miércoles, 25 de noviembre de 2009

Una policía de terror

En la mañana del sábado 17 de octubre, marqué el 2911391, número piloto de la Policía Comunitaria de Cotahuma. No contestaron. Intenté minutos más tarde y tampoco hubo alguien que levantara el teléfono de esta llamada Estación Policial Integral que tiene como dirección la calle Huallparrimachi (lado Mercado Strongest). Obtuve esta información con el muy bien planificado trabajo de distribución de tarjetas a cargo de los jachos que en el día si pueden ser visibilizados, pero que por la noche desaparecen de la faz de la tierra.
Esa madrugada en que fuí atacado a mansalva nunca apareció ni a lo lejos algún uniformado de la execrable verde olivo, de esa policía boliviana infame que jamás pudo controlar y administrar el fracasado ministro de gobierno Alfredo Rada. Y no digo esto por el hecho de haber caído en desgracia, sino porque mi caso resulta un eslabón entre miles, de tamaña indiferencia e irresponsabilidad que pasa por varios elementos: Un oficial encargado de adquirir zapatos decide cerrar acuerdo con la fábrica que pide 3.4 millones de bolivianos más que su competidora. Sobreprecio se llama eso en castellano simple. Un uniformado de base salva unas chiquillas de ser vejadas, y a cambio les pide aceptar como premio una vejación a su cargo...
Si hay una deuda pendiente de este gobierno con los bolivianos y las bolivianas es la de una profunda reforma institucional policial, si no es posible ambicionar su muerte, para el nacimiento de una estructura acorde con los vientos de cambio que proclaman los gobernantes.
La policía de nuestro país maneja la identificación personal, el tránsito vehicular, el narcotráfico, el contrabando, los robos de autos, la (in)seguridad ciudadana...Es decir, maneja demasiadas cosas y lo hace sin mosquearse con el cada vez más insoportable olor putrefacto que emana desde las instalaciones en las cuales administra asuntos tan delicados.
Hace un par de semanas, un oficial de ejército que pronto será ascendido a Teniente me contó que ingresó al Colegio Militar el mismo año en que un amigo suyo decidió inscribirse en la Academia de Policías. A casi cinco años del inicio de esas carreras, el militar vive de un modesto sueldo y paga alquiler, mientras que el amigo ya administra bienes por un valor aproximado de un millón de dólares...Un proceso de transformaciones tiene que convulsionar desde sus entrañas una institución en la que se juega con la seguridad y la existencia misma de la gente. Mientras sigamos teniendo una policía de esta calaña, que por si fuera poco, gran parte de ella le sigue soplando información a La Embajada, estamos jodidos.
Esa noche en que fuí agredido, me salvó el silbato de un guardia de seguridad privada que distrajo a mis verdugos para que yo pudiera escapar callejón abajo. La Policía nunca apareció y ni siquiera contestó el teléfono para recibir la denuncia horas después. Eso sí, una brillante funcionaria del ministerio de gobierno aconsejó a uno de mis familiares que fuera a sentar denuncia a la calle Sucre. No sé y creo que jamás me enteraré de quienes fueron esos hijos de mala entraña que me hicieron lo que me hicieron, así como muchísima gente no se enterará quienes le mataron al hijo o al nieto por un celular, o quienes violaron a sus hijas una de esas tantas noches de confusión en las que los negocios policiales, eso seguro, marchan viento en popa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

De un tiempo a esta parte y, creo que desde siempre,"estudiar" la carrera policial se ha constituido en una manera fácil de hacerse rico de la noche a la media noche, ni que decir de los sub oficiales y clases, que no se sabe que clase de clases les darán en su "formación"
(¿uniformización?) que siguen siendo analfabetos funcionales.
El nombre de Academía de policías, es demasiado ostentoso para tan poca cosa ( la policía); escuela básica de suboficiales y clases alude a una realidad básica.

Para un nuevo estado, NUEVA POLICIA, urgente!!!

T. Azul

Carlos dijo...

La policia tiene un sin fin de errores. Se debe presionar al gobierno para que este comienze un cambio etico dentro de la policia nacional. Es indiscutiblemente algo que se tiene que solucionar. Espero esto no signifique la creacion de una policia alternativa o la creacion de una policia revolucionaria ya que eso seria un serio error. Tambine tomese en cuenta que no todos los verde olivo son corruptos y flojos.

juan josé dijo...

Creo que pocos podrían discutir ante la evidencia (vergonzosa) de la corrupción en diversos niveles de la policía.

Sin embargo, creo que las experiencias de Reforma Policial que se han fundado en discursos éticos han demostrado ampliamente su fracaso.

Sólo para tocar el caso boliviano durante el gobierno de Mesa es un ejemplo de como la solución (en la que jugó un papel fundamental una delegada anticorrupción como muestra del perfil ético de la reforma) en realidad no pasó de ser un discurso ético cuando el problema es técnico de diseño.

Primero, preguntarnos cuál es la utilidad de una policía que replique un esquema militar a estas alturas de la historia. Un oficial que quiere llegar a general tiene el más perverso de los incentivos a momento de cumplir con su trabajo diario.

Segundo, la falta de especialización, el ejemplo del cambio de la PTJ por la FELCC que incluyó enviar a investigadores criminales a dirigir el tránsito y poner a gente sin ninguna preparación en su lugar. El resultado era obvio entonces y lo sufrimos todos hasta ahora, gente incapaz obligada a realizar un trabajo que no les gusta, que no entienden y del que ADEMAS se esperán resultados.

Un comentario es muy corto para seguir, sólo quería anotar que como dices:

"La policía de nuestro país maneja la identificación personal, el tránsito vehicular, el narcotráfico, el contrabando, los robos de autos, la (in)seguridad ciudadana..." (y muchas mas)

Y no se puede pedir que haga todo bien, menos cuando un oficial está dos años en cada función y luego lo destinan a otra.

El toque de ética es necesario en todo el Estado, pero las Reformas Policiales deben alejarse prudentemente de esa visión que sólo ha traído fracasos en todos los países donde se ha pretendido implementar.