidad femenina que con su conducta valida esa feroz supremacía, y aquí viene la segunda parte de este discurso de dominación con el que se perpetúa el patriarcado totémico y en el que entra en el ruedo algún feminismo que utiliza solamente el apellido paterno de sus intérpretes, condenando a sus madres a través del uso de sus “generales de ley” a la inexistencia, enorme contrasentido de quienes salen todos los días a las calles para reclamarle al machismo y a esas “otras”mujeres que intervienen en la actividad política y tienen la desgracia de que sus maridos, involucrados en la misma actividad, auspicien o fomenten torneos de senos-cintura-caderas.
Machos de oscuras inclinaciones y feministas aparentemente irreverentes y contestatarias del brutal aparato de poder masculino se diferencian en tanto para ellos el pene es símbolo de invencibilidad y para ellas un insignificante artefacto, pero que tienen en común hacer de la mujer un objeto-dispositivo de lucha, los unos para reproducir incesantemente la supremacía a través de distintas estrategias de conquista, desde la galantería hasta la violencia física, y las unas para instrumentarla como máquina de hacer política en nombre de la reivindicación y la defensa de sus derechos, abominando el matrimonio y otras hipócritas y opresivas instituciones, de las que nacieron, en la mayor parte de los casos, ellas mismas, así como sus herman@s.
Para completar esta lectura, hay que examinar el rol de las miles de millones de mujeres-cebo que no son precisamente feministas, y les interesa muy poco no ser sometidas por el hombre. Son precisamente aquellas dóciles y obedientes ante maestr@s de ceremonias de distintos pelajes, según las circunstancias, que aceptan  caminar frente a cámaras, haciendo “pasarelas”. Concientes de su condición de objetos, a partir de los viscosos deseos masculinos, han sabido blanquear el misterio y manipular el deseo incontrolable del varón con el que las industrias de la belleza en sus variadas formas hasta la pornografía, pasando por las artes y diversas expresiones creativas, funcionalizan hasta lo patético la penosa bicefalía masculina en la que la cabeza inferior dicta qué hacer a la cabeza superior.
Algunas fanáticas verán en esto una especie de venganza encubierta para instalar la pregunta de quién usa a quién. Lo indiscutible es que cuando las activistas van a tirar tomates a algún hotel cinco estrellas y buscan ingenuamente impedir que los varones de las empresas auspiciantes inicien la cuenta regresiva para iniciar el show, no divisan que el negocio de lo femenino se concreta siempre y cuándo las féminas quieran. La paradoja está en querer jalarles las corbatas a los sponsors por su culpabilidad, cuando las chicas saltan al escenario aceiteadas y semidesnudas porque se le pega la gana, se sienten bellas, glamorosas, ganadoras y capaces de hacerle sentir a la babosa concurrencia que lo que más se desea es lo que no se puede tener. 


(PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO ANIMAL POLÍTICO DEL DIARIO LA RAZÓN DE LA PAZ EL 11 DE MARZO)