sábado, 15 de marzo de 2008

(Tardes en el bar) Feriado -septiembre, 2002-

Son horribles por su clima cívico los feriados y son peores todavía porque uno sabe que si son patrios, los malandrines electos desfilan por esas calles frecuentemente vacías e indiferentes, esas por las que casi siempre no pasa nada-nadie o vive --cuando vive-- de dejar pasar a todos los nadies de un sabado por la tarde.
Un feriado de centro-ciudad se repleta de mirones espectando el desfile en que los saqueadores se cruzan de derecha a izquierda la banda emblemática de la herencia republicana y folklórica.
A la hora de desfilar, en realidad van marchando con la misma penosa unción militar que ya no azota, pero de vez en cuando sigue removiendo las vísceras.
El feriado conmemorativo es la más simbólica evidencia latinoamericana de cómo gusta y re-gusta al respetable, apostado en las aceras, la suspensión de la crítica a la chanchada diaria, al robo de las arcas en las que se acumula el tributo por el trabajo esforzado y que solo puede premiarse si queda un sobrante o si sobra un quedante para ir a la cancha o al bar.
Y encima estos hijos de la mala patria, levantan los brazos para dibujar popularidad en estas calles grises parcialmente coloniales por diseño y conservación histórica, escenografía que se completa con madres que entre aplausos y evitar que sus pequeños hijos terminen tragándose el moco-verde infanto-infantil, consiguen, sin saberlo, arrastrar a la familia íntegra a premiar con sonrisa tarada-masiva a esos mismos que cuando se observan por TV son el principio y el fin de su destino miserable.
Lo peor de lo peor es que ese día, ese puto día, no hay partido y el bar está cerrado porque al capo del dueño se le ocurrió que no iba a venir gente y por eso prefirió tomarse libre como no pudieron hacer los empleados que si no se presentaban detrás del estandarte, 14:30 hs., un día de haber hermanito, viva el MNR.

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