martes, 17 de agosto de 2010

Whipala

Ajedrezada colorida o colorinche, si la whipala fuera la bandera de Bolivia sería única, inimitable, y con el sólo parecido de los colores de la bandera del movimiento gay lésbico mundial.
El ajedrez el juego/deporte ciencia, y sus colores, son la mejor expresión de la diversidad, y el entrecruzamiento de sus casillas, la manera más gráfica de simbolizar la interculturalidad.
La rojo, amarillo, verde, en todos los órdenes posibles, es una bandera dominantemente africana. Varios países del continente más pobre del planeta, comenzando por Camerún, son tricolores con distintas variaciones.
He visto flamear whipalas en varias marchas indígenas por las carreteras asfaltadas que conectan al oriente y al occidente bolivianos. Estaba convencido que incluso esta enseña aymara fue adoptada como propia por las naciones indígenas de tierras bajas, pero alguna gente de Santa Cruz de la Sierra ha corregido oportunamente mi inexacta apreciación, ya que se trataría, en circunstancias excepcionales, como lo es una marcha por demandas, del uso de "emergencia" de un símbolo distintivo, antes que de una divisa que representa historia e identidad.
La whipala es hoy un símbolo constitucionalizado. Pero los alérgicos a la plurinacionalidad boliviana, ven en ella, una especie de anticipación de lo que podría ser un país fragmentado que acaba de salir de una profunda crisis regional con el pedido de federalismo a cargo del sufrido pueblo potosino al que injustamente se ha acusado desde el gobierno de estar instrumentalizado por la derecha.
La whipala y la flor de patujú son los símbolos más agraciados de nuestro país. La ajedrezada es más vistosa --única, incomparable-- que la tricolor, y la flor de patujú más armoniosa que la más elemental kantuta. Sobre gustos y colores no han escrito los autores y por eso digo lo que digo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un edicto no hace a un símbolo - menos si este atañe a una sociedad - como una golondrina tampoco hace verano.

Para que un símbolo - como uno patrio - evoque emociones, reminiscencias, conceptos, ideas, voliciones reacciones profundas debe necesariamente haber dejado huellas indelebles en el subconciente. De otra manera es solo un logo más, sin traza sicológica. No es rastreable en las vivencias íntimas de la psique.

Tampoco es cuestión de gustos y preferencias. Es cuestión del impacto de las vivencias con las que se asocia, cognitivo primero consciente y luego inconsciente.

Así como alguna gente corrigió la percepción del periodista, así tambien en encuestas locales con personas aymaras me han corregido que ni en su infancia ni en sus vivencias habían visto la whiphala.

Eso no quiere decir que este símbolo, no llegue a ser asociado en un futuro con cierto tipo de vivencias indelebles en la mamoria. Todo depende de desenvolvimiento de los episodios que nos impacten.

José Buitrago dijo...

Sería apropiado recordar que, no obstante la constitucionalización del emblema, la whiphala todavía resta por ser adoptada por doquier y en cualquier ocasión por parte de movimientos sociales.

Por ejemplo, ni en las movilizaciones de Caranavi ni en aquella masiva de Potosí se vieron whiphalas enarboladas profusamente, tal vez una por aquí o acullá. Claro en desfiles sí, pero estos no son movimientos sociales sino convocatorias programadas.

Entre la Plurinacionalidad redactada en la NCPE y la realidad, dista un tremendo trecho, amplias y profundas demandas, reivindicaciones, logros sociales, económicos y geopolíticos por satisfacerse.

Así pués, aquellos que observan el apelativo de Plurinacionalidad no necesariamente la rechazan, pero no tampoco se engañan de que sea nada más que un concepto virtual todavía.

Anónimo dijo...

Como dice usted: Sobre gustos y colores no han escrito los autores, LA WHIPALA ES HORRIBLE, claro ejemplo es como se ve de HORRIBLE en los uniformes de los policias o en las Instituciones Publicas!