lunes, 5 de abril de 2010

Bolivia piensa, Bolivia vota

De tanto acudir a las urnas, de tanto exigirnos lecturas diferenciadas y cada vez más certeras ante estos ejercicios de participación para dibujar las rutas de nuestros destinos, hemos hecho de nuestra sociedad un conglomerado que con sus profundas diferencias culturales y étnicas, piensa la política muy en serio en la lógica de cuánto puedan beneficiar o dañar las decisiones ciudadanas en las urnas, en el día a día en que las mayorías transcurren en el anonimato y en la brega laboral desde el microcosmos familiar y el pequeño entorno social.
Bolivia piensa la política desde su complejidad plural entregándole a Evo Morales un caudal de votos abrumador para que pueda gestar el cambio de modelo estatal encomendado por la decisión soberana de optar por una nueva Constitución Política del Estado, pero no le otorga la misma confianza cuando se trata de aplicar la lógica de la democracia municipal. A esta conducta general se le puede llamar entonces, sabiduria popular, renuencia al fundamentalismo, temor al autoritarismo, castigo a la deslealtad, o luz roja por pasarse por encima algunos preceptos éticos en un proceso autonombrado de transformación.
La Nación, las distintas nacionalidades dentro este lugar común llamado Bolivia, las gobernaciones, los municipios, todo ha sido organizado por esa capacidad tan boliviana de saber donde hay que unir y donde diferenciar, donde ser bolivianos y donde ser aymaras, guarayos o chiquitanos, donde ser bolivianos y donde paceños, cruceños, sucrenses o cochabambinos, y en consecuencia llegar a concretar ese aparente y extraordinario contrasentido identitario de ser simultaneamente iguales y distintos.
Si el Estado consigue encontrar derrotero, será a través de la complementariedad de las diferencias. En una instancia nacional será la Asamblea Legislativa Plurinacional, en las departamentales, las autonomías no serán ese proyecto de reyezuelos, sino la base institucional para contar con unos parlamentarios regionales, que al igual que hacen los concejales con los alcaldes, les pondrán límites a los gobernadores.
El MAS como el partido más abarcador del país, el MSM en La Paz, Oruro y varias provincias del occidente, los Verdes con un moderado y ahora prudente Rubén Costas, luego del fracaso de la violencia y el separatismo de 2008, encabezado por el prófugo Branko Marinkovic y algunas agrupaciones ciudadanas pequeñas con irradiación muy limitada, serán los actores llamados a perfeccionar una democracia de iniciativas y controles mutuos.
Bolivia quiere un presidente, no un monarca, y eso lo han dicho con claridad quienes, como en el caso de La Paz, han votado cruzado por el señor Cocarico y por candidatos a municipios pertenecientes a tiendas políticas diferentes. Bolivia quiere un jefe de Estado, y muchos, muchísimos jefes territoriales, municipales, indígenas, que combinen las necesidades de Bolivia como un todo y las de sus partes, como el pueblito, el cantón, la ciudad intermedia o la capital de departamento, una buena cantidad en correspondencia partidaria directa con Evo y otra también muy importante en línea opositora con sus correspondientes matices ideológicos.
La soberanía electoral de los bolivianos y las bolivianas que garantiza una democracia pluralista les han bajado las expectativas a quienes creyeron en el espejismo de un Estado Total, a tres meses del triunfo de Evo, así como quienes fueron medialuneros del CONALDE, parecen haber entendido de una buena vez, que tendrán que sentarse a hablar y concertar con asamblesistas departamentales y alcaldes masistas desparramados por la Amazonía, el oriente y el Chaco.
Bolivia piensa cuando vota, cada vez con más precisión y un márgen de error razonable. Bolivia piensa cuando debe hacer cuentas y premiar gestiones como la de Juan del Granado, otorgándole el triunfo al candidato de su partido. Bolivia le da la oportunidad a Ernesto Suárez de gobernar, por primera vez, lejos de la lógica terrateniente, si acepta la auténtica realidad autonómica en el Beni. Bolivia premia en Cochabamba, la consecuencia y el trabajo coherente y orgánico de Edmundo Novillo. La Bolivia masista no cree en Jessica o en Roberto Fernández, no quiere candidatos de alquiler. La Bolivia de El Alto, baja del pedestal a Edgar Patana y sus amigos y le dice al país que es capaz de ofrecerle su confianza a una desconocida Soledad Chapetón.
Si Bolivia llegara a pensar con la inteligencia y calidad con que lo hace para votar, en otros ordenes del quehacer colectivo, los agoreros que pronostican el fracaso del Estado Plurinacional estarían obligados a hacer silencio por los siglos de los siglos.

3 comentarios:

David Navarro dijo...

Si las dirigencias y líderes llegaran a pensar con la inteligencia y calidad con que lo hace para votar la colectividad boliviana, en otros ordenes del quehacer en su conjunto,otro sería el rumbo que seguiría nuestra pluri sociedad.

Pero no confundamos el rechazo con la intencionalidad. Una cosa es saber que no se quiere, otra que es lo que se necesita. Un adagio bien establecido en la sicología de masas es que estas "esperan recibir no lo que pidieron, sino lo que necesitan."

Chebwaca dijo...

Triste el accionar de nuestro Presidente, dicen que el poder atrae la locura y este grupo de orates que cercan al habitante del palacio se hace más patente que nunca, ciegos, prepotentes, arrogantes y totalmente embrutecidos por el poder como lo hizo Patzi, mintiendo, dando asco, decepcionando a todos lo que esperamos algo más porque les dimos nuestra confianza. Aruquipa, Villavicencio, UJC, Jordan y el pseudo paramilitar Torrico, son la muestra clara de que se está perdiendo el horizonte entre los que presiden el País, se está perdiendo la decencia y el respeto a las masas, triste ver como Llorenti insulta nuestra inteligencia con un show de un neófito tecnológico, así la cagó Rada, esperemos que la locura no cubra también a Sacha, el clan que quiso asaltar la alcaldía de La Paz con una formula deleznable de crear un puente hacia la clase media tratando de destruir los puentes trillizos, insultando, tratando de denigrar a quien en su momento fue ejemplo de gestión y que ahora se vuelve en un posible contendor con el fuste para agrupar el voto de los que no se sienten representados por el excesivo aymarismo pero que creen fielmente en el proceso de cambio.
El sabio pueblo Boliviano creo que ha marcado el rumbo de la política de aquí a los 4 años siguientes, poniendo mucha presión en los gobernantes porque sus falencias de gestión no podrán camuflarse con una elección, ahora hay que trabajar y trabajar como lo hacemos nosotros todos los días y lo más importante mostrar resultados, ahora las reglas han cambiado porque es hora de meter goles y que funcione el equipo, el tiempo del casting ha pasado… Vamos a trabajar mi Bolivia para tener un futuro prometedor.

Anónimo dijo...

La "borrachera" y su posterior "resaca" de poder estaba contagiando a moros y cristianos ( dentro del MAS) con su "tufillo" de soberbia y autosuficiencia, y en ese estado crítico no se dieron cuenta, los del gobierno, que estaban dejando de lado la gestión pública,técnica y de construcción del país plurinacional; hay que dejar de hacer papelones, y elaborar papeles ( proyectos, leyes, etc.) que sostengan a largo plazo los cambios que el país en su conjunto está esperando.

Hay que "desetnitizar" la mirada del gobierno, no porque sea mala la participación de aymaras, quechuas, amazónicos,etc., sino porque la mirada muy etnitizada, tiende a sesgar la lectura de la realidad del país; somos diversos y únicos así lo demostró las últimas elecciones.

Otra constatación, hay la urgencia de empoderar ideológicamente a los movimientos sociales y escuchar con más atención el discurso de los mismos, hay mucho de razón y verdad en lo que dicen y piensan, pero también hay visceralidad en lo que hacen.

Las cartas están hechadas y ojalá la derecha agasapada, no tenga una bajo la manga; finalmente los "sin miedo" tiene la oportunidad de ser propositivos y construir una alternativa política, porque los cambios no son unívocos, cuantos más matices se tenga, más y mejor se arraigaran en la gente el proceso de cambio.

T. Azul