domingo, 30 de enero de 2011

Encontrar a los culpables del derrumbe en Santa Cruz

No habrán sobrevivientes. Un edificio de diez pisos que se desploma intempestivamente es el resultado de alguna irresponsabilidad o por lo menos de un error de cálculo imperdonable. Durante la última semana, el periodismo boliviano, sobre todo el televisivo, ha confirmado que de profesional tiene...nada. Registro del drama, construcción de melodramas a partir de familiares que se largan a llorar, como es previsible, frente a micrófonos y cámaras, pero sobre las preguntas básicas del por qué de la tragedia...nada.
Aquí hay en juego una veintena de vidas, una construcción mal erigida, unas disposiciones municipales parece que transgredidas y un periodismo cómplice que no pregunta por que no sabe en unos casos o porque prefiere mirar para otro lado si aplicamos eso de "piensa mal y acertarás".
Hay que dar con los culpables, hay que ir al tuétano que originó este desastre que nos confirma como país que no previene y solamente sabe llorar sobre los escombros.

miércoles, 12 de enero de 2011

17 de octubre de 2010

"Si quiero me toco el alma, pues mi carne ya no es nada"
Barro tal vez, Luis Alberto Spinetta
Dormitaba bajo el mangal de "El Misionero" de Concepción y no sé si desperté o sucedió dentro del sueño: El hiriente verdor del árbol me sacó de una prematura siesta matinal luego de haber celebrado la felicidad de querer tanto a Susana la noche anterior. La imagen del árbol me condujo a preguntarme con naturalidad y liviandad: ¿Y si me muero ahora? Pasaron unos minutos, me levanté de la hamaca y comencé a caminar por el corredor, de regreso al dormitorio, y mientras Camila, Sebastián y María pasaban por un lado y otro de mí, entretenidos cada uno en sus afanes de primera hora, sentía que no sentía, percibía a todos y a todo "desde afuera" como si los estuviera observando desde otra dimensión y con la absoluta conciencia de que no estaba ahí, de que había quedado levitando sobre la cerámica roja.
No puedo describir la sensación de incapacidad física que me producía el hecho de sentir que mis hijos no me veían, que yo espectaba como un fantasma sus idas y venidas en el patio y a pesar de que les hablaba y me respondían, la información cerebral me insistía: No estaba. Ingresé a la ducha y cuando cerré el grifo para salir y secarme, sentí que me había vaciado y volvió a mi cabeza la misma pregunta ¿y si me muero ahora? Sentí frío y despojo del cuerpo, salí lloroso en busca de mi mujer, me abracé y le describí lo que me había sucedido con testimonio de pánico. Experta en la materia por haber estado tecnicamente al otro lado por una peritonitis, hacían diecisiete años, me esclareció: Te relajaste mucho, tu ajayu empezó a volar, tu espíritu se fue por un rato.
Salimos a dar una vuelta en barcaza por la Represa, una pequeña laguna a pocos minutos del centro del pueblo, y mientras la recorríamos en una lancha, todos a mi alrededor sentían placidez por el paseo, menos yo, que seguía impresionado y tembloroso con la marcada sensación de que veía a todos mis semejantes mortales desde una especie de ventana abierta entre nubes. Miedo ingobernable a la muerte es lo que sentí durante aproximadamente un par de horas.
Un nítido recuerdo de niño me dice que frecuentaba soñar intencionadamente que podía saltar como con garrocha y quedarme en el aire para volar por bosques y ciudades, por altos edificios y escenografías descomunales, sentía que mi imaginación podía conducirme por los cielos, pero al mismo tiempo, intuía que debía controlar mis delirios aéreos por la razón que impone la corporeidad terrenal, para no irme definitivamente, para no perderme, para no quedar irremediablemente desconectado.
Estaba y no estaba. Estuve y no estuve. Se entrecruzaron el sueño y la vigilía de mi conciencia. No tengo dudas que se produjo una separación del cuerpo y la energía, hasta que por la tarde de ese mismo 17 de octubre, un amigo en asuntos extrasensoriales, experto botánico en todas las especies de nuestra biodiversidad en la Chiquitanía, me dedicó quince minutos de su concentración para quitarme el pánico y volverme a poner el aura y sus menudencias en su lugar.
Se cumplia exactamente un año del traumatizante atentado que sufriera en La Paz, cuando fuí atracado y terminé con la clavícula rota, un estallido de fracturas en el pómulo izquierdo, un diente arrancado de su sitio y el resto de la dentadura superior en calidad de teclas de piano mal afinado. Se cumplían siete años de la caída de Sánchez de Lozada.
Acabo de ver la última película de Clint Eastwood, --"Más allá de la vida"--, y su sabiduría narrativa y experiencia para dirigir actores, hicieron que en las dos horas y media en la sala oscura se me devolviera una paz interior que no había logrado experimentar en tres meses, luego de dormitar debajo ese mangal tan alivianado por la confusa sensación de bienestar que permite el acostarse en una hamaca.
Han transcurrido tres meses luego de aquella extraña experiencia. Cuando camino por la calle, siento a veces leves mareos, que según me han explicado algunos expertos, son nada más que producto de la autosugestión y el nerviosismo.
Todos los días tengo presente que la muerte puede visitarnos en cualquier momento, el rato menos pensado como dice el lugar común. Esa conciencia, ahora cada vez mejor manejada por mi experiencia y mi voluntad de tener siempre fusionadas la inteligencia y la sensibilidad me lleva a comprender con mayor benevolencia cómo tantos eligen el camino de debatirse por asuntos humanos y mezquinos, en la medida en que la mezquindad y la pobreza espiritual definen las insignificantes formas de ser de quienes viven de omnipotencia y una falsa invulnerabilidad.
Estoy aquí y agradezco a todos los dioses y las fuerzas espirituales y energéticas por esta irrepetible experiencia de vivir, con la absoluta certidumbre, ahora sí, de cuan pasajeros y minúsculos somos todos.

martes, 4 de enero de 2011

Lula

El gran jugador de la política contemporánea es un ex obrero metalurgista, sin credenciales académicas, sin pergaminos profesionales, sin pretensiones intelectuales. Se ha marchado para casa luego de dos gestiones presidenciales con el 89 por ciento de popularidad, con miles de brasileños y brasileñas despidiéndolo con lágrimas y agradecida emoción. Nadie osa hablar mal de Lula en Brasil. Ni los terratenientes más conservadores y retrogrados.
Hincha del Corinthians, dicharachero libador de whisky, se llevó bien con Dios y con el Diablo como ningún otro --Dios y el Diablo en la tierra del Sol fue un peliculón vanguardista de Glauber Rocha en los 70--, cediendo con sagacidad algunas presiones de centro y centro derecha, privilegió sin dubitaciones una política social integral rematada con una intervención policial agresiva y rotunda en las favelas narcotraficadas de Río de Janeiro.
Si amábamos Brasil por su música, sus músicos, su juego, su televisión de vanguardia periodística y registro de testimonio social y creatividad telenovelesca asentada en su identidad cultural...si amábamos Brasil por su espiritualidad sincrética de orishas y santos católicos...si amábamos Brasil por la calidez de su gente y su inimitable espíritu de celebración...amamos hoy más a Brasil porque ha encabezado con la inteligencia y el poder visionario de Lula, el reposicionamiento de Sudamérica al que ahora el imperialismo yanqui mira con recelo y con una prudencia que nunca antes sucedió, porque como andábamos por separado, vulnerables a los negocios transnacionales y a las fuerzas militares funcionales a los designios del Pentágono no había caso.
Brasil es mejor hoy gracias a la conducción de Lula. Volverá este gran líder, este Estadista con aptitudes naturales para conducir a ese gigante, volverá no sé si para ser presidente, pero seguro que para convertirse en el gran anfitrión de la Copa del Mundo 2014.
Hay que copiar a Lula, porque la clonación en este caso es imposible. Lula hay uno sólo y es que en el planeta hay un sólo Brasil.

lunes, 3 de enero de 2011

Tantas cosas creativas que podríamos hacer

Enfrascados en la política. Metidos en una botella color ambar llena de formol. Atascados, sin aire, sin voluntad para volar hacia otros lugares de la imaginación y la creatividad, no podemos continuar dejándonos ganar por el maniqueismo político que nos taladra y amenaza con no marcharse cual huésped indeseable durante este naciente 2011.
Ustedes son los malos, nosotros somos los buenos, si están con nosotros son de izquierda, si se pelean con nosotros son de derecha, no importa que les hayamos reconocido sus virtudes y sus haceres en tiempos de alianza, todos menos nosotros son neoliberales, terratenientes, reaccionarios, mañudos, oportunistas...nos merecemos esta cantaleta?
Ustedes son autoritarios, ustedes han instalado la persecución política, ustedes se dicen de izquierda y son iguales que los neoliberales...nos merecemos esta otra cantaleta?
A esta machacona y atocigante contienda contribuyen unos medios de comunicación poblados por una banda de ex animadores de fiestas disco, que de historia y explicaciones sesudas de lo que es Bolivia saben muy poco.
Hay otros sitios para visitar, de los cuales nutrirse, con los que se puede aprender a diario. Rechacemos, sin desentendernos de la "gran agenda nacional", la estupidez, la adjetivación sin sentido, la esquematización de todo. Digamosle hasta aquí llegaste al ensoberbecido por el poder que nos quiere meter el cuento que gobierna con las instrucciones de los movimientos populares, pero que en realidad lo hace con las recetas de los tecnócratas de siempre, infiltrados, mimetizados, instalados allí como cáncer inextirpable.

Ahora podemos intercambiar ideas por Twitter

Desde el 1 de enero de 2011 estoy en Twitter. Mi dirección es @jpenalozabretel, una vez ingresan en el sitio. Las reglas de esta red social nos obligan a los ciento cuarenta caracteres como máximo. Puede ser una experiencia interesante, muy ágil y enriquecedora. Están invitados a sumarse todos quienes siguen este blog, es muy sencillo registrarse.

sábado, 1 de enero de 2011

La soberanía popular boliviana

Evo Morales consiguió el 64 por ciento de la votación para que continuara como presidente, pero nadie le dió poderes ilimitados para tomar decisiones y esto quedó rotundamente claro cuando la gente se volcó a las calles de las capitales de departamento el jueves 30 de diciembre para manifestar indignación y repudio por el gasolinazo, más shoqueante que todos los anteriores, por los porcentajes de incremento en los carburantes.
Tenemos que seguir confiando en el presidente porque rompió la lógica de la racionalidad económica, privilegiando los reclamos populares, para seguramente reconducir de manera progresiva e integral la política de precios de la gasolina, el diesel y los combustibles de consumo masivo.
Los alteños nos recordaron su heróico enfrentamiento contra Sánchez de Lozada. Han defendido a los pobres de toda Bolivia, y han puesto en evidencia que eso de "mandar obedeciendo" no podía quedar en la retórica electoral.
El empoderamiento popular se hace hoy más nítido. Quedaron en evidencia los técnicos de pacotilla que podían haberle ocasionado un desastre político e institucional al país. El próximo paso es esperar que el presidente admita las dimisiones de por lo menos la mitad de su equipo de ministros que han demostrado con creces su falta de sensibilidad política y su indolencia con la precariedad en la que vive gran parte de nuestra población. Que se vayan esos y que se vayan los ladronzuelos oportunistas incrustados en la administración de la cosa pública.