A cuarenta y cinco días de una
Bolivia bloqueada por su incapacidad de asumirse a si misma en todas sus
dimensiones étnico históricas, el juego, bendito juego, nos ayuda a planear por
encima de tanta mediocridad, producto de la negación del otro.
Iniciada la Copa del Mundo hace
cinco días, me pasé por el forro la cursilería de un historiador oficial que
alguna vez fue definido como un océano de conocimientos con un milímetro de
profundidad y también me resbaló la ya consabida andanada de insultos y
descalificaciones contra el masismo a cargo de un vejete cascarrabias que
alguna vez evocó la figura de la viuda de Paz Estenssoro porque era amiga de
sus papás.
Hay que huirle a la lista de
cursilerías y patéticas miradas acerca de lo que ha venido aconteciendo en
estos tiempos bolivianos en los que está triunfando la mediocridad por derecha
y ahora también por izquierda. De verdad que es como para sentir hartazgo ante
el aluvión de cantaletas gagá en onda lamento clasemediero, pero quienes abrazamos
el sentido lúdico de la vida (lease a Johan Huizinga*) nos sentimos rescatados
por el recreativo efecto hipnótico del fútbol.
Pareciera un
contrasentido, pero el fútbol, hoy día, lejos de convertirse en un dispositivo
para la evasión de asuntos importantes y solemnes, es la manifestación
perfeccionada en clave deportiva de la organización humana al servicio de un
ideal, de un objetivo capaz de trascender su basamento industrial capitalista.
Lease o release a Albert Camus: “Todo lo que con más seguridad sé a la larga
sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. El
autor de “El extranjero” y de “La peste” fue arquero antes que escritor.
La selección de Estados Unidos
dirigida por el argentino Mauricio Pochettino ha impartido una lección de cómo
se ejercita la presión alta, recurso que ahoga la salida del adversario cuando
delanteros y extremos se desdoblan en defensores de avanzada y asumen tareas de
recuperación apenas comienza a producirse la salida de la pelota desde el
fortín albirrojo. Con este primer argumento de ocupación territorial, la
principal selección anfitriona de este mundial aplastó 4-1 a una Paraguay que
ingresó al campo, desprevenida y parece que desinformada de cómo los gringos
han evolucionado extraordinariamente para intentar parecerse cada vez más a los
equipos europeos que tienen como fundamentos la velocidad, la precisión y la
automatización de los movimientos colectivos que no dejan jugar al rival, para
a continuación exhibir virtudes con la posesión del esférico.
La selección de Marruecos que llegó
a semifinales en Qatar 2022 le jugó a Brasil con el desparpajo de un crack
prematuro de tan sólo 18 años que forma parte del Lille de Francia. Se llama
Ayyoub Bouaddi y pudo haber elegido la selección de “Les bleus” (ya lo había
hecho en una juvenil), pero prefirió optar por la camiseta con la nacionalidad
de sus padres, nacidos los dos en Marruecos. Es lo que se llamaría en el
lenguaje de la naranja mecánica neerlandesa un polifuncional y hoy día se
define como todocampista porque puede estar-moverse en cualquier lugar de la
cancha para marcar y quitar, colaborar en coberturas, y en consecuencia
recuperar la pelota para en fracciones de segundo pasar a comandar desde la
gestación de la mitad del campo, los ataques para llegar, en este caso, a la
portería de Allison. Resultado: La verde amarilla pentacampeona apenas pudo
empatarles a los marroquíes con una aislada como inspirada genialidad de
Vinicius Júnior, que ha hecho de su victimización por racismo, la marca del
odio trasladada al Santiago Bernabeu del Real Madrid y a otros estadios
europeos.
Boadding que recupera como un
león y traslada como una gacela, transitó con y sin pelota exhibiendo una
condición física envidiable, despreocupado por el peso psicológico que puede
suponer la camiseta del Pentacampeón, para hacer lo suyo y mas bien incomodar a
los brasileños forzados a conformarse con el empate al final de cuentas.
De lo hasta ahora visto, el lance
entre ecuatorianos y marfileños sirvió para confirmar que con un cero a cero
durante casi todo el trámite del partido se producía la sensación de que se
habían anotado como media docena de goles, por la intensidad expuesta por ambas
escuadras que se iban imponiendo alternativamente en el dominio del juego hasta
que los africanos quebraron el empate para ganar con un gol de esos que muerden
el primer palo del arquero, convertido por Amad Diallo que forma parte de la
plantilla del Manchester United.
En la primera etapa, Ecuador
dirigida por el argentino Sebastián Beccacece demostró por qué la tricolor
consiguió el segundo puesto de la clasificación en la eliminatoria sudamericana.
Sólo perdió dos partidos, ganó ocho, empató ocho, anotó 14 goles y apenas le
convirtieron cinco, lo que significa que el de Hernán Galindez (Huracán de
Argentina), fue el arco menos vencido de todo el torneo.
Con un proceso de construcción de
su fútbol profesional iniciado por el montenegrino Dussan Draskovic
(1988-1993), en la actualidad Ecuador exhibe una vitrina altamente competitiva.
Para muestra hay que citar a Willian Pacho, zaguero central del PSG, bicampeón
europeo; Moisés Caicedo mediocampista del Chelsea, primer campeón del mundial
de clubes; y Piero Hincapié, lateral izquierdo del Arsenal, último campeón de
la Premier inglesa.
Qué decir de Costa de Marfil
dirigida por el francés marfileño Emerse Faé: Como sucede con la gran mayoría
de las selecciones africanas, no tiene ningún jugador disputando la competencia
doméstica. La mayor parte de su plantilla se desempeña en Europa, con nombres
que integran equipos de las cinco grandes ligas: Guela Doue, Simon Adingra y
Elye Wahi en la Ligue 1 francesa; Yan Diomande y Bazoumana Touré en la
Bundesliga alemana; Nicolas Pépé, del Villarreal de La Liga de España; Evann
Guessand, Amad Diallo e Ibrahim Sangare en la Premier League inglesa; junto a
Odilon Kossounou, Evan Ndicka y Ange-Yoan Bonny en la Serie A italiana.
El fútbol es hoy día la puesta en
evidencia planetaria de cómo puede suceder que el juego ayuda a ponernos a buen
recaudo de las pretenciosas tonterías revestidas de análisis político,
sociológico, marketero y hasta histórico.
Gracias a la Copa del Mundo 2026,
el fútbol reafirma su posicionamiento como legítimo refugio para ponernos a
salvo de tanta impostura y mediocridad en este lugar del mundo que se
autoengaña esperanzado en un repechaje a título de gesta heróica.
En un país errático como Bolivia
hay que hechar mano de la brújula que nos lleva a espectar el talento
futbolístico. Aunque su selección, otra vez, no haya podido llegar al Mundial.
*Homo Ludens (1938) es la obra más influyente de Johan
Huizinga y un pilar fundamental de la sociología, la antropología y la teoría
del juego. En este libro, el autor defiende la idea de que el juego no es una
simple actividad de ocio, sino un factor constitutivo primordial de la cultura
humana.
Publicado en la columna Tocaré madera - Urgente.bo el 15 de junio
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