El día en que Samuel Doria Medina
decidió hacerse tiktokero, a sabiendas que la lluvia de críticas,
ridiculizaciones y expresiones de vergüenza ajena llegaría en algún momento, el
otrora industrial cementero y ahora empresario inmobiliario, no sospechaba que
su apuesta por sumergirse en las redes sociodigitales se convertiría en bumerán.
Prescindiendo del que dirán, a pesar de tantas advertencias y prevenciones,
Samuel persisitió como suele hacerlo sólo el y construyó una legión de
seguidores con los que, suponemos, estaba convencido de que había logrado
acumular un capital social que a continuación se convertiría en capital
electoral.
A Doria Medina lo hicieron pedazos por esos actings
que armaba con el propósito de conectar con los que vislumbraba, se
convertirían en sus fieles votantes, pero no sospechaba entonces que ese mismo
instrumental tecnológico alojado en la enredadera internet, se volvería contra su
genio y figura. En efecto, en el tramo final de la carrera por la presidencia
en agosto de 2025, los nuevos expertos de la consultoría política
sobreentrenados en operaciones electorales cibernéticas que en el pasado se
llamaban guerra sucia y hoy se denominan campañas de contraste, se encargaron
de meterse con la vida personal del candidato de Unidad que involucra a la
familia, amigos, amigas, y trabajadoras que alguna vez prestaron servicios en
algunas de sus empresas.
Se trató de una guerra intensa,
feroz, despiadada y antiética por donde se la vea, desprovista del mínimo pudor
de los autores intelectuales de semejante movida y los ejecutantes expertos en
el armado de granjas de bots, lo que generó como consecuencia que quién
aparecía casi invariablemente punteando las encuestas, terminara tercero, y
quedara afuera de la segunda vuelta: Las redes y su potencia para sumar
ciudadanos a un proyecto político se transfiguraron en el arma destructora de
las ambiciones y el largo sueño presidencial de Doria Medina.
¿Quiénes estuvieron detrás de tan
demoledora estrategia? Por supuesto que los adversarios que necesitaban sacarlo
del camino para ganar, o por lo menos para conseguir uno de los dos primeros
lugares que conducían al primer balotaje de la historia electoral boliviana.
La persecución en las redes
practicada contra Doria Medina no tomó cuerpo en los medios de comunicación
donde todavía son personas con intereses basados en agendas predeterminadas las
que deciden qué se publica y qué se esconde como basura bajo la alfombra y eso
es lo que precisamente le está pasando ahora a la estación televisiva Detrás de
la Verdad (DTV) que funciona bajo directrices unipersonales de su
propietario-periodista Junior Arias. Por supuesto que lo de Arias no se parece
en nada a lo que padeció Doria Medina, porque aquí se trata de una persecución
naciente de las necesidades de censura y conculcación de la libertad de informar.
Sucede que Arias, respaldado por
fuentes documentales que acreditan sus investigaciones, empezó a develar hechos
con olor a gato encerrado: Las 32 maletas llegadas a Viru Viru que pasaron sin
revisión, los confusos allanamientos a las propiedades del narcotraficante
Sebastián Marcet con objetos que aparecen y desaparecen, los contratos con
presunto sobreprecio para la compra de combustible a cargo de la gestión de
Yussef Akly como presidente de YPFB.
A diferencia de Doria Medina, la
fortaleza de Arias pasa por su ejercicio periodístico en una estación
televisiva de la que es dueño. Como resulta imposible bajar la señal televisiva
de DTV, algunos geniecillos, serviciales al poder político de turno, buscaron a
expertos en hacer desaparecer las páginas de DTV de redes sociodigitales. Los
encontraron en México y estos, ágiles y eficaces, le tumbaron cuatro cuentas a
la estación televisiva que amplifica y sostiene sus contenidos en Facebook y
afines. En las últimas horas se ha sabido que lo mismo les sucedió a las
cuentas de María Galindo de Mujeres Creando que tiene su fortaleza en radio
Deseo y a Horacio Martínez que difunde a través de streaming “Sin mordaza”. Queda
claro que la mordaza digital está funcionando a toda máquina.
La persecución cibernética ha
resultado más eficaz que cualquier persecución practicada contra los medios.
Cuando se trata de atacar la libertad de expresión, los medios amparados aunque
bajo un vetusto ordenamiento jurídico en la materia, exhiben fortaleza para
defenderse, pero si el asunto se maneja en las redes de Zuckerberg y Elon Musk, la vulnerabilidad se
multiplica en progresión geométrica. En
la televisión Arias es fuerte. En la radio, Galindo tiene un fortín
inexpugnable. En las redes, en cambio, el instrumento amplificador de noticias
y hechos, cuando estos se presentan sobre todo oscuros con serios indicios de
corrupción, puede terminar pulverizado en cuestión de minutos.
Confirmado: el derecho a la
libertad de expresión en las redes sociodigitales en Bolivia, se encuentra
ahora bajo ataque y como si esto no fuera suficiente, los tres mexicanos a
cargo de estas operaciones andaban buscando jugosos contratos de millones de
dólares en oficinas de comunicación vinculadas directa e indirectamente al
gobierno de turno para continuar con sus tareas de limpieza.
Originalmente publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 27 de abril
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