Recuerdo con privilegiada nitidez
al entonces coronel Hugo Banzer Suárez, asomando la cabeza por la ventanilla
del auto presidencial para saludar hacia el segundo piso de mi casa en el que
se encontraban mi madre y sus amigas, y nada menos que Victor Paz Estenssoro
que había subido invitado, protegido por media docena de macizos waruras, luego
de encontrarse en la acera de mi puerta de calle para espectar la llegada del
presidente de Venezuela, Rafael Caldera, el 11 de febrero de 1973.
Mi familia, que tenía lamentables
recuerdos sobre la represión ejecutada por el MNR contra dirigentes de la
Falange Socialista Boliviana (FSB) en la década de la revolución nacional,
guardaba formas de cortesía, pues a pesar de tal antecedente, el día en que
Caldera bajaba de El Alto junto a Banzer, decidió que lo cortés no quita lo
valiente y fue así que el “Mono” estaba allí para asistir al paso del automóvil
presidencial que apenas duraría unos segundos.
Con el gorro militar del Ejército
bien puesto y su distintivo bigote triangular, luego de asomar la cabeza,
Banzer extendió la mano y miró hacia nuestro balcón, mientras en la calle se
había apostado una apreciable cantidad de gente que aplaudía a la comitiva que
se dirigía a la Plaza Murillo con Banzer dictador, y Caldera, presidente
conservador venezolano, líder del partido social cristiano COPEI.
Tenía yo apenas 12 años, y en el
contexto social de la clase media urbana, dominaba el sentimiento de que Banzer
había salvado a Bolivia del comunismo derrocando a su camarada Juan José Torres
Gonzáles y poniendo fin a la Asamblea del Pueblo que sustituía al parlamento
nacional, liderizada por el histórico fundador de la Central Obrera Boliviana
(COB), Juan Lechín Oquendo al que se sindicaba de querer sustituír la tricolor
por la bandera roja con la hoz y el martillo de la URSS.
De apellido alemán, el militar era
un producto de la Escuela de las Américas cuando prevalecía la guerra fría y
los gobiernos de los Estados Unidos, sobre todo el de Nixon-Kissinger, habían
decidido cerrarle el paso a la irradiación de la revolución cubana en el
continente, alentando la instauración de gobiernos de facto con sello
civil-militar.
Eran tiempos en que comenzaba a
desplegarse una implacable persecución, encarcelamiento y desaparición de
militantes y activistas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Coronel
ascendido a General ordenó las masacres de campesinos en Tolata y Epizana,
Cochabamba, y un acuerdo de los
regímenes autoritarios de la subregión en vigencia, aplicaba sin
contemplaciones el llamado Plan Cóndor, estrategia terrorista de Estado, de la
que fue víctima el mismísmo Jota Jota Tórres Gonzáles secuestrado y asesinado
en Buenos Aires entre el 1 y 2 de junio de
1976, por decisión de las dictaduras militares del Cono Sur, de la que formaba
parte Bolivia.
Este 10 de mayo se han cumplido
cien años del nacimiento de Banzer que sigue repercutiendo en la política
boliviana a través de sus herederos, aquellos que lo conocieron y trabajaron
con el, y los que llegaron luego, hijos y
nietos del banzerato dictatorial y el banzerismo democrático, de los que
destacan Tuto Quiroga, sucesor en la presidencia (2001-2002) y Luis Fernando
Camacho, hijo de un militante falangista y luego presidente de los empresarios
privados que empuñó las armas en el golpe perpetrado entre el 19 y 21 de agosto
de 1971.
Continúa pendiente una
investigación académica acerca de la gravitación del General en la historia del
país, que finalmente murió en 2002, aquejado por un cáncer que le fue
corroyendo el organismo mientras ejercía su segunda presidencia, esa que lo
distingue por tratarse del único caso en América Latina en que un ex dictador
volvía al poder por la vía democrática. No pasó con Videla en Argentina,
Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay o Geisel en Brasil.
Veintitrés años después de haber
tenido en el balcón de mi casa de infancia a Paz Estenssoro, saludando a su
socio con el que se enemistaría en 1974 y se reconciliaría en 1985 (Pacto por
la Democracia), dos años antes de su regreso a la presidencia, entrevisté al
General en su oficina de la Fundación Boliviana para la Capacitación
Democrática y la Investigación (FUNDEMOS), que se constituía en el brazo
ideológico y de capacitación de Acción Democrática Nacionalista (ADN), el
partido que fundó Banzer en 1979.
En aquél encuentro, haciendo gala
de su conocida afabilidad, esa que confirma que los dictadores suelen ser lobos
con pieles de cordero, Banzer me contó off the record –hoy ya se puede publicar,
a 24 años de su muerte—por qué le había puesto la pistola en la sien al
industrial cervecero y luego líder de UCS, Max Fernández y la razón por la que
decidió cerrar acuerdo con sus perseguidos de los años 70, los miristas
encabezados por Jaime Paz Zamora, que se llamó Acuerdo Patriótico: “Sánchez de
Lozada me ofreció dinero (había ganado las elecciones de 1989) para que nuestra
bancada facilitara su elección. No se lo perdonaré nunca. El dinero no lo
compra todo.”
El año 2010 viví seis meses en
Concepción, provincia Ñuflo de Chávez de Santa Cruz en la que Banzer nació en
1926, el que sería gobernante de Bolivia durante once años discontínuos. En la
plaza principal de la tierra chiquitana esta situada la casa de familia de este
que fue fundamental valuarte de la derecha boliviana durante tres décadas. Allá
se encuentra el museo de arte sacro con la historia del pueblo, incluido el
registro de la restauración del formidable templo construido en tiempos de la
colonia y las Misiones Jesuíticas (patrimonio cultural de la humanidad
declarado por la UNESCO) dirigida por el suizo Hans Roth.
El hospital de Concepción, lleva
el nombre del hermano menor del General (Julio) César Banzer y en la avenida
Banzer, la principal de ese pueblo de calles con ripio color rorjizo, se
destaca un monumento de cuerpo entero. Aunque asentó propiedad en la vecina San
Javier, Banzer nunca dejó de recordar su origen concepcioneño, donde todavía se
pueden encontrar propiedades de familias migrantes alemanas.
Hoy día, pocos que son producto
de su impronta política recuerdan al General. Tuto lo ha borrado de sus citas
hace muchísimos años, pero queda claro que sin Banzer, Quiroga jamás habría
llegado a ser primer mandatario y tampoco seguiría soñando con volver a esa
silla de la presidencialista Bolivia.
Originalmente publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 10 de mayo
No hay comentarios:
Publicar un comentario