El día que Evo Morales mandó por un tubo el proyecto político que liderizaba y que había tenido fortaleza y consistencia hasta 2015, me propuse construir una narración acerca del primer intento progresista del nuevo siglo con ambiciones transformadoras, de incorporación de los colectivos sociales del país a la construcción de eso que pudo haber sido la edificación de una nueva sociedad, pero que quedó interrumpido por decisiones y hechos que figuran en esta novela política que con el título de “El comunista del flequillo metálico” transcurre desde tiempos de dictadura militar, pasando por una aventura subversiva, tiempos de neoliberalismo, y la llegada hacia la cúspide del poder con un proyecto nacional popular que terminó naufragando e interrumpiendo un trayecto que prometía consolidarse en tiempo y espacios.
Entre 2020 y 2025 escribí un libro de historia y geografía.
De historia política de ficción porque todos los personajes protagónicos son
producto de mis arbitrarias decisiones, desde los nombres puestos a cada uno de
ellos hasta las maneras con las que se desenvolvieron antes, durante y después
de haber administrado el poder. Y en su doble funcionamiento narrativo se trata
también de un texto de geografía de no ficción, en tanto el territorio en el
que transcurren los acontecimientos es de realismo documental, debido a que
aparecen alternando con los personajes inventados, desde el ejercicio de sus
roles en la vida pública boliviana, coroneles, generales, intelectuales,
empresarios, presidentes, dictadores, demócratas, indios, cholos, y señoritos.
Compañeras de lucha, académicas, concubinas, madres, esposas e hijas.
La formación ideológica y la autoconstrucción de una
conciencia social y política caracterizan a Marcelo Alba Prada, el personaje
principal de esta narración como guía de trayectos, acciones, decisiones y
ejercicio del poder. Alba Prada es un
comunista de convicciones que se encuentra con una estructura institucional que
nada tiene que ver con los proyectos socialistas y progresistas, desde los
deformados como el de la URSS de Stalin hasta los soñados desde las identidades
plurales de América Latina, y con ese escenario enfrenta el desafío de ayudar
al presidente indio al que ha acompañado en una épica aventura electoral que
catapulta por primera vez en la historia de Bolivia a un líder sindical y
político que representa a los que hasta entonces habían mirado desde afuera, gran
parte de ellos desde la marginalidad social, el derrotero de un país que ya
sabemos, son dos, como lo definiera en su tiempo Fausto Reinaga.
Las asociaciones de los personajes de ficción con los de
carne y hueso serán inevitables, sobre todo por los lectores medianamente
informados, conocedores de los acontecimientos nacionales de las últimas
décadas, asunto que por supuesto me negaré terminantemente a reconocer, porque
como periodista y narrador he puesto el foco en que los lectores le otorguen la
importancia y la trascendencia que corresponde al proceso vivido por una nueva
generación, por encima de las personalizaciones, que ha crecido de la infancia-adolescencia
hacia la juventud con un solo presidente que en veinte años comenzó
reverenciando al dios Inti y terminó autodesplazado hacia la sombra callejera
de hace treinta años.
El 1de junio de 1982 se publicó mi primer texto periodístico, la lectoescritura sobre “Dersú Uzalá” (1975), prosa poética cinematográfica de Akira Kurosawa. A 44 años de iniciada mi andadura periodística, ponemos en consideración esta propuesta periodístico literaria respaldada por la Editorial Subterránea que será presentada el martes 21 de abril a las 19:00 en la Casa Museo Inés Córdova – Gil Imaná con la participación de Pedro Susz y Jorge Richter, quienes tendrán a su cargo comentarios y apuntes acerca de esta historia que tiene en el centro de los acontecimientos que relata, a un personaje con el que recorremos desde los años 60 hasta la segunda década del siglo XXI, la siempre cambiante historia política de un país que quiere ser uno desde las identidades de sus mayorías populares y otro desde las élites empresariales y corporativas que funcionan con el chip del Estado monocultural.
“El comunista del flequillo metálico”, Marcelo Alba Prada, es un personaje concebido desde la información de los perfiles de varios políticos del continente con perfil progresista, desde el coqueterío y la polenta de trabajador minero de Juan Lechín Oquendo hasta el compromiso social pragmático de Andrés Manuel López Obrador. Sus iniciales ímpetus guerrilleros se van transfigurando en rasgos de sólida formación téorica y en el convencimiento de que los indios y las indias de Bolivia tenían que llegar algún día al poder, eso sí, con su indiscutible dirección estratégica.
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