domingo, 9 de abril de 2023

El difìcil retorno del MAS al camino del equilibrio

 El Movimiento al Socialismo (MAS) está sumergido en una crisis que amenaza con su desintegración.

A 16 años de iniciado el Proceso de Cambio, con la interrupción de la democracia entre 2019 y 2020, el MAS  pudo demostrarse a si mismo que la posibilidad de un triunfo electoral sin Evo Morales en la candidatura, era posible.

El poder institucional por una parte y la estructura partidaria por la otra, hacen cada vez más profundas y evidentes, grietas que podrían dar lugar a una irremediable división.

Evo Morales es el líder histórico del MAS y el jefe del partido, pero ya sin el ejercicio de poder que le permitía la presidencia del Estado. Su casi único objetivo es volver a ser candidato en 2025. Durante los dos años del gobierno de Arce, no le ha puesto énfasis a la discusión ideológica y programática, y lo que mas bien despliega es un rol cuasi opositor, de cuestionamiento permanente al gobierno de su propio partido que “habría pactado con la derecha” y que tiene dos ministros que no le responden al MAS (Eduardo Del Castillo de Gobierno e Iván Lima de Justicia).

Luis Arce como presidente del Estado es el responsable de la administración y control del aparato gubernamental, pero no cuenta con bases de organizaciones sociales integradas al MAS que le respondan directamente. Se le reprocha una conducta sectaria con muchos de sus compañeros y compañeras, alineados a Evo Morales, varios de los cuales trabajaron entusiastamente para que su candidatura en 2020 tuviera éxito.

A casi dos años de su ejercicio presidencial, Arce se ha empoderado como primer mandatario sobre todo por su gestión en materia económica, y la Constitución lo habilita para ser candidato en las elecciones de 2025. He aquí la madre de la crisis: Evo quiere tener la seguridad de que Lucho (Arce) no se lanzará a la reelección, y de esa manera tener el camino allanado en la próxima contienda electoral.

David Choquehuanca como Vicepresidente es la cabeza de la Asamblea Legislativa Plurinacional. La bancada del MAS, a diferencia del pasado evista, ya no actúa sobre la base de la unidad monolítica. Se advierten brotes de tendencias que se alinean con Evo por una parte, con Arce por otra y también con asambleístas afines a Choquehuanca que, se debe recordar, resignó la candidatura a la Presidencia en 2020, a pesar de contar con un significativo respaldo de organizaciones sociales, indígenas y campesinas, considerando que la unidad del MAS estaba por encima de todos los factores.

 El mismo Vicepresidente cerró filas elogiando a Arce en el acto de recordación de los dos años del triunfo electoral (18 de octubre de 2020) del nuevo binomio masista que ha completado dos años de gobierno el pasado 8 de noviembre. Dice el  lugar común  que “binomio ganador no se toca”.

La unidad partidaria, en los hechos, está rota, y ese rompimiento es la punta de lanza mediática con la que el aparato comunicacional de la derecha se encuentra en la tarea de estimular las discrepancias entre Evo y Arce, y una “pelea entre indígenas” –Evo Morales versus David Choquehuanca—que apunta a un objetivo estratégico: La desarticulación y desmontaje del Estado Plurinacional a objeto de quitar base de sustentación político ideológica al campo popular.

Las contiendas internas en el MAS se han convertido en el principal espectáculo político diario. En la  televisión, en las redes sociales y en los principales diarios nacionales de sello opositor se maximizan los cruces entre voceros de una y otra ala que por supuesto no son las alas izquierda y derecha del cóndor para conseguir el equilibrio en el vuelo, a las que se refirió Choquehuanca cuando asumió la Vicepresidencia en 2020.

Los estilos son marcadamente diferentes: Evo va al choque sin atacar al Presidente, pero estrellándose contra sus principales ministros, el de Gobierno y el de Justicia, sobre todo, que sacan cara por la gestión gubernamental y que le evitan la incomodidad al propio presidente Arce de ingresar explícitamente en el palabreo de las discrepancias.

Al mismo tiempo, el Vicepresidente Choquehuanca no ingresa en ese juego que nutre de noticias a los medios y a las redes sociales, debido a que sus intervenciones públicas contienen siempre mensajes concientizadores que pasan por la Visión del Vivir Bien y en ese contexto a la necesidad del retorno al Camino del Equilibrio dictado por su identidad aymara ancestral, ese equilibrio hoy pulverizado dentro del MAS.

Se trata de una gran confrontación interna. Lo grave del asunto es la pérdida del horizonte político e ideológico. La prescindencia del “afuera” del MAS, que en buenas cuentas es el  mismísimo país con sus ciudadanos. Con aquellos que votaron por Lucho (Arce) y David (Choquehuanca) para generar el triunfo de 2020, y por quienes, gran parte de ellos, que votaron por opciones opositoras, imbuidas todas por un profundo sentimiento anti Evo Morales.

La fortaleza de Evo se circunscribe hoy a su jefatura en el MAS. La fortaleza de Arce es mostrar resultados coherentes en la gestión gubernamental que lo sitúan en los primeros lugares de los estudios de opinión (encuestas).La fortaleza de Choquehuanca consiste en su capacidad de convocatoria en las zonas rurales del occidente del país. Los “evistas” lo sindican de ser el principal propulsor de la división a título de una renovación de cuadros partidaria.

La debilidad de Evo está en haber generado una fuerte corriente “anti” que todavía tiene marcada el no acatamiento a los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016 (no repostulación presidencial) que condujo al país a elecciones con su candidatura impuesta como un “derecho  humano”, argumento que transcurrido el tiempo fue invalidado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La debilidad de Luis Arce consiste en no constituirse en dirigente histórico del MAS y carecer de bases en los movimientos sociales, aunque desde el martes 18 de noviembre de 2022 cuente de manera explícita e indiscutible con el respaldo del Vicepresidente Choquehuanca .

El retorno al camino del equilibrio consiste en la reconfiguración de la unidad del MAS, y para ello, Evo quiere a dos ministros de Arce fuera del gabinete como señal coyuntural, pero en términos de profundidad estratégica espera que Arce diga explícitamente que no será candidato en 2025.

Mientras tanto, Arce quiere gobernar con la mayor fluidez posible, con la dificultad de tener un frente interno complejo que pasa por la descomposición del MAS y el frente externo liderizado  por la dirigencia cívica cruceña que a punta de ultimátums  y un paro de 36 días pretendió imponer la realización del Censo Nacional de Población y Vivienda para el año 2023, y no para 2024 como finalmente quedó materializado a partir de un decreto primero, y una ley después, desenlace que vistas las cosas en limpio es simple y llanamente la propuesta inicial que hiciera el gobierno de Arce a través del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Mientras tanto, los evistas, luchistas y choquehuanquistas de a pie, esperan señales de madurez y desprendimiento de sus líderes. No quisieran ver a la derecha retornar al poder para echar abajo el Estado Plurinacional, producto de la división masista.

En ámbitos académicos se ha discutido la idea de un relanzamiento auténticamente renovador. Sin Evo, Arce y Choquehuanca a la cabeza. Con nuevas figuras, en lo posible mujeres e indígenas capaces de aceptar el desafío de un programa de fortalecimiento a partir de una lectura de horizonte estratégico conceptualmente renovada en lo ideológico y político, guardando fidelidad con los orígenes y la esencia del Proceso de Cambio y de la Revolución Democrática y Cultural, en suma, al redimensionamiento del Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP).

Esa idea de renovación absoluta choca, sin embargo, con la realidad. Un caudillo que ha gobernado 14 años contínuos el país, y quienes fueran los ministros con mayor tiempo de permanencia en el gabinete del propio Evo, hoy presidente y vicepresidente, se encuentran a la cabeza de la nave del Estado y del poder, y está absolutamente demostrado que los tres piensan que su vigencia en la política y en la gestión pública todavía tiene cuerda para rato.

Conseguir el retorno al camino del equilibrio pasa por una negociación que según el manual elemental dice que todas las partes deben ceder en busca de una coincidencia medular que permita el relanzamiento político que el MAS está necesitando a gritos, cuando todavía Arce y Choquehuanca no han llegado a cumplir ni la mitad de sus mandatos.



Originalmente publicado el Noticias de América Latina y el Caribe (NODAL) el 20 de diciembre de 2022

Litio boliviano: El Encargado de Negocios de EE.UU. contradice a la jefa del Comando Sur

 

Como si se tratara de una vieja película en blanco y negro de los años 60 correspondiente a la Guerra Fría, la Generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur con sede en Miami, Florida, se estrelló hace algunas semanas contra China, advirtiendo intereses puestos del gigante asiático en el triángulo del litio que conforman Bolivia, Chile y Argentina.

En aquellos tiempos de la disputa por la hegemonía entre EE.UU. y la desaparecida Unión Soviética, se llegó a normalizar la injerencia de las embajadas con la bandera de barras y estrellas en los países de América Latina. Desde dichos recintos con formas arquitectónicas de bunker, se contaba con el mapa de los recursos naturales de cada país y también con las aprobaciones o vetos a nombramientos de ministros y jefes militares de nuestras fuerzas armadas, que en realidad eran  monitoreadas y tuteladas desde el Pentágono y desde comandos como el Sur y la Escuela de las Américas donde por décadas se entrenó oficiales para combatir al comunismo internacionalizado por la URSS y operativizado por Cuba, y cuando este cayó en desgracia, para luchar contra las mafias narcotraficantes y de esta manera retener el control político que desde Washington se ordena con el acompañamiento de instrumentos multilalterales como la Organización de Estados Americanos (OEA).

La Generala Richardson dio a entender que los únicos con derecho a saquear riquezas como las del litio sudamericano son los Estados Unidos a través de sus inversionitas transnacionales en el esquema de llevarse la parte más grande de la torta, para dejar por estas tierras las migajas de tiempos en los que a nombre de la modernidad tecnológica de se justificaba una correlación de fuerzas en las que los yanquis mandaban sobre nuestros países, siempre facilitados por los históricos cipayos o agentes locales que rendían pleitecía a la injerencia, al sometimiento político y al saqueo de nuestros recursos naturales a través de esas venas abiertas sobre las que escribiera Eduardo Galeano en 1971. 

Desde que en Bolivia se nacionalizaron los hidrocarburos el 1 de mayo de 2006. durante el primer gobierno de Evo Morales, las reglas de juego para la inversión extranjera cambiaron radicalmente, en tanto, ahora, las empresas de afuera se han visto obligadas a ceder ante las políticas soberanas del Estado boliviano que por ejemplo, en el caso del litio, acaba de decidir trabajar con la empresa china CATL BRUNP & CMOC (CBC) con la cual Yacimientos del Litio Boliviano (YLB) firmó un convenio el pasado 20 de enero para la construcción de dos complejos industriales con la tecnología de Extracción Directa de Litio (EDL) en los salares de los departamentos de Potosí y Oruro.

De manera rotunda y frontal, el ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Franklin Molina, le respondió a la jefa del Comando Sur, afirmando que “el país es libre y soberano para decidir trabajar con los países y empresas que nos ofrezcan mejores condiciones” y realizando una durísima crítica en sentido de que la generala Richardson pone en evidencia una falta de lectura actualizada sobre lo que sucede en el mundo y una desesperación  --voracidad habría que añadir—porque los Estados Unidos pudieran hacerse del control del litio boliviano.

Hay que decir entre paréntesis que ninguno de los homólogos del ministro Molina que forman parte de los gobiernos de Gabriel Boric de Chile y Alberto Fernández de Argentina, se han manifestado al respecto. El twit completo del ministro Molina dice lo siguiente: “La declaración de la Sra. Richardson, Jefa del Comando Sur de #EEUU, utilizando términos tan agresivos como patio trasero para referirse a #Latinoamérica, muestra un total desconocimiento a la importancia de nuestra región en el desarrollo a nivel mundial.”

El Encargado de Negocios de EE.UU. en Bolivia, Jarahn Hillsman salió al paso contra las declaraciones de ministro de hidrocarburos Boliviano, pero en realidad lo que terminó haciendo con su comunicación oficial, fue desautorizar las declaraciones de la Jefa del Comando Sur, en una llamativa contradicción si consideramos la coherencia y los monolíticos mensajes con los que se manejan los aparatos informativos y mediáticos del imperio: “A través de un comunicado, Estados Unidos rechazó denuncias de supuesto intervencionismo en el proyecto de explotación e industrialización de recursos naturales, entre ellos el litio, en Bolivia./ Estados Unidos respeta plenamente la soberanía de los países y su derecho a desarrollar sus recursos naturales y rechaza rotundamente las infundadas aseveraciones de intervención” (diario La Razón de La Paz, 16 de marzo).

Mientras la Generala Richardson exhala aires imperiales de viejo tiempo, al Encargado de Negocios en La Paz, Hillsman, no le ha quedado otro camino que fijar una posición políticamente correcta. Entre líneas habrá que decir que entre la brusca frontalidad militar y el proverbial doble estándar de la diplomacia estadounidense se ha producido un choque y una incongruencia inusuales.

La intervención del Ministro de Hidrocarburos, Franklin Molina no podía ser más oportuna. Acostumbrado a la sumisión y al silencio cómplice de sus agentes locales, el Comando Sur no calculó que un país como Bolivia que ahora defiende sus recursos naturales con el cuchillo entre los dientes, podía salirle respondón. Al punto que el Encargado de Negocios estadounidense --no hay embajadores en La Paz y Washington desde que Evo Morales expulsara a Philip Goldberg en 2008 acusado de conspiración-- no tuvo otra que ponerle paños fríos a las destempladas declaraciones de Richardson.




Originalmente publicado en Noticias de América Latina y el Caribe (NODAL) el 21 de marzo

Sacaba y Senkata en la memoria: Un libro que Luis Fernando Camacho debería leer

 Dos frases definen el golpe de Estado de noviembre de 2019 y al gobierno de facto, producto de la sucesión inconstitucional que llevó a la presidencia a Jeanine Áñez: “Iban a hacer volar la planta de Senkata” y “se dispararon entre ellos” (puente Huayllani, Sacaba).

La mentira es la base de sustentación ideológica de los especialistas en la construcción de narrativas que fundamentalmente circulan por las redes sociales, con el propósito de penetrarlas y posicionarlas en el imaginario colectivo. Así fue que se decidió “defender” la planta de YPFB y criminalizar a esos salvajes que se disparaban por la espalda con el propósito de convertir en culpables a policías y militares. Así fue que intentaron salvar responsabilidades. Al final de cuentas, los asesinos quedaron al descubierto y en plena evidencia.

¿Quiénes iban a hacer volar la planta de Senkata? Respuesta concluyente e indiscutible: las hordas salvajes. ¿Quiénes se dispararon entre ellos, como dijo el ministro de la Muerte, Arturo Murillo? Respuesta concluyente e indiscutible: Las hordas masistas.

Salvajes y masistas. De esta manera comienza el ataque inmisericorde contra los cuerpos y las cabezas de quiénes salieron a oponerse a la renuncia-derrocamiento de Evo Morales. No son personas, no son seres humanos, son como señala cualquier diccionario un “grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia”. Digamos un rebaño que camina por donde el pastor las guía. El expresidente del Comité Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo sabe mucho de este lenguaje. A no olvidar que para el, todos esos “masistas de mierda” no son otra cosa que “bestias humanas”.

La publicación de “Sacaba y Senkata: Noviembre en la memoria (Letras e imágenes de nuevo tiempo” a cargo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia no podía ser más oportuna como punto de inflexión para que quede contundentemente transparentado quiénes fueron en realidad los que dispararon, qué ordenes recibieron y de qué manera están convencidos de haber “pacificado el país” con la promulgación de un decreto (4078) que se constituía en la carta blanca para abrir fuego contra la población civil armada de wiphalas, palos y piedras y cuál era el tono gubernamental de Áñez y sus secuaces para generar un disciplinamiento, so pretexo de combate al coronavirus, con tropas militares patrullando las calles en carros blindados.  Desde que se acabara el gobierno de facto (noviembre de 2020) ya no circulan por mi zona camionetas con efectivos ataviados con uniformes de camuflaje que con su amenzante presencia me devolvieron a mi infancia de los años 70 cuando el Gral. Banzer mandaba y perseguía a subversivos del Ejército de Liberación Nacional  (ELN) para hacerlos desaparecer bajo el paraguas del Plan Cóndor.

“Sacaba y Senkata: Noviembre en la memoria” es un libro de 600 páginas que contiene materiales generados a partir de convocatorias a concursos. Es un libro de libros. Figuran en el, los trabajos que obtuvieron los primer y segundo lugares en las categorías de ensayo, cuento, poesía, dramaturgia, fotografía testimonial y fotografía artística. Sus autoras y autores escriben con el fuego de la indignación y la palabra precisa en cada género. En formato grande (tamaño carta), papel ahuesado y para las fotografías, en couché blanco, es la primera gran publicación acerca de una constante en nuestra historia colonial y republicana, la de la desaparición forzada o la eliminación física de quienes se atrevieron a salir a las calles para reafirmar y defender un ideario de vida, y en ese intento se les fue la existencia misma, producto de una despiadada represión por aire y tierra, ordenada y coordinada logísticamente por el entonces Comandante de la Fuerza Aérea, Gonzalo Terceros y varios de sus colegas del Alto Mando Militar del Ejército. Golpistas y como si no fuera suficiente, carniceros, masacradores del pueblo.

Paloma Gutiérrez (segundo lugar en poesía sobre Senkata) resume perfectamente lo acontecido: “Informes de un día/ de un martes de muerte/Informan que fueron 9/ 9 hombres menores de 39/ Autopsias confirman/ la causa de muerte/ Los 9 por bala/ Masacre que espanta/ Informes de un día/se huele la muerte/ Ni el gas lo impedía/ Senkata lo siente/ Ministros que mienten / ocultan la muerte/ Sus balas mataban/ de frente y con saña/ Informes de un día/ informes de muerte/ Golpismo fascista/ racismo candente.”

Escrito por hacedores de la palabra de generaciones jóvenes, se encuentran textos que van desde las lecto escrituras de ese momento político de crisis estatal, el recuento crítico de los daños y las tragedias familiares (ensayos) como consecuencia de las masacres, hasta las formas creativas del cuento, la dramaturgia, la poesía y un conjunto de fotografías que registran las convicciones, el dolor, la lucha, y la violencia institucional, que nuevamente ponen de manifiesto, como ha sucedido a a lo largo de nuestra historia, quiénes son los masacradores y bajo las ordenes de quiénes actúan. En este contexto, sería bueno hacerle llegar un ejemplar hasta Chonchocoro a Luis Fernando Camacho, el que obtuvo la ayuda de papá, para que los militares se cuadraran en contra del poder constituído violentando las leyes y los cuerpos y almas de esas hordas masistas y salvajes por las que hoy continúan llorando desconsolados, padres, madres, abuelos, abuelas, hijos e hijas. Ahora que está alojando en una pequeña habitación que no se parece en nada a una celda carcelaria, Camacho podría comenzar con este libro, a conocer la historia de Bolivia, ese país al que desconoce y en el fondo desprecia, desde esas ínfulas de karayana que lo definen. Si hay una condena de la que no hay escapatoria es la de la palabra que se transforma en historia y en memoria popular.



Originalmente publicado en Escape de La Razón el 19 de marzo


¿Peor que en dictadura?

 

La nueva presidenta de la Asociación de Periodistas de Bolivia, Zulema Alanes, ha inaugurado su gestión con una frase de campanillas: Estamos “peor que en dictadura” dijo con respecto del ejercicio del trabajo periodístico y la libertad de expresión. De esta manera, Alanes se suma al escuadrón de opinadores antimasistas que han hecho de su “anti”, una razón de vida.

La última columna, o más precisamente el último discurso de odio perpetrado por Humberto Vacaflor Ganam, desmiente olímpicamente a Alanes. Para evitar sospechas de sesgo, transcribo a continuación los dos mil noventa y ocho caracteres en los que el opinador de algunos diarios conservadores del país y de la muy reaccionaria Infobae de Argentina, que con el título “Tiempo de partir” (El Deber, 6 de marzo), demuestra por escándalo que en Bolivia la libertad de expresión tiene espacio para admitir,  sin restricción alguna, incluso libelos infamatorios fabricados en alguna cocina de la frustración y la impotencia:

El jefe del MAS es un corrupto, según lo dicen quienes siguen al subjefe del MAS, que es señalado como corrupto por los seguidores del primero.

El uno ha hecho negociados con todo, pero ahora se habla del litio, que manejó su canciller Huanacuni, para entregarlo a los chinos por debajo de la mesa, según dicen los del número dos.

El segundo es un corrupto de vértigo, porque hace negociados con YPFB cuando la empresa está herida de muerte por los negocios sucios anteriores, todos del MAS, de cuando él era ministro.

Han invertido los dos, mil millones de dólares en el proyecto de explotación de litio por evaporación, que ahora el propio MAS admite que es un fracaso.

Se han robado $us 55.000 millones que llegaron al país cuando ellos, sin saber leer ni escribir, literal, gobernaban el país. Han destruido las instituciones y han llevado al país al borde de ser declarado “Estado fallido”.

Los ahorros de los nuevos ricos del MAS figuran en bancos extranjeros, con cuentas cifradas, como las del vicepresidente del N 1 º, ahora dedicado a administrar sus fortunas en el exterior.

El número uno denuncia la existencia de los “guerreros digitales” sin recordar que él mismo reclutó ese batallón de falsarios dedicados a desprestigiar a los que no estaban de acuerdo con el festín de la corrupción.

Mandó matar a Marco Antonio Aramayo porque denunció la corrupción del Fondo Indígena. Mandó matar a los esposos Andrade porque iban a informar de la dictadura narco de Chapare.

Y el Nº 2 aprobó, en 2006, que se construya un museo en homenaje al lugar donde nació el Nº1, que costó $us 7 millones, y ahora parece un chiquero.

Ahora es presidente cuando en Santa Cruz hay 8 hospitales que no funcionan porque no tienen personal, mientras el dengue mata a decenas de niños.

El país está cansado de estos ladrones disfrazados de políticos. Los bolivianos los han despedido en un referéndum de 2016 y en una elección de 2019.

También los han despedido en 2020, pero el fraude ocultó las cifras verdaderas.

Para estos sátrapas ha llegado el momento de partir. Tendrán que elegir el mejor pretexto, pero deben irse.

Resumen de la columna de Vacaflor: Corruptos. Autores de negociados. Ladrones disfrazados de políticos. Destructores de instituciones. Fabricantes de un “estado fallido”. Nuevos ricos. Vicepresidente del número uno que ahora administra sus fortunas en el exterior. Asesinos (mandaron a matar a Marco Antonio Aramayo y a los esposos Andrade). Sátrapas. Deben irse.

En los breves párrafos cometidos por Vacaflor no hay un solo elemento respaldatorio de semejantes afirmaciones. En una indisimulable subestimación de quienes lo leen, da por sentado que lo que dice es palabra santa, irrebatible e indiscutible. Me pregunto quién pudo haber sido el valiente que en tiempos de dictaduras militares escribiera de esta manera contra los generales Barrientos, Banzer o García Meza.

Evo Morales es el presidente más agraviado y discriminado por opinadores y operadores mediáticos disfrazados de periodistas de la historia de Bolivia. No lo es menos el que fuera su Vicepresidente, Alvaro García Linera, al que el mismo Vacaflor aludió alguna vez con entusiasmo homofóbico sobre sus supuestas preferencias sexuales. Se trata del mismo Vaclafor que tuvo que pedir disculpas por haber acusado a Morales de instruir la muerte de los esposos Andrade, disculpas que Morales aceptó en octubre de 2016.

Una cosa son los abusos callejeros, producto de excesos policiales, pero eso, de ninguna manera tiene que ver con el ejercicio de la libertad de expresión, sino con incidentes aislados que no tipifican cuadros de situación. En Bolivia se puede pulverizar con creces el uso irrestricto de la libertad de expresión donde el agravio, la calumnia y la bajeza para decir las cosas, se ha convertido en moneda corriente. Vacaflor lo demuestra cada vez que redacta sus artículos por lo que no ha recibido ni siquiera una crítica. Se lo asume como de quién viene.  



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 11 de marzo

Los votantes del MAS no se merecen esto

 

Recuerdo con nostalgia los días en que con un aguayo sobre sus espaldas, Evo Morales era uno más de los marchistas indígenas, uno más de los bloqueadores de carreteras, uno entre todos, confundido en abrazos y vigilias, transcurriendo noches de cielos estrellados, de dormir a la intemperie. Hoy día, Evo Morales llega en avión alquilado para presenciar la entrada del carnaval de Oruro. Entre el cielo y el suelo hay demasiadas diferencias de espacio, de tiempo, pero sobre todo de actitud.

Los votantes del Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (MAS – IPSP) no se merecen –no nos merecemos- el castigo cotidiano y mediático al que estamos siendo sometidos debido a unas pugnas desatadas desde la añoranza por la silla presidencial. Votar por el MAS desde las elecciones de 2002 se convirtió en el mecanismo que inició el derribamiento del neoliberalismo secante, indolente, individualista y represivo que ha terminado por fracasar en gran parte de nuestros países de América Latina, al extremo que ni empresarios como Doria Medina estarían dispuestos hoy a aplicar las recetas ochenteras enviadas desde el FMI, el Banco Mundial y el archivo del Consenso de Washington. Han terminado aceptando, por la fuerza de los acontecimientos históricos, políticos y sociales,  que es necesario un modelo económico mixto en el que el emprendedurismo capitalista debe armonizar con el soberanismo nacional popular.

Evistas. Arcistas. Choquehuanquistas. En estas parcelas se mueven hoy las facciones masistas que cuentan con unos operadores y portavoces de vergüenza. El diputado Héctor Arce es el mandado a comparecer ante cámaras y micrófonos para defender a capa y espada la legitimidad histórica del jefe de su partido. Su discurso no admite que las pretensiones renovadoras dentro una tienda política, forman parte del sano ejercicio de la alternancia interna en la que nuevos cuadros deberán prepararse para tomar la posta. En esas lógica, los ex compañeros llamados renovadores han sido reducidos a la categoría de traidores y en ese trayecto dominan los insultos, las calumnias, las descalificaciones de todos los tamaños sin dejarle ni el mínimo espacio al debate programático con horizonte de mediano y largo plazo.

En la vereda de enfrente, Rolando Cuellar, tan impresentable como Arce, se la pasa insultando y descalificando el presente de Evo y sus responsabilidades en la crisis de 2019. Desde su cuadrilátero fustiga a diario a los llamados radicales convencidos de que la vida comienza y termina con Evo. Están mandando a la mierda algo que no construyeron sólo ellos, sino, fundamentalmente aquellos que desde la ciudadanía de a pie le depositaron su confianza para que se diseñara y empezara a ejecutar la edificación de un país más igualitario, con equidad, redistribución de la riqueza, privilegiando el mercado interno, pero en primer lugar , incorporando al escenario político y social a cientos de miles de bolivianos que desde 2006 sintieron que Bolivia también había sido su país, haciendo flamear tricolores y wiphalas.

En este escenario, el presidente Arce no dice nada al respecto, dedicado a dirigir su gestión gubernamental, Choquehuanca, lejísimos del insulto y de la guerra verbal, invoca permanentemente a la unidad y a la preservación del proyecto político que tiene al MAS gobernando Bolivia desde 2006, con el execrable interregno determinado por la llegada de una presidenta ilegitima, inepta, violenta y víctima propiciatoria del apetito y codicia machistas que caracterizaron a su gobierno.

En los reductos más obsecuentes, Evo es inamovible y se persiste en la subconciencia de su eternidad en la política y en el ejercicio de poder, y ya sabemos con detalle cómo puede terminar esa idea de predestinación en la que queda fuera toda discusión acerca de pluralidad, de organicidad partidaria, de convenir quienes quedarán en mejores condiciones para reproducir el poder de acuerdo a lo señalado a la coyuntura cercana a nuevos comicios presidenciales.

Mientras tanto, el patético show de masistas sacándose los ojos entre unos y otros no tiene pausa. Y para ello las carpas del circo mediático bien instaladas por la derecha son amplias y cómodas para admitir a todas las audiencias, las propias y extañas, en el convencimiento de que no hay para qué presentarle pelea al partido de gobierno, si el principal opositor a la gestión presidencial vigente es el mismísimo jefe de ese partido de gobierno que tiene entre ceja y ceja la candidatura de 2025.

Fidel Castro dijo que sin unidad el proyecto político emancipador del continente puede muy probablemente terminar fracasando. Sería interesante que Evo comprendiera que hoy en Cuba, el presidente es Díaz Canel, escucha a la voz de la experiencia, Raúl Castro, que sigue siendo un factor de poder en la isla caribeña, sin necesidad de pensar en cargo alguno. Este modelo de relación sano y constructivo pudo haber sido adoptado por Evo en Bolivia. Está claro que el ímpetu evista no admite otra cosa que su propia figura ejerciendo el poder.  



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 25 de febrero

 

El preso 181

 

Ya no es Camacho, es la libertad y la justicia. Ya no vale discutir si cometió delitos o no y por ello se determinó su detención preventiva, sino la forma en que habría sido apresado con una narrativa que quiere imponer la versión de un secuestro violento. Esto significa que Camacho es el preso político 181, no uno de los violentadores del orden constitucional en octubre-noviembre de 2019. Como el gobernador de Santa Cruz – no el golpista de 2019—es prisionero por una lucha de supremos ideales, hay que victimizarlo y para ello la información casi diaria dice que no le permiten recibir visitas, le introducen una cámara en su dormitorio para espiarlo con aviezas intenciones proctológicas, porque de celda de recinto penitenciario, el hábitat del individuo en Chonchocoro tiene nada, en tanto se le ha otorgado un espacio con características de estrellas hoteleras, precisamente para intentar neutralizar más instalaciones mediáticas relacionadas con violaciones a sus derechos ciudadanos.

En esta incesante guerra política boliviana, la batalla cotidiana por demostrar quién ostenta y defiende valores humanos y libertades ciudadanas, la estrategia es clara: Camacho no es un golpista, es un defensor de la democracia que encabezó la movilización ciudadana contra un tirano que quería atornillarse en el poder para siempre, y por lo tanto, no es un ciudadano con presuntos delitos en su haber, sino un perseguido –y capturado-- político, víctima del autoritarismo, de la dictadura masista, del terror judicial activado por el partido azul, el partido con un presidente del Estado que vive recibiendo el embate diario del mismísimo jefe histórico defenestrado al que no le entra en la cabeza que la repostulación es una opción posible y legítima para quién ejerce mandato por primera vez.

Libertad. Justicia. Democracia. Dicen que por todo esto lucha el sacrificado gobernador de Santa Cruz y en ese transcurrir de titulares tendenciosos y mal intencionados, y gigantesca manipulación informativa, al gobierno y a su instrumento político partidario le está faltando proactividad y creatividad para recordarnos sobre qué otros valores humanos se comenzó a gestar el que se llama proceso de cambio: Democracia sí, pero con inclusión social como nunca antes a partir de un cambio en la matriz del funcionamiento del Estado. Procesos electorales sí, pero con ampliación de lo representativo a lo participativo con un significativo ensanchamiento del espacio para la incorporación de nuevos actores sociales y étnicos para la toma de decisiones. Libertad económica sí, pero con la inserción del fundamental concepto de equidad para que la redistribución alcance a sectores a los que nunca les llegó casi nada en la historia republicana. Desarrollo productivo sí, pero con preceptos soberanistas innegociables que hoy han reducido los márgenes del saqueo perpetrado con la inversión extranjera y sus agentes locales. Es decir, más democracia, por su ampliación en materia de derechos individuales y colectivos, y en sus mecanismos de participación, políticas económicas con prioridad en el potenciamiento del mercado interno y por lo tanto, democracia más plural que en cualquier otro momento de nuestra historia, pero paradojicamente, combatiendo débilmente el empeño de los fabricantes de mentiras desde las oposiciones, en sus expresiones parlamentarias, mediáticas, empresariales e institucionales.

En la utilización de un conjunto de técnicas de direccionamiento informativo, la maestría y el doctorado en Mentira Sistemática significa graduarse en la cancha de la pelea, y para ello, los reinvindicadores de la democracia y la libertad contra la dictadura y el autoritarismo, utilizan artefactos como los comités cívicos y ese esperpento llamado CONADE para justificar el golpismo, las violaciones a los derechos humanos y las masacres nada menos que en una audiencia virtual con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Se trata de organizaciones de cultura logiera en que unas cuantas roscas se eligen y reeligen permanentemente para saltar al escenario público y atribuirse la representatividad del “pueblo boliviano”, otra patraña fácilmente desmontable, eso sí, con estrategia, convicción y acciones sistemáticas diarias que por ahora no se vislumbran.

Luis Fernando Camacho, Jeanine Áñez y su hija Carolina, Rómulo Calvo y otros autores del mismo riñón ideológico, son los cultores de la violencia política verbal que contradice sus supuestas convicciones democráticas. Persiguieron, judicializaron, criminalizaron, y masacraron al masismo, esa categoría de bestias humanas que no se merecen una vida digna y respetable. De eso están hechos estos demócratas y libertarios, de un racismo inocultable y de una auténtica vocación por el exterminio de lo plebeyo. El 181 es un preso político, no un golpista con entrañas fascistas. Lo dicen con toda arrogancia y cinismo, los mandamases de la mentira organizada.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 11 de febrero

La mentira antimasista

 

La deshonestidad intelectual es hoy día una especialidad de la política boliviana. Es deshonesto intelectualmente quién afirma algo que no es cierto y lo hace con la intención de hacerles creer a los demás cosas imposibles de demostrar y para que esa tarea haya adquirido potencia, circula entre las clases medias urbanas una credencial indispensable que es la del antimasismo. Hay que ser antimasista para aspirar a la licencitatura, la maestría y  el doctorado en eso que se llama mentira organizada.

El día en que llegaron a romperle los platos de la cena de gala a la clase dominante, el día en que indios de distintos orígenes étnicos empezaron a ocupar cargos en el aparato estatal, el día en que supieron que “el indiecito” no iba a a caerse en los seis meses pronosticados desde el paternalismo colonial y la subestimación racista, ese día, se instaló el antimasismo y para ser antimasista hay que saber mentir, hay que manejar algunas técnicas de cómo se manipula la información y a continuación, con esas armas, intentar instalar como verdades históricas, estruendosos disparates desmentidos por los hechos, esto es, por las violaciones a los derechos humanos, las transgresiones a la ley de distintos tamaños y por el ocultamiento de la información que beneficia política y electoralmente, precisamente, al  masismo.

Para ser masista hay que repetir con convicción robotica: “No fue golpe, fue fraude”. Una idiotez pronunciada por todos los autores intelectuales, materiales, encubridores y operadores de la sucesión anticonsitucional que llevó a la presidencia a Jeanine Áñez. La consigna es de gelatina porque en el supuesto demostrable de que para las elecciones de 2019 se hubiera producido un fraude electoral, la forma en que se combatió ese supuesto fraude estuvo plagada de violaciones a la constitución, a las leyes y a los reglamentos legislativos que dicen expresamente cómo y en que orden jerárquico debe producirse la elección de un nuevo presidente del Estado con la participación y el voto de representantes nacionales de la Asamblea Legislativa Plurinacional. No se ha constatado, hasta ahora, que se hubiera producido efectivamente un fraude electoral y eso que el gobierno de facto tuvo casi un año para investigar y hasta para “montar” una versión sobre el asunto. Sí se tiene constatado, en cambio, que la sucesión fue inconstitucional, y que por lo tanto sí hubo un golpe de Estado que por añadidura tuvo características violentas y desembocó en masacres respaldadas por un decreto firmado por la presidenta y sus ministros. Con tan graves motivos, Jeanine Áñez tiene una condena de diez años de reclusión y Luis Fernando Camacho ha sido detenido preventivamente acusado por su actuación decisiva en el golpe de Estado.

Otra mentira que se viene arrastrando desde que el MAS gobierna Bolivia es la de la “persecución” y los “presos políticos”. En la actualidad se dice que hay como 180 personas encarceladas en el país por “pensar distinto”. Se trata de otra genialidad que no resiste un debate de cinco minutos: Todos a quienes se victimiza como presos políticos en nombre de la “justicia y la libertad” están siendo procesados por la comisión de delitos que consiste en violaciones a los derechos humanos, gran parte de ellos policías y militares que participaron en las masacres de Sacaba y Senkata, así como la quema de la sede de Adepcoca. Una segunda tongada la conforman los investigados por casos de corrupción, incluido Rubén Costas al que le inició un proceso el mismísimo Luis Fernando Camacho, y en un tercer grupo se encuentran quienes tienen acusaciones menores pero igualmente delictivas. Sigo buscando y no encuentro a alguno de estos supuestos presos políticos que haya sido privado de libertad por ese supuesto “pensar distinto” que dicho sea de paso, hasta ahora se circunscribe a militar en el antimasismo con tufo de plegaria evangélica. Todos, absolutalmente todos estos ciudadanos y ciudadanas, están sometidos a la justicia por hechos relacionados con distintos grados de violaciones al ordenamiento jurídico boliviano.

El listado de mentiras convertidas en eslogan callejero y en consigna política tiene otras perlas como esa de que vivimos en dictadura y nos encaminamos a ser como Cuba y Venezuela, afirmación que se vocifera desde las escuálidas concentraciones de la calle 21 de la Zona Sur conformadas por señoritas y señoritos que no quieren saber de aprendizajes sobre la historia de Bolivia. Y para ponerle caviar con fecha vencida al tema, se ha publicado el 1 de diciembre del pasado año lo siguiente: “No hemos tenido en la historia otro  presidente así: Evo Morales primero hizo que perdiéramos el mar y ahora que perdiéramos las aguas del Silala #JuicioDeReponsabilidades.” Quién firma este histórico twit es nada menos que un presidente de asociación de periodistas, de esas en las que se arman cursos financiados por agencias norteamericanas para instruir a sus asistentes, acerca de mentiras del tamaño del sistema solar y que ya provocan vergüenza ajena. Que quede claro: Estos técnicos de la mentira y  la manipulación informativa no admiten pausas.



Originalmente publicada en la columna Contragolpe de La Razón el 28 de enero 

Operadores mediáticos ad nauseam

 

Hasta que llegó el día en que unos indios insolentes ondeando whipalas irrumpieron en el gobierno y luego en el poder, momento en el que la vajilla de porcelana de la abuela se hizo añicos y hasta ahora, con todos los pedazos esparcidos por el comedor, las delirantes bandas de opinadores, “analistas”, tiktokeros, trols y demás fauna reaccionaria, continúan tratando de reconstruir el rompecabezas como si la restauración conservadora consistiera en uno de esos puzles de cinco mil piezas que se van armando con mucha cabeza y paciencia, cosa que no está sucediendo porque lo que falta precisamente es pienso y tomarse en serio al país.

Se trataba de una antigua vajilla a la que tenían acceso unos comensales privilegiados que desde su gran mesa hicieron y deshicieron la Bolivia excluyente y racista, corrupta y clientelista, arrastrada desde la revolución de 1952, revolución que se hizo golpista y que conviritió a los “emenerristas” en socios históricos del militarismo autoritario y fascista de las dictaduras que dominaron Sudamérica entre los 60 y 80.

Todo estaba bajo control hasta que, destrozados los platos hondos, planos y platillos, los indios y los campesinos se sentaron a la mesa y sin ningún pudor comenzaron a tomar sultana con marraqueta en jarros de peltre, ese sustituto de la plata inadmisible para el abolengo y el buen apellido. A partir de ese momento (2006), los bolivianos que soportaban sobre sus hombros, todas las veces que fuera imperativo, gasolinazos, impuestazos y demás medidas ajustadas desde los organismos crediticios internacionales, decidieron que podían gobernar nuestro país al que convirtieron de República a Estado Plurinacional y al que se metieron a fuerza de victorias electorales aplastantes.

Un verdadero horror. Una desfachatez. Un sindicalista bloqueador de carreteras y productor de hoja de coca provocó la ira de blancos y blancoides, quienes lo tipificaron como la personalización demoniaca del populismo, el autoritarismo, la deformación de la democracia representativa y decente. A partir de entonces unos que eran, o por lo menos parecían periodistas, se transformaron en operadores mediáticos, esto es, activistas políticos financiados por agencias norteamericanas de penetración e injerencia, que deben su origen y existencia a las razones anticomunistas de la guerra fría de control y dominación sobre América Latina como puede comprobarse con la misma revolución del 52 en la que metieron mano y hasta el fondo, las administraciones gringas de Kennedy y Johnson.

Con la detención preventiva de Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz de la Sierra, principal activista y materializador de la sucesión inconsitucional que llevó a la señora Jeanine Áñez a la presidencia, los operadores mediáticos, guarecidos bajo el paraguas de instituciones decadentes como la Asociación Nacional de la Prensa (ANP)  y la Asociación de Periodistas de La Paz, han salido indignados a protestar por agresiones de las que fueron víctimas “sus” periodistas en medio de los desmanes, el vandalismo, los incendios, y demás destrozos ocasionados por militantes de la Unión Juvenil Cruceñista a la que por supuesto jamás calificarán como hordas, ya que las hordas en Bolivia solo pueden estar conformadas por masistas –militantes, afines o simpatizantes del Movimiento al Socialismo (MAS)-- según su obsesivo y enfermiza mirada.

Busco y no encuentro. La ANP y la asociación paceña de esos periodistas, tan gremiales como mediocres tantos de ellos, ¿dijeron algo cuando se desataron los atropellos del gobierno de facto de Áñez, como por ejemplo la persecución sistemática desatada contra este diario, La Razón, gracias a iniciativas claramente represivas y atentatorias contra la libertad de expresión, pero fundamentalemente contra la verdad, inventando versiones de negocios “raros” y conexiones con otros medios que nunca existiteron? No podían hacerlo porque precisamente los persecutores mediáticos eran ellos mismos, con capacidad incluso, de acceder a información confidencial de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), en clara conducta violatoria de la ley.

Estos dizque periodistas han sustituido la palabra esclarecedora y transparente por la mentira y la manipulación informativa sistemática, pero a diferencia de 2019, el masismo ha vuelto a las calles para demostrar otra vez que es mayoría y es con mayorías y minorías que se hace democracia en la cotidianidad, con la aceptación de que esas mayorías son las legitimadoras indiscutibles de la democracia, y las que fueron víctimas de la sañuda persecución, encarcelamiento y tortura sobre la que estos operadores mediáticos miraron para otro lado durante la gestión de Arturo Murillo, ministro cazador, ahora sentenciado y cumpliendo condena en Miami, el paraíso vacacional de muchísimos que hasta hace tres lustros se sentaban a comer en la reluciente, y ahora hecha añicos,  vajilla de la abuela.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 14 de enero

Un hombre sólo

 

La reina del papel couché, Isabel Preysler, acaba de romper con Mario Vargas Llosa. Ha decidido romper su noviazgo de revista del corazón –¡Hola!- para terminar ahuyentando las miles de hojas de papel ahuesado en las que descansan las soberbias novelas del escritor peruano. Como recién ha pasado  a formar parte del registro de los “ex” de Isabel, no se me ocurrió otra cosa que traer a la memoria una canción de Julio Iglesias, el primero de los cuatro célebres ex de esta señora filipina, reportera estrella de reinas, príncipes, casas reales y otros lugares de diseño en los que el lujo es más importante, por supuesto, que la fiesta de un chivo, donde se puede leer la historia ficcionada de un dictador centroamericano, narrada con la rigurosidad y la maestría del escritor arequipeño.

Julio Iglesias no sospechaba en 1987 cuando se publicó este su disco, que terminaría cantándonle “Un hombre solo” sin querer queriendo nada menos que al úlitmo novio de la madre de sus hijos, entre los que figura como primogenito otro cantamañanas igual que el, de nombre Enrique, y que ha hecho de la pseudopoética para señoras que juegan al bridge, la marca exitosa traducida en millones de copias vendidas por continentes y mares.

Julio Iglesias, entonces, le dedicaría “Un hombre solo” a Mario Vargas Llosa:

“Lo tengo todo/Completamente todo/Mil amigos y amores/Y el aplauso de la noche/Voy por la vida rodeado de gente/Que siento mía/Voy de abrazo en abrazo/De beso en risa/Me dan la mano/Cuando es precisa/ La loca suerte besa mi frente/Por donde voy/Pero cuando amanece/Y me quedo solo/Siento en el fondo/Un mar vacío/ Un seco río/Que grita y grita/Que solo soy/Un hombre solo.”

Lo tiene bien merecido Vargas Llosa, por arriesgarse a jugar a chico estupendo a los ochenta y pico años, con una señora de setenta y pico, pero que parece de cincuenta.

Dicen que habían celos de por medio. Dicen que eran incompatibles el vaporoso estilo de vida de Isabel, la reportera estrella de ¡Hola! con la disciplina literaria de Mario. Dicen , por lo tanto, que la vida del espectáculo público de alfombra roja es incompatible con la de la cultura, las ideas, los libros, la ficción, la novela. Falso. Vargas Llosa es tan egocéntrico que creía que todo cabía en un mismo sitio. Alrededor suyo. Que a su tercera edad, era suficiente con que las erecciones fueran novela, cuento o columna de opinión donde expone sus esquemáticas ideas neoliberales anticomunistas, bañadas de rencores contra su propio pasado como militante del boom literario latinoamericano de los 70-80.

Si de algo se ha salvado, finalmente, Vargas Llosa, es de haber dejado de ser padrastro temporal de Enrique Iglesias, ese joven casado con la relampagueante tenista rusa Ana Kournikova, que ha seguido por el insoportable camino paterno de la balada romántica y nos ha taladrado de manera inmisericorde durante por lo menos dos décadas cuando teníamos que escucharlo por culpa del taxista o el micrero de turno. Desconsolado, el coqueto escritor comentó alguna vez cuando se alojó en casa de su hijastro que “habían muchas canchas de tenis, pero ninguna habitación apta para poder escribir”.

 No sabemos si Vargas Llosa terminará como el hombre sólo de la canción. Fue un entusiasta militante de la revolución cubana para pasar a converso rabioso neoliberal. Estuvo casado con una tía. Estuvo casado con una prima. Tiene dos hijos, una hija y media docena de nietos. Es Premio Nobel de Literatura. Recientemente le ha abierto las puertas la academia francesa. Fue candidato a la presidencia y perdió contra un outsider (Alberto Fujimori) de origen cholo japonés, es decir que como político fracasó y cada vez que lo recuerda seguramente sufre de tormentos, y ahora que su última pareja le dijo adiós, tiene que saber, de manera definitiva, que en la vida no todas son victorias del ego, sino que a veces se imponen motivos sentimentales por fuera del control del oficio para escribir, todos los días, en los mismos horarios, con disciplina jesuita.

Hay, sin embargo, un motivo para seguir creyendo en el novelista peruano y para ello hay que leer su última novela “Tiempos recios” (2019) que recrea la Guatemala de los años 50 cuando los Estados Unidos usando a la omnipresente CIA auspició a Carlos Castillo Armas para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz. El neoliberal de las columnas de El País de España, queda aquí suspendido por el autor de ficción que se despacha sin concesiones en una descripción de los métodos intervencionistas y tutelares de los gringos en América Latina. Es que el subconciente colectivo es muy poderoso y con esto queda demostrada una afirmación rotunda de Juan Rulfo “La literatura es una mentira que sirve para decir la verdad” y que el propio Marito enfocaría a partir de su libro de ensayos “La verdad de las mentiras”. Vargas Llosa creyó que escribir dentro la burbuja que le preparó Isabel era posible. Ahora ya sabe porque la cursilería también puede ser literatura.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 31 de diciembre de 2022

viernes, 23 de diciembre de 2022

La asombrosa normalidad de Messi

 

Qatar 2022 ha permitido verificar, nuevamente, que el fútbol se eleva a su máxima expresión de belleza por sobre los escombros que los trabajadores dejan, hasta ofrendando sus propias vidas, en las construcciones de estadios de lujo y comodidades insultantes. Es el capitalismo elevado a sus máximas expresiones simbólicas que nos dice, partido a partido, que para que comience a rodar el balón en los campos de juego, hay que poner por delante la explotación a los migrantes provenientes de la India y de otros países que viven alrededor de ese territorio nacional que de futbolero tiene nada, que discrimina la diversidad de las preferencias sexuales y penaliza al que lleve cualquier distintivo que aluda a la bandera del arco iris de las felicidades alternativas, contestatarias del orden y la ley conservadores.

Qatar es la expresión simbólica de un siglo XXI en el que mandan los petrodólares por sobre las grandes tradiciones históricas y culturales, pero cuando Lionel Messi comienza a desplazarse en las canchas, reingresamos en los pasadisos que nos internan en las patrias del divertimento, del juego, de la celebración por el triunfo o del llanto por la derrota. Que sería de la humanidad sin la posibilidad de que sus seres vivos expresen, apenas nacen, su profunda necesidad interior de aprender a jugar, de compartir, de explorar capacidades creativas para descubrir alguna o para resignarnos a saber de nuestras limitadas destrezas.

Messi ha roto, por lo menos durante casi dos décadas, la monotonía y cierta previsibilidad de los fines de semana y de los partidos en días ordinarios de la Champions League. Nos ha ofrecido un festival continuado y casi indetenible de que hay genios en la vida que nacen para jugar por los millones de hombres y mujeres que apenas pueden hacerlo porque el día a día los conduce al trabajo y al agobio. Y lo ha hecho desde el contradictorio y casi inexplicable lugar de una vida marcada por la normalidad, entendida esta como renuente al estrellato, a los lujos asiáticos, a las extravangancias, al exhibicionismo de la fama y de la fortuna.  Messi ha hecho de la familia su profundo lugar en el mundo, de sus compañeros de juego, el  perfecto argumento del que habla el genial Alejandro Dolina: Se juega al fútbol para hacernos mejores personas, para que nos comprendamos como seres humanos de una manera en que se impongan la solidaridad, el desprendimiento, lejos del egoísmo y la arrogancia individualista. En suma, para querernos entre nosotros, un poquito más.

Desde esa normalidad, sin incidentes mediáticos que caracterizan a tantos rock stars del fútbol de élite, desde su compañera Antonella, desde sus tres hijos, Messi se erige como el hombre más normal catapultado  por su inteligencia superlativa para manejar el balón atado al pie y su genio, a la categoría de jugador histórico, del mejor jugador de  todos los tiempos de acuerdo a la medición masculina tan fálica, que expresa la manía de comparar quién la tiene más grande. No es necesario ir por ahí con Messi. Durante sus dos décadas como futbolista fuera de serie ha ganado por regularidad de rendimiento, por persistencia, ha ganado como el más goleador del Barcelona y la Selección Argentina, ha ganado como el asistidor perfecto  para que sus compañeros la empujen al arco, y también, cuando no ha estado en la mejor de sus formas ha sabido  jugar tan mal, casi desapareciendo del verde césped, para demostrarnos que su genio, su vocación profunda por el juego, emerge desde esa normalidad que nos informa que hasta los más grandes, los  diferentes, los tocados por varitas mágicas, se pueden equivocar y feo, con todo el derecho que les asiste por su simple y sencilla condición humana.

La felicidad que he vivido durante esta Copa del Mundo se llama Lionel Andres Messi Cuccittini. Así como lloré desconsoladamente cuando mi procer del fútbol Diego Armando Maradona, partió de este mundo cruel, lloro con felicidad infantil luego de que Messi me saca de la planicie con un regate, una gambeta, un pase filtrado, un tiro libre perfecto y hasta de un penal marrado. Como bien dijo ese cíclope que tiene por arquero, la Selección Argentina, el Dibu Martínez, “esto es para los 45 millones de trabajadores que no la pasan bien hoy día en mi país”: Una suerte de obrero bajo los tres palos que ataja los penales necesarios para que la patriada conductora de Messi llegue a buen puerto.

Desde mi sensibilidad, el amor al juego es esencialmente prioritario por sobre la heroicidad del triunfo, pero está claro que se ingresa a la cancha para ganar, mejor si jugando como juega Messi con los suyos para demostrarnos que desde la normalidad, pero también desde el rigor de la  protesta contra sus enemigos que lo envidian y amenazan, se puede ser el tipo de la película que hace felices a millones de argentinos y no argentinos, que no dejamos de asombrarnos con sus proezas y su inteligencia suprema.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 17 de diciembre

El asesinato polìtico de Sebastián Moro

 

A la medianoche con un minuto del 10 de noviembre de 2019, el diario Página 12 de Buenos Aires publicaba “Un golpe de Estado en marcha en Bolivia”, nota despachada desde La Paz por su corresponsal Sebastian Moro que también trabajaba con la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). En dicho reporte periodístico, Moro pormenorizaba lo que horas después se materializaría con la “sugerencia” del Alto Mando Miliitar a Evo Morales que hacia el final de la tarde de ese mismo dìa, anunciaba su renuncia a la Presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

En los trece párrafos de la nota escrita por Moro se refieren las condiciones imperantes en Bolivia, caracterizadas por los motines policiales, las insinuaciones militares que luego se traduciría en el derrocamiento de Evo y en el caótico ambiente callejero que tenía a las clases medias conservadoras marchando a paso de parada del brazo de uniformados para escrachar, amedrentar y si se veía  necesario, agredir a los “mugrosos indios” del Movimiento al Socialismo (MAS) que salían a oponerse al cambio de gobierno por la vía de la violencia, la represión y días más tarde a través de las masacres que provocaron 37 muertes en las zonas de Huayllani-Sacaba de Cochabamba y Senkata de El Alto de La Paz.

Hoy, a tres años de los acontecimientos producidos en Senkata, debemos también recordar que a los pocos días de los convulsionados días del golpe de Estado que catapultó a Jeanine Áñez a la presidencia de Bolivia, Sebastián Moro fue encontrado en su casa de La Paz, con marcas en su cuerpo producto de una tremeneda golpiza. Conducido a un hospital de la ciudad, debido a la gravedad y contundencia de las agresiones sufridas, el periodista argentino falleció, tragedia que hoy día tiene a parte de su familia en nuestro país clamando por justicia.

Sebastian Moró vivía en Bolivia y sus credenciales informan que era un periodista comprometido con la defensa de los derechos humanos e identificado con el Proceso de Cambio liderizado por Evo Morales. En el maremágnum de acontecimientos e informaciones, esta penosa e indignante historia no está consignada en mi libro “Democracia interrumpida, crisis de Estado y gobierno de facto en Bolivia”, vacío que repararé como corresponde en una segunda edición prevista para 2023.  

A Moro lo mataron por ser periodista de izquierda, por proclamar abiertamente su identificación con el gobierno del MAS y por trabajar con la principal organización que aglutina a los trabajadores campesinos de Bolivia a través de su medio impreso Prensa Rural y radio Comunidad. Lo mataron los paramilitares o parapoliciales que han vuelto a salir a las calles del Plan Tres Mil de Santa Cruz de la Sierra para saquear, masacrar y violar a sus habitantes, migrantes collas dizque residentes de la ciudad más hospitalaria de Bolivia “bajo el cielo más puro de América”, con el grosero pretexto de defender una fecha para la realización del Censo Nacional de Población y Vivienda.

Ese mismo 19 de noviembre de 2019, este periodista fue víctima de la criminalización mediática perpetrada por los tocayos Peñaranda y Garafulic. En la Brújula digital de Peñaranda se publicó “La diputada masista Susana Rivero y su esposo Julio Peñaloza fueron vistos en el aeropuerto de El Alto este martes, con rumbo a Lima con conexión a México, según testigos que estaban en la terminal aérea” y en Página Siete algo parecido:.”La asambleísta Susana Rivero y su esposo fueron vistos en el aeropuerto. Testigos vieron a la diputada y a Julio Peñaloza abordando un avión rumbo a México.”

En su plan persecutorio, como palanca mediática golpista, el execrable periodismo practicado por estos personajes, no sólo que nos criminalizó seguramente con el objetivo de ser “cazados” como lo pretendía el Ministro de la muerte , Arturo Murillo, con todos los masistas “sediciosos, terroristas y narcotraficantes” sino que publicó una falsedad porque jamás abordamos avión alguno a México. Resulta que nuestro temor a pisar el aeropuerto de Viru Viru nos obligó a buscar otra conexión que nos condujera a Buenos Aires, ciudad en la que artesanos de Caminito salieron en nuestra defensa cuando unas señoronas muy cruceño blancoides se acercaron para agredirnos. Nos habían reconocido gracias a las fotos registradas en el aeropuerto de El Alto y publicadas por Brújula digital y Página Siete, corrijo, Página Miente.

En una de las fotografías publicadas por estos genios de la mentira y la manipulación mediática aparece mi hijo Sebastian, entonces menor de edad. Ni siquiera por eso, Peñaranda recordó que alguna vez (1995) lo había llevado a trabajar al diario Ultima Hora que por entonces me encomendaron relanzar sus propietarios, herederos de Mario Mercado.

Con la rabia y el dolor contenido, porque mi historia es insignificante frente a la tragedia que vive la familia de Sebastian Moro, me sumo a su clamor: ¡Justicia con cárcel para sus asesinos golpistas!




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 19 de noviembre

Bolsotrump

 

El que es WASP desde los Estados Unidos de América pavoneándose hacia todas las latitudes está arreglado de por vida. White (blanco), Anglo Sajón y Protestante son las credenciales que les franquean acceso ilimitado a los dueños del mundo, hacia todos los territorios que les parezca necesario penetrar sin pedir permiso, y que además de haber acumulado obscenos volúmenes de capital y de dominio económico transnacional, ahora salen al ruedo para reafirmar su predestinación étnica, religiosa, de clase y de casta.  Se trata, en buenas cuentas, del modelo Bolsotrump, una suerte de mix genético entre constructor de rascacielos neoyorkino con supremacía fálica -machista, depredador sexual y misógino- y gris ex militar brasileño partícipe de las dictaduras de los 70 con nombre de predestinado: Jair Mesías.

Trump en la meca de la hipócrita democracia de la “unión americana” ha sido el instigador de un intento de golpe de Estado al estilo gorila sudamericano, paramilitares incluidos, averiando la cuidada arquitectura de El Capitolio y Bolsonaro ha dedicado  los cuatro años de su languideciente mandato a sacarse de encima a cuanto negro, maricón, indígena, lesbiana y chica trans que ensuciaba su paisaje,  instalando el odio con método, con vocación de enviado de Dios capaz de generar ovaciones en las iglesias evangélicas de todo el Brasil y que hoy rezan a nuestro señor Jesucristo a fin de que el demonio Lula con su talante de obrero metalurgista pernambucano no llegue a la presidencia por tercera vez, nada menos que para instalar el comunismo y sentar a su siniestra al mismísimo demonio.

El filósofo francés Eric Sadin afirma con lucidez que vivimos tiempos de la tiranía de los hombres dispersos parapetados con anonimato de redes sociales, que nos encaminamos hacia un totalitarismo de la multitud y que estamos en condiciones de presenciar y soportar un fascismo de nuevo tipo con la mercantilización integral de la vida. En este nuevo contexto, determinado por el tecnoliberalismo que nutre sus arremetidas de la mentira-noticia como instrumento manipulatorio y de control social, la democracia es un asunto menor, porque de lo que se trata no es ya de respetar las reglas de juego, reconocer los derechos del otro y jugar al bien común. Los hombres dispersos creen en la palabra de Dios hecha carne y ahí están los Camacho y los Calvo, que ven en el sujeto contestatario histórico popular de la formación social boliviana, el portador del virus que infectará sus jardines exclusivos de vida opulenta, y que ha llegado a este paraíso terrenal, para servirlo, para “muchachearlo”, para tenerlo bajó su bota Dingo si osa levantar la cabeza.

Para que todo esto funcione en Bolivia es necesario el aparato Unitel, Red Uno, El Deber, cadenas de supermercados, exportadores de soya, y constructores que tramitan sus inversiones en las lavanderías del dinero negro. Hay que apellidar Monasterio, Kuljis o Rivero brothers para organizar la mentira y edificar las fachadas debidamente maquilladas para que no se noten los descascaramientos internos, y así tenemos que el paro indefinido producto de una misa de feligreses entre fashions y cunumis, llamada Cabildo, había sido tan selectivo y discriminador como lo son las mentalidades con los que estos émulos del ideal WASP despliegan sus narrativas de la falacia y de la impostura.

Basta mirar los reportes de “último momento” o los servicios informativos de horario estelar de la televisión logiera, para comprobar la forma en que se despliegan relatos con privilegiados del paro cívico que no paran, y en sus fábricas y centros de producción laboral trabajan como si se tratará de trastiendas de universos paralelos. Nada de eso. Que paren los pobres. Que bloqueen las rotondas “nuestros cambas” que son algo así como “nuestros masistas” que por supuesto no son masistas y que tienen devoción por el patrón, por el facho de nuevo siglo porque como bien dijo el borjano beniano Wálter Guiteras, “hombre blanco nunca miente”.  

Una sencilla, pero incisiva investigación periodística, nos llevaría a la comprobación de que el tan mentado modelo cruceño, tal como es concebido por la oligarquía y sus “élites pensantes” es nada más que una bandera detrás de la que se oculta ese acomplejamiento independentista que amenaza con federalismo porque no soporta que la historia de Bolivia se haya construido desde este infumable andinocentrismo por el que han pasado las luchas sociales, los golpes de Estado, los dictadores, los neoliberales con carcasa democrática y toda clase de conservadores. Detrás de ese modelo están los grandes negocios bien tapados por la mentira  y la manipulación mediática,  a costa , siempre, de papá Estado, de las inyecciones de capital provenientes de la corrupción en la institucionalidad cruceña, de la economía ilícita y de una identidad en la que no se admiten, jamás se admitirán, “cruces de llamas con monolitos”. Ahí están. Esos son. Están hechos de un racismo insuperable.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 05 de noviembre

 

 

Cuarenta menos uno

 

El 10 de octubre de 2022 muchos dirán que celebramos 40 años de democracia ininterrumpida. Muchos otros contestaremos que son 40 menos uno. Que en 2019, con el  pretexto de un fraude electoral nunca demostrado, se produjo el derrocamiento inconstitucional del presidente Evo Morales para dar paso a un gobierno que jamás de los jamases podrá quedar inscrito en el registro de la legalidad democrática.

El gobierno presidido  por Jeanine Áñez, fue producto de la violación a la Constitución y a los reglamentos legislativos para convertirse en tal y a continuación ejerció el poder de manera autoritaria, violatoria de los derechos humanos y corrupta. La ex presidenta está en la cárcel, sentenciada a diez años de reclusión por vulnerar la Constitución y las leyes, y su principal colaborador, el ex Ministro de la muerte, Arturo Murillo, también está en la cárcel (Miami, Florida) por negociados en la compra de materiales represivos destinados a  masacrar al pueblo.

Acabo de visionar “Argentina, 1985” (Santiago Mitre, 2022) extraordinario documento cinematográfico que registra la titánica tarea de los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo en el enjuiciamiento y condena de los nueve jerarcas militares argentinos que sembraron  el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, encabezados por  el Teniente Coronel Jorge Rafael Videla. En  el final de su vibrante alegato, Strassera, (personificado por Ricardo Darín), pronunciaría una  frase-consigna que quedará marcada en la memoria histórica de América Latina: “Nunca más”.

No sucedió lo mismo en Bolivia que precisamente en 1985 inauguraba dos décadas de neoliberalismo con la participación de un hermano de sangre de Videla dentro el “Plan Cóndor”, el General Hugo Banzer Suárez, que luego de dejar el gobierno en 1978, después de siete años como dictador, reingresó a la política por la puerta democrática con la fundación de su propio partido, Acción Democrática Nacionalista (ADN), que apuntaló el reajuste estructural dictado desde el Consenso de Washington a través del Decreto Supremo 21060  con el que empezaba a funcionar la democracia de pactos, interviniendo la Marcha por la Vida, dejando sin trabajo a 23 mil mineros y confinando dirigentes sindicales –esa sí que era persecución política de verdad—a la localidad de Puerto Rico, Beni.

En 1985, el gobierno de Raúl Alfonsín respaldaba en Argentina a Strassera y Moreno Ocampo para enjuiciar y sentenciar a los militares golpistas genocidas. En 1985, el cuarto gobierno de Victor Paz Estenssoro firmaba en el Palacio Quemado de Bolivia, el Pacto por la Democracia, reeditando lo que fuera en 1971 el golpista Frente Popular Nacionalista (FPN) encabezado por Banzer con la participación de las Fuerzas Armadas, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Falange Socialista Boliviana (FSB).

En mis cuarenta años de periodismo, vale decir en los cuarenta años de democracia menos uno, no se me pasó por la cabeza que volveríamos a tener en Bolivia, otra vez, golpistas con distintas jerarquías y diferentes intensidades de actuación. Estaba convencido de que el último gran enemigo de la democracia y sus libertades ciudadanas se llamaba Luis García Meza, pero en 2019, fui desmentido por una realidad lacerante con el regreso de las fuerzas militares y policiales a las calles para perseguir, amedrentar, apresar indebidamente, sembrar pruebas incriminatorias, esta vez , contra los actores de la esfera popular boliviana que cometieron sacrilegios tales como los de hacer flamear wiphalas en las carreteras y en las barricadas oponiéndose a la llegada de los golpistas de nuevo Siglo que entre los desmanes, torpezas, y crímenes cometidos, demostraron por qué Bolivia, entonces, había dejado de ser democrática, a pesar de la vigencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional presidida en sus dos cámaras por representantes del MAS, que estuvo a muy poco de quedar políticamente intervenida y clausurada por el gobierno de Áñez y sus esbirros.

Quienes se llenaron la boca de virtudes democráticas desde 1982, terminaron tan golpistas como sus antecesores y mentores político ideológicos. Así, Tuto Quiroga termina su carrera política tan golpista como el Gral, Banzer. Lo mismo que Oscar Ortíz. Lo mismo que el hijo de un falangista del golpe de los 70, hoy gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho. Lo mismo que Carlos Mesa, el vicepresidente de Sanchez de Lozada, adorador de Paz Estenssoro. Lo mismo que Samuel Doria Medina. Lo mismo que Waldo Albarracín. Lo mismo que Rolando Villena (+). Lo mismo que curas católicos como Monseñor Eugenio Scarpellini (+).

Hay que recordar por estos días a los auténticos luchadores por las libertades ciudadanas, y en este último tiempo, a quienes, desde las carreteras y las organizaciones sociales se movilizaron para recuperar a través de elecciones producidas en 2020, la senda de la democracia con gobernantes electos por el pueblo.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 08 de octubre

Enemigos

 

El juego diplomático que permite diferenciar a enemigos de adversarios funciona cuando en el corazón de una sociedad no se encuentra instalado el odio. Eres mi adversario en la cancha y cuando termina el partido podemos tranquilamente tomarnos un par de cervezas en el mejor plan, intercambiando criterios y argumentando con serena civilidad nuestras diferencias. Sería ideal que así funcionara la pluralidad democrática, pero desde que el exitoso progresismo latinoamericano, desde que los triunfantes líderes de nuestra izquierda con fuerte acento nacionalista demostraron que el Estado podía ser el motor de la equidad y de la estabilidad económica y social, los odiadores antimasistas, antichavistas y anticastristas cargaron las tintas, y tantas veces los bates de beisbol y las armas de fuego para eliminar en modo asesinato político, a indigenas, negros, homosexuales, chicas trans y otras identidades alternativas anti sistema. Referencias: Donald Trump y Jair Bolsonaro.

En buenas cuentas, sentimos el odio soplándonos las nucas durante los cruentos días del golpe de Estado encabezado por Mesa, Camacho, Áñez, Murillo, Ortíz, Carvajal y toda esa cáfila de fracasados electorales que viven en modo masturbatorio, que ya bastante debilitados continúan buscando dónde se encuentra la pócima para hacer del MAS el cadáver necesario a esos intereses que pretenden contradecir la resistencia popular, las luchas sociales, la defensa de los recursos naturales, y  las batallas por imponer una legítima autodeterminación que nos permita prescindir por más de una década de Embajador o Virrey de los Estados Unidos y se le diga No, con firmeza ideológica y claridad técnica, al Fondo Monetario Internacional (FMI).

No hay fuerza imperial que pueda doblegar la historia emancipatoria de obreros, campesinos e intelectuales progresistas y como comprueban a diario cómo se acabaron sus privilegios de clase, los neofascistas salen de sus madrigueras con toda la violencia impulsada por su odio obsesivo y esos,  por supuesto que no son adversarios, son nuestros enemigos en nombre de la historia, la liberación nacional y la lucha por una vida digna y justa para los de abajo.

El editor- operador de una página digital que publica una fotografía en la que aparezco, con fines de persecución y linchamiento no es un adversario de ideas, es mi enemigo con el que no hay reconciliación posible. Ese mismo editor y operador de los gringos, que para guarecerse bajo un paraguas gremial hace sana-sana con la periodista que escribió contra el, por haber defendido a un feminicida sigue siendo mi enemigo con el que reconciliación es una palabra inexistente, aunque alguna vez yo le consiguiera trabajo como jefe de redacción en un diario. La presidenta de Derechos Humanos que dice que un puñado de motoqueros que golpean “masistas” es una “resistencia necesaria”, no es mi adversaria es mi enemiga. El supuesto periodista de El Deber que escribe en su cuenta de Twitter que al magnicida frustrado de Cristina Kirchner “le falto ensayar”, no es mi adversario, es mi enemigo, porque sus palabras lo evidencian como a un fascista que considera que la eliminación física es el camino para recuperar el orden conservador y excluyente.

No hay proceso político consistente y coherente si no se tiene claro quién es el sujeto histórico y quienes son los enemigos que siempre han perseguido a ese sujeto histórico para acallarlo en forma de masacres militares y represiones policiales como ha sucedido en Sacaba-Huayllani, Senkata y El Pedregal. Mujeres y hombres haciendo flamear wiphalas en las carreteras son enemigos de la reacción, del neoliberalismo derrotado y del racismo, ese que produjo 37 muertos en noviembre de 2019, y que insisten de manera delirante que no fueron producto de un asalto al poder que aquí y en cualquier otra galaxia se llama Golpe de Estado.

A los enemigos que no soportan que en la historia de Bolivia nadie podrá quitarnos lo bailado con el empoderamiento de lo indígena originario campesino hay que combatirlos todos los días, con la fuerza de las ideas y la contundente demostración de las verdades históricas que nos constituyen y desde 2006 potencian nuestra pluriidentidad, y nuestra voluntad de nunca más someternos al tutelaje de los que se llevaron siempre nuestras riquezas a insultantes precios de gallina muerta, gracias a cipayos como Paz Estenssoro, Banzer o Sánchez de Lozada.

Este es un alegato desde la izquierda. Desde el periodismo con identidad y absoluta claridad ideológica. No vamos a atacar a nadie. No vamos a buscar revanchas que envilecen y degradan el espíritu, pero si vamos a seguir combatiendo, con nuestra palabra crítica y nuestro compromiso con las mayorías que forman parte del campo popular, a todos esos cultores del odio, muchos de ellos pretendiendo pasar por periodistas, que han hecho de ese odio y la persecución en sus variadas formas, su modus vivendi. No son adversarios, son nuestros enemigos.



Originalmene publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 24 de septiembre

Cómo pasar a la historia

Muchos años antes de su muerte, Fidel Castro, el comandante eterno de nuestra Cuba revolucionaria instruyó con claridad y determinación que no quería su nombre y su efigie en ninguna obra material. En otras palabras, decidió que su nombre quedara tatuado en corazones y entrañas por decisiones estrictamente personales, así como tuvo que sorprenderse cuando su legendario rostro barbado fue dibujado para siempre en la pierna izquierda de Diego Armando Maradona.

Fidel ha pasado a la historia como el líder de una obra humana heroica y conmovedora para los progresistas del mundo y como el autócrata demonizado por los conservadores y los creyentes defensores de la tramposa democracia plural del mundo capitalista.  Esa obra se llama Revolución y todavía sigue siendo bloqueada por los sucesivos e imperiales gobiernos de los Estados Unidos que no pudieron, ni con 638 intentos de asesinato, eliminar la consigna histórica ¡Patria o muerte! que ya ha trascendido la misma existencia de ese abogado graduado en la Universidad de La Habana y que ha gobernado un país –transformándolo-- de manera contínua durante más de medio siglo, y que en el ranking de permanencia en el poder, sólo queda detrás de Lilibeth, la Reina Isabel Segunda del Reino Unido, que ha fallecido luego de siete décadas ostentando la corona en forma de sombreros de colores desde el palo de rosa más delicado hasta el amarillo más chillón.

Guardando las distancias, en nuestros pagos, el presidente Luis Arce acaba de entregarle el Cóndor de los Andes a la inmensa y entrañable Matilde Casazola, poeta y cantautora que ha consagrado su vida a escribir y a cantar, y que es parte del  patrimonio histórico cultural de Bolivia. A sus once años ganó un premio de Juegos Florales, lo que significa que viene dedicada a la música y a la poesía, siete décadas. ¿Cómo pasará a la historia nuestra Matilde? Simple y llanamente con sus canciones que se podrán seguir escuchando con emoción ahora y después.

 

Leo la biografía de Fidel escrita por Katiuska Blanco y compruebo que la desinformación sobre la revolución cubana, la invisibilización de las grandes transformaciones producidas en la Isla se debe a una estrategia perfectamente articulada por los grandes aparatos mediático ideológicos de Occidente, que han pretendido estereotipar y frivolizar la figura del líder, de la manera en que se van edificando los legendarios personajes del comic, a los que siempre considero agentes de la CIA, provistos de magia y espectáculo cinematográfico de alto vuelo en materia de efectos especiales.  Veo la serie televisiva “The crown” en sus cuatro temporadas, y compruebo la importancia identitaria, cultural y geopolítica de Lilibeth, mandamás de una casa real donde se imponen costumbres enraizadas por varios siglos y que por supuesto provocan gestos de admiración y respeto, así como de rechazo e indignación de quienes consideran a las monarquías , artefactos estatales vetustos, anacrónicos y que deberían ser definitivamente abolidos. Y escucho a Matilde Casazola, a través de su propia voz, y de muchas otras “Desde lejos yo regreso/ Ya te tengo en mi mirada/ Ya contemplo en tu infinito mis montañas recordadas/ Desde lejos, desde aquellos horizontes que se escapan/ Hoy regreso a tu infinito Pachamama Pachamama”. Y así, uno va construyendo su propia memoria histórica, archivo de la vida para compender y sentir los entrecruzamientos de pasado-presente-futuro.

Recodaré siempre a Fidel como al líder más importante de la historia de América Latina. Al líder de los pobres, los obreros y los campesinos triunfantes desde 1959.  A Lilibeth como la jefa de Estado en que los contenidos y formas fueron importantes en las mismas proporciones. Y a Matilde la leeré, la escucharé, a través de su propia voz y y de otras tantas que han multiplicado su talento para la palabra y la música.

Uno recuerda a los personajes de su propia vida, como ellos mismos van construyendo, tantas veces de manera subconciente, cómo quieren ser recordados.  Y ahora que está metido en una “champa” guerra, de esas que la mayor parte de las veces terminan en anécdota, no recordaré a Evo Morales por estas nimiedades, y como no parece empeñado en proyectar su imagen en plan trascendental, será mejor que cada uno decida con que pedazo de Evo se queda. Yo me quedó con el marchista de las carreteras, el propiciador de la inclusión social definitiva y revolucionaria de la Asamblea Constituyente, y el nacionalizador de nuestros recursos naturales, con los que Bolivia comenzó a caminar por los senderos trazados por indígenas, campesinos, y trabajadores de las ciudades. En otras palabras, con el mejor Evo, con el que supo hacer de su presidencia, el escenario para la emergencia única e irrepetible de los de abajo, como nunca antes se pudo en nuestra historia colonial y republicana.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 10 de septiembre

El periodismo golpista quiere volver a la carga

 

 La condescendencia ya es mucho premio para ese puñado de impunes agazapados en los medios de comunicación de la derecha que vuelven a tantear posibilidades de ir otra vez a la carga contra quienes no comulgamos con su excluyente visión de país,  y para ello se ensaña contra los periodistas más serenos y tolerantes de Bolivia. Acaba de suceder con el rabioso Los Tiempos de Cochabamba que no ha dudado en publicar una fotografía del colega y compañero Freddy Morales, corresponsal y representante legal de Telesur en Bolivia. Lo ha hecho fiel al estilo de la persecución política, juidicial y mediática con la que se actuó en el gobierno de facto presidido por Jeanine Áñez, en plan criminalización e incitación al linchamiento. Estos personajillos son los que le abrieron las puertas a ese fascista español de nombre Alejandro Entrambasaguas, que entre sus proezas figura el apresamiento, el encadenamiento a una cama de hospital y la tortura contra la empresaria Lorgia Fuentes a la que le inventó desde un amante ministro hasta negocios que jamás hizo con el gobierno del MAS.

No señores de Los Tiempos, no es delito firmar un contrato por pauta publicitaria otorgado por el gobierno de turno. Es un derecho que se ejerce como todo el periodismo empresarial conservador de Bolivia lo hizo durante toda la noche neoliberal y al que nunca se le cuestionó, desde ninguna esquina, las generosas pautas que firmaba con los gobiernos de Paz Zamora, Banzer, Tuto, Goni, y Mesa. Se firmaban contratos por aquí y por allá, incluida la incorporación de un comentador de noticias como candidato a la Vicepresidencia en 2002.

Los antecedentes de la persecución ejercida por los Peñaranda boys y las Cajías girls durante el tenebroso e inepto gobierno de Áñez han sido debidamente registrados en distintas publicaciones –se han publicado 21 libros sobre el golpe y el gobierno de facto de 2019-2020—y contra ese inventario no hay nada que negociar. Se dedicaron a fomentar la difamación, la calumnia y las noticias falsas. Accedieron a información confidencial de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) para hacerla pública, cometiendo delitos de manera confesa y ahora se encuentran abocados a decidir cómo se debe o no procesar a un locutor metido a gerente de la televisión estatal que también violó la norma, realizando una indebida contratación de un ciudadano que no cumplía con los requisitos para acceder al cargo que finalmente se le entregó: Presentador en pantallas.

A estos reaccionarios, de redacción plana y carentes de estilo, les encanta traficar fotografías como acaban de hacer con una de Freddy Morales. De esa manera alimentan el morbo de quienes ven en periodistas “zurdos”, a los engendros del demonio, los malvados comunistas que quieren arrebatar propiedades privadas, que sueñan con regímenes como los de Cuba y Venezuela. Ya quisiéramos en Bolivia una educación y una salud como las cubanas y unas políticas de defensa de la mujer y de igualdad de género como la venezolana. Ojalá algún día pudiéramos alcanzar logros tan significativos que favorecen la calidad de vida de las mayorías.

Enfilo el cierre de este texto sabatino, a minutos de haber concluido la marcha convocada por el Pacto de Unidad en respaldo al gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca. Los mentirosos de siempre, ya están afanados desde sus diarios, sus programas televisivos y espacios radiofónicos en desviar la atención de la noticia principal: Según el Secretario Ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB) la marcha realizada el jueves 25 de agosto ha superado en participación a la larga marcha realizada en 2021. Sobre el asunto dirán lo de siempre, son tan previsibles que es fácil recordar sus muletillas: El MAS obligó a la administración pública, se financió con dinero del pueblo, la gente que llegó de las zonas rurales recibió dinero para participar y algunas majaderías más que forman parte del catálogo de la mentira que ahora si toma forma cartelizada de operar. Parecen empeñados en terminar de darle razón a Juan Ramón Quintana que hace algunos años los etiquetó como “Cártel de la mentira”.

Mentirosos. Inescrupulosos. Productores de noticias falsas. Financiados por agencias estadounidenses especializadas en tutelaje e injerencia. Simplificadores de la realidad. Prejuiciosos. Racistas. Y en el gobierno de facto, traficantes de información financiera confidencial publicada gracias a sus privilegiados contactos con los tiranos y represores del gobierno de Áñez. Son lo que se autoproclaman independientes, objetivo e imparciales. Una cáfila de impostores que ven a sus colegas situados en la vereda izquierda como enemigos. Nosotros somos sus enemigos y por eso publican fotos de incitación a la violencia pitita. Para nosotros, ellos son enemigos, pero no sólo de nosotros, periodistas, sino de la causa nacional popular a partir de la cual Bolivia es gobernada desde 2006.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 27 de agosto

 

 

La capitulación chavista

  Desde el viernes 27 de febrero, Bolivia se ha convertido en un país serie B. Se trata del último cherry comunicacional que ha terminado po...