sábado, 12 de mayo de 2007

Versus

La monarquía parlamentaria española cuenta con un sistema de confrontación institucional saludable: El Presidente del Gobierno comparece ante el Congreso de los Diputados, según los temas, para rendir cuentas sobre los avances anuales de la gestión. Comienza con un informe y con respuestas de los jefes de las formaciones políticas opositoras, es decir hay réplica de las bancadas y dúplica del responsable del Ejecutivo para responder a cada una de las observaciones hechas por sus adversarios.
Hace unas semanas se ha presentado el informe de Desarrollo Humano propiciado por la Oficina de las Naciones Unidas para el Desarrollo. A ese grueso y bien diseñado volúmen hay que agregarle un programa televisivo que con el título de "Laberinto", sirve para escudriñar los pareceres contrapuestos de los bolivianos en el marco de la Constituyente y la búsqueda de Autonomías. Para cerrar el combo, se pondrá en el cine "El estado de las cosas", documental encargado por el mismo PNUD a Marcos Loaiza.
De las dos opciones para una democracia que se pretende moderna, prefiero sin lugar a dudas, un debate profundo y realista como el que propicia España, y no los diagnósticos de los oficinistas internacionales expertos en decir cosas con revestimiento técnico y pompa funcionaria. El informe del PNUD no registra la situación del Estado de Derecho, y por lo tanto, sus grandes pretensiones totalizantes de comprensión de la sociedad boliviana se van al garete por tan grave omisión.
Y estas consideraciones surgen a propósito de la necesidad de una confrontación más directa entre gobernantes y legisladores, entre funcionarios y jueces, entre ciudadanos y fiscales, porque si miramos el diario hacer de los medios, todos declaran por separado, pero casi nadie se confronta, y es de la confrontación verbal que podemos extraer mejores diagnósticos de lo que piensan los que creen que lo están cambiando todo y los que se empecinan en demostrar que todo sigue igual con el añadido de la ingerencia chavista.
Evo Morales es una máquina de tirar ideas que se convierten en agenda. Está siempre proponiendo cosas, ha dejado atrás la barricada para encabezar en serio un recorrido hacia algún lugar. Pero a ese recorrido no se opone la posibilidad de otro, alternativo, ese que sólo un sistema de partidos es capaz de propiciar.
Sobre el estado de la Nación el presidente habla muy seguido. La mayoría de sus opositores son excesivamente puntuales y hasta ahora no han sido capaces de desplegar un programa nacional distinto que es lo que da fuerza y sentido a las democracias por lo menos bipartidarias como la francesa, en la que la derecha sí tiene proyecto como acaba de demostrarse con el triunfo de Nicolas Sarkozy y la izquierda no deja de tenerlo, como puede concluirse con la alta votación obtenida por Segolene Royal en la segunda vuelta.
¿Evo versus quién? Por ahora versus nadie. Todo indica que en Bolivia, el destino largo de la política tendrá que dilucidarse en el marco del cambio, y para que esto suceda de mejor manera, habrá que esperar un proyecto, que se pueda llamar, digamos, el Cambio al Cambio. Mientras tanto, el cocalero natural de Orinoca es el presidente indiscutido de esta nación de naciones.

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