viernes, 25 de junio de 2010

Vitrineo

Nunca antes esta ciudad tropical fue tan vitrinera. Falta poco para que detrás de la poesía que pronto será otra moda a consumir, aparezca una gran estrategia de marketing, una pila de cadaveres agolpados en el ropero de la abuela, o se sepa que en esos mismos armarios se encuentran papeles manuscritos celosamente guardados en los que figuran las pruebas irrebatibles de la vida como plagio de unas literaturas a otras (es que incluso ya tienen su feria del libro).
Vitrinas una detrás de otra y maniquís fijos en los escaparates y maniquís vivientes recorriendo esta ciudad con tantos incapaces de aspirar a un esnobismo por lo menos llamativo y algo original, para el que hay que leer un par de datos sobre la alta costura o el pret a porter.
Vitrinas plagadas de vitrineras con resabios de villorrio de principios del siglo XX. La colisión entre el costumbrismo y el consumo de farmacos y anfetaminas precede a las conversaciones gritonas, poco estructuradas, casi descerebradas de estos clanes que juegan a Miami Vice siglo XXI. Es una decrepitud de casas de juego multichillonas y ensordecedoras. De casas de putas atestadas de paraguayas indocumentadas y hermosas. De asaltantes de celulares que por tu Black Berry te envían directamente a la sección de muertos exquisitos.
Y encima, cuando los maniquís vivientes deben subir a sus comandos Hummer para anillar la ciudad y convertirla en una argolla de maquinas a velocidad turbo, los billetes que blanquean e inundan el mercado señalan claramente que un cocalero del subtrópico jamás podrá subirse a pilotear un supersónico automático con look Lady Gaga/Gisela Santa Cruz o Ricky Martin/Mister Bolivia, porque entre la cultura de la chichería y la del escaparate bien producido hay una distancia como la que separa South Beach de Zinahota.
Vitrinas de acontecimientos en que la sustancia son las vitrinas mismas. Las marcas valen por las caderas, los libros por las presentaciones en sociedad y el vino de honor, todo perfectamente sintetizado por el nombre de un sitio que debería ser el Archivo Histórico Filosófico de esta legión de consumidores: "¿Qué me pongo?".
Marcas, todas las marcas originales, nada de trucheríos, porque para eso, sobra con la cantidad de libros piratas que alternan su orden de casco viejo y céntrico con el fashionerismo autonómico y pluricomprador.
Vitrinas y mujeres guapas. Revestidas de una feminidad aparente y pedestre habría que decir. Me muero por ver si mañana saldrá mi foto en Sociales.

martes, 15 de junio de 2010

Un giro necesario

Hace un par de meses que he dejado de vivir en La Paz. Luego de de haber transcurrido mi existencia en la ciudad boliviana por excelencia, se ha impuesto la sensatez y la prudencia que me ha conducido a un sitio que invita a dejar de hablar de política por un largo tiempo. Es que ya cansa tanta tontería y redundancia en el error de parte de sus protagonistas. Por eso ahora voy en busca de otros confines y vuelvo a visitar lugares que activaron mi pasión por el periodismo: el fútbol, la música, el arte, las historias sencillas de gente sencilla.
He pensado en publicar un librito al que le pondría el rótulo de cuaderno periodístico, basado en los tres años de vigencia ininterrumpida de este blog, y que bajo el nombre de "La mirada inconforme", registra el proceso político iniciado en 2006 y concluye en su primera parte durante este 2010. No estoy seguro de hacerlo. Espero un par de consejos para tomar la decisión y mientras tal cosa sucede, escribo a diario para La Razón una columna sobre Sudáfrica 2010 que también se publica en su edición digital.
Vivo ahora en el departamento de Santa Cruz, en pleno corazón de la identidad chiquitana y misionera, un sitio al que llegaron franciscanos y jesuitas y a tiempo de plantear la necesidad de enseñar, se percataron que también podían aprender de los originarios habitantes precolombinos y precoloniales de estas tierras. Esta es la Bolivia que no se ve desde la cordillera y eso que tenemos la ventaja de mirar desde las alturas. Es distinto vivir aquí porque conduce al redescubrimiento de las propias entrañas, por lo menos en lo que a mí respecta.

domingo, 13 de junio de 2010

El peligro de la corona de frutas

Luego de una larga trayectoria vigorosa y combativa que ha motivado un record para el registro cinematográfico documental (el último cineasta que se preocupó por su influencia fue nada menos que Oliver Stone), después de una primera gestión gubernamental a la que nadie podrá negarle la conquista de un revolucionario ensanchamiento de la banda de participación popular, algo le viene sucediendo al presidente Evo Morales que lo acerca más a la referencia pintoresca que a la del hombre de Estado. No sea que luego de decidir participar en la inauguración de la Copa del Mundo del Africa, reciba una corona de frutas en lugar de las llaves de visitante ilustre.
Estoy convencido que la cercanía de los despachos presidencial y vicepresidencial da lugar a que García Linera cuente con todas las condiciones para encimar exageradamente al "hermano Evo", y que su influencia en las últimas semanas haya sido perjudicial, si se tienen en cuenta las desmesuradas declaraciones del número dos acerca de las competencias, para él, ilimitadas del Estado en su intervención -y en su injerencia- en todos los compartimientos de la economía nacional.
A casi medio año de inaugurado el segundo período del MAS-IPSP, la contabilidad política nos dice que hay un indisimulable deterioro --y una ostensible diferencia-- en la calidad de la gestión pública a saber: Ministros con baja ejecución prespuestaria, empresa de hidrocarburos con rasgos más administrativos que innovadores, gestión minera errática en el tema de la explotación del Mutún, eliminación de la consulta a pueblos indígenas para la explotación de ciertas zonas del país con recursos naturales, innecesario arrinconamiento a opositores que de por sí no inciden en la institucionalidad, preeminencia de un sólo pueblo indígena por encima de los otros treinta y cinco en el diseño del Estado plurinacional, ostentación de poder y arrogancia de parlamentarios, ex líderes de movimientos sociales, ninguneo olímpico a referentes regionales de izquierda con proyección en el oriente y el sur del país, preocupantes señales de una pérdida de control de la lucha contra el narcotráfico y territorios autónomos de facto como Caranavi y Uncía en que se impone la barbarie.
Se nota en demasía la diferencia entre el primer y este segundo mandato de Evo Morales, y ahora que vuelver al ruedo Juan Ramón Quintana para convertirse en ministro de gobierno sin cartera, para el control y el contrapeso a las gobernaciones opositoras con el membrete de Macroregiones y Zonas Fronterizas, se espera que el Ejecutivo pueda encarar una reconducción proactiva en sus haceres, independientemente de lo muy mal que el ex ministro de la presidencia pueda caerles a los reelegidos líderes de la media luna y el extinto CONALDE.
Mucha ingratitud e inconsecuencia se ha notado en la jerarquía palaciega. Se dice, por ello, que esa sería una de las razones para que Ana María Romero de Campero no haya reasumido la presidencia del Senado. Que al haber quedado "abandonada" en un acto público se encontró con que su presencia podría resultarle tremendamente incómoda al Presidente de la Asamblea Legislativa.
Si Evo no hace como Paz Estenssoro que como jefe de Estado se puso muy por encima y por delante de los amenazantes y asfixiantes entornos, su gobierno está condenado a funcionar con la lógica camarillera que ha tumbado tantos proyectos en Bolivia. Nada más recordemos el más famoso, conformado por Félix Rospigliossi y Tamara Sánchez Peña que aislaron de la realidad al ya legendario Hernán Siles Zuazo durante el gobierno de la UDP.
El país que apostó por él, quiere al Evo que tuvo en las calles y las carreteras como su principal nexo para encarar sus acciones, y no al de un avión presidencial con sospecha de sobreprecio, o al de la sala de reuniones de la Plaza Murillo en la que seguramente se deciden soberanos disparates como el discurso de la Cumbre de Cochabamba sobre las propiedades nutritivas avícolas, o los peligros que contiene una gaseosa transnacional. Pintoreresco y omnipotente, o luchador social con esencia rural ¿cuál de los dos Evos le conviene a Bolivia? Será el propio Evo quien decidirá.

martes, 1 de junio de 2010

Conspiradores

No se le pida más al presidente Morales, que se ciña a un manual de urbanidad o a un código de protocolo. Evo no tiene por qué saber de esas cosas y tal como sucediera con un periodista hace más de un año en el Palacio de Gobierno, disparó contra los gobernadores en pleno acto de posesión en la Casa de la Libertad, que sí conspiraron, sí intentaron desestabilizar al gobierno legitimamente constituído a través de mecanismos legales como el referendum revocatorio y también por la vía de la organización de convulsiones callejeras, o los referéndums por las autonomías y las tomas de instituciones.
Otra cosa es que Rubén Costas no haya resbalado en el pantano del proyecto instrumentalizado a través de Roza Flores y otra cosa es que el primer, ahora sí, gobernador de Santa Cruz, haya accedido al cargo con la legitimad que le otorga el voto.
Separatistas, independentisas y autonomistas. Eso fueron estos personeros ahora gobernadores, en distintos grados, dada la confusión y su falta de claridad estratégica para enfrentarse al crecimiento geométrico del MAS en el espectro político boliviano.
Ahora viene lo que se preanunciaba: El presidente y el gobernador que en su momento actuaron de la misma manera, demostrando una impresionante incontinencia verbal, se van a reunir como corresponde a dos autoridades que gozan del respaldo popular según lo determinado por el pueblo boliviano en diciembre y abril.
Se abre entonces un nuevo capítulo en el que ciertamente Costas lleva la ventaja de haberse acogido a una prudencia que pretende hacernos olvidar calificativos como "excelentísimo asesino." Le toca ahora a Evo aterrizar en un territorio que por sus abrumadores triunfos, desconoce, el de la conciliación de opiniones, el de la toma de acuerdos allí donde es posible transitar un espacio común, en aras del bien mayor, el de la sujeción a las decisiones de los mandantes en las urnas.