Cipayo
“es un soldado nativo de la India que servía a potencias coloniales europeas
(británicas, francesas, portuguesas) y se usa despectivamente para referirse a
un secuaz a sueldo o a alguien que sirve a intereses extranjeros en detrimento
de los de su propio país. La palabra viene del persa "sepāhī", que
significa soldado. Sentido histórico: Soldado colonial indio reclutado por la
Compañía Británica de las Indias Orientales o potencias rivales en los siglos
XVIII y XIX/…/ Colaboracionista: Se aplica a una persona que sirve a los
intereses de un poder extranjero o de un régimen, traicionando a su propia
gente o nación. Uso en Latinoamérica: Común para criticar a líderes o grupos
que se perciben como sirvientes de potencias extranjeras, especialmente EE.UU.
En resumen, un cipayo es tanto un soldado indio colonial como, metafóricamente,
un traidor a los intereses de su propia nación por servir a extranjeros.” (Síntesis
registrada en la IA)
Cuando
a un dirigente del fútbol le preguntaron alguna vez por qué no decía con nombre
y apellido quién era el adversario al que estaba aludiendo en una declaración,
este contestó en clave rioplatense: “Porque no hago crecer giles.” Pues bien,
cada vez que me forzaron a defenderme contra los cipayos que se la pasaron expectorando
sus frustraciones en estas dos últimas décadas, a diferencia del mencionado
dirigente deportivo, he demolido con nombres y apellidos, uno a uno, a enemigos
de la Bolivia popular, diversa y plurinacional que se han metido de mala manera
conmigo, desde mentir hasta fotografiarme con objetivos de persecución acosando
incluso a mi familia (19 de noviembre de 2019, Brújula digital y Página Siete),
sobre todo a aquellos que se autonombran periodistas y son apenas operadores de
versiones con las que, por ejemplo, navegan en la falacia de que en el país no
hubo un golpe de Estado en noviembre de 2019.
Ahora
que uno de esos operadores se exhibe afín al oficialismo como lo fue al
gobierno de Áñez, podría tacharselo de paraestatal como el hizo con periodistas
que tuvimos identificación con el proceso político encabezado por Evo Morales,
pero por razones de actualización, corresponde decir con todas las pruebas de
obsecuencia y sumisión que ofrece con sus procedimientos informativos, que se
trata de un cipayo en tiempos en que el poder planetario, por lo menos buena
parte de él, ha sido capturado por un depredador de viril chequera y hoy
declarado propietario del hemisferio occidental, luego de ejecutar el secuestro
del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a través de un operativo-bombardeo
contra Caracas.
Fiel
a su estilo, todo indica que descontrolado de impotencia, RaPU ha decidido
perseguir nuevamente a un periodista (y politólogo) a quien tiene en la mira
por resentimiento. Los antecedentes se encuentran en “Las hilachas de
Peñaranda” (José Luis Exeni, Animal Político de La Razón, 28 de septiembre de
2024) y “Evidencia remota” (Exeni, Erbol, 19 de mayo de 2014). Por si esto no
fuera suficiente, el periodista acosado fue presidente de la Corte Nacional
Electoral (2008 – 2009), cargo al que RaPU no podrá acceder, luego de que su
nombre fuera descartado de la lista de postulantes a vocales en la última
recomposición del OEP.
Dice
PU que como Exeni trabaja en una fundación alemana, no tiene derecho a ejercer
su libertad de expresión para criticar y calificar al gobierno, y seguramente
menos a tacharlo de cipayo. Si nos atenemos rigurosamente a la evolución
histórica del cipayismo en América Latina, de lo que no puede haber duda es que
operadores como PU se enlistaron en dicho ejército desde el día en que
entablaron relaciones directas e indirectas con la estadounidense National
Endowment for Democracy (NED) que dice financiar a organizaciones democráticas
globales, pero que en realidad dedica sus desvelos a tareas de
desestabilización de gobiernos no alineados a los intereses imperiales,
digamos, según su enfoque reaccionario, gobiernos revoltosos y populistas que
les cierran las puertas a la injerencia y al saqueo histórico de los recursos
naturales de nuestra América del Sur.
Sobre
la trayectoria de PU, comisario persecutor de José Luis Exeni, se puede leer mi
texto “¿Control remoto o persecución de un operador paraestatal?” publicado
primero en La Razón (ver Hemeroteca 15 de agosto de 2021) y luego en mi libro
“Democracia interrumpida, crisis de Estado y gobierno de facto en Bolivia” (dos
ediciones, 2022 y 2023). Para ilustrar este trabajo, figura una infografía,
producto de una investigación del Centro Estratégico Latinoamericano de
Geopolítica (CELAG) a cargo de Silvina Romano, Tamara Lajtman, Anibal García y
Arantxa Tirado, en la que el nombre de PU aparece en el centro formando parte
de nexos y conexiones de agencias gubernamentales, fundaciones, medios de
comunicación, redes sociodigitales y políticos con sintonía en Washington, que
responden a directrices bajo bandera de barras y estrellas rojo, blanco y azul.
Originalmente publicada en la columna Contragolpe del diario La Razón el 10 de enero
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