miércoles, 16 de abril de 2008

El camarógrafo de la Constituyente

Fernando Cola estudió realización cinematográfica en la Universidad de La Plata, su ciudad natal. Se graduó con un documental sobre las marcas y los traumas dejados en los ex combatientes de Malvinas. Tiene sangre mapuche y parte de su familia vive en Los Toldos. Es un futbolero atípico porque no es hincha de cuadro alguno y solo se prende al televisor cuando juega la selección argentina, y vaya que se prende, como un cardiaco absoluto ante el más mínimo peligro de gol.
Conocí a Fernando en junio de 2007 para trabajar en el registro de entrevistas con miembros de la Asamblea Constituyente en Sucre destinadas a un documental sobre el proceso, para su difusión fuera de Bolivia, auspiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Grupo Internacional de Trabajo en Asuntos Indígenas (IWGIA) con sede en Copenhague, Dinamarca.
El testimonio que nos dejó temblando por su fuerza y autenticidad, fue el que nos ofreció la constituyente Esperanza Huanca, autoridad originaria quechua del norte de Potosí. Fernando instaló su equipo de trabajo con la minuciosidad con que siempre hace las cosas, en la Comisión Visión de País, con una whipala de fondo que estaba colgada en una pared, activo la cámara y nuestra entrevistada no necesitó más que tres o cuatro preguntas tipo "pie de amigo" para relatarnos su vida pobre, precaria, visitada cotidianamente por el hambre y las carencias. Con su hermosa vestimenta bordada y multicolor, su sombrero blanco con una cinta negra, el relato fue profundo, conmovedor y nos dió la medida de por qué era tan importante avanzar contra viento y marea en el objetivo de cambiar la norma fundamental de convivencia de los bolivianos.
Desde ese día Fernando y yo nos sentimos hermanados con Esperanza. Quisimos viajar con ella hasta Llallagua, pero su recargada agenda nos lo ha impedido hasta ahora. Ojalá que algún día se pueda, se trata de una asignatura pendiente.
Transcurrieron los meses y Fernando que grabó horas de horas en carreteras, comunidades, pueblitos, ciudades intermedias y capitales de departamento se identificó con Bolivia a partir de todo lo que fue viendo y escuchando. Su paciencia y prolijidad para grabar un atardecer de la ciudad blanca o una entrevista en el patio de la Casa de la Libertad me permitió conocer a un profesional a carta cabal, pero sobre todo a un tipo fenomenal, aunque no sea hincha de Boca y ni siquiera de Gimnasia o Estudiantes, los tradicionales equipos de La Plata.
Doy un salto largo en esta historia llena de vericuetos, detalles y coloridas anécdotas para manifestar mi profundo aprecio por Fernando Cola que ha sido secuestrado y torturado, y finalmente rescatado, de las garras de esas aves de rapiña que a título de defender sus grandes extensiones de tierra no conocen Dios, patria, ni ley.
Todo esto sucedió cuando se encontraba en Camiri, trabajando junto a una periodista del lugar, para un documental sobre la vida de los guaraníes, gran parte de ellos en situación de esclavitud y cautiverio.
Fernando escapó, se escondió y en las últimas cuarenta y ocho horas estuvo en una guarnición militar, y por estas horas, seguramente de retorno a Santa Cruz de la Sierra, la ciudad base de su trabajo en Bolivia.
Estuve en contacto a través del correo electrónico con su padre, sus amigos y compañeros de andanzas audiovisuales en la Argentina. Ahora respiran tranquilos. Todos los que apreciamos a Fer estamos contentos que haya retornado entero y con ganas de seguir haciendo cosas. En nombre los bolivianos de bien hay que pedirle disculpas por la gran cabronada que se mandaron esos infelices terratenientes que tienen como único valor en la vida, el dinero, la acumulación y la explotación.

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