domingo, 31 de octubre de 2010

El pulpo Néstor

Es una coincidencia, no una broma de humor inglés. Kirchner y el infalible vaticinador de Sudáfrica 2010, el pulpo Paul, murieron con pocas horas de diferencia. El uno se fue luego de varias alarmas que lo llevaron al quirófano y le pedían pausa, y el adivino de tentáculos sin margen de error, porque estaba viejo y era hora de que se marchara.
Si fusionamos las imágenes para aprovecharnos de ciertos rasgos simbólicos está claro que Paul no era Néstor, pero sí que Kirchner era un pulpo de la política en un país en el que el espectro partidario pasa por el anchísimo faccionalismo peronista.
Para comenzar el expresidente y consejero principal de alcoba y despacho, había nacido en el sur y nada tenía que ver con la dominante tradición porteña centralista. Inteligente, rápido, sagaz, exitoso abogado de seres caídos en desgracia o en urgencias, maniobrero y facilmente irritable, el ex presidente argentino y número uno de UNASUR se fue a sabiendas que si seguía como siguió , podía irse. Había transcurrido un mes de una angioplastia, y aunque dicen que bajo la velocidad, a los animales políticos no hay antítodo que pueda neutralizarles el instinto y la dinámica cotidiana.
Néstor fue un pulpo. Amaba a Cristina más allá de los microclimas que cualquier pareja suele atravesar a lo largo de su convivencia. Era de izquierda, pero a la hora del balance no queda suficientemente dilucidado cuan transparente fue su accionar a la cabeza de la cosa pública. Para que les quede claro a los cultores del prejuicio y el estereotipo, los inescrupulosos de izquierda o de derecha , son igual de inescrurpulosos condenables.
Kirchner fue un gran político, pero la Argentina se merece un Maradona de la política que hasta ahora no aparece (no es Macri, no es Denarvaez, no es Moyano, no es Alfonsín hijo). Creyeron que Perón energizaba todas las almas, pero estamos en el siglo XXI y demasiadas cosas han cambiado.

jueves, 28 de octubre de 2010

Bolivia 1980 - 2010, una historia periodística

El próximo domingo 7 de noviembre el diario La Razón lanzará a la venta "Bolivia 1980 - 2010", libro de 280 páginas que registra año por año los sucesos producidos en nuestro país desde la dictadura de García Meza hasta nuestros días.
Con un equipo periodístico que ha sabido encarar el desafío, hemos logrado fusionar el oficio de un equipo externo que armé desde Santa Cruz de la Sierra, mas la participación de un conjunto de especialistas y el prestigioso soporte de un diario que celebra dos décadas de vigencia.
Estoy muy gratificado de haber pensado y dirigido este proyecto. Es la certificación de que el único oficio que puedo ejercer con cierta solvencia es el periodístico.
El libro costará 30bs. lo que significa que se busca estar al alcance de la mayor cantidad posible de bolsillos.
Desde este blog tengo que agradecer a Gabriel Chávez, Pablo Deheza, Ricardo Bajo, Bernarda Claure, Javier Sanjinés, Magela Baudoin, Patricia Molina, Andrea Urioste, Susana Rivero, Gerson Rivero, Carlos Arze, Enrique Ormachea y Gabriel Columba, que han contribuído a que esta edición sea posible.
Hacer periodismo. Ser periodistas. Así hemos encarado esta propuesta editorial que esperamos pueda estimular el ejercicio de la memoria y la crítica.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un símbolo de paz

Ana María Romero de Campero fue la portadora de la conciliación y el encuentro desde que asumió como Defensora del Pueblo. Dejó la carrera periodística para abrazar el servicio público con una convicción y entereza hasta hoy inigualables en la última historia de Bolivia. Antes, Ana María fue una muy estructurada y cuidadosa periodista, después se convirtió en la tejedora de acuerdos y en la promotora de los diálogos sustentados en una vocación pacifista, siempre tomando partido por los más débiles, por los explotados, por los pobres.
Ana María fue consensuadora, pero hizo de la toma de posición la virtud que muchos llamados neutrales nunca exhibieron porque en realidad esa supuesta neutralidad era nada más una
máscara que escondía oscuras relaciones con los poderosos.
A ratos con la voz temblorosa, pero siempre bien timbrada y perfectamente sustentada por su gran lucidez, recuerdo con melancolía su palabra precisa y orientadora a quién fue mi directora en el diario Presencia y a quién le vaticiné en una de mis entrevistas televisivas que sería presidenta del Senado. Ana María ha sido una gran mujer, y quedará en nuestro recuerdo como esa persona, transparente y auténtica, con talento y liderazgo para guiar a la sociedad por mejores caminos.

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Se puede separar al escritor del político?

El Nobel de Literatura 2010 certifica el extraordinario oficio literario de Mario Vargas Llosa. El que a nombre de algún dogma, o desde alguna esquina ideológica, quiera restarle méritos, incurrirá en mezquindad y en torpeza. Es legítimo, sin embargo, preguntarnos cuan posible será diferenciar al novelista, al hombre de letras en general, del político, candidato a la presidencia y columnista político del diario El País de Madrid.
Convengamos en que Vargas Llosa es un converso y los conversos pensaron --y escribieron--alguna vez con otro prisma. Cuando perteneció al círculo del boom latinoamericano, Mario era tan de izquierda como Cortázar o García Márquez, esto es que gran parte de su primera obra está escrita desde ese lugar de la ideología y por lo tanto, desde un lugar en el mundo que poco tiene que ver con su actualidad tan europea, londinense o madrileña, desde la que como opinador de la actualidad mundial, incurre en dogmatismos más dogmáticos que los de un liberal que siempre fue liberal.
Vargas Llosa narra en sus novelas y sentencia en sus artículos. Agudiza la imaginación en sus internaciones por la ficción, y uniformiza y generaliza, al mejor estilo que pueda hacerse desde las metrópolis de pensamiento y dominación, achatando las diferencias, desconociendo los matices. Por eso ataca sin distinciones a Fidel, Chávez y Evo Morales, sin reparar en que las diferencias entre estos son bastante más importantes que las afinidades.
Vargas Llosa es un escritor de historias fantásticas y un diseccionador estilístico impecable cuando tiene que abordar alguna realidad que está más acá de sus ficciones, pero lamentablemente, a sus 74 años, es nomás la expresión de quien cambia utopía por realismo, que de mágico no tiene nada, un realismo apegado a la racionalidad conservadora de occidente donde la clase magistral será siempre indiscutible frente a otras dinámicas pedagógicas en la que para aprender se rompe la barrera del maestro que todo lo sabe y los alumnos, sentados allá abajo, desorientados en su ignorancia.