Son tiempos de absurdo. Ya
ni siquiera de pequeñas cosas. Son tiempos en que a la mañana temprano tememos poner
al límite las bujías de los motorizados que supuestamente nos deberían llevar a
hacia algún lugar. Nada. Primero hay que bregar para que la maquinaria admita
el combustible que nos tiene enfrascados en un debate que no se puede creer. El
sábado, ya cuando el auto pudo funcionar, escuché un programa de radio, de esos
antiguos, vetustos, aburridos, en el que se alternan tres monólogos en dos
horas. La perorata repleta de obviedades giró en torno a cómo habíamos llegado
hasta aquí, como es que Bolivia vive hoy en un contrasentido en el que se
duplica el precio del litro de gasolina y a cambio se obtiene mierda.
Coincidencia total con coartada en pleno funcionamiento: Todo este descalabro
tiene origen en los gobiernos de Evo-Arce y en una conspiración internacional
nunca antes vista.
Samuel odia a Tuto. Pero de
verdad que no lo quiere ni un poquito. Y eso que fue su Subsecretario de Inversión
Pública y Cooperación Internacional (1991 – 1993). Tuto odia a Evo. No le
perdonará que directa o indirectamente le venga impidiendo ganar elecciones
desde hace 20 años. Rodrigo no odia a nadie, quiere a su familia con imagen
Ingalls, a Dios y a una patria que hasta ahora no logramos desentrañar en que
consiste por repetición-eslogan: Bolivia es Bolivia, Bolivia, Bolivia y cuando
se emociona en extremo es Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia,
Bolivia, Bolivia, Bolivia. Es decir, Bolivia nueve veces, no diez, porque si
así fuera difícilmente habría decidido ir a pronunciar un discurso de
conmemoración del 23 de marzo (pérdida de nuestro Litoral en la guerra de 1879)
en Puerto Quijarro frontera con Corumbá, allá lejos, lejísimos del Pacífico y
de la frontera en la que el flamante presidente chileno nos está poniendo un
muro porque, desde la frontera, no puede ni vernos. La respuesta al
pinochetista Kast es, aunque primero lo dijo Tuto, “nosotros construimos
puentes, no zanjas”. ¿Será?
En el país que no furula, el
más astuto de todos se llama Branko Marinkovic, que en su condición de Senador
ha logrado materializar la ley 157 de la mediana propiedad “con el objetivo de
hacer de manera voluntaria y gratuita que se pueda acceder al crédito bancario”
como si los pequeños propietarios a los que se va a afectar tuvieran las
espaldas y la musculatura de someterse a las condiciones impuestas por los
intereses que maneja el sistema financiero. Sobre el tema: Mutis por el foro a
cargo de los propagandistas pendientes de recibir la pauta publicitaria que hasta
ahora no llega. Mientras tanto, la Fundación Tierra ha advertido que “lejos de
beneficiar a pequeños productores, (la disposición legal) favorece al sector
agroindustrial y facilita la reconcentración de la tierra.” El que quiera
informarse sobre el tema que ni se le ocurra pensar en que el asunto tendrá
cobertura en los medios hegemónicos. Ya los conocemos: Sus lógicas se
comprenden a partir de lo que esconden, no de lo que informan.
En el país que no carbura, hay
información que permite asegurar que la tan condenada lógica familiar de los
Arce en el ejercicio del poder, no ha dejado de funcionar y que si hay algo
intacto es el modelo de importación de combustibles con un aparato técnico
burocrático difícil de sustituir si se tiene en cuenta que el presidente Paz
asumió el cargo sin aparato político, sin militancia que lo arrope, sin
cuadros, sin presencia regional, sin bancada parlamentaria debidamente conformada
y por lo tanto sin actores capaces de tomar el control del funcionamiento del
Estado tal como hacían en tiempos de partidos políticos definidos y organizados,
Paz, Estenssoro, Sánchez de Lozada, Banzer y hasta el mismísimo Paz Zamora.
Para completar la falta de
carburación nacional el pasado 22 de marzo se han realizado unas elecciones subnacionales
que a estas alturas son el peor desaguisado en estos 46 años de historia
electoral boliviana. Facilitados por las reglas del juego, de los partidos ya
sólo quedan siglas en alquiler, y de las agrupaciones ciudadanas, lo mismo. De
esta manera hemos asistido a una hemorrágica contienda de personajillos que han
saturado las papeletas de votación por sus características de desconocidos,
innombrables, caricaturescos y despistados candidatos a gobernadores, alcaldes,
consejeros y concejales. En este contexto, Tuto, la voz cantante de la
narrativa política en estos tiempos de absurdo dice que el señor Edgar Uriona,
propietario de Nueva Generación Patriótica (NGP) “es un infeliz”, porque desde
Washington ha instruido romper con el candidato René Yahuasi, cobijado bajo su sigla, quién tiene derecho a
terciar en la segunda vuelta para intentar llegar a la Gobernación de La Paz.
Uriona acusa a Yahuasi de
ser caballo de troya de Evo Morales y por ello decidió retirar a NGP de su
participación en segunda vuelta, lo que significará que Luis Revilla, luego de
perder frente a los votos nulos y blancos, está a punto de ser coronado
gobernador de La Paz, con apenas cien mil votos, algo más del 20 por ciento del
total electoral del departamento, y así tendremos que con una ley electoral que
presenta grandes vacíos y una ley de partidos políticos urgente de revisión y
enmiendas, el Tribunal Supremo Electoral podrá concluir una faena basada en la
letra muerta de la legalidad, pasando por alto la legitimidad con la que
presuntamente se debe conseguir ser elegido.
Mientras el centro del
planeta se encuentra hoy en el Estrecho de Ormuz, allá por donde pasan-no pasan
los grandes navíos que llevan-traen petróleo, el precio internacional del
barril se ha disparado conforme Trump nos va regalando a diario nuevos episodios
de su psicopatía y desbocamiento en el que China está ganando una guerra en la
que no participa y por supuesto no necesita disparar un solo tiro. Sobre los
vaivenes del mercado internacional, ya comenzaremos a enterarnos que el precio
del litro de la gasolina que destroza los motorizados bolivianos, puede
automáticamente quedar nuevamente subvencionada. Sucede que mientras el
acontecer multilateral va a velocidad turbo, nosotros podemos a duras penas,
poner a funcionar nuestros autitos, todas las santas mañanas de un país con
señales de una penosa desmotivación.
Originalmente publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 06 de abril
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