lunes, 24 de agosto de 2009

Zona Sur (o La Casa Blanca)

El título de la película nos remite a un localismo muy paceño, si se tiene en cuenta que son los nortes en gran parte del planeta, los territorios adinerados y opulentos, beneficiarios del confort del sistema. El norte es el primer mundo, el sur contiene del tercero al cuarto. En el norte está la civilización, en el sur la barbarie; en el norte se hallan los dominadores de siempre y en el sur, los sometidos por siglos. Pero en nuestra alta ciudad hasta la brújula marca al revés.
Para los que vivimos en La Paz y conocemos sus matrices histórico-culturales por los cuatro puntos cardinales es absolutamente entendible esa imagen de marca barrial que alude al "jailón" (bolivianismo nacido de la referencia high society) como al homo urbanus habitante del Sur de la ciudad y que ha quedado caracterizado como el estereotipado lugar de los privilegios y la vida fácil. En otras palabras, repito, hasta en el uso de la brújula terminamos resultando paradójicos.(Para comprobarlo, trasladémonos nada más a Cochabamba y veremos que el norte de Cala Cala y sus alrededores es el residencial y el sur se encuentra conformado por la zona polvorienta y andrajosa en la que se padece por las carencias y la miseria).
Claustrofóbica, con el acento cargado sobre las psicologías de los personajes y situando en un segundo plano sus lazos y adscripciones diarias en lo social, Juan Carlos Valdivia Flores ha hecho una película que escudriña con cámara envolvente y repetitiva cada uno de los mundos de esta familia encerrada en su disimulado resquebrajamiento con aires de modernidad intercultural expresados en el trato "igualitario" que Carola y sus tres hijos le dispensan a Wilson y Marcelina, los sirvientes aymaras que ya son admitidos en la mesa de los patrones y con los que hasta se puede bromear e intercambiar favores utilitarios.
Exageradamente preciosista en varios tramos, con regodeo de su director de arte en detalles que enfatizan los itinerarios estéticos e "intelectuales" de sus protagonistas, "Zona Sur" tiene la enorme virtud de optar por la contínua sugerencia visual antes que por el parlamento obvio o cercano al lugar común. En ese sentido, Valdivia Flores (director y guionista), rehuye la muy manoseada retórica del cine boliviano del siglo XX --que frecuentemente remata en politización o ideologización-- y resuelve por imágenes el abordaje a la crisis familiar e individual que tiene lugar en ese caserón cuidadosamente decorado en blanco y negro, por ejemplo, con unos patitos de goma (amarillos-patitos, aquí no hay descuido) que contemplan mudos, en la parte lateral de la tina, las arremetidas sexuales en cama queen size que Patricio comete con la noviecita tarada, harta de las referencias edípicas del hijo preferido de la señora-macho (Carola, notablemente personificada por Ninón del Castillo) , jefa de familia que fundamenta su cotidianidad en los lazos verticales anudados con el mayordomo Wilson, que en los hechos es un empleado en el que se manifiestan continuamente, de manera muy notoria, y en algún momento caricaturesca, sus rasgos femeninos, si por ello se entiende la natural bisexualidad de la especie humana.
Con los roles hombre/mujer de la casa sutilmente invertidos, sólo faltaba aquí un psicoanalista para describir desde adentro lo que corre por cuenta del espectador para comprender a los personajes por separado y en sus conexiones y que durante las casi dos horas de visionado encuentra oxígeno y cielo solamente con los imaginarios diálogos del menor de la familia, el niño Andrés, entablados con su invisible amigo Spielberg, que carga unas alas de papel blanquecino y turquesa con la vocación de quien comienza a diseñar vida propia, en búsqueda liberadora de la opresiva dependencia familiar.
"Zona Sur" podría titular "La Casa Blanca" con todo lo que implican sus connotaciones. Finalmente, la exclusiva zona reservada a los apellidos "bien" será penetrada por el dinero de la chola comerciante que compra la propiedad con el objetivo de hacer un edificio de apartamentos. Queda social y etnicamente desvirgado entonces, el hasta ese momento inmaculado habitat en el que se profieren palabras que evidencian lo retrograda de una clase media-alta desorientada, que mezcla "sus" verdades últimas con las que fue formada desde la infancia y los tremendos prejuicios de racismo paternalista y condescendiente que desnudan el profundo miedo al "otro", al distinto, por más que ese "otro" sea bueno y dócil al haberse hecho cargo de las compras, del lavado del auto o el préstamo con intereses de la señora que hace los jugos en la esquina y ya se da el lujo de facilitar ochocientos dólares a un usurero interes del cinco por ciento.
Será bueno para el nosotros paceño ver "Zona Sur". Es una película inteligentemente planteada, muy bien actuada por no profesionales, y exquisitamente diseñada para contarnos con un apreciable cúmulo de elementos simbólicos, qué sitios habitaban los aristócratas de ayer o los ricos delos 60-70 en la Bolivia occidental.

miércoles, 19 de agosto de 2009

19-21 de agosto de 1971

El Coronel Hugo Banzer Suárez, quién había sido ministro de Educación del Gral. René Barrientos Ortuño, se sacó de encima al también presidenciable Coronel Andrés Selich Chop, Comandante de los Rangers de Santa Cruz y se hizo de la presidencia que se convertiría en la dictadura más prolongada de la sinuosa vida política boliviana --siete años--, gracias al golpe perpetrado contra el Gral. Juan José Tórres Gonzáles entre el 19 y 21 de agosto de 1971.
Banzer, en el primer tramo de su gobierno (1971 - 1974), fue respaldado por las Fuerzas Armadas golpistas de entonces, el MNR de Victor Paz Estenssoro y la Falange (FSB) jefaturizada por el también cruceño Mario Gutiérrez Gutiérrez. Fue el tiempo de la derecha atrabiliaria de la que sobresalió el Coronel Alberto Natusch Busch, ministro de Asuntos Campesinos y Agropecuarios de la dictadura y que en 1979 defenestrara al gobierno democrático presidido por Wálter Guevara Arce, secundado por el ahora jefe del MNR, Guillermo Bedregal Gutiérrez. Su aventura duró quince días y lo único que produjo fueron doscientos muertos en la llamada Masacre de Todos Santos. El militar beniano tenía un maestro del que aprender, si recordamos las masacres de Tolata y Epizana y ese mensaje lapidario a campesinos de Cochabamba que decía "si encuentran un comunista, matenlo, yo los autorizo".
Varios golpistas de la época y muchos de los hijos y nietos de esos golpistas, de los cuales algunos también fueron golpistas (Manfred Reyes Villa) han usufructuado de la renacida democracia en 1982. Entre ellos, figura también, el padre de Tuto Quiroga que fue embajador del banzerato en Malasia.
Perseguidos, torturados y desaparecidos generó el dictador Banzer que por entonces se codeaba con sus pares Alfredo Stroessner de Paraguay, Augusto Pinochet de Chile, Jorge Rafael Videla de Argentina y por supuesto que asesores pesados como el Carnicero de Lyon, Klaus Barbie, cerebros de la CIA y otras agencias estadounidenses debidamente guiadas por el Secretario de Estado de la época, Henry Kissinger.
Banzer devaluó la moneda de 12 a 20 pesos por dolar y ni a quien reclamar. Banzer gozó de los precios de nuestras materias primas en el mercado internacional y lo que efectivamente produjo durante su administración fue la centuplicación de la deuda externa, la protección y estímulo al negocio del narcotráfico (ver revista Istoé del Brasil de la época) y la repartija de miles y miles de hectáreas de tierras fiscales a sus amigos y a los leales a su régimen.
Banzer ya está muerto por un cáncer terminal del que ya sabía incluso antes de participar en las elecciones del 97. Muchas de las familias de los desaparecidos de su dictadura todavía no encuentran los restos de sus seres queridos, eliminados por el pecado de haber militado en las causas de la izquierda de esos años y por haber sido enviados del diablo a través del comunismo. Olvido y perdón para el Coronel golpista y el general reciclado a la democracia que encabezó un gobierno intrascendente (1997 - 2001) en el que otra vez se impuso un paquete de repartijas a través del pacto que generó una corrupta coalición de partidos.

domingo, 9 de agosto de 2009

¿Unirnos?

"En lugar de estimular la confrontación deberíamos buscar la unidad". ¡Qué frase! ¡Qué jugadores los que la pronuncian a cada paso que dan!
Hay que recordar que la Bolivia política contemporánea se hizo país de slogans gracias a la picardía criolla del estratega Oscar Eid Franco: "Triple empate." "País de ganadores." "Acuerdo patriótico." "Nueva mayoría." Si Oscar no hubiera sido el sacrificado lugarteniente de Jaime Paz (cuatro años en la cárcel, qué lealtad, qué consecuencia) con seguridad que triunfaba rotundamente en el mundo de la creatividad publicitaria.
Un ex ministro de ese gobierno, que entonces no decía nada contra el centralismo, el ahora secretario de Autonomías de la Prefectura de Santa Cruz, Carlos Dabdoud, encajonado en la misma cultura política de Oscar y Jaime, haciendo en el fondo mirismo, habla permanentemente de superar la confrontación y buscar la unidad nacional (???).
Era fácil, Dr. Dabdoud, en tiempos de democracia pactada , de ni siquiera preocuparse por este asunto porque la unidad era cosa dada, en la medida en que a participar de esa unidad, los ahora "privilegiados" del Estado plurinacional nunca fueron convocados.
Unidad para tres partidos políticos y sus respectivas hilachas, unidad de doscientas familias que hacían lo que les daba la gana con todo el territorio nacional y sus recursos naturales, y unidad sumisa para aceptar todo lo que se dictaminaba desde la Embajada de los Estados Unidos de América. Así fuímos felices y unidos durante tantos años de vida republicana.
Yo, con los Dabdouds, no tengo nada que compartir. No tengo motivos para unirme. Solamente puedo decir que respetaría democraticamente su lugar minoritario en el tablero político. Los que sabemos de la historia de injerencia e intervencionismo tramado desde la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono estamos bien unidos contra los cipayos del imperialismo y tenemos perfecta conciencia que si logran consumar intentonas estilo Honduras dificilmente podremos contarles la historia en primera persona a nuestros nietos.
Por estas consideraciones, los discursos de Evo-Alvaro el 6 de agosto de 2009 tienen absoluta consistencia y bien valen tanto por su claridad ideológica cuanto por esa consistencia que certifica un proyecto de poder que le cerrará las puertas a la derecha, ojalá que para siempre, y que podrá servir para que las mayorías bolivianas indiscutiblemente unidas le cierren el paso a quienes quieren vaciar de contenido histórico lo que debe ser una verdadera unidad nacional.