viernes, 14 de marzo de 2008

La insoportable levedad de Carlos Diego Mesa Gisbert (Carta a un ombligomaniaco)

Carlos:
Nunca olvido una de tus invitaciones: Libro número tantos...programa número tantos. Hombre, qué obsesión por el conteo, por la estadística, pero sobre todo por la necesidad de mirarte y remirarte.
Para bien de las audiencias dejaste de ser propietario de P.A.T. y eso nos ha evitado tenerte hasta en la sopa luego de la presentación de tus libros postpresidenciales ayer en El Arcangel. ¿Qué quieres Carlos? ¿Volver al ruedo? ¿Conseguir el bronce que nada más podrían erigirte los Siles del Valle, los Baptistas Gumucios o tus papás? Porque otro bronces, otros bustos que no sean los parlantes registrados en tus esplendorosos tiempos de comentador noticioso, no creo que se erijan en tu memoria.
Hiciste perfectamente mal las cosas Carlos. Acabo de enterarme, por ejemplo, como le dejaste P.A.T. al señor Abdallah Daher, el nuevo propietario. Recién están descubriendo que vivías con el personal jodido, con cuatro meses de retraso en el pago de sueldos, que hiciste un verdadero carnaval con los intercambios publicitarios, que luego de que cobraras y te mandaras a cambiar, transcurridos los meses, fueron encontrando toneladas de basura bajo la alfombra.
Retírate hombre. Ve para casa. Dedícate a escribir tus memorias. Alguien las leerá con seguridad a pesar de tu "lamentable prosa" como bien dijo alguna vez Irvin Alcaráz. Eres el primer mandatario que le mintió sistematicamente a Bolivia con el cucu de que las petroleras nos iban a trucidar internacionalmente si se hacía lo que finalmente hizo Evo Morales a pocos días de asumir el gobierno. Claro, para eso hay que ser político con los cojones bien puestos en un país tan complejo de gobernar como el nuestro.
Retírate Carlos. Los iluminados se acabaron en Bolivia, los paternalismos intelectualoides también. Ha llegado la hora de hacer las cosas desde el llano, sin tanta rimbombancia, sin tanto ritual y canapés encargados a Rita del Solar. Hiciste mierda Bolivia Carlos, hiciste demagogia con el tema marítimo, convocaste a una elección de prefectos sin una previa ingeniería institucional, te peleaste con Santa Cruz --allí sí que te detestan-- y tienes el cuero para decir que eres el primer autonomista de Bolivia.
Así como te aprecié, reconozco tu indiscutible aporte como conductor televisivo de los primeros años de nuestra democracia, tengo que decirte con toda claridad que yo, como muchos, te vamos a combatir desde cuanta tribuna nos sea posible. Nos engañaste, eras la carta ideal para tener hoy un sistema político bipartidista que garantizara el equilibrio que por estas horas lamentamos haber perdido.
No pierdas la oportunidad, esta vez no la pierdas, de hacer lo que parafraseando a no sé quién aconsejaba Guillermo Bedregal: No pierdas la brillante oportunidad de quedarte callado.

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