sábado, 15 de marzo de 2008

(Tardes en el bar) Trifulca -octubre, 2002-

A las siete de la noche cuando había con quién juntarse en "El Gramófono" que en verdad se llamaba Gramophon, lo mismo que el obsoleto y precioso aparatito de música de vinilo y como el prestigiado sello alemán que se precia de haber armado una discografía con lo más graneado de la música sinfónica y la ópera alemana...
A las siete de la noche que es temprano para los bebedores de oficio, aparecimos en la mesa más grande del Gramo, entre rones y cervezas de barril, siete amigos-hermanos-primos-conocidos bien mezclados, muy contentos y al cabo de un par de horas bastante borrachos.
Transcurría la velada entre chistes de ocasión, risotadas y uno que otro intercambio de opiniones acerca de temas profundos, hasta que un charanguista bajito y nativo comemzó a hincharme las pelotas haciendo intolerables alusiones a la blancura de mi piel y por consiguiente a la puesta en duda de mi auténtica pertenencia a esta ciudad andino cordillerana.
Agazapado y atrincherado detrás de un enorme vaso de cerveza y una pretendida aymaridad pura e incontaminada, el individuo se hacía cada vez más espeso hasta que no me quedó otra que espetarle en su muy tostado rostro, que yo era más de aquí que de allá, y que yo, por los de aquí, en mi trayectoria ciudadana, estaba en condiciones de demostrarle que había hecho bastante más que él en esta comarca latigueada por los sometimientos y martirizada por las derrotas.
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Uno de borracho dice lo que de sano el pudor le instruye callar, pero la ventaja es que en estado de ebriedad se llega a decir con el alma lo que de sobrio es impedido por las represiones dictadas por el manual de urbanidad que conforme se va creciendo, se internaliza de tal manera que a los 14 años las condiciones para gradurarse como ser social son tales que aunque en el fondo no se quiera...uno termina graduándose.
Tal es así, que yo, bien graduado, con nota de suficiencia en buenos modales a la hora de sacudir al insolente en cuestión, lo hice con método y sistema, sin improvisar diatribas, sino mas bien desplegando la gama asimilada precisamente en el bar, sitio en el que aprendí a contrarrestar con todo éxito las maneras de comportarse una vez se traspone la puerta de la casa propia o im/propia.
Debo reconocer que fuí paternalista y exasperante con el joven ese. Pero si hay algo que me ha quedado claro es que el racismo y el desprecio por el otro es igual que los partidos de la Premier League inglesa: Sí. El racismo es de ida y vuelta, aunque uno no quiera, porque si el otro quiere, ni modo, hay que ingresar a jugar en la cancha con todas las credenciales.

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