jueves, 8 de noviembre de 2007

¿Cuándo nos enteraremos que por primera vez en la historia la izquierda tiene futuro en Bolivia?

Con todas sus sombras.
Con la corrupción que todavía se encuentra enquistada en el aparato burocrático.
Con neoliberales oportunistas.
Con capitanes recién llegados a la hora de la foto.
Con ministros que no tienen equipo de planificadores, y trabajan en el área económica.
Con inexperiencia, ineptitud de gestión y muchas otras dificultades, Bolivia tiene desde hace veintidos meses un gobierno de izquierda, un gobierno que pretende trazar una ruta larga de construcción de un Estado con pueblos y naciones convergentes en un denominador común.
Sería bueno que los aferrados al orden establecido, los perdonavidas, los derechones, los racistas, los que no soportan a un indio en el Palacio de Gobierno, los que creen que los pueblos originarios sirven nada más para las postales y el folklore se enteren: Desde el lugar que nos toque, con las armas del conocimiento y la capacidad para el debate combativo, los reaccionarios, los que miran al pasado, los que fueron dueños de vidas y haciendas ya no tienen lugar para retroceder al país al inmovilismo y al sometimiento.
Bolivia nunca más será la misma a partir del 22 de enero de 2005. Ya cambió, y ahora de lo que se trata es de hacer profundos los cambios para que terminen siendo estructurales y ese es un proceso que demandará por lo menos cincuenta años.
Hay que pelear contra el boicot de los exportadores agroindustriales, contra el Capitán Reyes Villa, el terrateniente Brankovic, el político tradicional neo movimientista Cossío. Hay que pelear para derrotarlos en el escenario de las ideas y con las rebelión en las venas --y en la sangre-- como alguna vez definió James Dunkerley.
Nuestros hijos y nuestros nietos se merecen un país en el que jugar, conversar o ir al colegio con un quechua, un ayoreo o un guaraní se convierta en parte de la normalidad, de la interactuación cotidiana, de eso que se llama pomposamente interculturalidad.
Esta vez si que debemos empeñarnos en hacer vigorosa la consigna: La derecha no pasará.

2 comentarios:

DALILA dijo...

infeliz conque borrando mis comentarios...ya ya no importa, lo bueno es que te alejaste de MESA y ahora estas explotando tu mejor perfil...me gusto esto de "la... izquierda BOLIVIANA "...VEZ QUE SI SE PUEDE¡¡¡¡

Julio Peñaloza Bretel dijo...

Soy feliz, Dalila, y jamás te entregaré mis ensortijados cabellos porque aunque quisieras no soy Sansón. A Mesa le voy a salir al paso cada vez que sea necesario, serè màs implacable que mastín llegando hasta la médula osea del tobillo, así que no hay problema, tu comentario está publicado para ponerle algo de folklore al blog.