domingo, 11 de agosto de 2019

Gringos, balas, minas y candidatos


En época de Feria del Libro hay que recomendar sin ambages la extraordinaria investigación del estadounidense Thomas C. Field Jr. que con el título en castellano “Minas, balas y gringos – Bolivia y la Alianza para el Progreso en la era de Kennedy”,  disecciona de manera implacable, por la rigurosidad de los datos en los que se sustenta, lo secuestrada que estuvo la Revolución del 52 con un Paz Estenssoro, sobre todo a partir de la década de los 60,  absolutamente sometido a los direccionamientos del gobierno del legendario J.F.K. que condicionó la ayuda económica a nuestro país, a la penetración sin límites de la llamada Alianza para el Progreso, aparato con el que se activó el Plan Triangular, en plena Guerra Fría y el pretexto-argumento geopolítico de evitar que nos convirtiéramos en un estratégico satélite del comunismo que “estaban trabajando duro para subvertir el gobierno y convertir a Bolivia en un Estado de obreros y campesinos” (pag. 105, capítulo 2, El desarrollo como anticomunismo). 
Paz Estenssoro fue el arquetípico caudillo modernizador autoritario que usó el tenebroso Control Político para acallar a la derecha falangista y a la izquierda sindical minera de los históricos Juan Lechín Oquendo, Federico Escóbar e Irineo Pimentel. Y vaya que logró en gran medida su cometido, instalando campos de concentración y pertrechándose militarmente con la ayuda gringa para reprimir a los revoltosos de los centros mineros que querían una Bolivia soberana,  liberada de las ataduras impuestas por el imperio del norte, imperio que por supuesto existe y no es el producto del delirio de unos cuantos idealistas empecinados con cerrar sus puertas al mundo exterior para que nuestros recursos naturales no fueran aprovechados para beneficio propio antes que para saqueo ajeno como ha sucedido a lo largo y ancho de nuestra historia.
“Minas, balas y gringos…” fue publicado en mayo de 2016 por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) dependiente de la Vicepresidencia de nuestro Estado, y cuenta con la versión original en inglés editada por Cornell University Press.  El autor es profesor asociado y jefe de facultad de Estudios Globales en el Embry-Riddle College of Security y en el prólogo del libro, James Dunkerley ha definido esta monumental investigación  como “una valiosísima contribución a nuestra comprensión de la historia boliviana moderna y abre nuevas perspectivas sobre la Revolución Nacional , proporcionando un apasionante ejemplo de investigación forense que puede y debe ser emulado”.
Si hay un libro acerca de la historia sobre la Bolivia del siglo XX que se debe leer en quinto y sexto de secundaria es éste, porque con su solidez argumentativa y sus datos,  hecha abajo un sistema de creencias acerca de los mitos, los lugares comunes y las bondades per se de la Revolución movimientista que influyó en el acontecer nacional y en las administraciones gubernamentales, con Paz Estenssoro posteriormente asociado a Banzer en dictadura y democracia, entronizando el neoliberalismo (1985 -2005) y con Lechín Oquendo en frente, desde la izquierda, encabezando la resistencia obrera a la injerencia de los Estados Unidos en las decisiones sobre el aparato de poder y en las políticas económicas.
En “Minas, balas y gringos…” no hay párrafo que  tenga desperdicio. Nombres, lugares, hechos, planes estratégicos, situaciones de altísima conflictividad social, incluída una signficativa anécdota acerca de las sardinas podridas con fideo que le dieron de comer un grupo de mujeres mineras, al presidente de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) de entonces, Guillermo Bedregal Gutiérrez, ponen en evidencia cuan genuflexo fue “el Doctor Paz” con el gobierno de Kennedy y cuan resistentes y luchadores  fueron los mineros de la época, perseguidos y reprimidos cuando las violaciones a los derechos humanos estaban a la orden del día, en tiempos en los que de verdad existía persecución política a cargo de amos foráneos y peones criollos de la estrategia norteamericana anticomunista.
Se trata, además, de un perfecto mapa en el cuál podríamos realizar el ejercicio de extrapolar a los candidatos presidenciales de hoy al contexto de ese tiempo. Así tendríamos que Evo Morales sería Irineo Pimentel o Federico Escóbar, líderes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) identificado por trayectoria con una auténtica causa nacional popular de las mayorías desposeídas, Carlos Mesa quedaría perfectamente mimetizado en cualquiera de los cargos ostentados por la alta jerarquía movimientista de entonces y Oscar Ortíz podría ser fácilmente un burócrata puntual y disciplinado, contratado por la embajada de Estados Unidos como parte del personal local.
 Hay que leer “Minas, balas y gringos”. Será una buena manera de conseguir que algunos puedan quitarse la venda prejuiciosa de los ojos, esa que consagra la ignorancia, el desconocimiento  y la inconciencia acerca de lo que en realidad está hecho este país, nuestro país, esta Bolivia que en seis años cumplirá doscientos años de “independencia” de vida republicana, y que sin dejar esa condición y cualidad, es desde hace diez años, en primer lugar, Estado Plurinacional.



Originalmente publicado el 07 de agosto en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

jueves, 23 de mayo de 2019

El departamento


El chiste de la democracia pactada decía que Leopoldo Fernández era tan pobre que apenas tenía un solo departamento…el departamento de Pando. Prefecto y Cacique, el preclaro líder territorial del entonces más pobre y aislado territorio del país, manejaba vidas y haciendas para unos en el mejor sentido y luego para otros con el desenlace producido con las muertes de campesinos emboscados en una zanja en la zona de El Porvenir el año 2008.
En cambio, el departamento de propiedad horizontal del matrimonio Teresa Gisbert Carbonell-José de Mesa Figueroa, situado en el edificio Brasilia, calle Juan José Pérez esquina 6 de agosto, no cuesta ni a bala 30 mil, 19 mil o 55 mil dólares según pudiera establecerse a partir de un convencional avalúo comercial practicado por una entidad bancaria, porque sencillamente el metro cuadrado en zona tan céntrica, diagonal al monoblock central de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), está por encima de los mil dólares, ahora y también hace una década cuando fue adquirido por una señora de apellidos Hinojosa Imanareco. Si esa propiedad horizontal cuenta con una extensión de ciento veinte metros cuadrados, está claro que el precio es incluso mayor a los ciento dos mil dólares en que más adelante la misma ex pareja del Coronel Gonzalo Medina, lo habría  revendido con rotundo éxito.
No tengo la menor idea de los precios de los departamentos, -- mientras el hijo de José de Mesa se desgañitaba tratando de explicar y complicándose gratuitamente con el depósito que le hicieran a una de sus cuentas personales --,  que Evo Morales comenzaba a entregar a familias damnificadas por el deslizamiento de un apreciable número de viviendas en una deleznable zona de la ciudad, como lo son el 60 por ciento de las mismas en toda La Paz, según el mismísimo alcalde Luis Revilla. Es decir que esto me hizo notar que Mesa hijo no refirió una sola palabra de solidaridad con las familias caídas en desgracia que por ahora duermen en carpas en la cancha Fígaro, lo que lleva a suponer que calculó no decir ni pío en un asunto en el que el Gobierno Municipal de La Paz deberá dar explicaciones estructurales, superada la crisis, cuando al final de cuentas, los departamentos de los que dispone el gobierno nacional terminen cobijando a la gran mayoría de esas casi dos centenas de familias que lo perdieron todo por las inclemencias del cambio climático, las urgencias que no permiten elegir donde vivir y las irregularidades para autorizar construcciones donde sea y como sea.
Este lío sobre departamentos debe llevarnos inevitablemente a comparar las dimensiones simbólicas del departamento de Leopoldo Fernández, del departamento de los Mesa Gisbert y los departamentos del plan de vivienda gubernamental, felizmente deshabitados, para que pasaran a ocuparlos unas familias a las que jamás se les pasó por la cabeza ni por un segundo, que los sueños de la casita propia se les harían trizas en un abrir y cerrar de ojos.  El departamento de Leopoldo ha sido democratizado a lo largo y ancho, han dejado de mandar caciques de distintos tamaños y los pandinos ahora son más bolivianos que hace aproximadamente dos décadas. El departamento de los papás del ex vice y ex presidente, ha levantado dudas razonables acerca de cómo se vende y compra en Bolivia, de cómo se hacen transacciones inmobiliarias a través de, seguramente, escrituras públicas en las que figuran unas cifras y contratos privados en que aparecen los montos reales y completos.
Para redondear mi panorama sobre la propiedad horizontal, decidí examinar el archivo y me encontré con “El apartamento” (1960), película de Billy Wilder en la que el protagonista (Jack Lemmon) cedía el suyo a los jefes de su empresa, para que se convirtiera en refugio de amoríos clandestinos de los que participaba como amante la chica de la que se enamora (Shirley MacLaine). La crítica de distintas épocas considera esta sencilla película una obra maestra por su claridad argumental, la sencillez de su trama y el oficio de sus intérpretes, capaces de exponer los matices del comportamiento humano a partir de sus pulsiones, así que entre los distintos departamentos aquí abordados prefiero en primer lugar los de la solidaridad con los caídos en desgracia y el cinematográfico de Wilder que se refiere a la doble vida de tantos seres humanos, que en casa tienen una cotidianidad y en el departamento otra escondida, esa que no admite pruebas de su existencia.


Originalmente publicado en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF) el 08 de mayo

jueves, 14 de marzo de 2019

Menos calle que Venecia


En una más de tantas declaraciones forzadas,  el candidato ilustrado dijo que Evo Morales no tiene calle porque se la pasa viajando en helicóptero. El mismo sujeto ya se había equivocado atribuyéndole al Ministro de Comunicación, una declaración que hizo su propio escudero vicepresidencial el 31 de enero en entrevista concedida al diario que alienta su candidatura, en sentido de que a su propio binomio le faltaba calle, esto es, contacto con la gente de a pie, esa mayoría anónima que decide el destino democrático del país cada cinco años.
Diego Armando Maradona dijo de Mauricio Macri en tiempos en que conducía los destinos del club Boca Juniors, que tenía menos calle que Venecia, una más de esas metafóricas frases que grafican cómo se percibe a esos arquetípicos multimillonarios , y me parece que con bisoña sinceridad, Gustavo Pedraza se ha atrevido a reconocer que él y  Carlos Diego De Mesa Gisbert, carecen de lo mismo que según Maradona carece Macri, el mandamás bonaerense que se ha entregado con las manos “atados” al Fondo Monetario Internacional, cautivado por 50 mil millones de dólares y al carisma de su jefa, la longilínea Cristhine Lagarde.
Carlos D. dejó atrás esas aptitudes hipercríticas televisivas con las que defendía la capitalización pensada por Goni,   al haber decidido situarse en el barro de la politiquería de baja estofa con fuertes dosis de olvido e imprecisión, y cómo no, una insultante falta de autoexamen sobre su desempeño como sujeto de perfil público.
Si de honestidad intelectual se tratara, además, el candidato de CC debería obligarse a  escribirle una carta de agradecimiento al presidente del Estado Plurinacional que al nombrarlo portavoz de la causa marítima para el juicio ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) lo rescató de la intrascendencia con la que bajó de perfil en la última década impartiendo charlas a audiencias de universitarios desprevenidos y escribiendo sentencias en modo columna para diarios de derecha antimasistas en distinta gradación. Es a partir de Morales que Mesa decide labrar su candidatura y salir al paso ahora para acusarlo de “no tener calle” es cuando menos desagradecido.
Desde esta lectura, Carlos D. es el segundo candidato del MAS para las elecciones de octubre de este 2019, porque de no haber sido Evo,  no se habrían generado las condiciones para que el segundo vicepresidente de Goni  --quien se pasó por el forro el “ni olvido ni perdón” para reparar justicieramente la masacre de Octubre de 2003 producida en El Alto--, esté hoy nuevamente pontificando como sólo él sabe hacerlo en un contexto en el que sale ampliamente desfavorecido con esos insípidos encuentros de plaza principal que como bien ha dicho el Ministro Canelas saben a paquete turístico.
Y si de espacios públicos hablamos para intentar determinar quién conoce mejor estos, si Carlos D. o Evo Morales en un recuento de sus trayectorias, es necesario en primera instancia  definir que la carretera es la expresión rural de la calle urbana y  la cancha de fútbol del pueblo  el equivalente a la plaza del barrio, márgenes en los que nadie podrá desconocer –ni el propio Mesa, vecino acomodado del club de Golf de Mallasilla, La Paz—que Evo Morales ha sabido hacer de ese conocimiento y experiencia a cielo abierto, un instrumento de lucha que ha bloqueado muchísimas veces al partidismo MNR-MIR-ADN para defender la hoja de coca y los cocales, y para abrirse paso por esas mismas rutas, hacia la toma del poder como nunca antes había sucedido en Bolivia con un proyecto campesino de reivindicación de lo indígena, bajo los códigos del sindicalismo disciplinado al que la democracia meramente representativa no le era suficiente para buscar destino y luego empoderamiento en pleno arranque del siglo XXI, derrotando, entre otros, al mismísimo Mesa, el último de los presidentes neoliberales que dominaron nuestra escena entre 1985 y 2005 .
De calle le conocemos a Mesa que va al Megacenter de Irpavi para asistir al cine, generalmente acompañado por una amiga íntima, en su momento socia empresarial y mas tarde jefa de gabinete cuando ocupó el Palacio Quemado. Mesa no tiene calle o la tiene igual que Macri y tendrá que jalarle las orejas a Gustavo Pedraza por habernos removido la memoria. Como ejemplo demostrativo de esta afirmación, hay que recordar que huyó del Hernando Siles de un encuentro por copa Libertadores en el medio tiempo porque Bolívar perdía 1-5 contra el Atlético Paranaense (2002) y en la segunda etapa logró la proeza de lograr el 5-5 en un partidazo de esos que se recuerdan siempre.
Los que tenemos calle y nos conocemos al dedillo las arterias de nuestra La Paz, los que no negociamos los códigos de lealtad en la gradería futbolera, no nos movimos a pesar de la momentánea catástrofe, mientras él abandonaba la cómoda y exclusiva butaca numerada que tiene reservada invariablemente. Los goles de la academia los anotaron Miguel Mercado, Horacio Chiorazzo en dos oportunidades, Martin Lígori y Julio César Ferreyra y por supuesto que el opinador televisivo de entonces tuvo que resignarse a verlos en los reprises televisivos nocturnos.
El helicóptero que utiliza Evo Morales le sirve para bajar a la realidad de las provincias, aquellas, la gran mayoría, a las que ningún presidente en ejercicio jamás llegó. Mesa puede pretender hacerles creer a muchos lo que no es. Los que lo conocemos hace cuatro décadas, desde cuando trepaba con inequívoca prepotencia a  sus púlpitos de orador sentencioso, nos queda claro que se trata solamente de una figura pública sin la espontaneidad necesarias para el auténtico contacto callejero, tema sobre el que podría darle variadísimas lecciones el ahora presidente del Concejo Municipal de La Paz, Pedro Susz, con el que compartiera por muchos años la dirección de la Cinemateca Boliviana.




Originalmente publicado el 14 de marzo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

domingo, 10 de marzo de 2019

El Patrón del Bien


Un relator de Fox Sports subrayó el homónimo: Pablo Escóbar Gaviria fue el Patrón del Mal, el jerarca del narcotráfico colombiano que tanta muerte y tragedia sembró en su país, pero como estaba jugando el partido que narraba por Copa Libertadores, este otro Pablo Escóbar (Olivetti) se convertía, a partir de ese momento, en el Patrón del Bien. Desde entonces, el gran capitán atigrado, de estirpe futbolera paraguaya por temperamento, valentía y compromiso ha hecho honor al sobrenombre que le quedará para siempre, pues no sólo fue Patrón en el sentido hacendal de la palabra, como propietario territorial del campo de juego, sino también en las connotaciones del patrón de comportamiento que supo imponer constituyéndose siempre en una misma persona, en la cancha, en el vestuario o en el comedor de diario de su casa en el que comparte con disciplina cotidiana con su familia de compañera e hija argentinas, y de pequeños hijos bolivianos.
El 18 de diciembre de 2018, tal como lo había anunciado un mes antes, se retiro de la práctica del fútbol, fiel a la seriedad con la que se toma a si mismo. Dijo que colgaría los botines y con todo el dolor de sus entrañas en un partido en que The Strongest goleó a Blooming de Santa Cruz por el torneo de la división profesional, anotó cuatro despidiéndose del verde césped honrando su palabra porque a sus cuarenta años resultaba sensato determinar la hora de la partida.
Si existe una idea-fuerza que todavía me liga al fútbol boliviano, como fiel hincha atigrado marcado por el destino antes de nacer, esa se llama Pablo Daniel Escóbar Olivetti, con quien tengo grabadas, transcritas y editadas diez horas de conversación que convertiremos en libro durante este año a pesar de los vientos y mareas que nos lo han impedido hasta ahora. Grabamos en la soledad y en el silencio de los recintos soleados y deshabitados del estadio Rafael Mendoza Castellón de Achumani a fines de 2017 y en esos diálogos queda evidenciado cuan importante es, por lo menos para mí, como persona y periodista, que un referente de multitudes tenga la entereza cotidiana para hacer coincidir el Ser y el Parecer.
Muy rápido, muy de buenas a primeras, Pablo se convirtió veinte días después en el entrenador del equipo al que le entregó lo fundamental de su vida deportiva y en el que supo cultivar sus valores personales. Formado en una escuela nacional y a través de un programa virtual de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), se hizo profesional en la materia y comenzó a dirigir a los compañeros con los que había compartido el tricampeonato y esa brillante Copa Libertadores de 2017 en la que Alejandro Chumacero fue uno de los goleadores con ocho anotaciones.
The Strongest está hoy en el podio de la tabla de posiciones del fútbol profesional, pero un traspié sufrido en condición de local, saliendo derrotado por Nacional Potosí, luego de ir ganando 2-0, el último jueves de febrero en el Hernando Siles,  ha situado a Pablo en zona de inestabilidad, de esas que suele fabricar cualquier hinchada a la que caracteriza el exitismo y la urgencia por resultados al día, asunto que exhibe el costado más desagradecido de este hecho socio cultural  llamado fútbol definido por el entrenador italiano Arrigo Sacchi como lo “más importante de lo menos importante”, considerando los millones de seguidores que en distintas intensidades consagran su tiempo libre animando a los equipos de los amores de cada quien.
La práctica dirigencial de los clubes bolivianos informa que ante las primeras señales de inestabilidad en materia de resultados, la propensión pasa por cambiar precipitadamente al técnico, y así tenemos varios que han girado una y otra vez por los mismos equipos, práctica que es una evidencia más de que en nuestro país el fútbol es frágil y poco competitivo internacionalmente, debido al cortoplacismo de miras. Mientras en el vecindario sudamericano se continúa trabajando en el mediano y largo plazo para generar nuevos valores de manera contínua, aquí se trata de de poner y sacar técnicos como si se tratara de pañuelos desechables: Se extraen de cajas que inicialmente tienen la apariencia de mágicas, se usan y se botan.
Los símbolos de las instituciones, aquellas figuras que han hecho historia por calidad, rendimiento y regularidad en cada una de sus actuaciones se merecen el respeto agradecido de sus seguidores. Ese es el trato que corresponde darle a este Patrón del Bien, un futbolista que ha vestido las camisetas atigrada y de la selección nacional con oficio, talento, pero sobre todo con una convicción propia de los líderes naturales, esos que deberán ser recordados por siempre, en este caso en las gradas de la Curva Sur del estadio de Miraflores, allí desde la cual, un puñado de delirantes y exitistas, confunde un mal resultado con una carrera impecable que se merece el bronce reservado para los héroes inmortales. 
Nuestro Pablo Escóbar es el Patrón del Bien,  y así lo tendremos presente por siempre aquellos que sentimos el “The Strongest levanta tu corazón” como una forma de ser, como una manera de vivir.


Originalmente publicado el 04 de marzo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)



lunes, 18 de febrero de 2019

El Alpacoma de la política boliviana

Se han apoderado de las redes sociales versión boliviana, unos especímenes que ejercitan su empeño cotidiano en hacer del nuestro, un país ridículo que apuesta a no tomarse en serio a si mismo y que ha convertido la repostulación de Evo Morales en el principio y el fin de la vida planetaria. Es para quedar impresionado y de tanto sin sentido perpetrado de a 140 caracteres por minuto, será bueno tener claridad y cierta experiencia para decidir si desternillarse de risa o ponerse a llorar con la dignidad de quien sabe hacerlo sin buscar consuelo.
Bolivia es hoy, en términos generales, una nación de naciones sin partidos políticos, y con candidatos presidenciales que compraron o se prestaron siglas. Mesa se hizo del FRI.  Cárdenas de UCS. Paz Zamora regresa a su fuente primigenia --el PDC-- que le cierra espacio a una señora que vive en un helicóptero creativo inventando bases venezolanas allí donde nunca las hubo ni las habrá.  El hijo del chapaco Gringo Limón encabeza la candidatura de un MNR que ya no es un partido hace mucho, sino una broma melancolica de un ayer que persiste en revalidarse durante un siglo XXI signado por nuevas formas de percibir y aprender la vida.
 Así tenemos a Mesa con la sigla del  partido fundado por el Motete Zamora que nació a la vida institucional como maoísta y acabó en los brazos de Paz Estenssoro y Banzer. También figura Cárdenas, el otrora katarista palmoteandose con unos reaccionarios e intolerantes evangélicos de Santa Cruz de la Sierra que, juntos, lograron manotear la sigla del partido de Max, el cervecero, un asistencialista que quiso ser presidente y encontró la muerte antes de  tiempo, pero más vale que ahorremos más descripciones allí donde lo que encontramos a cada paso son anécdotas, unas debajo de otras, en forma de tweets. Los dos, Mesa y Cárdenas, hay que recordarlo siempre, fueron vicepresidentes de Gonzalo Sánchez de Lozada y Sánchez Bustamante.
Con la excepción del Movimiento al Socialismo (MAS) que es una confluencia en que cohabita la multitud plebeya con todas sus formas, colores y olores, desafiando la autosuficiencia letrada de variados presuntuosos que leyeron mucho y comprendieron poco, y el centro derechista Movimiento Demócrata Social (MDS) de Santa Cruz, en la desintitucionalizada política boliviana hay siglas con personería jurídica vaciadas de inteligencia, visión de mundo, visión de país, militantes, instancias jerárquicas orgánicas o células barriales.  En el primer caso, el candidato formalmente ingresado en el escenario electoral –ese era su objetivo medular en estas primeras primarias—es el tres veces electo con mayoría absoluta Evo Morales, y en el segundo caso, encontramos a un Senador de nombre Oscar Ortíz que estoy casi seguro, ni siquiera sabe como ejecutar el paso básico de la cumbia.  El uno antiimperialista a más no poder, y el otro, pro yanqui, como lo confirman sus distintas ligazones con partidos políticos del circuito de la derecha latinoamericana alineada con Washington y con fundaciones entrenadas en tratar de penetrar sin permiso nuestras dignidades combatientes a tutelajes e injerencias como las que se ejercitan a diario contra la muy lastimada Venezuela de Nicolás Maduro.
Ese el patético panorama que nos encara hacia octubre de este recién nacido 2019: 1. Bolivia dijo no, pero también dijo Sí. 2. El Vice desplegando su mejor esfuerzo para explicar los impresionantes números de la nueva economía asentada en un modelo distinto al mercantil neoliberal, pero seguramente, como él mismo dijera, preocupado porque concurrieron a las urnas menos de la mitad de los militantes de su partido. 3. Samuel al que por fin le demostraron que no siempre una candidatura es posible solamente con una chequera rotunda y quedó fuera del ruedo sin siquiera haber ingresado al vestuario para jugar. 4. La sarta de portavoces remunerados, operadores disfrazados de analistas neutros que acuden a impartir capacitaciones a Los Yungas, que cuando están en la ciudad, juegan agazapados sobre sus teclados a escribir cuanta bazofia crean necesaria para hacer un Alpacoma virtual, un relleno que de sanitario tiene nada, y de miseria humana lo viene completando casi todo.
Y si de relleno sanitario las redes sociales invadidas por la politiquería no muestran nada, como botadero de desperdicios tóxicos cumplen todos los requisitos: Insultos, agravios, calumnias, injurias, difamaciones, racismo, misoginia, homofobia, falsedades e inexactitudes estadísticas, lo que significa que se han pasado trece años indigestados con el “Indio Presidente” y nunca se detuvieron a planear un proyecto genuinamente alternativo, capaz de remplazar la democracia pactada (1985 – 2005) que cumplió su ciclo hecha añicos y conseguir, con ambición inteligente, derribar el proyecto masista que a esta hora sigue siendo el único con Introducción, Desarrollo y Desenlace, tal como ya se pusiera de manifiesto en la Asamblea Constituyente en la que ganó el Sí frente  a la negación, esa con la que persisten en arrancar a Evo de la silla presidencial que ha pasado del piso dos del Palacio Quemado, al veintitantos de su nueva oficina situada en un rascacielos que lleva el nombre de Casa Grande del Pueblo, y en la que casi nunca está porque sigue viajando a tres o cuatro zonas rurales por día.
Frente a tan desolador panorama carente de creatividad, el pasado fin de semana fui a ver “La mula”, última película del gigante y conservador Clint Eastwood que a sus 90 años sigue demostrándonos que pueden existir ciudadanos de derecha dignos y coherentes, que si se atreven a ingresar en el circuito del narcotráfico articulado por los carteles mexicanos, saben que les espera la cárcel, declarándose culpables en los estrados judiciales sin necesidad de que los abogados hagan su trabajo…aquí no, los representantes del conservadurismo señorial y nostálgico no tienen nada que ofrecerle al país hasta ahora y cuando cometen delitos cuelgan el cartel de “persecución política”. Supongo que inventarán algo a  título de “programas de gobierno” en los próximos diez meses para justificar su travesía hacia las elecciones de octubre. Como alguna vez dijo el ahora octogenario Jaime Paz Zamora: Qué difícil es amar a Bolivia.





Originalmente publicado el 30 de enero en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 24 de diciembre de 2018

Travesía electoral (De Goni a Evo)


Después del trauma colectivo producido por el descalabro del gobierno de la UDP (1982-1985), fulminado por el salarialismo cobista y el boicot de las bancadas empresariales instaladas en  el parlamento de entonces (MNR-ADN), se desdibujaba el horizonte utópico, propio de los idealismos de los 60 y 70, con la reaccionaria visión de los que se empeñaron en convencer a la siempre temerosa y vacilante clase media que los comunistas asociados con los miristas y los movimientistas de izquierda encabezados por Hernán Siles Zuazo, se comerían a nuestros niños, nos arrebatarían nuestras casas y el populacho se apoderaría el país. “La indiada se nos viene encima” diría una tía de esas que respiraba racismo por todos los poros. 

La hiperinflación inauguró un estado de derecho con libertades libertinas que precipitaron el adelantamiento de elecciones y  la apertura de una ventana por la que Jaime Paz Zamora se coló en la papeleta de presidenciables, resignándose a que, finalmente su tío Victor (Paz Estenssoro) sería presidente sin ganar elecciones, asociándose con Banzer como ya lo hiciera en el golpe de Estado en 1971, inaugurando la democracia pactada todavía sin repartija de poder y pegas: El General vivía urgido por demostrar que era tan demócrata como sus pares de la multicolor y multisigno, con el nefasto antecedente de que siete años antes cerraba otros siete de dictadura con Plan Cóndor y masacres de Tolata y Epizana incluídas.

Desde entonces he ejercido ciudadanía en las urnas, en aquella elección de 1985 votando en blanco. Cuatro años después no dudé en marcar por el candidato que se desataba las manos y evitaría que el ex dictador ingresara a Palacio por la compuerta democrática: Goni  no era de izquierda, pero su aparente centrismo prometía librarnos del reingreso de  la bota militar con el betún abrillantado por ese voto duro con  promedio de 20 por ciento, a la silla presidencial. Años después caeríamos en cuenta que el dictador desarrollista de los 70 no era desde la ideología económica muy diferente de ese Sánchez de Lozada que terminó sus días de vida pública como un vulgar represor inducido al suicidio poltico por su Ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín.

Banzer, Paz Estenssoro y Sanchez de Lozada, secundados por Paz Zamora, adscribieron a Bolivia al unipolar neoliberalismo que impidió por dos décadas consecutivas la emergencia de un proyecto alternativo que nos permitiera comprobar esperanzados que otra izquierda era posible. Así sobrevivimos durante ese tiempo en el que nos convencieron que el pragmatismo insensibilizado con las variopintas demandas sociales era el único camino para que el país no se nos muriera.
Rehacios al militarismo dictatorial sudamericano de los 70-80  debidamente digitado por el departamento de Estado norteamericano, creímos con espantosa ingenuidad que Goni sería el empresario distinto que cambiaría las cosas, pero lo único que logró fue posponer, --aparte de dibujar las condiciones del nuevo saqueo a cargo de las transnacionales que tomaría forma en su siguiente gobierno (2002-2003) -- la llegada del General a la presidencia, cosa que finalmente sucedería en 1997, elección en la que al igual que en 1993, no volví a votar por el que ni siquiera llegó a Bachelor en Filosofía y Letras de la Universidad de Chicago, cineasta aficionado y exitoso millonario de la empresa minera mediana COMSUR.   

Voté por Goni en 1989, y en elecciones municipales una vez por Juan del Granado (2004) y otras dos por Luis Revilla (2010 y 2015), convencido de la importancia de la continuidad institucional y programática para La Paz, y fue en 2002 que sufragué por segunda vez en mi vida electoral por un candidato presidencial con el criterio de no entregarle el parlamento en charola de plata a los gonistas, banzeristas y a los manfredistas (de Reyes Villa) y decidí marcar por Evo Morales que perdió apenas por una diferencia de 1.62 por ciento de los votos con un extraño corte de luz en medio de un crucial recuento nunca debidamente explicado por esa Corte Nacional Electoral presidida por nuestro maestro de la Comunicación, Luis Ramiro Beltrán. A partir de entonces continué votando por Evo --2005, 2009 y 2014--, y además voté por el Sí en el referéndum revocatorio que se transformó en ratificatorio (2008), lo mismo que por la nueva constitución política (2009) y por una nueva repostulación el año 2016 con el mismo criterio por el que voté por Del Granado y Revilla para Alcaldes, el de la prioritaria continuidad, en el entendido de que el ciclo político que persigue el objetivo central de la erradicación total de la pobreza extrema no debía ser interrumpido en el contexto de la llamada Agenda 2025, objetivo mucho más posible de alcanzar con el nuevo modelo económico que con el clásico liberal del que ya sabemos cómo fracasó y por qué terminó desmoronándose con presidente escapando en helicóptero desde el colegio Militar de Irpavi.

En la democracia de elección presidencial indirecta, Paz Estenssoro fue presidente con el 30 por ciento de los votos (1985), Paz Zamora apenas con el 22 por ciento (1989), Sanchez de Lozada con el 35 por ciento (1993), Banzer nada más que con el 22 por ciento (1997), con el mismo porcentaje Sanchez de Lozada para su segundo mandato –22 por ciento—(2002) y luego vendrían las palizas de legitimidad propinadas por el sorprendente Evo Morales que ganó la primera vez con 54 por ciento (2005), 64 por ciento la segunda (2009) y 61 por ciento la tercera (2014).

En el referéndum revocatorio convertido en ratificatorio, Morales logró un aplastante 67 por ciento (2008) y la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado alcanzó un 61 por ciento (2009). Desde entonces nos convertimos en Estado Plurinacional de Bolivia y demasiadas cosas han cambiado significativamente para el país, incluída una trama de culebrón muy de melodrama latinoamericano, en el que una señora que ha debido pasar una apreciable cantidad de veces por el cirujano plástico jugó a la mentira mediática propiciada por algún loco del parque  -- todas las ciudades tienen sus locos del parque—que primero afirmó que esta dama había sido madre de un hijo del presidente, para luego de conseguido el triunfo del No el 21F, el mismo personaje dijera que no había hijo. La acusación pasaba por tráfico de influencias entre esta señora de apellido Zapata y el primer mandatario, cosa que nunca pudo demostrarse , pero que sirvió perfectamente, a través de una mentirosa operación mediática, para que el No se impusiera al Sí por tres puntos, cerrándole el paso a la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado que permitiría la repostulación presidencial.

Esta es la historia electoral boliviana en las casi cuatro décadas de democracia ininterrumpida de la que goza Bolivia. Hoy nos encontramos en un atolladero polarizador porque una sentencia constitucional habilitó a Evo Morales para ser nuevamente candidato en las elecciones de octubre de 2019, reconociendo su derecho humano a postularse. Bolivia dijo No, pero Bolivia también dijo Sí –51 contra 48 por ciento—y esa es la contradicción principal entre quienes profieren alaridos en sentido de que Evo no tiene más derecho a ser candidato, y los otros, pertenecientes a las organizaciones de indígenas, campesinos, trabajadores urbanos y neocapitalistas de nuevo tiempo, están persuadidos de lo contrario. El show debe continuar.


Originalmente publicado en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF) el 18 de diciembre

lunes, 5 de noviembre de 2018

Felicitaciones para un supremacista


“Macaco” y “negro de mierda” le profirió el futbolista argentino Leandro Desabato (Quilmes) a su colega de profesión, Grafite, entonces jugador del Sao Paulo. El incidente se produjo el 13 de abril de 2005, durante el desarrollo de un partido de Copa Libertadores de América en el estadio Morumbí, lo que motivó que efectivos policiales, ni bien el jugador rioplatense traspuso la línea de cal cuando se cumplieron los 90 minutos, fuera detenido durante cuarenta horas, y su club se viera obligado a pagar casi cuatro mil dólares para que se instruyera su liberación. Entonces, hace trece años, estaba muy claro que los dichos racistas eran condenados social y penalmente en un país en que por fin los pobres, los desheredados de la tierra, se convertían en prioridad democrática.

Las cosas han cambiado, transcurrida algo más de una década, porque un candidato a la presidencia, perteneciente a la más nauseabunda derecha que pudiera existir en el planeta que hasta la propia Marine Le Pen ha condenado desde París, ha utilizado un lenguaje de odio y discriminación étnica durante toda su campaña, emprendiéndola contra mujeres, afros, homo y transexuales. Ese candidato que lleva el sugestivo Mesías como segundo nombre es ahora el presidente electo del Brasil, y  varios políticos han saludado su triunfo calificando la elección de “limpia” entre los que hay que destacar a Luis Almagro como Secretario General de la OEA, Sebastián Piñera, presidente de Chile; el ex presidente Jaime Paz Zamora,  los exvicepresidentes de Gonzalo Sánchez de Lozada, Victor Hugo Cárdenas y Carlos Mesa; el exvicepresidente de Hugo Banzer, Jorge Quiroga; el alcalde suspendido de Cochabamba, José María Leyes y otros anticomunistas que viven en una especie de guerra fría mental, pertenecientes a las llamadas plataformas ciudadanas que defienden con uñas, dientes y quién sabe con qué otras armas si lo consideraran necesario, el  resultado del referéndum del 21F2016.

Algunos otros, medianamente más astutos, han preferido enviar congratulaciones a la democracia y al pueblo brasileño en genérico, a sabiendas de que la personalización de los parabienes es implícitamente un reconocimiento a que en las reglas de juego, más importa el juego que las reglas, ya que no puede generar dudas que las autoridades electorales le han permitido a Jair Mesías Bolsonaro, decir que lo que se le pegara la gana, apelando, además, a las noticias falsas esparcidas a través de las redes sociales para consolidar el voto en aquellos como él que creen en un Brasil blanco, de ojos azules, incapaces de mezclarse con escorias humanas como los migrantes bolivianos, tal como en su momento el campante ganador, ex capitán de ejército, tributario de las dictaduras militares, lo afirmara sin ambages, superando las torpezas y los excesos de otro parecido a él, llamado Donald Trump.

Los grandes líderes y tomadores de decisiones pertenecientes a la izquierda y el progresismo no deben darse el lujo de subirse en los aviones de los ricos, de los Marcelos Odebrecht, de los propietarios de OAS, de los Queiroz Galvao o de los Camargo Correa, y menos ceder ante coimeras tentaciones que desnaturalizan su génesis política e ideológica. Que eso lo sigan haciendo los conversos y los culipanderos que tienen como proyecto invariable el privilegio del mercado por encima de las necesidades apremiantes de los sectores más deprimidos de la sociedad. “La estrategia de la izquierda es no robar” ha dicho lucidamente Pepe Mujica desde Montevideo, porque la corrupción debe continuar siendo una marca distintiva de los conservadores, de los adoradores del capital transnacional, de los facilitadores de la explotación despiadada de los trabajadores del campo y las ciudades,  del saqueo y el despojo de nuestra biodiversa riqueza, de aquellos que en el fondo son tremendamente parecidos a Bolsonaro, pero que su hipocresía políticamente correcta y un cierto pudor por el respeto a valores humanos elementales, les impide poner en evidencia a través de un discurso o un tweet.

Bolsonaro presidente será algo distinto que Bolsonaro candidato. Moderará su lenguaje, muy probablemente aprenderá a medir sus palabras, pero ningún cambio de estilo o tono impedirá que deje de creer en el supremacismo como guía de sus acciones,  para controlar la sociedad y la economía. Privilegiará a los poderosos empresarios, restituirá privilegios y escenarios para los altos mandos militares. y el resto, incluídos los 45 millones que votaron por el tardío candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, deberán someterse a sus criterios de orden y limpieza, incluído Luiz Inácio Lula da Silva al que tratarán de pudrir en la cárcel de Curitiba y Dilma Roussef, que no logró ganar el curul de Senadora por Mina Gerais, alejada de la presidencia a través de un golpe de Estado “suave” por presuntos hechos de corrupción que hasta ahora no han sido demostrados.

El panorama internacional es patético si se considera que al ex izquierdista uruguayo, Luis Almagro, empleado de alto standing del sistema interamericano financiado por los Estados Unidos, celebra el triunfo de Bolsonaro y persiste en su campaña en la que tacha de dictador a Nicolás Maduro: Está claro, es preferible un explícito militante del conservadurismo y de la derecha, que un converso, como los hay tantos en nuestras comarcas, que terminan alinenadonse con quienes, comenzando desde la retórica electoral, pisotean los preceptos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, vigentes desde 1948. 




Originalmente publicado el 31 de octubre en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

martes, 23 de octubre de 2018

Post La Haya: Con el resultado puesto


Forman parte del comemierdismo  --para algunos toda una corriente filosófica—aquellos que juegan a estupendos, insinuando siempre el “te lo dije”, cuando antes de que sucediera lo peor, callaran la boca por ser políticamente incorrecto ir a contracorriente del sacrosanto patrioterismo en el que propios y extraños, izquierdas y derechas, dicen coincidir en que el regreso soberano al Oceano Pacífico es un bien mayor, por tratarse de la reparación de una injusticia y de la puerta hacia el mercado internacional que ayudaría a modificar en positivo las relaciones económicas de Bolivia con el mundo.

Insisto en que la demanda presentada ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) fue impecable. Que se trabajó con denuedo desde 2013, cuando ni imaginábamos que algún día llegaría un 21F o un fallo controvertido del Tribunal Constitucional. Se emprendió esta suerte de estrategia y aventura para intentar sacudir a Chile, el “adversario indolente” según Jaime Paz Zamora (1993), frase que precipitó la renuncia de su Canciller, Ronald MacLean Abaroa, a diez días de la finalización del gobierno del Acuerdo Patriótico. El sacudón internacional se prolongó por un lustro y con el fallo emitido el pasado 01 de octubre hay un explícito reconocimiento, en la parte introductoria del documento de 178 párrafos, que nuestro país nació a la vida independiente con 400 kms. de costa marítima, contenido central astutamente invisibilizado por la estrategia celebratoria de comunicación política del gobierno de Sebastián Piñera.

Sin duda que perdimos, que el objetivo de que la Corte conminara a Chile a la obligatoriedad de un diálogo negociador para una salida soberana no se cumplió porque el conservadurismo de la mayoría de los jueces, la correlación de fuerzas entre el país demandante y el país demandado, y un presunto lobby pudieron más, pero esa derrota no es lo catastrófica que pretenden los militantes del comemierdismo, esos que en lugar de cerrar filas en nombre de los intereses bolivianos, utilizan el tema para conectarlo con los ímpetus prorroguistas del presidente Evo Morales en sentido de que el fallo, si va a ser reconocido por ganador y perdedor, debe serlo en todos sus alcances y no solamente por lo que dice el artículo 177, porque Chile tendrá claro ahora que hay una instancia jurídica internacional que acepta que Bolivia tuvo Litoral, que éste fue arrebatado por una invasión y una guerra sucia, y lo más importante: Que no haya obligatoriedad, a pesar de los varios y consistentes antecedentes presentados por nuestro país, no significa que el problema pendiente haya desaparecido, hecho que la misma CIJ reconoce en el artículo 176, y por lo tanto, los chilenos saben que Bolivia jamás renunciará su derecho a regresar a lo que ese eslogan militar llama “los puertos del progreso”.

Candidatos fracasados siempre con menos del 10 por ciento en las encuestas, oportunistas con un pie adentro y otro afuera --utilizando el problema marítimo para beneficiar imagen y proyección estrictamente individuales-- tránsfugas que dan lecciones de democracia desde el derecho y la ciencia política, operadores-opinadores que le pegan en el palo apostando al candidato equivocado para generar una unidad opositora que no va a producirse, columnistas que redactan a coro “la derrota de Evo” como si no se tratara de un emprendimiento en que todos jugábamos con la misma camiseta, conforman el patético escenario público clasemediero obsesionado con que “el indio tiene que irse”, como si Bolivia comenzara y terminara con su presencia o su ausencia en el poder, luego de doce años de una abrumadora acumulación de hechos demostrables acerca de cómo este país es bastante diferente del que teníamos hasta diciembre de 2005.

Hablar con el resultado puesto, pontificar desentendiendosé del involucramiento que pocas horas antes les era útil, pone en evidencia que los fantasmas del pasado quieren ahora llegar hasta los últimos pisos de la Casa Grande del Pueblo, cuando las reglas de juego dicen que el orden de los factores sí altera el producto porque una cosa era el neoliberal trípode Mercado-Estado-Sociedad y otra muy distinta es el triángulo Estado-Sociedad/Mercado. Con esos jugadores que usan el “resultado puesto” para operar en favor de ciertos intereses, muy lejanos a las aspiraciones y demandas de las mayorías nacionales, no hay caso: Hace mucho que viven con respiradores artificiales.


Originalmente publicado el 10 de octubre en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

lunes, 17 de septiembre de 2018

1 de octubre de 2018


La sabiduría y lucidez de Ana María Romero de Campero me enseñaron que este oficio del periodismo, por tratar a diario con la coyuntura como sustento fundamental en la elaboración de contenidos noticiosos y opinativos, es presa, muy frecuentemente, de la superficialidad y un margen de error en las apreciaciones temáticas que toca encarar, bastante más altos que los de otros oficios o disciplinas profesionales. En ese contexto miro hoy cómo algunos que en cierto momento de sus trayectos fueron periodistas, habitan la cotidianidad con el desagrado que les produce la persistencia de Evo Morales  en la continuación del ejercicio del poder para alcanzar los objetivos que se ha propuesto hacia 2025, cuando Bolivia deba celebrar el bicentenario de su fundación republicana. Ese desagrado ha afectado objetivamente la calidad y la transparencia con la que pretenden continuar sus carreras y los ha convertido en seres de trajes grises, que hasta por la inauguración de un nuevo estadio de fútbol se indigestan. Es aceptable y comprensible el ejercicio del conservadurismo o la simpatía por los amos del norte, pero que eso tenga que afectar el buen funcionamiento del estómago y el sentido del humor, resulta penoso y digno de una resignada tolerancia.
Dicho esto, y sin ninguna otra pretención que la de entregar este espacio del que dispongo en ANF, me planteo el desafío de hacer del Ahora, una especie de catapulta para la mirada que debe proyectarse en el tiempo acerca de acontecimientos que marcarán nuestra historia más allá de las frívolas refriegas electorales tan momentáneas como intrascendentes, y en esa lógica digo que el 01 de octubre de 2018 será un día fronterizo entre el antes y el después del problema marítimo, de una reivindicación a la que Bolivia nunca renunciará, sencillamente porque nació a la vida como país, con costa soberana sobre el Océano Pacífico.
En el juicio planteado por nuestro país ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, exigiendo la demanda de obligatoriedad a negociar que tiene Chile, Bolivia ha acertado por donde se vea: Estrategia sólida, abogados competentes y experimentados, un Embajador y Agente muy concentrado en su trabajo, al que jamás se le ha escapado un adjetivo agraviante en contra de ningún personaje de la política exterior chilena y un presidente del Estado, enfocado en conseguir que la comunidad internacional, a través de una de sus principales instancias multilaterales en materia jurídica, reconozca la existencia de un asunto pendiente de territorialidad y acceso al mar que la mismísima República de Chile se encargo de reconocer en distintos momentos del siglo XX y del siglo XXI.
A quince minutos de las diez de la mañana del 01 de octubre, a nueve días de recordarse los treinta y seis años de la recuperación de la democracia concretada el 10 de ese mismo mes de 1982, los jueces instalados en el Palacio de la Paz, habrán dicho su palabra y estamos casi convencidos que instando, a través de su fallo, a que Bolivia y Chile se sienten a conversar –lease negociar--, desde ahora respaldados por el derecho internacional, no para revisar el Tratado de 1904, no para que se nos devuelva Antofagasta, no para instalar una caricaturesca soberanía ya que eso debe quedar en el anecdotario de los escibidores de twitter, sino mas bien, para instalar un diálogo que esta vez no quede suspendido o mañosamente interrumpido, sino para buscar una solución en la que nuestros dos países, deberán encontrarla de una serie de alternativas que no dañen a Chile en lo más mínimo, y favorezcan a Bolivia en su irrenunciable vocación de regreso al Pacífico. Eso es todo. Para algunos es nada, para otros demasiado desafío, y complejo como cualquier laberinto, que después de haber ensayado varios caminos dentro de él,  tiene objetivamente una sola entrada y una sola salida.



Originalmente publicado en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF) el 14 de septiembre.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Demócratas light.com

Un buen amigo de sobrias costumbres, conocimiento apreciable de la historia de Bolivia y de los entresijos de la vida de las ordenes salesiana y jesuita, me aconsejó hace un par de meses decir públicamente por qué soy un renegado de la clase media, esa a la que por mi condición socio económica, pertenezco según ciertas categorizaciones sociológicas, aunque no me guste ni una pizca.

Pues bien, considerando sensato y oportuno el consejo de éste amigo, digo ahora que aprecio mucho a las clases medias de países como Argentina y Uruguay, inscritas en el discurso progresista y transformador de nuestra historia signada por desmembraciones, despojos, saqueos, opresión, violaciones a los derechos humanos y tutelaje político digitado desde Washington, y las aprecio y respeto, precisamente, porque una cosa es tertuliar con conocimiento de causa –lease de la historia y sus avatares—y otra hacerlo desde la sarta de prejuicios y vocación discriminatoria emparentada con el supremacismo, que ha caracterizado nuestra historia republicana, con barones de la plata, el estaño y la goma como referentes fundamentales que explican por qué los indios y las indias fueron reducidos a “mulas de carga”, invisibilizando y violando sus orígenes étnico culturales, su derecho a la vida y al trabajo digno, a la participación ciudadana y a la reapropiación de sus tierras y territorios.

La clase media con ínfulas jailonas (viene de high society, para los que no lo saben), esa misma que por obra y omisión, validaba golpizas impunes de dirigentes de organizaciones indígenas, campesinas y Sin Tierra en la plaza 24 de septiembre e inmediaciones de Santa Cruz de la Sierra (2006 – 2008), se ha refuncionalizado en “plataformas ciudadanas” que bajo la consigna del triunfo que por una nariz –51 contra 49—impediría la modificación del artículo 168 de la Constitución que habilite a una nueva postulación a Evo Morales, pretenden erigirse en la voz incuestionable de la democracia expresada en las urnas, ahora que aymaras, quechuas, guaraníes, y todos los pueblos y naciones originarias ya son bolivianos y bolivianas como nunca antes de 2006 lo fueron.

Cualquier manual básico de marxismo dice que existen solamente dos clases sociales  --proletaria y burguesa-- que han escrito la historia moderna de la humanidad a partir de las revoluciones francesa (1789) y rusa (1917), y en esa lógica, la aparición de las clases medias con todos sus matices en las sociedades urbanizadas del siglo XX terminan constituyéndose, según el argot callejero, en clases “a medias” –indecisas, ambiguas, pendulares, oportunistas--, y son las que determinan destinos electorales como sucediera el 18 de diciembre de 2005 que con un porcentaje definitorio, generó el acabose de las dos décadas de gobiernos neoliberales que administraron el poder desde el pacto, la componenda y la repartija, democracia de la que somos parte con sus pocas luces, todas sus imperfecciones y miserias, aunque parte de esa clase media le siguiera entregando su confianza a herederos de la dictadura y de la tecnocracia, con porcentajes de voto que no fueron suficientes para detener la carrera que Evo Morales ostenta como recordman difícilmente igualable de procesos electorales y en permanencia consecutiva en el cargo.

Esa clase media boliviana, que se alimenta de matrices de opinión cual si tratara de un recetario de repostería, utiliza palabras como las siguientes para defender sus pretendidas convicciones democráticas: “Dictadura. Dictadores. Caudillos. Castro-chavismo. Bolivia no debe llegar a ser como Cuba y Venezuela.” No incluye la palabra comunista porque no sabe que es el comunismo, y en realidad porque no sabe de qué consta la compleja historia boliviana antes de que arribaramos a este siglo XXI.

El único objetivo de esa clase media muy conservadora en la retórica familiar, pero absolutamente desmadrada en las redes sociales, es que “el indio tiene que irse”, que se debe “respetar la voluntad del soberano” y ahí juegan sus cartas los operadores financiados por los Ricky Ricones de la política criolla, disfrazados de “analistas políticos” en los medios, y camuflándose  en esas plataformas que como única certeza las mueve la inviabilidad de la candidatura de Evo y después que venga lo que sea, al final si el indio se va, lo que suceda a continuación es lo de menos: He aquí entonces las razones de mi absoluto rechazo a las clases medias bolivianas de barrio tradicional, esas que suscriben con la docilidad movida por sus prejuicios y su racismo, afirmaciones como que Evo ya es parte del pasado y como si en realidad el parque jurásico de la política boliviana no estuviera conformado por esos que vanamente quieren encasillar al MAS en el tablero de la partidocracia, cuando los aciertos y los grandes yerros del MAS son producto de otro tiempo y otra manera de hacer política en una democracia en la que nunca un solo partido contó con dos tercios de voto  parlamentarios.
La clase media, en términos generales, no tiene visión de país porque no lo conoce, porque su sentido de país comienza y termina en un par de gestos patrioteros aprendidos en las horas cívicas escolares. En realidad quiere el retorno al orden establecido de visibles e invisibles.  Sí tiene un listado interminable de prejuicios, de afirmaciones basadas en la prepotencia que otorgan algunas billeteras y cuentas bancarias, y en la histeria moralista que desatan ciertos excesos y desatinos producidos por el poder en sus distintas expresiones --económica, política, judicial, militar o policial--. Pretenden convertir el folklore y el anecdotario político en categoría histórica y por ello sus comentadores redactan y redactan manifiestos en los que queda confundida la lectura crítica con la operación política, formando parte, de esa manera, de los equipos detractores del evismo.  Son neutrales. No tienen partido, no tienen candidato, pero a la hora de la verdad votarán por los de antes, porque no han sabido participar de la construcción de un ahora. Viven de un eslogan machaconamente repetido donde se debe y puede, así como en lugares en los que la falta de respeto en la que incurren los tiene sin cuidado. 

Con todos estos argumentos, tengo que sentirme sereno y convencido, de caminar por la vida como un renegado de la clase media a la que pertenezco sin pertenecer. 


Originalmente publicado en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF) el 14 de agosto.

lunes, 13 de agosto de 2018

El pontificado de Carlos D.

El 9 de agosto de 1980 escuché por primera vez a Carlos Di-ego Mesa Gisbert, cuando se acercaba a treintañal y repartía sus tareas entre el periodismo radiofónico y la dirección de la Cinemateca Boliviana. Se trataba de una charla acerca de la sociología del cine que dictaba a estudiantes en el auditorio del viejo Goethe Institut de La Paz, en la que hacía gala de una gran fluidez de palabra para decir las cosas, provisto de una retórica propia del que, por sobre todas las cosas, ama desbordadamente escucharse a si mismo y ejerce como oficio el de orador.
Obtusos y mezquinos son los que, a pesar de su indisimulable y muy reconocido egocentrismo, pretenden negarle virtudes y aportes a este personaje que supo mamar de las fuentes materna y paterna en el buen hábito de la lectura como pasaje al conocimiento humanístico, aunque varios malvados, corroídos por la envidia, lo consideren “un océano de conocimientos con un milímetro de profundidad”.
Mesa ha escrito sobre cine, fútbol, arquitectura, arte, política y hasta una novela que algunos entendidos no dubitan en tachar de pésima y de la que no tengo otro conocimiento que el de su título --“Soliloquio del conquistador”--, pero fue particularmente destacado en el ámbito del comentario de noticias,  que lo llevó por varias estaciones televisivas hasta que decidiera armar su propia emisora y terminara convirtiéndose en el más eficaz portavoz de las políticas capitalizadoras y/o privatizadoras a la cabeza de Gonzalo Sánchez de Lozada, del que posteriormente se convertiría en acompañante de fórmula electoral como candidato a la Vicepresidencia el año 2002.
Los febrero y octubre negros de 2003 terminaron por extirpar a Sánchez de Lozada del poder y del país, para que Mesa se convirtiera en presidente de la República, lo que para unos fue un acto de consecuencia con la lógica de la sucesión constitucional alimentada por la embajada de los Estados Unidos,  y para otros se trató de una traición, criterio que en su momento esgrimió el que fuera ministro de Defensa de entonces, Carlos Sánchez Berzaín, que prestaba servicios profesionales con su bufete de abogados a Periodistas Asociados Televisión (P.A.T), la empresa de Mesa y socios, y la que luego, según el yerno de Sanchez de Lozada, Mauricio Balcazar, puso en el tapete de negociaciones en una operación que podría resumirse esquemáticamente como “pauta publicitaria por candidatura vicepresidencial.”  
Hay quienes dicen que en su presidencia --duramente cuestionada por afines al gonismo como Irvin Alcaraz y Cayetano Llobet (+) en sendos libros-- a Mesa se le pasó por la cabeza cerrar el parlamento  y que en su momento consideró que el candidato del MNR el año 2002 debía ser él, y no Goni, ambición que no se atrevió a proponer, tal como lo afirmara el mismo yerno de Sanchez de Lozada, Mauricio Balcazar.
Así como ese amor desmedido por sí mismo, le significó imponerse en los ámbitos donde decidió actuar, ahora Mesa debe rendir cuentas por algunos de sus actos como presidente. Como crítico de cine, como estadístico de fútbol, como conocedor del barroco mestizo y como opinador de televisión, Carlos D. fue un personaje que alcanzó notoriedad, pero como político, su tibieza, su conducta ambigua e indecisa, ha sido inversamente proporcional a sus indiscutibles cualidades de discurseador, ese que nos amenazó tantas veces con renunciar porque nos estábamos portando mal, en actitud propia del paternalismo colonialista alojado en sus genes y en su subconciente, allá en las profundidades en las que seguramente prefiere no escudriñar.
Patricio Quispe, presidente de las Víctimas del Octubre Negro, dijo que buscaron a Mesa como en media docena de oportunidades para convencerlo de que se animara a declarar en el juicio civil instaurado en el Fort Lauderdale, Estado de Florida, contra Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín. Nunca lo recibió y por supuesto que no se incomodó en tomar un avión hasta Miami para hacer efectivo ese su “ni olvido ni perdón” cuando asumió como primer mandatario del país: Revolcón en El Alto y palabras que se llevó el viento.
El asunto que ha terminado con la ecuanimidad de Mesa y sus ayudantes, esos que forman entornos y saben a la perfección la tarea de hacer coro, es el caso Quiborax en el que su gobierno violó la ley y desoyó consejos de sus colaboradores más allegados, omitiendo poner en práctica unas auditorias  imprescindibles, antes de expulsar a los inversionistas chilenos a las patadas, lo que derivaría en un caso de arbitraje internacional que obligó a pagar al Estado boliviano una indemnización de 42 millones de dólares.
No obstante de semejante antecedente, objetivo e incontrastable, Mesa, fiel a su estilo, sigue pontificando acerca de su accionar y conducta, como si una supuesta defectuosa y controvertida estrategia de defensa del Estado boliviano a cargo de su Procuraduría General, lo eximiera de la responsabilidad de ser él quien originó este desastre para Bolivia. Está claro: Si Mesa no expulsaba indebidamente a Quiborax, y lo hacía respetando el ordenamiento jurídico del país que presidía, no se hubiera llegado jamás al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).
En los pasillos de la política, la victimización de Mesa estaría sirviendo para convertirlo en el candidato de la vieja partidocracia hoy realineada bajo algunas nuevas siglas, pero conociendo como conocemos a Carlos D…quién sabe si finalmente será candidato. Quién sabe…si se tiene en cuenta que su perfil psicológico no admitiría ni por un segundo ser derrotado por las huestes masistas, las organizaciones sociales, los populistas de izquierda, o los socialistas y comunistas nostálgicos, con 65 años de vida en la que ya es parte de nuestra historia como el último gonista y quién lo dudaría, el primer mesista.

Originalmente publicado el 07 de julio en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

sábado, 23 de junio de 2018

El olor de la dictadura

El empeño de construír para el imaginario colectivo, el perfil de un Evo Morales/dictador de República bananera pasa por consejos del marketing político y estrategias desinformadoras  y simplificadoras de las transnacionales de la manipulación noticiosa, con el objetivo de evitar que las presidencias y los liderazgos que en América Latina lograron derrotar al neoliberalismo y a los cipayos de los intereses del capital imperial, superen las dos décadas de vigencia en las que se ha logrado reducir significativamente el tutelaje y la injerencia estadounidense en los asuntos políticos de muchas democracias de nuestro continente y por ello en México ya tiembla el establishment con el inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en elecciones presidenciales. 


En ese cuadrilátero de persuasión incesante que tiene su extensión en las redes sociales, con mucho de  escoria y poco de rigor, Evo es un delirante que ha construído un palacete repleto de lujos innecesarios, gracias a un subconciente compensatorio de las carencias materiales de su pobreza de origen y ha decidido viajar a Rusia a ver un partido de fútbol, por si fuera poco, desprovisto de atractivo para el exigente paladar de los que saben, en el que el anfitrión descorrerá los telones de la Copa del Mundo enfrentando a Arabia Saudí.

La guerra diaria es feroz y no tiene pausa. Sin que todavía Evo se haya reunido con Vladimir Putin, Samuel Doria Medina y Victor Hugo Cárdenas, creen haber demostrado que un acuerdo para invertir mil millones de dólares a través de Gazprom en materia hidrocarburífera es nada más un pretexto para asisitir a la inauguración mundialera que tendrá hipnotizado al planeta durante un mes. Es tan despiadada y oportunista esta confrontación que ahora Jaime Paz Zamora, a través de un tweet, atribuye el mérito de la clasificación de Bolivia a USA 94 a su gobierno, a todas luces, una mentira más grande que la nueva Casa Grande del Pueblo.

Mientras se consigue engatusar a nuevas generaciones clasemedieras y conservadoras de nuestro país, reviso la historia y observo a algunos personajes que llaman dictador a Evo Morales: Jorge Quiroga Ramírez, hijo del Embajador de Bolivia en Malasia durante la dictadura de Banzer y vicepresidente cuando el General se recicló a la democracia. Ernesto Suárez Sattori, hijo de “Mandy” Suárez, Prefecto del Beni durante la dictadura de Luis García Meza. Capitán Manfred Reyes Villa, hijo del Ministro de Defensa de la dictadura garcíamezista, Gral.  Armando Reyes Villa. Y no sé si el Cnl. Arturo Doria Medina, Comandante del regimiento Tarapacá en la Masacre de Todos Santos (1979), apodado “Mariscal de la muerte”, ¿tío de Samuel?…y si no es así,  por lo menos con el mismo apellido paterno.

La lista es larga, profusa y huele mal porque estos herederos del autoritarismo más violento que haya soportado nuestra historia y que conculcaron libertades políticas y derechos humanos, luego de haber crecido en las residencias del privilegio que el abuso gorila generaba, son en este siglo XXI, los más grandes demócratas que hayamos conocido en el país, y en esa lógica, Tuto es un embajador de buena voluntad contra las “dictaduras” de Venezuela y Cuba, Ernesto Suárez es el paladín beniano del Estado de Derecho, y Manfred Reyes Villa…dicta conferencias sobre la situación de Bolivia por Skype ofreciéndonos lecciones de civismo y ejemplar comportamiento ciudadano!

Como tengo una idea muy clara de cómo eran los militares de esos tiempos,  comprendo de qué manera, en los herederos de las dictaduras de ayer, quedarán eternamente impregnados los olores de las botas con los que juegan a ciudadanos demócratas de última generación, pero que quieren disimular con el uso de aguas de colonia de marca. Tratan de contar algunas historietas heroicas cuando en el Ejército se le sublevaron a García Meza, oficiales entre los cuales figuraba  alguno que había sido Edecán del banzerato. Eran los  tiempos en que el chiste de que los militares tenían el problema geométrico de intentar colocarse una gorra ovalada en una cabeza cuadrada, no se podían comentar en voz alta porque la persecución política  -- esa sí que era persecución política—se encontraban a la vuelta de la esquina.

Los hijitos de papá con grado militar no pueden recordar que mientras ellos jugaban al básquet en Santa Cruz de la Siera o manejaban triciclos y bicicletas en las cercanías de sus cómodas casas, sus progenitores gobernaban el país a punta de persecuciones, apresamientos, torturas, desapariciones y asesinatos que generaron el tenebroso terrorismo de Estado que supo inaugurar Victor Paz Estenssoro, principal socio político de Banzer en dictadura y en democracia,  con la puesta en vigencia del llamado “Control Político” en los años 50, del que alguna vez hablaron tantos militantes falangistas y lamentablemente, gran parte de ellos, han dejado nuestro mundo: El dictador Banzer generó en dos distintos momentos de la historia contemporáena, pactos políticos entre represores, paramilitares y víctimas: En 1971 la Falange Socialista Boliviana (FSB) se alió al partido que lo  había azotado en calles , plazas y calabozos, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y en 1993 se asoció con Jaime Paz Zamora y su Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para  formar gobierno, partido que había nacido en la clandestinidad contra la dictadura banzerista.

Los impostores –muchos de ellos sin conocer su verdadera condición-- hijos, sobrinos y nietos de los que fueron verdaderos dictadores en nuestro país, hablan de dictaduras, y llaman dictador a Evo Morales. Algunos, más pretenciosos, escriben panegíricos reivindicativos de su rol institucionalista en las Fuerzas Armadas, cuando en realidad todos los oficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Fuerza Naval asumieron, y muy en serio el siguente cuento:

- “¿Qué quieres ser cuando crezcas hijo?

- Militar papá… 

-Militar…y por qué?. 

-Porque cuando sea grande quiero ser Presidente”.














Originalmente publicado el 12 de junio en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

jueves, 7 de junio de 2018

El cerebro del Vicepresidente


El vicepresidente Alvaro García Linera ha hecho un conteo inexacto de sus neuronas: No tiene setenta millones, sino, por lo menos ochenta y seis millones, si nos atenemos a la media científica que informa de qué están hechos los cerebros de todos nosotros, mortales, normales, inteligentes por condición humana y no por determinación divina. Lo que seguramente quiso decir el segundo mandatario de nuestro Estado Plurinacional, no tiene que ver con la cantidad y las supuestas características enigmáticas de su complejo cerebral, sino con las ideas que ha ido conectando a partir de la utilización libresca, sistemática, disciplinada de los saberes a los que ha podido acceder, esto, acicateado por cinco años de reclusión en Chonchocoro, sitio en el que hay que rebuscárselas creativamente para construír una cotidianidad cargada de sentido, a fin de no caer en la desesperación a que puede conducir el encierro, y para mantener cierta coquetería intelectual, mejor si debidamente adornado con alguna pañoleta de seda que ayude a combatir la helada altiplánica de la ciudad de El Alto.
Las neuronas de García Linera tienen que ser iguales a las de Doria Medina, Tuto Quiroga o Rubén Costas, pero lo que sí puede diferenciarlas de las que poseen sus adversarios políticos a los que no ha dudado en tachar de mediocres, es que el estudiante de Matemáticas de la UNAM, lee y escribe, estudia y reinterpreta, vuelve a Marx y a Gramsci continuamente, e intenta ensamblar la teoría filosófica, política y sociológica que ha sabido asimilar con habilidad autodicacta, desempeño que le ha permitido posicionarse como el vicepresidente más influyente de la historia de Bolivia, porque además de ser un comunista leído y formado, es un disciplinado jefe de la gestión pública y un enemigo de las estructuras de pensamiento esquemáticas y reduccionistas de fuente neoliberal, contenidas de un profundo sentido de injusticia social donde los pobres agravan su condición a diario y cada vez con mayor desesperanza como lo está demostrando el gobierno de Mauricio Macri en Argentina, que le ha estirado la mano al Fondo Monetario Internacional (FMI), reviviendo los 90 del menemismo, aquella época en la que el modelo de ajuste estructural  asoló a nuestros países con sus oprobiosos niveles de injerencia política y económica.
No creo que sea necesario hacer aspavientos de las neuronas que poseemos y que podrían conducirnos a pretenciosas e innecesarias autovaloraciones. Eso de que cada panadero alaba su propio pan, sobra en el caso del Vicepresidente. En lo que sí podríamos coincidir es en la crítica que dice que Bolivia cuenta con un promedio abrumador de políticos que no ha leído la historia de su propia nación, que desconoce y niega su esencia identitaria, que no concibe al país como parte de la comunidad internacional en la que ahora juega un rol con características de visibilidad, y en algunas temáticas, de protagonismo. Ciertamente, García Linera ha desarrollado una sostenible lectura de la realidad, mientras varios de sus adversarios de la derecha han optado por el anquilosamiento de sus visiones, producto de condición de clase, prejuicios ideológicos, rechazo a las miradas progresistas e inclusivas en nuestras sociedades y menosprecio  por el debate y la renovación del pensamiento que conduzca, por los menos, a nociones elementales del destino que se pretende para Bolivia.
En el torneo de neuronas todos quedan más o menos empatados, pero es en el festival de las ideas en el que algunos han dado patéticas muestras de cómo la demagogia puede conducir a extravíos que provocan vergüenza ajena, que impulsarían a considerar que el razonamiento es un derecho humano que estamos obligados a respetar y digo esto porque la grosería ha sido rebasada en todos sus límites cuando se afirma que la nueva Casa de Gobierno debería ser convertida en un hospital oncológico para trescientas camas, en el entendido de que se trata de una ostentosa e innecesaria edificación destinada exclusivamente a cubrir las expectativas de autosatisfacción del circunstancial Presidente del Estado.
El antiguo Palacio Quemado es una vieja casona adaptada y readaptada de manera precaria e insuficiente, considerando las necesidades de infraestructura y operatividad que reclama un Estado moderno. Tiene el despacho del presidente, el del vicepresidente, dos salas de reuniones y un comedor en el tercer piso; los salones Rojo, de los Espejos, la sala de reuniones de gabinete mas tres oficinas destinadas al funcionamiento del Ministerio de la Presidencia en el segundo piso; la Jefatura de la Casa Militar, la sala de prensa y la Gaceta Oficial de Bolivia en la planta baja…esas son las instalaciones de la central gubernamental del trabajo, que cuenta, además, con varias oficinas desperdigadas por aquí y por allá a través de contratos de alquiler. Uno visita el Palacio de Pizarro en Lima, la Casa Rosada en Buenos Aires, Planalto en Brasilia, Carondelet en Quito o el Palacio de la Revolución en La Habana, y a simple comparación, lo que tiene La Paz es propio de un pequeño país anclado en el siglo XIX y por ello queda más que justificada una nueva infraestructura con suficientes espacios para oficinas y salas de reuniones , que permitan superar el inquilinato estatal, más allá de si en el nuevo recinto habrá jacuzzi, sauna o gimnasio, reductos que no necesariamente están vinculados al lujo y al derroche, sino a la necesidad indispensable de contar con ambientes que sirvan para el combate al estrés y a las jornadas laborales de veinte horas contínuas diarias.
Los promotores de esta grosería demagógica, son precisamente aquellos que conciben al Estado como residual a los intereses del capital financiero internacional, a la transnacionalización, el despojo y el saqueo de nuestro patrimonio de  riquezas naturales y recursos humanos. Por eso se empeñan en instalar en el imaginario esa peregrina caricaturización acerca de cómo es posible que un gobernante de izquierda pueda aspirar al confort capitalista, cuando ese  tipo de privilegios es zona exclusiva de los adoradores del mercado, esos que compran hoteles de cinco estrellas en los que muy probablemente no hay siquiera una pequeña enfermería para emergencias.
En un contexto de creatividad política tan  gracioso como vergonzante, el Vicepresidente García Linera debe tener la plena certeza de que no es necesario volver a retar a debate “de a cinco” a sus enemigos políticos. Que con ideas como la de la Casa de Gobierno a ser convertida en hospital, no  hay competencia neuronal posible, que la chacota es parte de la política de cualquier sociedad, y que mientras la oposición tradicional y conservadora continúe fragmentada y anecdótica, sus posibilidades de nuevos fracasos electorales seguirán a la orden del día.


Originalmente publicado el 29 de mayo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

viernes, 11 de mayo de 2018

La corrupción como estructura mental


Alcaldes y ex alcaldes han quedado enfrascados en el torneo más competitivo de la viveza criolla de los que tengamos memoria en esta democracia victoriosa ante conspiraciones cívico-militares en treinta y seis años contínuos: Edgar Bazán de Oruro, José María Leyes y Edwin Castellanos de Cochabamba,  Edgar Patana de El Alto, y Carlos Bru de Yacuiba, para no referirnos a varios otros pertenecientes a municipios rurales más pequeños,  confrontan problemas de transparencia, sea por falta de ejecución presupuestaria o por esas perversas tentaciones caracterizadas por presuntos y comprobados sobreprecios y coimas.
En el fuego cruzado político, el acento ha sido puesto en la lógica de “trata a mis corruptos por igual que a tus corruptos” como si el problema se circunscribiera a un asunto de equidad y severidad judicial y no a uno más profundo que se inscribe en cómo funcionan las cabezas de los servidores públicos que alcanzan los máximos poderes regionales a través de la confianza expresada por la ciudadanía en las urnas, y que encuentran en su paso raudo y fugaz por el acceso a a los recursos económicos procedentes de diversas fuentes estatales, la manera de asegurar su estabilidad y buen pasar,  disponiendo de dineros que franquean la otorgación de contratos de distintos tamaños y diferente incidencia en la vida de cada comunidad.
Un extraviado escribidor, de esos que abundan gracias a la generosidad del escenario plural y democrático del que gozamos hace casi cuatro décadas, afirmó hace un par de semanas, muy suelto de cuerpo, que el asunto de las mochilas chinas era un mareo de perdiz, insinuando que la gravedad de la corrupción puede medirse a través de una escala de montos, como si el crápula de turno pudiera tipificarse por el tamaño del robo o del monto de comisión, y no por el sentido medular de sus actos.
El que utiliza los bienes públicos para beneficio personal, o lo que estos facilitan en el ejercicio de funciones, es igualmente torcido, independientemente de si trafica con computadoras, mochilas, cemento asfáltico, galletitas para el desayuno escolar o recibe sobornos para la adjudicación de megaobras de infraestructura carretera, porque sencillamente la corrupción es un sistema enquistado en las seseras de los grandes tomadores de decisiones, merced a la maquinaria de la que disponen a gusto y sabor, y no un asunto a encontrarse en manuales de urbanidad, buenas costumbres o en guías de la moral pública y privada, y eso significa que medir este asunto por el tamaño del negocio está bien para la hora de las sentencias ejecutoriadas y no para la comprensión esencial de la problemática.
La corrupción se torna aún más inquietante, cuando los casos se multiplican como hongos que por su extendida práctica se instrumentalizan como arma de desestabilización política y se constituyen en amenaza para la preservación del mismísimo sistema democrático. Le está sucediendo al Perú con sus cinco últimos expresidentes --Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, y el último, Pedro Pablo Kuczinsky, por supuesto enriquecimiento ilícito, Modo Odebrecht, y por haber ofrecido indulgencias y retribuciones a parlamentarios que evitaran su caída. Sucede también a Brasil con un juez como Sergio Moro que ha logrado mandar a la cárcel a Luiz Inacio Lula Da Silva, por el supuesto “regalo” recibido de la empresa constructora OAS –un apartamento de tres plantas—a cambio del presunto favorecimiento de contratos por parte del gobierno brasileño cuando el líder del Partido de los Trabajadores (PT), era presidente: En este caso, el aparato judicial convertido en un arma de neutralización y control político, que bien podría ser leído como otra variante de corrupción, si se tiene en cuenta que parece haberse vulnerado el debido proceso.
Durante la etapa neoliberal boliviana (1985 – 2005) se han acumulado dos décadas de tramas de corrupción de las más variadas dimensiones y durante el proceso nacional popular (2006-2018), vigente hace doce años, de la misma manera se van registrando progresivamente hechos tan escandalosos y aún más reprochables desde la perspectiva diferenciadora entre democracia representativa y democracia participativa, porque si algo no encaja en el contexto de los procesos emancipadores del continente es tener a un Santos Ramírez traicionando una trayectoria de lucha por una “comisión” que acabó con su prometedora carrera pública o a un Guillermo Achá, acusado de sobreprecios en la compra de unos taladros para explotar hidrocarburos, comprometido a trabajar con eficiencia y eficacia técnicas en la Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) que reclama socios y no patrones.
¿Y qué decir del caso del Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas (FONDIOC), mecanismo institucional orientado a dotar de recursos económicos a emprendimientos rurales que certificaran efectivamente que Bolivia había conseguido el gran salto de la democracia del voto, a la democracia deliberativa y de participación ciudadana, progreso político-institucional que facilitó que los dineros del Estado se hicieran accesibles a los más pobres o carenciados en su base material? Simple y llanamente subrayar que deben resignarse al rigor de la ley y sus consecuencias por haber ingresado en el territorio de quienes hicieron del poder político y el ejercicio gubernamental, instrumentos de inaceptable autosatisfacción, tirando al canasto los preceptos de un proceso popular y liberador.
Corruptos de derecha son los que dominan el planeta y hay que perseguirlos cuando se llega a la fase de demostración probatoria de sus tropelías, pero hay que ser aún más disciplinados judicialmente con los corruptos camuflados en la izquierda, porque esos bicharracos terminan convirtiéndose en los potenciales viabilizadores del retorno a prácticas políticas y económicas que quisiéramos definitivamente superadas para nuestras democracias que no deben perder su esencia participativa si lo que se quiere evitar es el retorno de la dictadura del mercado, esa que garantiza la desigualdad y la injusticia social.


 Originalmente publicado el 08 de mayo en la sección Opinión de la Agencia de Noticias Fides (ANF)

La capitulación chavista

  Desde el viernes 27 de febrero, Bolivia se ha convertido en un país serie B. Se trata del último cherry comunicacional que ha terminado po...