Fueron casi dos décadas de
pataletas a veces descontroladas de quienes nos vendieron por años que sin la
ayuda norteamericana -y por supuesto que sin su tutelaje—Bolivia estaba
condenada a morir huérfana y desconsolada. Esos mismos, los que repiten
llegando al hartazgo que Bolivia tenía que dejar de ser “socialista”, que el
MAS había destruido el país y lo había conducido a la bancarrota, saben que
mienten. Por eso ahora, en lugar de referirse a los líos en los que anda metido
el gobierno, por azares de la naturaleza y por errores propios, esos mismos,
miran para otro lado y deciden, como siempre, no incorporar a sus agendas
corporativo mediáticas, lo que de verdad está padeciendo el país.
Conectada con China y Rusia, con
la osadía de haber realizado una gigantesca reunión multilateral en Santa Cruz
de la Sierra (G 77 mas China, 2014) para la que se abrió una nueva y ancha
avenida alternativa a “la Banzer”, Bolivia redujo sus relaciones con los
Estados Unidos a la mínima expresión, llegando a un histórico gesto soberanista
con la expulsión del Embajador Philip Goldberg, quién andaba en conspiretas de
Media Luna, terminó declarado persona non grata y Bolivia siguió su camino. “La
patria” no se murió de hambre y menos de pena, considerando que hay un
sentimiento nacional popular antiimperialista que proclama invariablemente
“yanquis go home”, aunque ahora se note poco.
En esa perniciosa manía de
comenzar de cero, cada vez que llega un gobierno de nuevo color partidario y
visión económica restauradora del neoliberalismo, se decidió el regreso de esa
política de eslogans que pegó en la gente con cierto éxito: “Triple empate.”
Bolivia, país de ganadores”. “Fueron errores no delitos”.
Transcurridos 35 años de ese
neoliberalismo que se embarrancó a principios de este siglo, el eslogan de
nuevo tiempo dice que “estamos poniendo Bolivia en el mundo”. Este último
sábado 18 de abril, siguiendo con puntillosa disciplina el eslogan me puse a
buscar en que lugar de ese mundo estaría Bolivia. Pues bien, llegué a la
conclusión de que en ninguno, porque en la cumbre progresista realizada en
Barcelona a la cabeza del presidente de España, Pedro Sánchez y del presidente
Lula del Brasil, nuestro querido país brilló por su ausencia, mientras el ex
presidente de Chile, Gabriel Boric, figuraba en la mesa principal de las
deliberaciones y Argentina dijo presente con una delegación a la cabeza de Alex
Kicilof, gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
Después de haber gobernado
durante veinte años, con el interregno golpista de Áñez en 2019 – 2020, la
izquierda boliviana, esa izquierda de ninguna manera socialista tal como creen
entender el socialismo los que no lo entienden porque no saben de que va, pero
sí indígena y campesina, se ha borrado de un plumazo de la deliberación
pública, mientras el gobierno vigente está en el mundo que quiere estar: Apoyo
al gobierno israelí de Benjamín
Netanyahu con su voto en contra de la presencia de agencias de Naciones Unidas
para verificar los alcances de la tragedia de Gaza --sólo 12 países ostentan
semejante “orgullo”, entre ellos el nuestro-- y alineamiento con las
administraciones del continente que el pasado 7 de marzo fueron a cuadrarse de
pie, mientras el psicópata naranja aparecía como dando instrucciones muy bien
sentado en Doral, Miami, desempolvando la Doctrina Monroe.
A partir de entonces, los deberes
del gobierno estrenado hace cinco meses tienen que ver con el establecimiento
de una buena sintonía con el Secretario de Estado, Marco Rubio, reuniones con
el FMI y el Banco Mundial, porque hasta el servicio exterior prolonga sus
dificultades: Los funcionarios y funcionarias bolivianas de nuestras embajadas,
han sido notificados que ante la falta de dólares y “hasta nuevo aviso”, sus
salarios serán pagados en bolivianos, que no se sabe cuánto podrán servir en
Argentina, España o Japón.
Bolivia tuvo presencia en la
esfera internacional multipolar en los gobiernos de Evo Morales y debilitó su
presencia hasta límites mínimos en el de Luis Arce. El nuevo gobierno,
retornando a las viejas relaciones de sujeción bilateral con Estados Unidos es
parte de esa docena de países en el sistema de Naciones Unidas, que con su
silencio, y en algún momento con su voto, da su respaldo al gobierno Israelí fuertemente
conectado con la administración Trump que ya ha tenido que asumir que el mundo
dejó ser bipolar hace casi cuatro décadas y que jamás tendrá argumentos para
afirmar que le ha ganado la guerra a Irán que con el manejo del Estrecho de
Ormuz viene desquiciando, más de los desquiciado que ya está, a ese voraz
depredador de la “Democracia Epstein”.
¿En qué mundo está inserto
Bolivia? Mientras no se discuta el destino de los nuevos hallazgos de gas, el
litio y las tierras raras, en tanto no asomen las cabezas de los inversionistas
decididos a aterrizar en nuestros territorios, Bolivia continuará su camino
funcional y obediente en la ruta trazada por ese tándem de la violencia, la
destrucción y el exterminio conformado por la esperpéntica dupla Trump –
Netanyahu. Por ahora Bolivia está en el mundo, sin estar.
Originalmente publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 20 de abril
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