martes, 26 de septiembre de 2023

La sentenciada

 Las imágenes de la mujer de la pintura roja son las que mejor resumen la brutalidad y la violencia

política que se practicó en el golpe-gobierno de facto que mantuvo en la presidencia del Estado a

Jeanine Áñez entre el 12 de noviembre de 2019 y el 7 de noviembre de 2020. La mujer de la

pintura roja se llama Patricia Arce, hoy Senadora del MAS por el departamento de Cochabamba, y

en aquél tiempo, hace ya casi cuatro años, Alcaldesa de Vinto a la que los paramilitares de la

Resistencia Juvenil Cochala expusieron ante las impasibles cámaras y micrófonos de los medios de

comunicación de la derecha que parecían experimentar una indescriptible y morbosa satisfacción:

Había que sentarles la mano a los masistas de mierda que quería eternizarse en el poder.

La imagen de Patricia Arce, bañada en pintura de la cabeza a los pies, arrodillada y conminada a

pedir perdón, evidencia que la presionaron al extremo de decir que si su pueblo se lo pedía renunciaría 

a su cargo de Alcaldesa. El registro rojo sangre de Arce grafica y simboliza el odio acumulado contra

quienes osaron irrumpir (2006) en los dominios del hasta entonces inexpugnable poder “k´ara” de

la excluyente democracia boliviana. Milena Soto, la mujer más visible de esta Resistencia

cochabambina --a la que la propietaria de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos,

Amparo Carvajal, calificó como “una resistencia necesaria”—agredió a patadas a Patricia, mientras

esta lloraba desesperada y clamaba vanamente para que cesara tan abominable humillación.

Patricia Arce la agredida, Milena Soto la agresora y Amparo Carvajal, la monja que bendecía la

persecución sañuda contra masistas que osaban ondear wiphalas en los últimos momentos en que

el derrocamiento de Evo Morales era irreversible, configuran episodios de estas mujeres de

diferentes talantes, y a ellas hay que sumar a Jeanine Áñez, la presidenta de facto, a Karen

Longaric, la canciller, una loba con piel de cordero y a Roxana Lizarraga, la ministra de

comunicación que decidió hacer una visita guiada para periodistas en el afán de mostrar los

aposentos y las sabanas del apartamento presidencial situado en el último piso de la Casa Grande

del Pueblo que ha sustituído al viejo Palacio Quemado de la plaza Murillo.

A Jeanine la guiaba su ministro de Gobierno, Arturo Murillo, un delincuente disfrazado de político

hoy sentenciado en los Estados Unidos por un negociado de compra de artefactos para reprimir a

los revoltosos que no admitían la manera en que se había sacado a Evo del gobierno. A Longaric no

hubo necesidad de guiarla para atropellar a médicos cubanos que prestaban servicios sociales de

salud en Bolivia, expulsándolos del país, o para reconocer al impresentable Juan Guaido,

autoproclamado Presidente Encargado de Venezuela, o para violar la convención de Viena

negando salvoconductos a los asilados en la Embajada de México, altos personeros del gobierno

defenestrado. A Lizarraga tampoco hubo necesidad de darle instrucciones para amedrentar a

periodistas argentinos que llegaron a La Paz para cubrir informativamente la convulsión que

experimentaba nuestro país, a quienes tachó de sediciosos (¿?).

Patricia Arce es el símbolo femenino de las mujeres bolivianas perseguidas, discriminadas y

agredidas . Amparo Carvajal, Milena Soto, Jeanine Áñez, Karen Longaric y Roxana Lizárraga han

inscrito sus nombres como partícipes y responsables de la interrupción de la democracia,

consumada el 12 de noviembre de 2019. Arce y las humildes y luchadoras mujeres del MAS-IPSP


son las víctimas mientras que las otras, fieles representantes de la Bolivia racista y violenta son,

cada una en grados distintos de responsabilidades, las victimadoras, las que en su incontenible

odio terminaron desnudándose como una potente expresión de la miseria humana.

Con todo este contexto, con las argumentaciones jurídico legales esgrimidas durante quince meses

(marzo 2021 – junio 2022) Jeanine Áñez es hoy la principal sentenciada en el caso golpe de Estado

2 y las tropelías cometidas bajo su mando como las masacres de Senkata, Sacaba-Huayllani y El

Pedregal son parte de otro proceso en curso denominado Golpe de Estado 1. Áñez está pagando

sus delitos al haber sido condenada por resoluciones contrarias a la Constitución y a las leyes y por

incumplimiento de deberes, mientras que Longaric y Lizarraga residen en Alemania y Estados

Unidos, huídas luego de su infausto paso por un gobierno nefasto y al que la corporación de

opinadores se niega a evaluar, conciente de que defender esa “transición” es imposible por la

carencia de argumentos: Son odiadores, pero no tienen con qué.

Áñez fue presentadora de televisión, esposa de un alcalde de Trinidad y de un colombiano al que

se sindicó de vinculaciones con el narcotráfico y sus comienzos políticos hay que examinarlos en su

militancia en Podemos de Tuto Quiroga, el delfín del dictador Banzer. No es casual, por lo tanto,

que la inspiración ideológica del golpe de 2019 haya sido el banzerismo.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 23 de septiembre

Del Castillo - Andrónico 2030

 Invariablemente lacónico y sobrio en sus maneras, Andrónico Rodríguez salió a desmentir

discretamente a Evo Morales acerca de una supuesta candidatura vicepresidencial para las

elecciones de 2030. El jefe del MAS hizo esta afirmación en la última edición de su programa

dominical que emite en radio Kawsachun Coca desde el subtrópico cochabambino en el que

ubicaba a Andrónico como segundo de un binomio que encabezaría el actual ministro de

Gobierno, Eduardo del Castillo, para los subsiguientes comicios presidenciales, debido a que en

2025, la fórmula Arce-Choquehuanca estaría prevista, nada menos que para dar fin con la carrera

política de quien gobernara Bolivia casi durante quince años consecutivos. Evo cree que el camino

elegido por quién gobierna hoy es eliminarlo de las opciones políticas para las elecciones a

realizarse en algo más de dos años.

Rodríguez dijo que esto no era cierto y su versión queda ahí, con todas las audiencias que hasta

hoy no han podido escuchar de parte del actual presidente del Senado, ningún planteamiento

relacionado con la agenda nacional y ninguna idea novedosa que pueda ayudarlo a posicionarse

en situación de liderazgo como señal inequívoca de una carrera pública que se encuentra en sus

primeros años de existencia. Andrónico ha resultado parco, soso y notablemente inexpresivo.

Mientras Andrónico andaba en la formalidad de una conferencia de prensa ofrecida desde el

recinto insitucional de la cámara alta, Eduardo del Castillo ni se mosqueó con la nueva declaración

del jefe de su partido, por el que saliera a trenzarse a puñetes y patadas con pititas, policías y

militares en noviembre de 2019, cuando trabajaba junto a Adriana Salvatierra en la Asamblea

Legislativa Plurinacional y formaban parte de Columna Sur, facción masista de juventudes de Santa

Cruz. El gobierno de Evo se desmoronaba, pero Del Castillo y muchos más de su generación,

estaban ahí defendiendo la legitimidad presidencial y la idea de que concluyera su mandato en

enero de 2020.

No tenemos certeza si con vocación anticipatoria o en plan víctima, Evo Morales subió a Del

Castillo-Rodríguez a un podio al que muy probablemente no tenían idea acceder estos dos jóvenes

masistas y menos de manera tan temprana. Si Evo pensó que el futuro del MAS y de su proyecto

político deberá estar en manos de quienes hoy tienen entre 35 y 50 años, significaría que no está

dispuesto a repetir la historia en clave de farsa, incurriendo en los mismos errores táctico

estratégicos que supo cometer el MNR entre los años 60 y 90. Si por lo contrario, Evo puso en

evidencia a los dos binomios, según el fabricados desde la Casa Grande del Pueblo, para decir que

está en marcha un plan para impedir su candidatura, significa que Evo se autodefine como el

principio y el fin del MAS.

En una abierta arremetida a cargo de portavoces evistas, entre parlamentarios, ex ministros y

tirasacos profesionales, ha sido precisamente el supuesto candidato a presidente para 2030 el que

más ataques ha recibido con un repertorio que va desde su derechización hasta su abierta

complicidad con el narcotráfico. El único que obró con hidalguía acerca de este personaje y su

agenda, fue el ex vicepresidente Alvaro García Linera que llegó a elogiar al Ministro de Gobierno

por “hacer bien su trabajo” capturando a personajes protagónicos del golpe de 2019 como Jeanine

Áñez y Luis Fernando Camacho. Semejante sinceridad le costó al otrora hombre de confianza de


Evo, una lluvia de insultos y acusaciones que no lo pasaban de traidor y de “estar trabajando con el

gobierno de Lucho”.

Eduardo del Castillo instruyó investigar a fondo la corruptela instalada por su antecesor Arturo

Murillo, que en tiempos de Jeanine era quién cortaba el bacalao. Este mismo “niño Ministro”, así

apodado por el hijo de un fascista de la dictadura de Banzer, que se cargó a Jeanine, Camacho, y

Pumari, intervino decisivamente en el apresamiento de un individuo llamado Misael Nallar a quién

se lo vincula con el clan Lima Lobo y se lo acusa de legitimación de ganancias ilícitas. Pero la

historia no acaba ahí, porque este al que el ex ministro Carlos Romero amenazaba con “mostrar

pruebas de su vinculación con el narco”, continuó su camino airoso porque las denuncias del ex

ministro de Gobierno de Evo Morales nunca pasaron de la amenaza y el exhibicionismo mediático,

mientras Del Castillo comenzaba a desmontar con la Policía Boliviana el aparato exportador de

cocaína instalado por un tal Sebastian Marcet, ciudadano uruguayo a quién facilitaron

identificaciones falsas algunas autoridades bolivianas en el año 2018. Con este panorama, si

finalmente el “niño Ministro” llegara a capturar a Marcet, podría finalmente, sin proponérselo,

darle la razón a Evo para convertirse en algún momento en candidato a la presidencia del Estado

Plurinacional de Bolivia.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 09 de septiembre

El peligro del desencanto

 En las últimas cuatro décadas, la vida política de Bolivia nos ha enseñado que una alianza entre

pueblos indígenas, campesinos y trabajadores de las ciudades con un sector de la clase media

comprometido en el acompañamiento a ese bloque popular desde los saberes humanísticos,

jurídicos, políticos y sociales, podía generar círculos virtuosos en espiral ascendente que

permitieran estructurar un país dialogante y eficaz en la desactivación de todas las formas de

racismo y de discriminación que han traído consigo desmembramientos territoriales, saqueo de las

riquezas naturales, masacres en defensa del orden establecido y el capital, y violencia política en

nombre de la libertad entendida e impuesta desde el conservadurismo y el liberalismo a lo largo y

ancho de nuestra historia.

Los progresistas bolivianos que pusieron todas las fichas en la ruleta del Proceso de Cambio,

desempeñaron roles de un notable activismo político y de gestión pública, para que la realidad de

la inclusión social y la ciudadanización de conglomerados marginalizados se materializara en tareas

que comenzaron con el cumplimiento de la llamada Agenda de Octubre (2003), la generación de

un proceso constituyente y el cambio de matriz de políticas económicas que mutara de

capitalizaciones y privatizaciones a nacionalizaciones, redimensionando así el tamaño del Estado y

su gravitación en la sociedad, lo que dio lugar a la puesta en vigencia de políticas públicas con

objetivos de equidad en la redistribución de los ingresos nacionales como nunca antes había

sucedido.

Para que esto fuera posible, no fue el Movimiento al Socialismo (MAS) el iniciador de esta que en

su momento se constituyó en gesta épica. La base política de sustentación en el triunfo electoral

primero y en la definitiva toma del poder a continuación, tiene su origen en el Instrumento Político

para la Soberanía de los Pueblos (IPSP) que delineó su andadura a través del pueblo organizado a

través de sindicatos que constituyen movimientos sociales respaldadados por un discurso

emancipatorio y de reivindicación de las mayorías que encontró en el Pacto de Unidad

conformado por campesinos, indígenas, interculturales (antes llamados colonizadores) y mujeres,

el aparato organizativo que relegó a la Central Obrera Boliviana (COB) a un rol de

acompañamiento ideológico y político, y que alcanzó tan grande potencia, al punto de haber

legitimado en las calles, en las carreteras y en las zonas rurales del país, todas las acciones que

luego, el engarzamiento del MAS con el IPSP, llevaría adelante Evo Morales en su periplo

gubernamental de casi tres lustros.

Para la prosecución fluída y convincente de la llamada Revolución Democrática y Cultural era

necesario que el rasgo decisionista, predominante en la acción política de Evo Morales como

Presidente, encontrara sentido estratégico con prospectiva de largo plazo en la continuidad y la

alternancia, cosa que no sucedió porque ese decisionismo eligió la ruta de la búsqueda de una

repostulación contra viento y marea que estuvo expresada en el violentamiento de la decisión de

un No a esas pretensiones en un plebiscito y en un garrafal error traducido en invento

constitucional acerca de una candidatura presidencial, entendida esta como un derecho humano,

enfoque que dio lugar al golpe de Estado de noviembre de 2019 y a una posterior decisión de la

Corte Interamericana de Derechos Humanos, rectificando la gansada del Tribunal Constitucional

de nuestro Estado Plurinacional: “La reelección presidencial indefinida no constituye un derecho


autónomo protegido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos ni por el corpus iuris

del derecho internacional de los derechos humanos” (agosto, 2021).

A dos años de la respuesta de la Corte Interamericana a solicitud de opinión consultiva del

gobierno de Colombia, Evo Morales ha decidido que la continuidad y alternancia a la que se vió

obligado para la nominación del binomio Arce-Choquehuanca (2020) ha llegado a su fin y estamos

a las puertas de que pueda suceder lo hasta hace pocos meses inimaginable con una

confrontación entre facciones campesinas por el control de la Confederación Sindical Única de

Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Con semejante cuadro de situación, el peligro del

desencanto en un proceso en el que se creyó fervientemente se encuentra instalado. Evo quiere

volver a ser candidato y el presidente Arce no se pronuncia acerca del que sería su legitimo

derecho a la reelección en 2025.

El Pacto de Unidad se va desfigurando en el divisionismo capaz de aplastar ambiciosos proyectos

histórico políticos. Ante situación de tan penosa gravedad, sólo queda citar a Fidel Castro: “Frente

a un enemigo que ataca, la división no tiene ninguna razón de ser y ningún sentido. Y en cualquier

época de la historia, hasta que las revoluciones se hicieron conscientemente, como fenómeno

plenamente comprendido por los pueblos, la división frente al enemigo no fue nunca estrategia

correcta, ni revolucionaria, ni inteligente.”





Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 26 de agosto

jueves, 17 de agosto de 2023

Cerró Página Siete, el diario negacionista de la derecha boliviana

 Seis días antes del anuncio del cierre definitivo del diario, Página Siete publicó el viernes 23 de

junio la que se ha convertido en su última disculpa de las varias que debió publicar durante sus

treces años de existencia, caracterizados por una biliosa y tantas veces poco meditada oposición a

los gobiernos de Evo Morales y ahora al de Luis Arce.

Página Siete publicó que el vicepresidente del Estado había afirmado que la (bandera) tricolor

representa la democracia del sometimiento. Esta vez sin matices o justificativos que le permitieran

salir del paso, rectificó textualmente: “La publicación de la segunda autoridad del país se produjo

después de que Página Siete cometiera una imprecisión en una nota anterior y afirmara que

Choquehuanca dijo durante su intervención que la tricolor representa a la democracia del

sometimiento. Pedimos disculpas a nuestros lectores y al Vicepresidente”. Lo que en realidad dijo

el Vicepresidente de Bolivia es que la tricolor es de la República y la Wiphala (bandera de los

pueblos originiarios, codificación del Arco Iris) del Estado Plurinacional.

El jueves 29 de junio, pasado el medio día, el principal propietario de Página Siete, Raúl Garafulic

Lehm, firmaba la última nota en la existencia del diario, por lo menos bajo su control. Con el título

“Final del camino. Carta a los lectores de Página Siete”, el atribulado mandamás comienza

utilizando el caballo de batalla del periodismo independiente, tan independiente que luego del

golpe de Estado y durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez se posicionó como vocero de ese

régimen autoritario, represivo y corrupto. Tan independiente que persiguió a su principal

competidor, el diario La Razón de La Paz, inventándole oscuras y mentirosas tramas de cómo su

actual propietario, Carlos Gill, había comprado el diario, acusándolo infundadamente de

favorecimientos por afinidad con el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS).

A continuación Garafulic afirma que “el partido de gobierno bloqueó sistemáticamente la pauta

publicitaria para el periódico, pese a que ella se financia con recursos de todos los bolivianos.” En

otras palabras, reclamando financiamiento a quienes ataca sistematicamente, no siempre ceñido a

la verdad –por ello escribimos alguna vez Página Miente--, más o menos como cuando alguien

tiene a un invitado en casa y éste comienza a romperlo todo: muebles, cristalería, biblioteca y

trastos para la limpieza doméstica, todo un contrasentido bajo el pretendido argumento de que la

publicidad no debiera discriminar porque los dineros para su contratación nacen de los impuestos

de todos, una falacia que no funciona en Bolivia como tampoco en Timboctú.

Continuando con su alegato final, Garafulic afirma que “el oficialismo puso en marcha una

estructura de hostigamiento público por redes sociales contra el periódico que hasta hoy está

impune” y aquí se aplica eso de mirar la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, porque si hay

una palabra que define la trayectoria de la familia Garafulic comandada por Raúl padre (Garafulic

Gutiérrez) es la palabra impunidad como se puede comprobar en mi extenso reportaje “El pulpo

Garafulic y su herencia en Página Siete” (www.la-razon.com, 22 de agosto de 2021) en el que

expongo características y datos sobre la trayectoria de esta ascendente familia con Garafulic padre

participando del golpe de Estado de 1971 encabezado por el entonces Coronel Hugo Banzer

Suárez e inaugurando su vida pública empresarial minera, en los fondos de pensiones y vinculada a

medios de comunicación como la estación televisiva ATB y el mismo periódico La Razón adquirido

en sociedad con el grupo español Prisa y aprovechando su condición de embajador en Madrid

durante el gobierno de Jaime Paz Zamora (1989 – 1993) grupo con el que los Garafulic terminaron

enemistados por controvertidos manejos de dinero y con el diario en venta.

En evidente tono de victimización, Garafulic dice que “auditorías recurrentes de una diversidad de

instituciones del Estado se ensañaron año tras año con Página Siete, mientras nuestros

competidores de línea oficialista fueron tratados con guante blanco”. Continúa diciendo que un

acoso judicial infundado dió lugar al embargo de sus bienes y a un bloqueo de sus cuentas

bancarias. También explica el cierre de su diario debido a una “fuerte caída en la venta de

periódicos impresos” debido a la pandemia del Covid” y “a la crisis económica del país que redujo

el presupuesto publicitario de muchas empresas, lo que redujo el flujo financiero del periódico”.

Finalmente, el propietario de Página Siete dice que extremó esfuerzos para una capitalización que

hubiera permitido remontar la ola, intento que finalmente quedó en nada y anuncia pagos de

sueldos adeudados y beneficios sociales “de nuestros trabajadores a quienes agradecemos por su

compromiso y resistencia”.

Página Siete fue un diario que se caracterizó más por lo que no decía, no informaba y no opinaba.

Era preferible no hacerlo en tanto Bolivia había comenzado a modificar su estructura

constitucional y socio política, con un salto cualitativo de República a Estado Plurinacional en el

año 2009. Garafulic abrió el diario un año después, fiel a sus orígenes reaccionarios de la dictadura

de Banzer y apostando por hacer un periodismo sobre un mapa anterior al del cambio, con actores

que nunca antes habían participado activa y protagónicamente en la vida pública del país. En esa

medida, Página Siete siempre estuvo dos tiempos detrás de la agenda que iba marcando la

administración de Evo Morales que entre 2014 y 2019 logró hegemonía –dos tercios de los

votos—en la Asamblea Legislativa Plurinacional conformada por las cámaras de Senadores y

Diputados.

Con solamente manejar inteligentemente la parte y la contraparte informativas, Página Siete

podría incluso haber conseguido lectores fieles del polo ideológico opuesto. El negarse a

reconocer que Bolivia no puede comprenderse sin sus organizaciones sociales, indígenas y

campesinas le significó convertirse en un diario con sesgo permanente, nutrido por una tropa de

opinadores, con algunas excepciones, que hicieron del lenguaje discriminatorio, racista y de odio,

el instrumento para ejercitar una libertad de expresión sin atadura alguna, convirtiendo a Evo

Morales en el presidente más insultado de la historia del país inaugurada en 1825 por Simón

Bolívar.

“Bolivia será india, o no será” dijo alguna vez el sociólogo René Zavaleta Mercado. Parece que

nadie tuvo la gentileza de acercarle a Garafulic un ejemplar del libro “Lo nacional popular en

Bolivia” (Siglo XXI, 1986), obra fundamental que encuentra mejor explicación con la histórica

decisión indígena y campesina de perder el miedo a votar por si mismos y que dió lugar a un

gobierno transformador con 14 años contínuos de gestión. Página Siete de Raúl Garafulic Lehm

llegó hasta el año 13. No pudo más.



Originalmente publicado en Noticias de América Latina y el Caribe (NODAL)  el 09 de julio

La sociedad distraída

 Expertos en Big Data, activistas de redes sociodigitales, estrategas de posicionamiento de agenda

política en tiempos de gestión gubernamental y en eventos electorales, coinciden en afirmar que a

por lo menos un 40 por ciento de los productores-consumidores en la esfera pública instalada en

internet, les interesa un soberano cacahuate la política, las luchas sociales, las versiones golpe o

fraude, la explotación del litio, la depredación del medio ambiente y otros asuntos vinculados con

la agenda planetaria que involucra a la economía, la política y los conflictos que de ellas se derivan

en intensidades distintas.

Miro con atención los estados de whatsapp, los tic-toc que llegan de rebote, los twits, ahora sin

pajarito y con X, algún texto o video en facebook y llego a la conclusión de que las No Cosas sobre

las que filosofa Byung-Chul Han, se consolidaron con la pandemia que durante tres años nos azotó

y nos virtualizó para siempre: Entre una, dos, tres, cuatro o cinco vacunas y reuniones zoom para

todo y para nada, porque la cuarentena con tanquetas y vigilancia policial nos obligaba (año 2020),

hemos ingresado de lleno a la igualación de los contenidos que van desde el asesinato de una niña

de once años en Lanus cuando se dirigía al colegio, hasta el debate de si el que se subió a

escenarios argentinos la semana pasada era verdaderamente Luis Miguel o un doble.

Somos lo que se ve de nosotros y cada vez menos, lo que se palpa y respira de nuestras voces y

cuerpos. Todo ha comenzado a gestionarse y resolverse a través del enredo armado por internet y

en esta medida, la sociedad interconectada, ahora juega a roles que hasta hace nada más una

década estaban reservados para los llamados hombres públicos y mujeres públicas: Gobernantes,

políticos, actores, periodistas, cantantes, bailarines y poco más. Hoy día, quién tenga una cuenta

en tic-toc o youtube se siente en condiciones de “generar contenidos”, aunque esos contenidos

sean la nada: Lavarse los dientes, la última travesura del gato de la casa, las nuevas uñas de

acrílico, el último meme con los Simpsons pirateados y ahora más radicalmente, versiones

musicales producidas con inteligencia artificial en que la “voz” de un rockero ha sido

perfectamente creada y formateada por una máquina.

Con semejante explosión visual-audio (no audiovisual), con la saturación de imágenes que invaden

nuestros celulares a toda hora, todos los días, ya da lo mismo una oferta de yoga y meditación, la

última foto del perro schnauzer de una senadora pandina o la que subieron los administradores de

redes de Lula que posa junto a Dina Boluarte, la presidenta ilegitima y represora del Perú que ha

superado en ambición y talante a Jeanine Áñez. ¡Qué horror! habríamos exclamado hace algunos

años, cómo el líder histórico del Partido de los Trabajadores brasileño ha sido capaz de retratarse

con esa racista y masacradora del pueblo peruano. Hoy esa indignación ha quedado prácticamente

congelada por tanta imagen con la que nos emborracha todos los días esa ciudadanía inconexa y

errática que ha elevado la seguidilla de anécdotas que le proponen las redes a forma de vida

cotidiana: Un meme, qué palabra horrible, de lo más grosero y ofensivo para la inteligencia

humana termina siendo lo mismo que la fotografía con la mandíbula en claroscuro de Marlon

Brando encarnando a Vito Corleone en “El Padrino” de Francis Ford Coppola, y a continuación el

video de un concierto masivo en el que todo el mundo tararea la canción final del show con los

celulares en alto como si fueran velas o antiguas linternas. Miles de personas reunidas en un

estadio, pero en primer lugar, con los teléfonos móviles como extensión corporal como si se

tratará del undécimo dedo o el tercer ojo.

Con semejante cúmulo de estimulación sensorial se comprenderá mejor porque la sociedad

deambula los días cada vez más perfectamente distraída. Ya ni se acuerda del pobre Luisfer

recluido en Chonchocoro con el rostro demacrado y dándose aires con el rechazo a la asistencia de

trece médicos enviados por el régimen penitenciario. El Banco Fassil, el experto en envíos de

sustancias controladas buscado por aire, tierra y ríos, el Interventor muerto del que la mayoría ni

siquiera se enteró, el fabricante de ítems fantasmas, la ex Alcaldesa millonaria y recluída en

Palmasola, el Alcalde que se va a Estados Unidos como si estuviera en Porongo, todo eso es tan

importante como el nacimiento del primogénito de Anabel Angus, el nuevo desfile fashion en

todas sus versiones sociales o la última goleada recibida por Blooming ante Bolívar.

El último gran acontecimiento político de Bolivia fue la nacionalización de los hidrocarburos. A

partir de ese momento, no lo sabíamos, la cuenta regresiva para instalar la igualación --no el

igualitarismo por conciencia y social y compromiso—que multiplica conductas distractivas y

desatentas, nos ha conducido a este mundo de hoy, entre tanto tic tac, entre tanto Big Bang,

como nos lo recuerda siempre Jorge Drexler.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 12 de agosto

El delirio organizado

 Los colaboradores y colaboracionistas del régimen de facto de Jeanine Áñez, los criminalizadores

de indios y campesinos que osaron salir con wiphalas a defender la permanencia de Evo Morales

en el gobierno en noviembre de 2019, finalmente masacrados, los operadores mediáticos

premiados con pauta publicitaria aprobada por la entonces Ministra de Comunicación, Roxana

Lizárraga, los linchadores digitales que se dedican 24/7 a perfeccionar en plan pitita métodos y

arremetidas de odio, todos esos y esas, han decidido habitar el mundo a partir de la suma de

delirios de distintos tamaños y grosores, ilusionados con que el corazón partido del MAS podría

permitirles una victoria electoral por descarte en 2025.

Estos personajillos que ya han alcanzado status de caricatura bizarra, han preferido apostar por el

retroceso que conduce al retorno hacia la vieja República. Quieren regresar, nostálgicos y heridos

en su demacrado orgullo, por los fueros del país excluyente en el que cada quién deberá volver a

ocupar el lugar de antes, el de la invisibilidad y la exclusión en las acciones y decisiones

ciudadanas, para que ellos y ellas, siempre tan geniales, se dediquen a reinstalar el reino

neoliberal, a abrirles las puertas a voraces inversionistas para que recuperemos nuestra histórica

identidad de país saqueado, despojado y masacrado. Ni imaginemos lo que podría suceder con el

litio en manos de estos cipayos enemigos de la plurinacionalidad étnica. Dicen que Bolivia está en

el peor momento de su historia y para intentar argumentar --no pueden, no tienen

fundamentos—consideran, tácticamente, que la descalificación personal y el insulto menos

imaginativo es el camino hacia el triunfo.

Uno que fuera ministro consejero en México durante el gobierno de Áñez ha sugerido a través de

su cuenta de twitter que es un deber organizar un escupidero nacional para que un señor de

apellido Salazar sea escupido porque “el cree poder compararse con Amparo Carvajal”, la

abnegada ex monja que tiene como propiedad la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de

Bolivia (APDHB). Este mismo individuo, lo recuerdo muy bien, vendía paellas en una plaza de

comidas, y me imagino que con tan espiripitiflaútica convocatoria, tiene sobrada experiencia en el

oficio de escupir y para ello es probable que haya hecho sus primeras armas aderezando con saliva

los platos que servía para darle mejor sabor al arroz, los mariscos, los calamares y demás bichos

marinos: pobres comensales, arroz a la valenciana con saliva, y por si fuera poco, con precio a

pagar, tarifa infección estomacal gourmet.

Salidos de la vaina, a un mes del cierre del diario en el que publicaban semanal o quincenalmente,

los motivos que conducían a estropear teclados como expresión de impotencia y frustración, estos

militantes del delirio organizado andan ahora desparramados y dispersos tratando de buscar la

manera de recapturar a sus lectores, esos que forman parte del objetivo de convencer a

convencidos, los mismos que, enfermos de importancia, insisten vanamente en que hace cuatro

años no hubo golpe de Estado, que la llegada de Jeanine, oriunda de San Joaquín, Beni, a la

presidencia, se hizo con todas las de la ley y que nada más hubo un fraude electoral. Al año

siguiente –2020—insistieron con la narrativa del fraude, fueron a tocar las puertas de los cuarteles

--los golpes de Estado pueden ser cívico militares aunque los analistas de manual lo nieguen a

tiempo completo--, pero el “fraude” ya pasaba el 55% de los votos y así el binomio Arce-

Choquehuanca recuperó la constitucionalidad de la Presidencia y la Vicepresidencia.

Delirantes como nunca antes hubo en nuestro bestiario político, unos son agentes de la CIA, o por

lo menos aspirantes a semejante honor, otros son agentes del Opus Dei y de otras variantes de la

inteligencia eclesiástica ahora averiada por tanto pederasta con sotana que ha erosionado las

Compañías de Jesús, algunos han logrado refugio temporal de coyuntura consiguiendo votaciones

legitimadoras en las últimas elecciones subnacionales y los que expresan públicamente a toda esta

cáfila de reaccionarios de tonalidades varias, dicen ser periodistas cuando en realidad ya tienen

corazones paramilitares y parapoliciales, ataviados de cuero racista y muy valientes desde la

distancia sociodigital para soliviantar a la gente contra todo lo que huela a “masismo” que para

ellos huele peor que los escupitajos que promueve Julio Aliaga Lairana.

Hay un escrachador que el sólo pronunciar su nombre genera vergüenza ajena. Ese que dijo que

estaba bien insultar en la callle a un periodista porque era sospechoso de jugar a palo blanco de un

político. Este, por supuesto, es mucho peor que el promotor de escupitajos. Todo indica que no ha

calculado, que el momento menos pensado el escrachado sea el, acusado de haberse vendido a

los gringos. Se trata de un delirante que ha renunciado a la verdad como sustento del oficio

periodístico. Aquí están, estos son, los delirantes de la plurinación.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón, el 29 de julio

El antimasismo de Página Siete y su fase terminal

 

Hay raúles y Raúl. Los raúles se juntaron para encarar la puesta en funcionamiento de un nuevo artefacto periodístico el año 2010, pero no consideraron las lecciones que les había dejado Raúl Garafulic Gutiérrez, padre de la televisión privada y pirata, y más tarde propietario de este diario, La Razón, fundado en 1990 por el empresario, banquero y luego superministro del primer gobierno de Sanchez de Lozada, Fermando Romero, cariñosamente apodado por sus amigos como “Negro”.

La diferencia entre el proyecto de 1990 que dió vida a La Razón y el de 2010 que gestó Página Siete se llama Jorge Canelas Sáenz, el primer director del medio naciente que había prestado servicios en la agencia Associated Press en Chile. Canelas fue un refinado editorialista de convicciones sólidas. “La Razón es un diario independiente, para algunos aún mejor expresado este concepto diciendo que es un diario libre…” se dice en  la página La Razón (Bolivia) de Wikipedia en los inicios de su publicación.

De Jorge Canelas conservo el siguiente recuerdo personal: En 1987, cuando era director del diario Ultima Hora, me puso en la calle por haber cometido la osadía de viajar hasta La Habana, capital del paraíso tropical comunista para cubrir el festival internacional de cine latinoamericano con mis propios recursos, lo que permitió una cobertura amplia y diversa acerca del más importante encuentro del cine de nuestro continente, a la cabeza de Gabriel García Márquez y Fernando Birri. Años más tarde, admitió mi presencia como colaborador no remunerado en el suplemento dominical Ventana (La Razón) , como columnista en el suplemento Acción del diario La Prensa del que también fue director fundador , y finalmente, en el semanario Pulso en el que me encargaba de la página de fútbol internacional, del que decidí marcharme con Canelas pidiendomé que me quedara.

El director que me había echado de Ultima Hora, quiso evitar mi salida del último impreso que fundó y dirigió. Conversar con el implicaba análisis y reflexión, nunca improvisaba y en aquél tiempo no se había instalado ese periodismo hecho a la rápida, poco prolijo, toscamente escrito, el que se practicó en gran medida en Página Siete de los raúles herederos, tachonado de imprecisiones, falsedades y obligatoriedad de disculpas por los errores que se fueron cometiendo en sus trece años de existencia y que concluyeron el pasado 29 de junio.

Canelas fue un director de gran consistencia en términos de pensamiento y mirada estratégica periodística. A contracorriente de los manuales del independentismo funcionalista y tramposo, decidió que La Razón apoyaría explícitamente (1991) la candidatura de Ronald MacLean Abaroa a la Alcaldía de La Paz. Sin dubitaciones ni complejo alguno, La Razón consideró que el representante de la ADN banzerista era el mejor perfilado para continuar con la construcción de la institucionalidad del municipio paceño y la conducción de los destinos de la ciudad Sede de Gobierno. Nadie  reprochó tan arriesgada decisión y más bien logró el afianzamiento del periódico en el espectro de los diarios bolivianos, generando respeto y credibilidad.

El periodismo impreso o gráfico de Bolivia, tuvo en La Razón a la más nítida expresión de la democracia representativa y de pactos partidarios, y su calidad se debe en gran medida al acierto que signficó que Garafulic Gutiérrez mantuviera a Canelas al mando del diario desde el minuto cero.  Veinte años más tarde, la historia no se repitió en tanto el Raúl heredero (Garafulic Lehm) decidió emprender junto a otro Raúl (Peñaranda Undurraga) la aventura de hacer Página Siete cuando el país ya no era el de Garafulic Gutiérrez – Canelas Sáenz, cuando ya habían transcurrido cuatro años de gobierno a la cabeza de Evo Morales – Alvaro García Linera y Bolivia había saltado de República a Estado Plurinacional y se había producido la nacionalización de los hidrocarburos y el potenciamiento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). 

Las reglas de juego hasta 2005 eran claras para un país repleto de excluídos, con un sistema de partidos políticos con predominancia de centro y extrema derecha y con un decreto (21060) que hizo funcionar la economía nacional entre 1985 y 2005. Eran tiempos en que las dirigencias sindicales y de pequeños partidos radicales de izquierda fueron perseguidas, criminalizadas y confinadas para que el recetario fondomonetarista y bancomundialista pudiera convertirse en la carta estratégica del funcionamiento de la economía boliviana impuesta desde afuera, con la embajada de Estados Unidos aprobando nombres de ministros, comandantes militares y fiscales designados para combatir el narcotráfico.

Durante esas dos décadas, los Garafulic se fueron consolidando como empresarios que hicieron de la influencia político gubernamental , la herramienta para consolidar su participación en  asociación con el grupo español Prisa para capitalizar el diario La Razón y en la participación accionaria de los fondos de pensiones hasta hace poco vigentes, sustituídos en la actualidad por la Gestora Pública del Estado Plurinacional. Embajador del gobierno de Paz Zamora, y activo paramilitar en el golpe banzerista de 1971, escribí lo siguiente sobre Garafulic y sus herederos (El pulpo Garafulic y su herencia en Página Siete, La Razón, 22 de agosto de 2021):

Don Raúl iba creciendo con su amigo, el general Banzer, convertido a la democracia, gozando de la confianza del presidente Jaime Paz Zamora y tratándose de tú a tú con Jesús de Polanco, principal accionista del grupo Prisa, propietario del diario El País, la cadena de radio SER, Editorial Santillana, y Alfaguara. Polanco provenía de una familia de militares ligados a la falange española y al franquismo, lo que probablemente facilitaba las cosas en términos de sintonía ideológica, considerando que el embajador en Madrid había nacido a la vida pública boliviana directamente vinculado a un golpe militar.

Garáfulic, secundado por sus hijos Raúl y Dieter, armó una estructura de medios que en términos televisivos tenía como principal soporte el perfeccionamiento de la calidad de la señal y una estrategia competitiva por la captura de las audiencias. Supo manejar como idea-fuerza principal que habían llegado para ser los primeros en las preferencias ciudadanas y aunque en varios momentos no lo lograran, se las arreglaron siempre para trabajar con gran eficacia persuasiva en sentido de que los medios con su marca eran los más importantes e influyentes, y en la medida en que estas percepciones fueron penetrando en el imaginario urbano del país, se podía percibir cuán poderosos se sentían “los garas”, quienes manejaron la lógica del ser y el parecer con persistente disciplina, lo que permitió que Don Raúl ya sintiera que podía desbordar sus medios de comunicación para mostrar todos los tentáculos que era capaz de mover y así trascender el plan multimedia hacia otros negocios, hasta que llegó el día en que el Extra, su diario popular de crónica roja, dirigido por Jaime Iturri Salmón, decidió publicar un incidente familiar del entonces ministro de Gobierno, Wálter Guiteras (gobierno democrático de Banzer, enero de 2001), en el que se habrían producido hechos de violencia que involucraban a su esposa e hija.

 

Guiteras, el poderoso ministro y senador por el departamento del Beni, se vio obligado a dimitir del cargo, lo que generó un procesamiento a Iturri bajo la Ley de Imprenta que finalmente quedó en nada por la extemporaneidad con que fue presentada la demanda. Nunca se llegó a confirmar la veracidad de la denuncia del Extra, y lo que quedó de la refriega fue una pelea encarnizada que condujo al depuesto ministro a presentar ante una comisión especial pluripartidaria en el Parlamento nacional, 11 grupos de delitos con el título El historial delictivo de Garáfulic (Revelaciones de Guiteras: Garáfulic espió para dictadura de García Meza, Agencia de Noticias Fides ANF, 30 de enero de 2001, firmado por NVS).

La extensa nota de ANF refiere con detalle el documento con acusaciones de Guiteras contra Garáfulic: Espionaje a favor de García Meza. “Invento” de escucha y espionaje en ATB y La Razón (“hizo un Watergate criollo absurdo y falaz”, declaró Guiteras). Defraudación de impuestos municipales. Compra de vehículos robados en Brasil para luego ser comercializados en Bolivia. Provisión de electricidad al departamento del Beni pretendiendo obviar el procedimiento de adjudicación. Intento de interrupción de un proceso de contratación para favorecer su propuesta en el proyecto de electrificación de provincias de Cochabamba. Contrabando a través de la zona franca de Cobija. Intento de venta de un avión privado (Taxi Aéreo Echalar) al propio ministro Guiteras que cuando éste rechazó la propuesta, “Raúl Garáfulic Gutiérrez comenzó a pensar con saña el golpe que habrá de darme para cuestionar mi credibilidad y honor, como más tarde hizo con sus medios de prensa, contra todo vestigio de verdad, reveló Guiteras.” Venta falsificada de la mina Amayapampa. Compra fraudulenta de la Hilandería Santa Cruz. Evasión de impuestos nacionales (nota de cargo por el no pago de impuestos por $us 1 millón de la empresa Telebingo de la cual Garafulic poseía el 97% de las acciones).

Solo para utilizar como ejemplo nada más que una de las acusaciones de Guiteras, según informes periodísticos de la época, la Hilandería Santa Cruz estaba valuada en $us 70 millones. Garáfulic la adquirió solo en $us 4 millones, en tiempos en que ya se había convertido en accionista y administrador de los fondos de pensiones y se quitó de encima a Tito Asbún, empresario cochabambino con el que en principio se asoció en busca de las acciones de la entonces línea aérea bandera nacional, Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), que más tarde quedaría desmantelada y quebrada con la intervención de la brasileña VASP de propiedad de Wagner Canhedo. Eran tiempos de privatización y capitalización.

El 19 de marzo de 2003, Raúl Garáfulic (h) presentó en defensa de su padre una denuncia “por los ataques de Wálter Guiteras” ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), a la que pidió que envíe una comisión especial a Bolivia para investigar estos hechos e impedir que la “inmunidad parlamentaria de un senador siga siendo arma de impunidad para atacar, por venganza, la credibilidad de los medios de comunicación y la libertad de información en Bolivia”, dice la nota de ANF. Garáfulic terminó enjuiciando a Guiteras por calumnias, daños y perjuicios.

Como tantas veces ha sucedido en nuestra historia contemporánea, las denuncias, acusaciones y contraacusaciones de guerras como la de Garáfulic-Guiteras quedaron en suspenso y de manera definitiva el 21 de noviembre de 2003 cuando en inmediaciones de la estancia Caño Negro, situada entre San Ramón y Magdalena, departamento del Beni, a 192 kilómetros de su capital Trinidad, la avioneta Cessna 332 Bimotor CP 1958 se accidentó, lo que provocó la muerte de Raúl Garáfulic Gutiérrez y la del piloto Miguel Díez de Medina. El pulpo de los medios de comunicación en Bolivia moría dos años y 10 meses después de que se desatara una confrontación entre dos figuras públicas que tenían en común su cercanía y nexos con el general Banzer.

Así como hoy se ha hecho frecuente el enfrentamiento entre masistas, banzeristas como Garafulic y Guiteras supieron pelearse a muerte. Con estos antecedentes resultará más sencillo comprender que los motivos del cierre de Página Siete están fundamentalmente relacionados con algunos de los cadáveres que guarda en el ropero principal esta familia de la que se esperaba que Raúl Garafulic Lehm, el hijo mayor, llegara a ser algún día candidato a la presidencia de la vieja República, quién ahora se encontraría viviendo en España desde hace casi medio año, trabajando para el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), esa entidad financiera a cargo de uno de los fondos de pensiones de nuestro país en la que Raúl padre tuvo participación administrativa y accionaria.

Para concluir esta significativa etapa de su carrera pública, Rauli, no dijo la verdad sobre la razón del cierre de Página Siete que está relacionada con un lío de acciones, utilidades y paraísos fiscales de la AFP Previsión en la que los Garafulic tienen intereses. Culpar al gobierno de Luis Arce por presiones y asfixia contra la libertad de expresión es nada más que otra cortina de humo con la que pretendieron salir del paso cuando los agobian los salarios no pagados y otras obligaciones incumplidas con sus fieles trabajadores como los desembolsos de los aportes de sus asalariados a las afps, varios de los cuales habrían iniciado demandas laborales contra un diario en el que se soñaba y trabajaba para la caída de Evo Morales y del MAS, organización política que sepultó la democracia pactada con sus triunfos electorales de mayoría absoluta: 2005, 2009, 2014 Y 2020.

Como antecedente final queda el haber intentado criminalizar la última transacción de compra venta de este diario, La Razón, atribuyéndole al programa gubernamental “Bolivia cambia, Evo cumple” los recursos con que habría sido adquirido. La verdad, bien se sabe, es otra. Durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez, Garafulic y sus amigos banzeristas del régimen habrían tramado un plan para apropiarse del diario. Reapropiarse por historia familiar pensarán ellos. Para tal objetivo tenían listo al periodista que se haría cargo de la dirección, producto de un intento de un forzado procesamiento judicial que les garantizaba la captura a costo cero. Como el principal accionista nada tenía que esconder, y por lo tanto nada que temer, desbarató el plan rápida y eficazmente. Se podría decir que en ese momento comenzó la caída final de Garafulic que llegó al año 13 de existencia de Página Siete. No pudo más. O no pudo contra el MAS, como quedará escrito en la historia.

(*) Julio Peñaloza Bretel es periodista, habitual columnista del diario La Razón. El año 2022 publicó “Democracia interrumpida, crisis de Estado y gobierno de facto en Bolivia”, libro en el que figuran las trayectrorias públicas de actores decisivos en el derrocamiento de Evo Morales en noviembre de 2019. La familia Garafulic forma parte de este capítulo de nuestra historia.



Originalmente publicado en el suplemento Animal Político de La Razón, el 16 de julio

El paramilitar

 Para ser paramilitar hay que fetichizar botas, charreteras, fusiles y metrallas. Hay que soñar

ataviarse alguna vez con uniforme de combate. Hay que creer a rajatabla en la necesidad de la

mano dura para poner orden en estas sociedades revoltosas y aventureras, fervientes militantes

de la igualdad social, con actores políticos contestatarios. Es decir, para ser paramilitar, hay que

creer en las fuerzas armadas como salvadoras de un país, tal como ha sucedido con Luis Fernando

Camacho, ahora gobernador de Santa Cruz, detenido por su participación táctica y estratégica en

el golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019.

Camacho es el paramilitar boliviano del siglo XXI. Supo conducir las acciones coordinadas entre

redes sociodigitales y convulsión callejera que en veintiún días allanaron el camino para el

derrocamiento de Evo Morales que cometió el imperdonable error de persistir en una candidatura

viciada de nulidad, indebidamente habilitada por el Tribunal Constitucional, lo que no exime al

ahora detenido preventivo de Chonchocoro de responsablidades y violaciones al Estado de

Derecho que facilitaron la instalación de un gobierno transitorio de facto.

No es como dice Archondito, el canalla escribidor y francotirador de Puebla, que la sucesión fue

constitucional (10 de julio hs. 10:34, la H Parlante, Facebook). El, como todos sus amigos y colegas

golpistas, sabe perfectamente que se urdió una salida política por fuera de la línea sucesoria

presidencial y del reglamento que estipula la obligatoriedad de recomponer la directiva de la

Asamblea Legislativa Plurinacional cuando la cabeza del Senado renuncia, tal como sucedió con

Milton Barón que sucedió a José Alberto “Gringo” Gonzales en agosto de 2018. Recién a partir de

aquél requisito sine qua non, la ruta constitucional quedaba allanada para elegir al presidente del

Estado.

Vaya que se han entusiasmado con los uniformes del ejército y los verde olivo de los motines

policiales estos paramilitares y francotiradores que insisten en una narrativa mentirosa y nada

constitucional, ahora que nos aprestamos a recordar los 43 años del golpe de Estado de Luis

García Meza, ese general de Ejército amante de los caballos al que quisieron derrocar varios de sus

ambiciosos y pretenciosos camaradas por fechorías, arbitrariedades y vinculaciones con el

narcotráfico que hundían al ejército, la fuerza aérea, y la naval de agua dulce en su mayor

descrédito histórico y que hizo uso de paramilitares para asesinar a Marcelo Quiroga Santa Cruz,

líder del Partido Socialista 1, a la salida de la Central Obrera Boliviana (COB) el 17 de julio de 1980.

El paramilitar Luis Fernando Camacho tiene que saber –esa tiene que ser su principal herencia

politica-- que en su condición de militante de la Falange Socialista Boliviana (FSB), su padre, José

Luis Camacho Parada, participó del golpe de Estado de 1971 a la cabeza de un coronel que había

sido ministro de Educación del gobierno también golpista del Gral. René Barrientos Ortuño (4 de

noviembre de 1964), de nombre Hugo Banzer Suárez, nacido en la chiquitana Concepción de Santa

Cruz, personaje con el que algún asesor muy servicial comparó al ahora jefe de la agrupación

Creemos. ¿Camacho igual a Banzer? De ninguna manera. El coronel y finalmente General, le abrió

el camino al anticomunismo fascistoide reconciliando a movimientistas y falangistas, con quienes

gobernó entre 1971 y 1974. Banzer era un gran fascista, pero con proyecto de país, con la

proscripción de zurdos, rojos o indios subversivos a los que masacró en Tolata y Epizana. Camacho

pudo haber sido un remedo, considerando que sus huestes de la Unión Juvenil Cruceñista con la

anexión de la Resistencia Juvenil Cochala, mandaban a perseguir y a encarcelar a masistas y a

sospechosos de masismo, y que también tuvo sus propias masacres, las de Sacaba y Senkata. La

diferencia es que en tiempos del banzerato no habían siquiera vestigios de estado plurinacional y

ni se soñaba con que un sindicalista indígena campesino pudiera gobernar catorce años contínuos

el país.

Mientras Banzer terminó adscrito a la democracia, asociándose con quienes en su dictadura había

perseguido, reprimido, torturado y desaparecido, los miristas de Paz Zamora y Oscar Eid, Luis

Fernando Camacho inauguró su incursión en la política apostando por el golpe de Estado con

operadores como el abogado Jerjes Justiniano (hijo), moderador de las reuniones de la

Universidad Católica, cuando todavía las aberraciones cometidas por curas pederastas se

encontraban en modo secreto a voces.

Ahora se entenderá mejor porque los paramilitares y los francotiradores de la opinión persisten en

el cuento del “no fue golpe, fue fraude”, en que eso del golpe no es parte de la realidad y es por

ello que nunca se refieren a cómo fue el gobierno de Áñez, encabezado por otro gran paramilitar,

Arturo Murillo, ese que invitó alguna vez a las mujeres a lanzarse de un quinto piso para no matar,

--a través del aborto--, una vida ajena.”



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón, el 15 de julio.

La Embajadora

 La decisión de no otorgar salvoconductos para los asilados en la Embajada de México en

noviembre de 2019 de parte de la entonces Canciller Karen Longaric, instruida por Jeanine Áñez y

Arturo Murillo, no alcanzó a Luis Arce Catacora que pudo llegar hasta una nave de línea aérea

extranjera para conseguir librarse de la infernal persecución desatada por el triunfante gobierno

de facto.

Es probable que el objetivo de sacar del país, sano y salvo, al que hasta días atrás había sido

ministro de Economía y Finanzas Públicas, hubiera quedado malogrado, de no haber actuado de

manera directa y decidida la embajadora de los Estados Unidos Mexicanos, María Teresa Mercado,

que acompañó a Arce Catacora desde La Rinconada de la Zona Sur de La Paz hasta el aeropuerto

de El Alto, superando todos los obstáculos como si se tratara de una carrera de vallas controlada

por uniformados verde olivo .

Tuve la posibilidad de entrevistar a la embajadora Mercado (“Memoria”, ATB, 18 de noviembre de

2021) quién nos refirió con detalle cómo fueron esos días marcados por la crispación y la ansiedad,

sobre los que tuve oportunidad de saber en carne propia entre el domingo 10 y el miércoles 13 de

ese trágico noviembre y que me permitió conocer la entereza y el oficio diplomático mexicanos

que con orden y templanza fueron generando las condiciones para que los asilados, todos ellos

autoridades del gobierno del derrocado Evo Morales, pudieran sentirse seguros y protegidos.

Entre los atropellos desvergonzados a cargo del gobierno de Áñez figura el de haber declarado a

Mercado persona non grata, hecho que la obligó a abandonar el país el 31 de diciembre de 2019, y

que dió lugar a su sustitución temporal, ya que el presidente Andres Manuel López Obrador, le

restituyó el cargo para regresar a La Paz, una vez recuperada la democracia con el triunfo electoral

de quién había sido uno de sus principales protegidos y a quién acompañó hasta la cabina de un

avión para asegurarse de que partiera con destino a Ciudad de México.

Cuando todo era desconcierto y lágrimas, minutos después de la renuncia del presidente Morales,

producida hacia el final de la tarde de ese domingo 10 de noviembre, conocí a María Teresa que

impartía instrucciones para organizar las habitaciones que ocuparían los asilados. Algunas y

algunos permanecieron nada más que por un par de días porque ya sabían de las intenciones del

gobierno golpista de evitar que los refugiados obtuvieran el asilo hacia un país que en la década de

los 70, durante el septenio dictatorial, acogió a bolivianas y bolivianos que se vieron obligados a

escapar del banzerato fascistoide.

Durante los 50 días que le tocó a la embajadora Mercado enfrentar el asedio policial con

reflectores nocturnos que enceguecían a quienes se encontraban en la residencia mexicana y el

control pitita del ingreso y salida de la exclusiva Rinconada, tuvo que lidiar con la cancillería a

cargo de Longaric que entre las disparatadas decisiones que tomaba a diario, queda registrado

reconocimiento a Juan Guaido como presidente “encargado” de la República Bolivariana de

Venezuela auspiciado por el gobierno del estrambótico Donald Trump que por supuesto


respaldaba al gobierno de facto presidido por Áñez y manejado a diestra y siniestra por Arturo

Murillo.

Pero como si todo ese panorama abrumador para una representante diplomática no fuera

suficiente, el yerno del propietario de la casa en la que se encontraba la residencia de la

Embajadora, no tuvo mejor idea que acercarse para pedirle un significativo incremento mensual

del alquiler que no contemplara factura. El heredero de un formidable evasor de impuestos,

dedicado a la actividad minera y en su momento propietario de un medio televisivo y un diario de

alcance nacional, estaba honrando la enseñanza paterna proponiendo un “arreglo entre nos”,

aprovechándose del desconcierto y el miedo que reinaba gracias al gobierno respaldado por el

diario del que el sujeto en cuestión es principal propietario. Por cierto, la embajadora Mercado me

solicitó mantener en reserva el nombre de este que le subió el monto del alquiler aprovechándose

de la circunstancia.

María Teresa Mercado ha regresado a su país para asumir la Dirección del Instituto Matías

Romero, creado en 1974, y que se constituye en la academia diplomática mexicana. La he

entrevistado nuevamente (“Cable a tierra”, radio Éxito Bolivia, 28 de junio de 2023) y hemos

recapitulado su intensa estancia en nuestro país que contiene logros como el de la supresión de

visas para viajeros bolivianos y mexicanos, y un proyecto de centro cultural que involucra al Fondo

de Cultura Económica de México y al Centro de Investigaciones Sociales de Bolivia, próxima a

concretarse. Conservaremos el mejor recuerdo, inscrito en nuestra memoria histórica, por esta

que puede considerarse una embajadora con letras mayúsculas.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe del diario La Razón el 01 de julio

La Canciller

 La memoria histórica de Bolivia guardará por siempre con rabia e indignación todo lo que significó

el gobierno inconstitucional de Jeanine Áñez, sentenciada a diez años de reclusión por atentar

contra la Constitución y las leyes, secundada por personajes a los que ahora mira con decepción,

pero que fueron los actores decisivos para su ascensión a la silla presidencial –Miurillo y Ortíz-- y

con los que compartió tareas parlamentarias con el Movimiento Demócrata Social (Demócratas).

Karen Longaric Brozovic no militaba en Demócratas, pero apareció sorpresivamente como Ministra

de Relaciones Exteriores del gobierno de facto presidido por Áñez. Hasta entonces había cumplido

con una trayectoria vinculada a las relaciones internacionales ocupando cargos en la misma

Cancillería, en el Instituto Internacional de Integración y como primera presidenta de la Comisión

Nacional del Refugiado (CONARE).

Longaric era una señora muy comportada que había ingresado en la Cancillería gracias a su esposo

Franklin Anaya (“Panka”) en tiempos del gonismo, en clara práctica de nepotismo, pero que con

los años supo ganarse un sitial en el espectro del análisis especializado sobre política exterior. En

un par de oportunidades la entrevisté para la televisión y la radio, caracterizando sus

intervenciones por la mesura y la prudencia, por ejemplo, con respecto del fallo emitido por la

Corte Internacional de Justicia en La Haya acerca de la demanda interpuesta por Bolivia contra

Chile debido a nuestro irresuelto problema marítimo.

Hasta que llegó el día en que Karen sintió que era momento de quitarse la máscara y mostrar ante

el país quién era en realidad. A partir de su nombramiento como primera Canciller de la historia de

Bolivia, la internacionalista desplegó todas sus armas para evidenciar que había sido una

furibunda enemiga del MAS y que en esa medida emprendería acciones reñidas con el derecho

internacional, la responsabilidad pública y el respeto por los derechos humanos.

A pesar de saber de la importancia y el respeto que se merece la institución del asilo político,

característica distintiva del gobierno mexicano, Longaric se sumó de manera entusiasta a la

agenda que marcaba el ministro de la Muerte, Arturo Murillo. De esta manera, la Canciller de Áñez

convirtió la residencia de la Embajada de México en una cárcel que mantuvo como presos políticos

a ex autoridades del gobierno de Evo Morales, negándose hasta el final de su mandato a otorgar

los salvoconductos que ella en su calidad de primera presidenta de la Comisión Nacional del

Refugiado conocía por anversa y reversa.

Como si violar el derecho al asilo político no fuera suficiente, la desenmascarada ministra que

residía en La Rinconada, no fue capaz de interponer sus buenos oficios como vecina para frenar el

asedio de efectivos policiales que por la noche utilizaban potentes reflectores para no dejar

descansar a los refugiados Quintana, Arce Zaconeta, Alanoca, Laguna, Zabaleta, Vásquez y Moldiz.

Se trató de un sistemático plan de amedrentamiento y violación a los derechos ciudadanos con la

complicidad de los vecinos del barrio que armaron una especie de barricada para revisar los

motorizados que entraban y salían, vigilia pitita cazamasistas en otras palabras.

Hoy día, desde su autoexilio en Alemania, la señora Longaric se declara perseguida política del

gobierno de Luis Arce acogiéndose al lugar común con el que la demacrada y derrotada oposición

pretende disfrazar las barbaridades perpetradas por una cáfila de delincuentes que violaron

derechos humanos, masacraron 38 personas, consumaron negociados de varios tamaños y

condujeron la economía del país al desastre en el tiempo record de diez meses.

Resulta que la Canciller que violó descaradamente el derecho al asilo político, la que nombró un

embajador de ciencia y tecnología -¡con residencia en La Paz!- , amigo de la hija de la Presidenta,

actuó con negligencia en la repatriación de ciudadanos bolivianos atrapados por el coronavirus en

el lado chileno de la frontera, esa misma señora dice ser perseguida por la justicia cooptada por el

gobierno del MAS.

Karen Longaric Brozovic es la fiel expresión de la vieja Cancillería boliviana, atestada de vividores

de corbata de seda y astutos lobistas como Jaime Aparicio Otero, execrable operador de Luis

Almagro en la OEA, embajador ante el sistema interamericano del gobierno de Áñez, un niñato de

cuello blanco portaestandarte de la Bolivia reaccionaria y fascistoide que vive de propalar mentiras

y se ha especializado en distorsionar la realidad política del país desde Washington.

Longaric ha acudido a la CIDH para denunciar los presuntos atropellos de la que es víctima. Ojalá

que desde la Comisión le puedan enviar un ejemplar o el link del informe del GIEI en el que han

quedado debidamente registradas las tropelías del gobierno de la que fue Canciller. Por lo menos

debería darle vergüenza.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón, el 17 de junio.

El interventor

 Los delitos financieros producto de la danza de millones de dólares pueden convertirse en olor a

muerte. Son aquellos que se urden desde oficinas ejecutivas con vistas panorámicas de la ciudad

en la que se cometen. Son tantas las películas sobre Wall Street que hemos visionado en las

últimas cuatro décadas, que dichos como “detrás de una gran fortuna hay un gran crimen” o “hay

que matar a X porque sabe demasiado, pero por favor, que parezca un accidente” forman parte de

los manuales de las grandes estafas y desfalcos financieros.

Poseer tres casonas –no alcanzan a mansiones—avaluadas en aproximadamente cuatro millones

de dólares tiene que por lo menos parecer escandaloso ante los ojos de los de a pie que deben

remar a diario, urgidos por parar la olla del almuerzo. Un banquero ejecutivo que ha invertido

semejante cantidad de dinero para vivir a cuerpo de rey es porque tiene de sobra con que hacerlo

y la ostentación es nada más que el rasgo frívolo de un estilo de vida producido por la adicción al

dinero, la más devastadora de las adicciones de este siglo XXI por encima de todos los

psicotrópicos juntos.

A Carlos Alberto Colodro, trágicamente fallecido en el día de la madre boliviana, le encomendaron

la escabrosa tarea de investigar las rutas del dinero de un banco con nombre de error ortográfico:

A estas alturas, en lugar de Fassil ya hay condiciones y hallazgos para llamarle Difissil. Y mortal.

Colodro, según informaciones generales, había construido una carrera funcionaria que le permitía

un buen pasar, esto es, no necesitar trabajar para seguir transcurriendo sin sobresaltos a sus 64

años. He aquí entonces la primera gran pregunta que no se ha hecho hasta ahora: ¿Para qué

convertirse en el interventor de un banco que apesta por todos sus rincones, incluídas sus

bóvedas?

La carrera de este economista nacido en Sucre llegó incluso con su firma a los billetes de nuestro

sistema monetario en su calidad de Gerente General del Banco Central de Bolivia. Acabo de revisar

y la muy concisa firma del hombre en cuestión está en el papel moneda con el que nos manejamos

todos los días, ese papel moneda que según el Banco Unión nunca llegó procedente del Fassil-

Difissil en los primeros días en que Colodro tomó posesión de sus responsabilidades. En entrevista

radiofónica (programa “Cable a tierra”, radio Éxito Bolivia 93.1 FM) del martes 30 de mayo, la ex

trabajadora del banco quebrado, Bisney Conde, nos contó que ella junto con algunos que fueron

sus compañeros, veía como “salían camiones Brinks con efectivo”. ¿Cuáles eran las rutas de esos

cargamentos? Nadie sabe. Nadie responde. Muy pocos preguntamos.

Según la carta-despedida del suicidado, quedó sólo, y escribió en código que lo que iba a hacer a

continuación pasaba porque ya lo habían matado. Nadie le contestaba las llamadas “vaya uno a

saber por qué”, duda que debió conducirlo a insistir conversar con sus superiores, entre los cuales

destaca el director general de la Autoridad del Sistema Financiero (ASFI), Reynaldo Yujra, que en el

día de la posesión del sustituto de Colodro, ni siquiera por guardar las formas, recordó las

circunstancias que obligaban a nombrar a Luis Gonzalo Araoz Leaño, otro profesional con

muchísimos años de experiencia de trabajo en entidades bancarias y que con lo acontecido,

probablemente pedirá servicio de seguridad personal 24/7, cosa que a Colodro, ni a sus

mandantres, les pareció importante solicitar.

A continuación del descubrimiento del cuerpo inerte de Colodro, estampillado en plena vía pública

de la avenida San Martín, irrumpió en el escenario el abogado Jorge Valda, controvertido

personaje defensor de políticos vinculados a la conspiración y al golpe de Estado de 2019. El jueves

1 de junio nos enteramos que al hombre en cuestión que repitió hasta la saciedad para las

cámaras televisivas que a su “cliente” lo habían asesinado, no fue contratado por la familia del

fallecido interventor y aquí surgen más dudas: ¿Por qué la familia Colodro no fijó posición, o por lo

menos no informó oportunamente que ellos no habían requerido los servicios profesionales de

Valda?

Veinticuatro horas antes de su suicidio, Colodro dirigió una reunión en la que habrían participado

abogados, ex trabajadores, una diputada del MAS y un representante de la Defensoría del Pueblo.

¿Cuán trascendente fue esa reunión? ¿Qué se conversó en la misma? Todo indica que nunca lo

sabremos. Tiene que haber un móvil poderosísimo para que al suicidado internventor le haya

reventado el alma y esto necesariamente tiene que ver con lo sucedido en el trayecto de sus

treinta días de tareas. Mientras tanto, los nombres de los principales beneficiarios con los créditos

vinculados ya se encuentran en el escenario público, por lo que la nueva labor interventora pasa

por no perder la pista del dinero manejado por Ricardo Mertens y compañía. La ASFI tiene mucho

que contestar y las preguntas clave en esta oscura trama debieran estar a cargo del ministerio

público. La transparentación de la información que vaya a obtenerse ya es harina de otro costal.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón, el 03 de junio

El intocable

Eliot Ness era el héroe policial que comandaba las pesquisas contra las mafias italo neoyorkinas en

los años 60. Lo personificó en la televisión blanco y negro de entonces, el actor Robert Stack y en

cada capítulo emitido por el canal estatal de aquél tiempo eramos testigos semanales de sus

proezas contra esas familias que se repartieron la ciudad de la gran manzana para distribuir

clandestinamente bebidas alcoholicas, narcotraficar y administrar negocios de proxenestimo para

beneficio económico y placeres propios. De aquella serie televisiva semanal se podía advertir un

halo de romanticismo: Ese policía de traje, corbata y sombrero de paño con ala ancha nos contaba

que todo crimen termina siendo descubierto, que la justicia puede tardar pero llega, digamos que

la historia del crimen edulcorada y romantizada en ese clásico que se llamó “Los intocables”.

Ejercitando un largo salto hacia el Siglo XXI, el mafioso esterotipado por ese espectáculo

audiovisual maniqueo, se ha desdoblado en estilos. Hay mafias financieras de cuello blanco que

lavan dinero procedente de actividades ilícitas. Hay mafias políticas que cobran comisiones o

coimas para emprender cierto tipo de proyectos en nombre del desarrollo y del bienestar común.

Hay mafias clericales, refugiadas en sombrías guaridas habitadas por enviados de Dios que han

organizado sociedades secretas de pederastas, pedófilos y otras especialidades relacionadas con la

violencia sexual. En fin, hay mafias especializadas hasta en los asuntos más inimaginables en

tiempos del estallido tecnológico que todo lo simplifica y lo corrompe.

El año 2020 en Bolivia se instaló una mafia lacrimógena. Traficó con materiales para la represión

policial. Parte de esa mafia esta procesada judicialmente y detenida en un recinto penitenciario

estadounidense que tiene al ex ministro de Gobierno Arturo Murillo como su representante más

notable. Ese que cazaba masistas. Ese que decía no estar jugando y que sería implacable. Ese que

inventó el “dispararse entre ellos” para eximirse de responsabilidades por las persecuciones

política, judicial y mediática y la consumación de masacres.

Murillo se convirtió en facilitador de todas las mafias que operaron durante el gobierno del que

era mandamás, el de Jeanine Áñez, y que tiene a un connotado protagonista que hoy día es

escribidor de un par de diarios conservadores y que un año después de haber sido botado por la

presidenta de facto de su cargo de Ministro, pasó a ejercer las funciones de Rector de la

Universidad Católica Boliviana en Santa Cruz de la Sierra. Su nombre es Oscar Ortíz Antelo,

militaba en su juventud en Cristiandad, una organización de origen brasileño que reclutaba

jóvenes anticomunistas y temerosos de Dios y a estas alturas se podría decir que se trata de un

verdadero mago porque a pesar de figurar siempre en las fotografías de la consolidación del golpe

de Estado ejecutado entre el 10 y 12 de noviembre de 2019, hoy día nadie lo nombra, nadie

recuerda que fue uno de los cerebros del asalto al poder, el más frío y calculador de la camarilla

que coordinaba el no ingreso de parlamentarios masistas a la Asamblea para conseguir que

Jeanine fuera presidenta vulnerando el procedimiento constitucional

Como el Eliot Ness de la televisión, Oscar Ortíz Antelo es un intocable, pero al revés, pues se

encontraría en la línea de los transgresores de la ley y el orden. Transgresores es un decir porque

en realidad se trataba de mafiosos. Se lo ha visto tomando café con el que fuera editor de El

Deber, Juan Carlos Rocha, a media mañana de un día cualquiera en un centro comercial de la


avenida Busch, Tercer Anillo de Santa Cruz de la Sierra. Su intocabilidad es tan extraordinaria, que

cuando se recuerda a los golpistas se menciona siempre a Camacho, a Mesa, a la propia Jeanine,

alguna vez a Doria Medina, pero nunca a el. Parece que jamás hubiera estado en el balcón del

Palacio Quemado detrás de Jeanine saludando a sus pititas ilusionados y luego defraudados por la

gestión de gobierno que aceleró el retorno del MAS a través de elecciones en tiempo record.

Oscar Ortíz Antelo estuvo en las reuniones de la Universidad Católica de La Paz cuando la jerarquía

eclesiástica puso en evidencia de andar metida en política hasta el cuello. En dichos encuentros,

siempre frío y discreto, se encontraba este que fuera en su momento operador del ex gobernador

Rubén Costas. Su actuación fue decisiva en la Cámara de Senadores desde donde digitaba

movimientos en las inmediaciones de la plaza Murillo, de civiles persecutores de masistas, policías

y militares. Tuto era el hombre de “la embajada”, Camacho el paramilitar y Ortíz el pensante que

hizo a Jeanine Presidenta. Hoy es el impávido jerarca académico de la universidad de los curas

católicos, un portento de numerario del Opus Dei. Un intocable como nunca se vió en la historia

política de Bolivia, milagrosamente invisibilizado por la santidad de Monseñor Josemaría Escrivá

de Balaguer.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón, el 20 de mayo

El cuerpo de Cristo

 El sacramento de la comunión es algo así como la introducción de un chip sobre la fe cristiana en

una entidad humana. Para ello, la Iglesia Católica ha inventado esta especie de certificado de

compromiso que data del siglo XIII, “recibiendo a Cristo en el corazón” entre los los 12 y 14 años

cuando nuestras familias nos preparan para un acontecimiento social parecido al de una fiesta de

cumpleaños, en este caso, para celebrar nuestra adscripción a la fe cristiana a través de la matrix

comandada desde El Vaticano. Eso sí, el acceso a la inaugural ingesta del cuerpo y la sangre de

Cristo sólo es posible si se ha producido el bautismo, a poco de nacer, con los nombres que

padres, madres y abuelos deciden llamarnos, y que dan fe de nuestra existencia terrenal anexada

al cordón umbilical de la fe. Si nos bautizan y recibimos la primera comunión, se puede decir que

quedamos graduados para siempre como católicos apostólicos romanos.

Criados y formateados en la cultura del registro civil igualado al certificado de bautismo de la

parroquia en la que nos hicieron chillar con la helada agua bendita que nos vierte un sacerdote en

la fontanela, transcurrimos nuestra primera década y algo más de vida, encaminados hacia la

comunión, y cuando esta llega, quedan habilitadas las condiciones para decir que somos por igual

ciudadanos con cedula de identidad y seres humanos de fe con nuestra comunión color azul

desfile para los niños y vestidos blancos angelicales para las niñas. Sobre estos certificados

religiosos no estamos en condiciones de decidir por nosotros mismos, a los pocos días de haber

llegado a la vida o cuando nos aprestamos a superar el umbral de la infancia hacia la adolescencia.

Son nuestros padres o custodios los que deciden que seremos católicos, que creeremos en Dios y

en su enviado para salvarnos del pecado por los siglos de los siglos, y de esta manera

construiremos en nuestra memoria una conciencia de culpa que conduzca a una existencia

condicionada por la salvación que permite el triunfal pasaje hacia la vida eterna. Así

reglamentadas las creencias, católicos y católicas practicantes han admitido que la vida no se

construye en libertad y autonomía, sino que viene prefigurada por nuestros progenitores.

Para que todo esto pueda suceder, figuran las vocaciones de renunciamiento a los placeres

mundanos que harán de los sacerdotes católicos organizados en distintas congregaciones,

nuestros guías y formadores humanistas. Así tendremos consejeros espirituales, trabajadores

sociales y en ordenes como la Compañía de Jesús y la de los Salesianos, pedagogos, profesores ,

labradores del espíritu y guías para descubrir vocaciones.

Los que pasamos por las aulas de colegios católicos sabemos perfectamente que todo lo hasta

aquí descrito está bien para los papeles y las apariencias, porque el descarnado mundo nos ha

dado ingentes cantidades de ejemplos acerca de que los curas son tan pecadores como quienes no

nos sometimos a los votos de castidad y al celibato, y que detrás de las antiguas sotanas y los

modernos cuellos clericales pueden esconderse monstruos como “Pica” –Alfonso Pedrajas

Moreno--, un jesuita ya fallecido al que se ha puesto al descubierto por haber abusado-

manoseado-violado a casi noventa niños/adolescentes en centros educativos de Cochabamba.


Para decirlo de manera estremecedora, el cuerpo de Cristo ha sido introducido en nuestras

osamentas y almas con el sacramento de la comunión, para que en determinado momento, las

noches cómplices en los internados de colegios y escuelas sirvan para que ese recibimiento,

digamos espiritual, se materialice en una de las más aberrantes prácticas de las que podamos

tener memoria en la historia de los seres humanos y sus creencias: El falocentrismo sacerdotal ha

desgraciado tantas vidas infantiles y adolescentes, esas que lucharán hasta el fin de sus días para

intentar superar los traumas, tantas veces sin conseguirlo.

La nauseabunda iglesia católica boliviana ha demorado más de 72 horas en pronunciarse acerca de

este caso narrado con pelos y señales en El País de España y dicen ahora los jesuitas que han

separado a ocho de sus componentes y que la investigación debe servir para encontrar a los

encubridores, tan violadores por su conducta corporativa como el propio Pica.

Si no se hubiera producido el descubrimiento del caso a través de un familiar indignado, este tema

seguiría enterrado en las catacumbas de la impunidad, esa misma con la que en Bolivia se

auspiciaron reuniones en la Universidad Católica Boliviana para derrocar a un presidente

constitucional en noviembre de 2019. Infiltrados en todos los ordenes de la vida cotidiana, de la

vida laboral y en los pasadizos de los poderes político y económico, lo único contundente y

definitivo que han conseguido estos curas católicos es que pongamos en profundo entredicho las

promesas de un más allá paradisiaco y esplendoroso. Quienes sabemos de diosas y dioses,

tenemos la obligación de combatir a estas iglesias tenebrosas hasta el fin de nuestros días.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 6 de mayo.

sábado, 29 de abril de 2023

El imperialismo desvencijado

 

Llegó un día en que Washington se vistió de república bananera. Desquiciado por la derrota, al más puro estilo de las estrategias intervencionistas en nuestros países, Donald, no el pato de Disney, sino Trump, el truhán millonario arropado por los republicanos,  aceptó que había que contratar especialistas en destrozos para asaltar el Capitolio cuando la victoria electoral de Joe Biden era irreversible y no quedaba otra que aducir fraude, por no decir demencia.

Deberíamos desternillarnos de carcajadas vengativas: Despúes de cinco décadas de producir cine neocolonial en el que latinoamericanos, asiáticos, árabes y africanos, éramos estereotipados como categoría de salvajes pintorescos,  ingobernables y corruptibles, llegó al poder un neoyorkino de origen alemán y estilo folklórico que a punta de negociaciones e indemnizaciones perpetradas en los garajes de sus towers sofocó rencores femeninos producto del acoso, el abuso y una dominación sexual abyecta y abominable practicada durante toda su vida de empresario todopoderoso e imbatible. Todo un portento fálico hipernacionalista que soñaba con reponer algo así como un Muro de Berlín, muy racista y antimigratorio para que mexicanos y todo tipo de sudacas la pensaran dos veces si pretendían convertirse en indocumentados en busca del “sueño americano”.

Los Estados Unidos de Norte América es puertas para adentro, un interesantísimo país de contrastes culturales e identitarios muy plurales. El problema surge luego del triunfo en la Segunda Guerra Mundial cuando se ingresaba de lleno en la Guerra Fría, y las elites políticas, empresariales y militares deciden que había que controlar, dominar, penetrar y si fuera necesario saquear otras tierras y otros pueblos cuanto se necesitara de ellas a partir de esa vocación extraterritorial que ha tenido como respuesta la conformación de colectivos de resistencia en los cinco continentes que comúnmente se conoce como antiimperialismo, palabra que las izquierdas social demócratas ya no pronuncian, porque en el siglo XXI parece más prudente no utilizar el lenguaje de los años 60 cuando la URSS y su satélite Cuba amenazaban la democracia, la paz y la libertad entendida e impuesta desde la Casa Blanca.

La URSS se desintegró, Rusia se reinventó con desideologización pragmática y el Partido Comunista se convirtió en un viejo recuerdo dejado por Lenin, Stalin, Kruschev, Brézhnev gracias a la Perestroika de Gorbachov , mientras la China no dejó de ser comunista en el control político del sistema, pero se hizo más capitalista y liberal transnacional que la propia Estados Unidos. Superada la hegemonía bipolar de mediados del siglo XX, resulta que ahora tenemos un mundo en que la disputa por riquezas y mercados tiene como mandamases al ochentón Joe Biden, representante de la gerontocracia del bipartidismo gringo, a Xi Jinping, que concentra el manejo político como Secretario General del Partido Comunista, el poder militar y la expansión económica mundial asiática y a Vladimir Putin, un experto en inteligencia y espionaje que no ha dudado medio segundo en plantarle una guerra a Ucrania y a toda la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), manejada por Estados Unidos.

En este nuevo contexto internacional, el imperialismo norteamericano quiere recuperar su vigor debilitado por la nueva correlación geopolítica planetaria, utilizando la vieja fórmula: Gravitación económica a través de sus resortes crediticios, penetración política militar y recuperación de la iniciativa para volver a hacerse del control de nuestros recursos naturales que hoy consisten, fundamentalmente, en petróleo, agua, litio y ese pulmón biodiverso cada vez más amenazado llamado Amazonía.

Estados Unidos quiero volver a hacer de las suyas en nuestra América morena, pero se va encontrando con líderes respondones que le hacen muy pedregosa e infranqueable esta nueva incursión que tiene a personajes como la Generala Laura Richardon, cabecilla del Comando Sur y a Mark Wells el Secretario para Brasil y Sudamérica del Departamento de Estado en una estrategia combinada de ataque y tanteo. La una recordándonos nuestra condición irreversible de patio trasero y el otro justificándola por “descontextualización”, utilizando viejas recetas, argumento perfecto para desplegar nuevamente nuestras banderas antiimperialistas.

Desvencijado, pero no muerto, el imperialismo norteamericano compite hoy con China y Rusia en desigualdad de condiciones, debido a que a dichas potencias no les interesa imponer ministros, comandantes militares y menos agentes y activistas anticomunistas, porque el mundo ha cambiado. Lo que a chinos y rusos les interesa es hacer negocios, invertir para ganar, sin meterse con las soberanías y las autodeterminaciones nacionales, fórmula sencilla que evidencia cuan actualizada es la lectura del mundo de unos, frente a la anacrónica política estadounidense porfiada en imponer recetas que no encajarán más en los tiempos que corren. Por eso, seguimos siendo antiimperialistas y en esa conviccion a quienes más debemos combatir es a sus obedientes agentes locales.



Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 22 de abril


domingo, 9 de abril de 2023

El MAS como el MNR

 

El caudillismo pazestenssorista condujo a fragmentar el proyecto de la revolución de 1952. Incubo a los emenerres respondones que desdoblaron al partido en variaciones que terminaron engendrando a las dictaduras militares de los 60-70. Con el propósito de retener y prorrogarse en el poder, la alianza de clases fue activada con la patraña de la conversión del indígena a campesino, no en un genuino reconocimiento a su existencia e identidad libertaria, sino para funcionalizarlo como ciudadano a fin de que una burocracia heredera de señoritos, usufructuara del poder, primero con los doce años de “período revolucionario” (1952 – 1964), luego con los dieciocho años de dictaduras militares (1964 – 1982) y a continuación con veinte años de neoliberalismo (1985 – 2005) precedidos de una accidentada coalición como la UDP (1982 -1985) que con social demócratas y comunistas de la órbita soviética queriendo cogobernar, anunciaba un fracaso de partida que terminó con hiperinflación y la sustitución de esta con el recetario surgido del Consenso de Washington.

Vistas las cosas en tiempo presente, el Movimiento al Socialismo (MAS) que parecía inscribirse en el “socialismo del siglo XXI”, terminó jugando al “capitalismo andino”, utilizando el  transformador expediente de la inclusión social, en un dispositivo que a estas alturas se caracteriza por haberse posicionado como funcionalizador del supuesto sujeto histórico, a la manera del MNR, con el que surgía un auténtico nuevo paradigma en la política boliviana.

La sórdida disputa por el liderazgo electoral en el MAS está confirmando que para muchos entusiastas y muy militantes defensores y activistas del Proceso de Cambio, el sujeto histórico queda circunscrito a la figura de un jefe y de nadie más, cuando el manual del buen revolucionario dice que el sujeto histórico de un proceso transformador es un colectivo multifacetico con características sociales y económicas, y en el muy particular caso de Bolivia, de una variopinta identidad étnica y territorial. Resulta hasta caricaturesco: el sujeto histórico había tenido nombres y apellidos personales registrados en un documento que puede guardarse en una billetera, y no había sido el resultado de los procesos encarados por soberanía y autodeterminación, por indígenas convertidos en campesinos, por campesinos que van del mundo rural hacia las ciudades para convertirse en obreros y en obreros que conforman una vanguardia minera que ha luchado poniendo el cuerpo, la sangre y los muertos contra el imperialismo que saquea y despoja, que consagra el orden establecido para que los niños bien sigan convencidos que por derecho hereditario son dueños de vidas, de haciendas, del estaño, del oro, del petróleo y hasta del agua.

Los formadores ideológicos, los capacitadores en militancia partidaria parecen no haber hecho su trabajo desde 2006. Porque de lo que se trataba era de explicar y empezar a practicar lo que Jorge Sanjinés nos enseñó con su primer cine y que pasa por la construcción colectiva y comunitaria de un proceso político con cadenas humanas solidarias enfocadas hacia el mismo horizonte. Cuando nos enteramos que un entorno de poder llega a la conclusión que al jefe máximo no hay quién lo sustituya, retrocedo mi mirada y recuerdo las actuaciones de Paz Estenssoro, Siles Zuazo, Guevara Arce, Bedregal Gutiérrez y hasta el mismísimo Gral. Barrientos Ortuño. Con semejante escenografía el Movimiento al Socialismo (MAS) se está pareciendo cada vez más al MNR burocratizado en que una rosca partidaria terminó sustituyendo a la rosca minera de Patiño, Hotschild y Aramayo.

Con este cuadro histórico político, no tiene que alarmarnos las cada vez más destempladas actuaciones de Carlos Romero denostando al que fuera su compañero de gabinete ministerial, ahora presidente del país.  Juega a una ironía desangelada llamándole políglota porque “está callado en siete idiomas” en alusión a presuntos actos de corrupción de su gestión gubernamental. En este sentido, Romero ha terminado actuando a la manera en que lo hacía el movimientismo de estilo opositor triturador e inconsecuente, tan funcional a los intereses de la derecha más reaccionaria y con esto ha quedado claro que su práctica política ha consistido en formar parte de una rutina política que lo ha hecho  tóxico y hasta perverso, conducta desconcertante si se tienen en cuenta sus antecedentes de activista defensor de derechos de pueblos indígenas de tierras bajas del país.

Hoy día el MAS-IPSP se perfila como una entidad con dos cabezas y hasta tres en la que el horizonte de una estrategia transformadora en la correlación de fuerzas de la sociedad boliviana está comenzando a perderse. Y en ese sentido, la nacional popular puede terminar convirtiéndose en el artefacto que acabe con su existencia como sucedió con el movimientismo empoderado en los 50 que parió una revolución tutelada e inconclusa.




Originalmente publicado en la columna Contragolpe de La Razón el 08 de abril.

Futbolero perfecto

 

Jugar. Competir. Ganar. Persistir. No desistir. Sufrir. Ser feliz. Luchar. Fracasar. Perder. Volver a empezar. Diganme si el fútbol no se asemeja a la vida misma por fuera del verde césped, sólo que sin la ilusión del partido del próximo domingo, sin la posibilidad de la revancha en el próximo lance. Hemos aprendido a caminar con vitalidad y pasión en todos los territorios de este mundo, gracias a este invento inglés con raíces ancestrales de nuestros pueblos indígenas de la América indígena.

Desde 1977-78 supe que el fútbol podía ser una narrativa. Un cuento. Un poema. Una fotografía del entrenador apoyado en una pared fumando tabaco y cavilando acerca del próximo desafío. Ese entrenador se llama Cesar Luis Menotti y cuando leía las notas de Juvenal y Eduardo Verona en El Gráfico, esa revista que con sus textos y fotografías me condujo hasta la final Argentina – Holanda, supe que el fútbol era en primer lugar un discurso de palabra bien dicha, de coherencia entre el hacer y el decir, de lucidez y potencia persuasiva.

Años más tarde aprendí también que el fútbol puede ser esa emboscada de cederle el balón al rival para intentar ganarle a partir de sus errores y no de las virtudes propias. El catenaccio italiano me dijo un día, esta manera de interpretar y ejecutar el juego no es para ti. Dicho y hecho, me aferré a la idea de que el fútbol es tener el balón desde el que se gestan mil y una fantasías, algunos goles memorables, pero sobre todo, esa posibilidad humana de dialogar con el otro, y con el de más allá, y en tanto sea posible con todo el equipo a partir de un interminable número de pases que conducen inevitablemente, si esa práctica es ejecutada con perfección de engaño y de terminación de la jugada, a trasponer la puerta contraria.

Ganar, qué sensación especial, pero cuan más valiosa si ganar ha sido producto del genio personal en asociación, de esa magia que conjuga talento individual y equipo que es capaz de gestarse desde los botines de una buena gente que recibe y entrega balones con la felicidad inexplicable e incomparable que esto produce, o de la atajada imposible que paraliza por milesímas de segundo corazones al borde del paroxismo.

Con Brasil 70, Holanda 1974, y Argentina 78 comencé mi búsqueda del juego perfecto que me permitiera alcanzar el estatus de futbolero perfecto.  Tres décadas más tarde sucedió: Lionel Messi, Xavi Hernández y Andrés Iniesta nos avisaron desde el Barcelona que la santísima trinidad ocupaba todos los espacios del Camp Nou. Que Messi era el hijo de Dios y había llegado para salvarnos del tedio de fin de semana, que Xavi era el padre que jugaba a hacer jugar a los demás con una perfección que fabricó legiones de seres que quedábamos boquiabiertos con su sabiduría de campo abierto y exactitud para jugar el balón, e Iniesta era el Espíritu Santo porque parecía invisible pero con una de sus apariciones fantasmales, por ejemplo, hizo campeón del mundo a España en Sudáfrica en 2010.

Me ufano de sentirme futbolero perfecto porque es el juego el que me ha convencido, que está primero que la competencia. Si se juega bien las posibilidades de ganar son siempre mucho mayores, aunque perder también sea parte de la esencia, como me lo recuerda siempre el genio de genios de la táctica  que se llama Johan Cruyff y que jamás pudo ser campeón mundial con la naranja de Holanda. Ganar – perder es parte del artefacto mundano del capitalismo. Jugar es inherente a la esencia humana en toda su profundidad.

¡Salud a Marcas de La Razón en los treinta años de su vigencia periodística!

 (*) Julio Peñaloza Bretel fue jefe de prensa de la Selección Boliviana de Fútbol en la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994, tiene publicados cuatro libros de fútbol y ha escrito para Marcas de La Razón en ediciones ordinarias de lunes y en ediciones especiales sobre copas del mundo y copas América.

 



Originalmente publicado en Marcas de La Razón el 26 de marzo

La capitulación chavista

  Desde el viernes 27 de febrero, Bolivia se ha convertido en un país serie B. Se trata del último cherry comunicacional que ha terminado po...