martes, 28 de junio de 2011

Copa América Argentina 2011

He comenzado a publicar ayer en Marcas de La Razón, una columna que estará dedicada a la Copa América Argentina 2011 hasta la finalización del torneo.Otro suplemento de La Razón, el dominical Animal Político, también publica artículos míos y en dos domingos más se incluirá uno relacionado con las Iglesia(s) Católica(s) de Bolivia. Invito a quienes visitan este blog a seguirme a través de las ediciones impresas y digitales del principal diario nacional que se publica en La Paz






lunes, 6 de junio de 2011

Vargas Llosa y la política como enfermedad terminal

Cáncer o sida. Eso era votar por Humala o Keiko en la primera vuelta. Si nos atenemos a los antecedentes de este siempre bien trajeado escritor y perfeccionista de la novela, último Nobel de Literatura, lo de Mario Vargas Llosa, queda confirmado, no es la política y tampoco la salud pública, cuando ejercitamos por un segundo el ponernos en el pellejo de algún enfermo que se dedica angustiosamente a la cuenta regresiva que lo separa de la muerte.

Vargas Llosa ha demostrado que es un ser tan vulnerable como cualquiera de a pie y ha puesto sobre el tapete su inconsistencia y esa necesidad de protagonismo que, está convencido, se la viene dictando su conciencia, como si ser buen escritor le franqueara a uno el pasaporte a convertirse en padre espiritual de su país, luego de haber perdido una elección, haber renegado de ese mismo país desde las europas y mirar con desdén a cualquiera que proponga una óptica diferente a la suya, esa que lo convirtió en un secante, dogmático y obtuso neoliberal.

Ha dicho en las últimas horas, luego de hacer campaña por Humala, y haber tenido a su propio hijo Alvaro en la televisión, comparando al victorioso ganador de la segunda vuelta ¡con Milton Friedman!, el líder de los Chicago boys de la economía norteamericana que se ha evitado una verguenza para el Perú, que gracias al triunfo de Ollanta la democracia continúa y no hay vuelta hacia el autoritarismo y la corrupción.

Lo de Vargas Llosa ha sido un cuento con desenlace que lo sitúa en la galería de los personajes patéticos. Una personalidad precedida de semejantes credenciales en el mundo editorial y en el de las ideas que se debaten a través de los grandes diarios en los que publica, rebasa la línea del decoro, instando a votar por el "cáncer o el sida" --¿no le quedaba otra?-- todo porque el tenebroso Alberto Fujimori le dió una paliza electoral, y por si no fuera suficiente, tuviera la capacidad de aplastar a Sendero Luminoso y sustituirlo con el terrorismo de Estado, los negociados y la esterilización de mujeres indígenas y campesinas.

Humala que culipandeó con una extraordinaria astucia para mantener cautivos a los propios y seducir a quienes desconfiaban de él, tiene que resignarse a tener al señorito arequipeño muy cerca, como Mickey tuvo a Pepe Grillo en la colorida y deslumbrante "Fantasía." A partir de hoy, Vargas Llosa, aunque haya dicho que su "misión ha terminado" como si fuera un agente de algún delirante servicio secreto, tratará de influir en el nuevo presidente, porque su egocentrismo, seguro que le hace sentir coautor determinante de la derrota del fujimorismo.