En las redes sociales plagadas de
cuentas clasemedieras, propensas al chisme y a las versiones delirantes, el
nombre de Fernando Cerimedo se ha convertido en las últimas semanas en el
principio y el fin de las desgracias del gobierno de Rodrigo Paz.
¿Será Cerimedo el culpable de
haber dejado el micrófono abierto después de que el primer mandatario grabara
ese discurso telegráfico alusivo al Primero de Mayo en el que la patria,
siempre la patria, la patria, amenaza con convertirse en una cantaleta cada vez
más vaciada de contenido?
¿El marketero argentino, cercano
a las estructuras de poder de Milei y Bolsonaro en su momento, tendrá alguna
responsabilidad para que el presidente esté convencido que ganó las elecciones
gracias a su hija mayor, dicen que también en su momento, alumna de Cerimedo?
¿Tiene la culpa Cerimedo de que
el presidente envíe a su hija a pronunciar un discurso de circunstancia en
ámbitos castrenses? Aunque a muchos les cueste creer, Catalina Paz Urquidi
pronunció un “discurso de Estado” en la toma de nombre de la promoción de la
Unidad Educativa del Ejército. Representaciones de este tipo se le conocen a
Leonor de Borbón, hija de Felipe VI, rey de España.
¿Será también Cerimedo el responsable de que
el modus operandi para la importación de combustibles, establecida en los
gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, no haya sido modificada ni por la
superficie?
¿Cerimedo nombró a Yussef Akly
como presidente de YPFB? ¿Destituyó al desportillado Mauricio Medinacelli del
Ministerio de Hidrocarburos?
¿Cerimedo instruyó no requisar
las 32 maletas repletas de “algo” en el aeropuerto de Viru Viru en un vuelo
privado contratado por la ex diputada Laura Rojas?
¿Tiene la culpa Cerimedo de que el
gobierno no cuente con un correlato parlamentario de bancadas debidamente
estructuradas en Senadores y Diputados?
¿Cerimedo le habrá aconsejado al
terrateniente Branko Marinkovic gestionar una ley para favorecer el latifundio,
que con prisa y sin pausa promulgó el gobierno?
Las respuestas se caen de obvias
como racimos de uvas torpemente manipuladas: Cerimedo exhibe con claridad que
su trabajo es cuidar la imagen del presidente, que lo suyo pasa por generarle
los mecanismos para evitar que su efigie vaya en picada y que pueda gozar, por
lo menos por un tiempo más, de la simpatía urbana, cursi y anecdótica de
quienes viven enternecidos con la familia Ingalls de la política boliviana (la
casa de la pradera, sería El Picacho).
En buenas cuentas, Cerimedo sólo
tiene la culpa de hacer bien su trabajo, según puede evaluarlo diariamente
Rodrigo Paz Pereira que es en realidad el llamado a cumplir sus deberes como Presidente,
muchísimo más allá de lo que el profesor de su primogénita diga o deje de decir.
Cuándo en 1985, Victor Paz
Estenssoro puso en funcionamiento el Decreto Supremo 21060, tenía ejecutantes
que en ese momento conformaban un equipo altamente eficiente y eficaz. Para
muestra bastan cuatro botones: Guillermo Bedregal, Gonzalo Sánchez de Lozada,
Juan Careaga. El vocero era Herman Antelo y no se dedicaba a las encuestas,
sino a la moderación de las participaciones públicas del equipo de ministros
del Presidente. La derecha y el neoliberalismo tienen que estar extrañando
exponentes de semejante calibre.
A principios de 2006, el gobierno
entonces recién estrenado exhibía tres características imprescindibles: Visión
de país (Estado Plurinacional), programa de gobierno (nacionalización de las
empresas estratégicas del Estado basada en la llamada Agenda de Octubre) e
instancias partidarias orgánicas a través de una suerte de mix con sindicatos
agrarios y organizaciones de base originarias indígenas (MAS-IPSP).
A
nadie se le hubiera ocurrido entonces concentrar la artillería contra
asesores de campaña, consultores políticos o expertos en guerra sucia en tanto
el armado gubernamental y parlamentario poseía sustancia y musculatura. El día
en que se igualen los logros gubernamentales obtenidos ente 2006 y 2015, pido
por favor que me envíen un mensaje por WhatsApp para sentarnos a charlar.
La falacia del “saqueo masista”
está bien para las audiencias de Tuto Quiroga a quién estoy en condiciones de
tirarle por la cabeza el libro de Nathanael Hastie, “Los dueños de Bolivia”
(2025) en el que figuran los saqueadores históricos de Bolivia, varios de ellos
amigos empresarios suyos con los que gobernó en ese fugaz año, luego de la
muerte de su mentor, el Gral. Hugo Banzer Suárez.
Lo que sí sería bueno para
Cerimedo es empezar a averiguar de que esta hecha Bolivia. A enterarse acerca
de las razones por las que persiste eso que Gramsci llamó empate catastrófico.
A interiorizarse acerca de las hasta ahora inconciliables agendas cívica
empresarial e identitaria cultural basada en la pluralidad étnica que nos
caracteriza. Si le ayudan a saber de que va todo eso, es probable que el
marketero pueda incorporar a su registro eso que se llama contexto de memoria
histórica cultural, ese del que ningún pueblo puede prescindir para
comprenderse a si mismo.
Originalmente publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 04 de mayo
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