domingo, 26 de abril de 2009

Julio Peñaloza Bretel, año 2

Recuerdo hoy el segundo año de apertura de este blog.
Como no puedo tener mi propio diario impreso con cinco mil ejemplares diarios por lo menos, este invento me ha permitido pensar y escribir con la mejor libertad que uno pueda tener: la que se otorga uno mismo, sin que medie la obligación de rendirle cuentas a nadie.
Gracias a quienes me siguen. A todos. A los que me respetan y aprecian mi trabajo. A los que me insultan, califican y sentencian. A los que me envidian. A los que buscan insanamente algún lugar oscuro de mi trayectoria (que por supuesto jamás encontrarán).
Seguiré y en lo posible enriqueciendo y diversificando este espacio.
Ojalá que pronto se pueda acceder a esta dirección con ñ y ya no más con n, obligados por el universalismo imperial del inglés.

jueves, 2 de abril de 2009

Jugaron como nunca, ganaron como nunca

Hace cuatro años que me alejé del fútbol boliviano, si es que admitimos que existe un fútbol boliviano. La falta de criterio el inmediatismo y la ausencia de transparencia dirigencial me retornaron hacia otros territorios del periodismo.
Consecuente con ese escepticismo, ví ayer Bolivia vs. Argentina por TV y sólo a partir del cuarto gol festejé, porque ya nos había sucedido en la eliminatoria para Japón/Corea 2002 que luego de ir 3-1, los argentinos, entonces dirigidos por Marcelo Bielsa, lograron empatarnos en tiempo de adición.
Vistas las cosas, con una muy zigzagueante dirección del equipo nacional a cargo de Erwin Sánchez y su asesor "a la sombra", Carlos Aragonés, en este ciclo conducente hacia Sudáfrica 2010, no habían otros motivos que los emocionales para concurrir ayer al Hernando Siles que vió colmadas sus instalaciones, gracias, en cierta medida, a la clase media futbolera paceña que asisitió al muy probable triunfo de la constelación dirigida por Diego Maradona.
A las 18:30 llegué a las puertas del hotel Ritz, sede de Bolivia para este partido, y los jugadores, luego de ese incomparable 6-1, bajaron del bus de retorno a su lugar de concentración, como caballos cocheros, sin mirar a la gente que los vitoreaba. No era para menos, las señales del público previas al partido, correspondían a la falta de fe y a la resignación de saber que el adversario que llegaba nos aplastaría sin grandes dificultades.
Comenzó el partido y todo fue como jamás habíamos visto: Un equipo ordenado y preciso, aplicado en la recuperación y trepidante en la gestación de juego ofensivo. No lo había visto ni siquiera en el gran equipo que jugó las eliminatorias para Italia 90 y USA 94. Sin ser Etcheverry, Alex tocó y tocó, y remató de media distancia. Sin ser Borja o Cristaldo, Abdón Reyes y Gatti Ribeiro robaron pelotas con limpieza técnica y sin ser Vladi Soria, Lito Reyes fue un limpia parabrisas capaz de ensombrecer a la dupla Mascherano-Gago. Sin ser Ramallo, Botero fue un gigante que hizo tres y fue gestor de los otros tres y que yo recuerde, nunca tuvimos un punta con la prestancia y determinación de Martins que por estas horas recibe el Premio Mayor de El Deber de Santa Cruz de la Sierra. Y Arias fue más que Trucco, con ese pase larguísimo por encima de la cabeza de Papa, para la escapada indetenible de Joaquín casi hasta la línea de fondo y que aguantó la pelota en el área grande hasta que llegara Alex para cabecear lejísimos del sacrificado meta Juan Pablo Carrizo.
Nunca ví a una selección boliviana jugar tan extraordinariamente y definir sin lugar a discusiones, en un partido en el que aparte de los seis goles tuvo para los dueños de casa por lo menos entre seis y ocho opciones más, producto de los ensayos de media distancia muy en el estilo del mejor Platiní que vacunó a Taffarel el 97 en la final de la Copa América con los verde amarillos reclamando porque estaban convencidos que la pelota no había entrado en el arco sur, luego de que la malla quedara perforada por la velocidad del balón.
Didí Torrico rubricó esta actuación con el sexto, con un remate rasante y a celebrar...pero a celebrar estos jugadores y su técnico, porque el que quiera subirse al carro de este desconcertante éxito deberá ser tildado de oportunista y lambiscón, y el oportunismo en el fútbol es un pecado imperdonable porque habla del hincha de "ocasión": el que solo concurre a los clásicos, o el que va a algún partido internacional como este.
Es el triunfo de Erwin y de los suyos. No del país, no de sus hinchadas. Podrá criticarsele todo lo que se quiera a Sánchez, pero lo de ayer no tiene comparación con todos los partidos jugados por el equipo verde en toda su historia y no es exageración: en-to-da-su-his-to-ria.
Y no digo más porque no hay para qué desportillar este éxtasis. Talento y oficio es lo que vimos, y es de agradecer por el juego a esta Selección de Bolivia.